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Mal de Pott: Tuberculosis en la columna vertebral

23/09/2009 23:02

1 Síntomas, complicaciones, giba dorsal, absceso osifluente, alteraciones neurológicas, tratamiento

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MAL DE POTT: TUBERCULOSIS EN LA COLUMNA VERTEBRAL El Mal de Pott, o la TBC de columna vertebral, es la afección más frecuente después de la pulmonar, representando el 40% de las tuberculosis osteoarticulares. Quienes más padecen esta enfermedad son los hombres adultos.

La histología ósea esponjosa del cuerpo vertebral favorece el alojamiento del germen y, rápidamente, compromete el disco y el cuerpo vertebral vecino.

El micobacterium tuberculoso llega a la columna desde un foco primario extraarticular, casi siempre pulmonar y en ocasiones genitourinario.

Síntomas

El paciente se siente sin fuerzas, decaído, con pérdida de apetito y peso y con fiebre vespertina.

  • Dolor: cervical, dorsal o lumbar; es espontáneo o se experimenta con los movimientos; muchas veces se confunde con dolor de la región dorsal o lumbago, pudiendo ocurrir espondilitis (enfermedad reumática que inflama articulaciones) si el dolor de espalda se vuelve crónico.
  • Rigidez de columna: se produce por contractura de la musculatura paravertebral.
  • Dificultad para deambular: el dolor provoca cansancio precoz y falta de voluntad de caminar.

El paciente -en la localización lumbar- no tiene fuerzas para extender el tronco. Esto, unido a la irritación y cambio de carácter, especialmente en los niños, obliga a un tratamiento inmediato para evitar complicaciones y signos tardíos (neumonía, paraplejia no recuperada).

Complicaciones
  • Giba dorsal
  • Absceso osifluente
  • Alteraciones neurológicas

Aparecen tardíamente, pero pueden hacerlo en forma temprana y dejar secuelas.

Giba dorsal

Se presenta en la región torácica por derrumbe anterior de los cuerpos vertebrales.

Absceso osifluente

Sucede una destrucción vertebral y necrosis, sin signos locales de inflamación bacteriana.

Este absceso se labra camino de acuerdo a los planos de clivaje anatómico y a la gravedad de cada caso.

En la región cervical, se originan abscesos retrofaríngeos (afectan tejido conectivo y ganglios linfáticos), en la vaina de los escalenos (músculos superiores), o hacia distal al mediastino posterior (se crea infección que puede llevar a la perforación del esófago cervical).

En la columna torácica, entumecen el ligamento longitudinal anterior y lateral y se extienden hasta el diafragma.

En la columna lumbar, los abscesos se deslizan hacia distal por la vaina del psoas (un músculo que se relaciona con el diafragma, riñones, colon, arterias) y pueden presentarse en los triángulos femoral y lumbar. También emergen en la región glútea.

Si un absceso se abre hacia el canal raquídeo, origina complicaciones neurológicas.

Alteraciones neurológicas

Se inician con falta de fuerzas de las extremidades inferiores, a nivel lumbar y de muslos. Los niños, en especial, tienen dificultad para levantarse y deben ayudarse con las manos para ponerse de pie.

La paraplejia puede instalarse a continuación en forma lenta y progresiva o bruscamente.

La forma lenta, se debe a una invasión meníngea con compromiso circulatorio e inflamatorio que induce a una isquemia irreversible medular (disminución del riego sanguíneo) y no se cura con el tratamiento médico ni quirúrgico.

La paraplejia brusca invade el canal raquídeo. Puede ser flácida (compresión a nivel radicular, lumbar) o espástica, por compresión medular a nivel torácico.

La medicina asegura una mejoría con la descompresión rápida del disco o el cuerpo vertebral.

Cuando la compresión es por absceso (la mayoría de los casos) se puede tratar en forma conservadora con buen resultado, o quirúrgicamente, evacuándolo por punción o llegando al cuerpo vertebral a través de una costotransversectomía (resecamiento).

Tratamiento

La cirugía se practica excepcionalmente para tratar complicaciones y estabilizar la columna ante un dolor persistente.

Se indica:

  • reposo en cama el primer tiempo, para que el paciente responda en mejores condiciones a la agresión del bacilo tuberculoso y alivie las vértebras comprometidas;
  • inmovilización: cuando el paciente puede levantarse pero existe riesgo de aplastamiento vertebral, se le aplica un corsé;
  • regimen alimenticio normal;
  • fármacos antituberculosos.

Fuente: Escuela de Salud Pública, Facultad de Medicina, Chile

Comentarios

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Usuario anónimo (30/11/2010)

puede confundirse el mal de pott con espondilitis anquilosante?