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Por playas y acantilados

22/04/2011 18:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Barriga de atún a la planchaDe mañana el viento y el agua se escuchaban desde la cama antes de levantarnos. Las ráfagas, fuertes a ratos, hacían presagiar lo que luego ha sido una realidad: una primera parte de etapa transandalusera con los huesos bien calados. Ya de camino hacia las urbanizaciones de Novo Sancti Petri y Torre del Puerco hemos parado bien temprano a desayunar mientras fuera arreciaba la lluvia. Inmensas tostadas andaluzas con su buen aceite; sencillo y bien rico. ¿Seguimos? Parece que para un poco…

Dos minutos después el cielo se desplomaba sobre calles desiertas de urbanizaciones que esperan más público con mejor tiempo. Las avenidas tristes e inundadas se iban sucediendo. Hasta que hemos decidido parar por un momento y esperar a que solo lloviera y no diluviara. Y enseguida, a pesar de la lluvia, el terreno se ha puesto espectacular en los acantilados de Cabo Roche. Veíamos la silueta de su faro recortada contra la lluvia mientras abajo las olas azotan la costa. Espectacular momento.

Bajamos a la playa de Conil donde charlamos un rato con un buen hombre que nos orienta sobre el tiempo: va a escampar. Y la sabiduría popular mirando a la mar no da pie a la duda. Poco a poco el día ha ido mejorando hasta dejarnos hacer la última parte sin chubasquero y en manga corta. ¡Quién lo iba a decir a primera hora de la mañana!

De Conil cogemos un senderito paralelo a la costa que nos deja en la playa del Palmar. Hay que buscar un sitio para tomar un cafelito y quitarse de encima algo de la humedad que llevamos. Al azar cae uno con la música bien alta: el Cigala suena poderoso. Y Alberto, claro está, encantado. Allí estamos un buen rato, dejando pasar un huequecito de tiempo sin dar pedales, twitteando y viendo que también en Viernes Santo hay actividad en Internet. Con algo de pereza dejamos el bareto y seguimos ruta.

Barbate es el siguiente destino (previo paso por el Faro de Trafalgar), al que llegamos por carretera, aconsejados por el típico lugareño alemán. Primeras cuestas desde que comenzamos en Moguer. Se agradecen (cosas mías). El estómago ya avisa de que ha hecho hueco para avituallamiento sólido. Así que en Barbate nos metemos una impresionante barriga de atún a la plancha. Si no la habéis probado, hacedlo; no os arrepentiréis.

Tras Zahara de los Atunes, carreterita hacia la playa de Bolonia. Tremenda la duna que se divisaba. Y desde allí una subida con viento a favor para bajar luego hasta este hotel en el que estamos. Por cierto, me estoy dejando los dedos en el teclado, que es lo más parecido a una máquina de escribir que he encontrado en muchos años. O aporreas teclas o no hay manera ;-)


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blog.consultorartesano.com
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