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El alto precio de la viveza criolla

08/11/2010 16:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los expertos que observan a la Argentina desde otras partes del mundo no consiguen descubrir el origen de las crisis económicas y sociales que nos castigan con desalentadora regularidad, tal vez porque buscan la respuesta en una inútil batería de cifras, gráficos y estadísticas, sin sospechar que nuestras desventuras provienen de una causa inasible, pero cuyos efectos suelen ser devastadores: la viveza criolla.

Para evitar la ardua disciplina y el tedioso cumplimiento de las normas, los argentinos preferimos descubrir el atajo que nos permitirá alcanzar nuestro objetivo de una manera rápida e indolora: esa viveza natural nos brinda grandes satisfacciones, pero a menudo nos sumerge hasta el cuello en situaciones espantosas.

Uno de nuestros embrollos más recientes es el bloqueo del puente internacional que une (o desune) a la Argentina con Uruguay, realizado por los vecinos de Gualeguaychú en protesta por la instalación de la papelera finlandesa Botnia, bloqueo que fue legitimado y esgrimido originalmente como una causa nacional por los gobiernos de Kirchner I y Kirchner II, y hoy repentinamente demonizado para devolver atenciones al presidente Mujica, luego de que éste aceptó apoyar a Kirchner I como presidente del Unasur.

Artífices indiscutidos de la viveza criolla, los Kirchner no acataron ni acatan los fallos de la justicia que dispusieron la disolución del bloqueo, pero a la vez denuncian penalmente a los cabecillas ante esa misma justicia.

Los vecinos de Gualeguaychú, por su parte, como buenos argentinos y virtuosos ejecutantes de la viveza criolla, luego de tres años de representar en los medios el papel heroico de bloqueadores impunes, apoyados por las máximas autoridades nacionales y provinciales, hoy amenazan con denunciar al gobierno como partícipe necesario en los delitos que éste les imputa.

Este juego de tahúres es un clásico de la vida argentina.

Cuando las atrocidades y desbarres de la dictadura militar amenazaban su estabilidad, el general Galtieri urdió un golpe de viveza criolla para conquistar el apoyo del país: la toma de las Malvinas sin causar bajas, confiando en que los ingleses se tragarían el sapo y él se convertiría en un nuevo Perón ("¿quiere ser Perón?, que ambición tan modesta", comentó Borges al enterarse).

Las cosas, como es sabido, salieron mal, y los argentinos pagamos el precio de esa viveza militar.

Unos años antes, la proverbial viveza de Perón, verdadero campeón nacional de la viveza criolla, se había materializado en el apoyo al terrorismo montonero que desgastaba al gobierno militar de su enemigo Lanusse, pero cuando retornó al país en 1973, el viejo general comprobó que ya no podía controlarlos, y le ordenó a su lugarteniente predilecto, el ministro y comisario general López Rega, que organizara con ese fin a la fuerza paramilitar denominada Triple A.

Viveza contra viveza, los montoneros participaron en ese juego de tahúres creyendo que podrían usar a Perón para tomar el poder en una Argentina socialista, y contribuyeron a generar el caos político que desembocó en la peor dictadura de nuestra historia, culpable de la desaparición de diez mil personas (según los datos de la comisión presidida por Ernesto Sabato).

Producto de la viveza criolla de los jefes militares, que en lugar de dar la cara frente al mundo optaron por el asesinato sistemático y clandestino, los diez mil desaparecidos fueron elevados a treinta mil por la viveza criolla de los izquierdistas argentinos, que deseaban agravar los crímenes de la dictadura.

Así, de viveza en viveza, hoy asombra al mundo civilizado la invasión de barrabravas argentinos llegados a Sudáfrica junto con el plantel nacional de fútbol, sin que nadie sepa quién los autorizó ni de dónde salió el dinero necesario para pagar el viaje.

Además de habituarnos a convivir con el desmantelamiento de las instituciones republicanas, el sideral enriquecimiento de los presidentes y funcionarios públicos, las inexplicables parálisis y reactivaciones de la justicia, el avance de la indigencia y otras mil calamidades, el multifacético repertorio de la viveza criolla aclara el singular enigma que desvela a los expertos: ¿cómo es posible que teniendo un territorio de enorme extensión, escasamente poblado y bendecido por toda clase de riquezas, este ulcerado país padezca el asedio constante del endeudamiento, la inflación, los altos índices de pobreza y las imbatibles mafias políticas?

En 1983, muchos exiliados políticos argentinos que volvían de Suecia solían comentar que los suecos eran muy tontos, porque en los supermercados se podía robar mercadería con mucha facilidad.

Creo que si los argentinos fuéramos un poquito más tontos, si aceptáramos las cosas como son, con sus límites y reglas, y dejáramos de buscar atajos ingeniosos y providenciales, nos iría mucho mejor.

Basta de viveza criolla, por favor.


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arteytextos.blogspot.com
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