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Por las venas de la Amazonia

30/05/2010 20:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Quienes al decir Perú imaginan sólo Andes y altiplanos no han tenido, sin duda, la posibilidad de conocer la increíble variedad de paisajes que atesora ese país

Crónica de un viaje a la Amazonia peruana, la región de la gigantesca cuenca sudamericana que ofrece mejores posibilidades de avistaje de vida silvestre. Desde la Zona Reservada Tambopata-Candamo, donde hay una red de albergues y lodges en el medio de la espesura, la aventura de una excursión por la Selva Sur, la más despoblada y virgen del Perú.

Quienes al decir Perú imaginan sólo Andes y altiplanos no han tenido, sin duda, la posibilidad de conocer la increíble variedad de paisajes que atesora ese país. Unos de los más impresionantes es el gigantesco territorio de selva amazónica que contiene al Manu, en donde viven más especies de animales y plantas que en ninguna otra región del mundo.

El antropólogo mexicano Fernando Benítez describe a la selva como ese gran ser de vida caótica y desenfrenada, en la que los hombres deben buscar significados para no volverse locos. Tal vez éste es el origen de las tantas leyendas que intentan domesticar los misterios de la selva y sus fuerzas irracionales de vida y muerte. Por eso hay tantas Amazonias como hombres que la imaginan. Para los tupí-guaraníes, una de las civilizaciones amazónicas prehispánicas, la Amazonia guarda el secreto de la “Tierra sin Mal”, un paraíso primordial que fue sacado por los hombres de su armonía perfecta. Para los arqueólogos y aventureros, Amazonia es el laberinto vivo en el que se esconde Paititi, la Ciudad Perdida, El Dorado: el sitio hacia donde los últimos incas habrían huido –con todo su oro– para formar un nuevo Estado (así, muchos de los exploradores fanáticos se internaron en áreas no mapeadas de la selva y nunca regresaron). Para el cineasta alemán Werner Herzog, la Amazonia es reveladora de las profundidades –y abismos– del espíritu humano; allí rodó sus famosos films Aguirre, la ira de Dios y Fitzcarraldo.

LA CUENCA AMAZONICA

Cubre una superficie de más de 5 millones de kilómetros cuadrados, un área casi tan grande como los Estados Unidos; de ella, el sector peruano (60 por ciento del territorio nacional) es el que ofrece las mejores posibilidades de avistaje de vida silvestre. Por un lado está la selva amazónica norte del Perú –en la zona de Iquitos y el río Amazonas–, y por el otro la Selva Sur, –comprende la cuenca del río Madre de Dios y está muy cerca de Cusco–, que es la más despoblada y virgen de Perú. Seguramente por eso alberga a más especies de animales y plantas que ninguna otra región del mundo. Aquí se encuentran el Parque Nacional del Manu (declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco) y la Zona Reservada Tambopata-Candamo, con una red de albergues y lodges increíblemente confortables en el medio de la espesura. Desde allí, esta crónica de una excursión fluvial por las venas de la Amazonia.

POR EL RIO TAMBOPATA

Partimos en avión desde Lima hacia la selva. Después de sobrevolar el paisaje accidentado de los Andes, la tierra cambia drásticamente. Un río amarronado y lleno de vueltas introduce la variación en lo que de otra manera sería un paisaje sin puntos de referencia, infinito: una llanura de selva verde desplegada hasta el horizonte.

El avión aterriza en el pequeño aeropuerto de Puerto Maldonado, una ciudad con el rol de “último confín”. Nadie debe aventurarse solo en la selva, advierte el guía local que nos conducirá hasta el lodge en la orilla del lago Sandoval.

En el embarcadero subimos a la lancha de madera que nos llevará por el río Tambopata. Los pescadores en sus “peque peque”, lanchas esculpidas por artesanos en una sola pieza de madera, se dejan flotar a la deriva junto a nosotros. Mientras tanto, el guía responde miles de preguntas de los viajeros acerca de los animales que se pueden ver por aquí: el más espectacular sin duda es el jaguar, el hermoso –y enorme– gato de piel manchada y apariciones fugaces. No es el único felino; también existen especies más pequeñas como el puma, el marguey y el ocelote. Hay víboras como para alarmar a los alarmistas: shushupe, jergón, bamba y la gigantesca anaconda. El guía también nombra en inglés a muchas de las especies y esto, según nos explica, es por dos motivos: el más obvio es que la mayoría de los turistas es de origen europeo o norteamericano, y el otro motivo es que también los biólogos que lo instruyeron hablaban inglés. Por otra parte, dice nuestro guía, “los nombres en español son nombres locales... entonces no sirve aprenderlos porque en cada sitio al animal lo llaman de otra forma”.

La lancha nos deja en un canal muy angosto donde nos esperan unas canoas. Mientras avanzamos a remo, en silencio, las aguas calmas y oscuras del lago reflejan la selva como un espejo impecable bajo el sol. Algunos tienen la idea de quebrar esa quietud con un chapuzón (el calor lo merece), pero lo piensan tres veces cuando el guía habla de pirañas y rayas. Sin embargo, para tranquilidad de todos, “sólo atacan cuando hay sangre”.

El lodge se nos aparece como un oasis de sombra fresca y humanidad. Pero lo que termina de conquistarnos por completo es el comedor, con su hilera de hamacas dispuestas estratégicamente frente al ventanal (sin vidrio, por supuesto) que da a la selva y al lago; allá vamos.

MONOS, GUACAMAYOS Y CAIMANES

Dos o tres días en el lago Sandoval permiten diversas salidas en catamarán (impulsado a remo, aquí no hay motores) para observar fauna. La observación de aves pide mucho silencio y salir ni bien amanece, que es cuando hay mayor actividad. En la niebla matinal, los guacamayos azul y amarillo o los de vientre rojo se alborotan sobre las palmeras; los shanshos despliegan su plumaje colorido en vuelos cortos y tímidos. En otro sector de la laguna veremos algunas de las muchas especies de monos que habitan la región.

Otra exploración muy interesante es la observación de caimanes, que implica una navegación nocturna. Nuestros guías Alex y César llevan linternas potentes que barren las orillas. Cuando aparecen dos destellos amarillos, el barrido se detiene: son los ojos de un caimán. Tan encandilado está que no percibe que nos acercamos. Pero además de los caimanes, la laguna en sí nos conmueve. No hay luna y todas las estrellas se reflejan en el agua; nuestra pequeña balsa navega entre dos cielos.

Al regresar al lodge se oye el grito distante de los monos aulladores, un rugido profundo que puede llegar a poner los pelos de punta cuando está muy cerca. En el comedor siempre espera una muy buena comida casera, llena de imaginación. Uno de los platos típicos de la selva son los “Juanes”: pollo con arroz, azafrán, pasas y huevo, todo envuelto y cocido dentro de una enorme hoja de heliconia o bijau. Vaya a saber por qué razón este envoltorio representa la cabeza de San Juan, y de allí el nombre.

LODGES EN LA SELVA

Existen otros lodges aun más adentro de la selva con enormes posibilidades de trekking y guiadas científicas, incluyendo el Manu Wildife Center, el mejor sitio en toda la Amazonia en cuanto a vida silvestre. Aquí, además de una increíble cantidad de animales (diez especies de monos, tapires, aves exóticas, osos hormigueros, felinos, etc.), se encuentra la famosa Collpa de Guacamayos, un espectáculo único de cientos de guacamayos multicolores que lamen una pared de arcilla junto al río “por cuestiones digestivas”, según nos dice Alex. Otro de los lodges más interesantes es el Cock-of-the-Rock, ubicado en la espectacular selva nubosa de las montañas del Manu, a 1500 metros. Es bueno saber que la propiedad de estos lodges está repartida entre comunidades nativas y dos ONG proteccionistas y científicas sin fines de lucro, Selva Sur y Perú Verde, que usan el dinero recaudado para fines de conservación; por ejemplo, se compran tierras de selva para crear nuevas áreas protegidas y dar títulos de propiedad a las comunidades locales.

De vuelta en la “civilización”, Puerto Maldonado nos sorprende con un mercado callejero muy animado. Como todo pueblo, éste tiene sus tres locos. “Uno golpea postes con un palo”, cuenta César; “El otro se cree Jesús y habla con la gente”. ¿Y el tercero? “Muestra el miembro”, dice César con una sonrisa. Y en diez minutos –señal de ciudad chica– nos cruzamos con los tres. No sólo hay cuentos de la selva.

CUATRO DIAS EN LA AMAZONIA

La agencia de viajes Cusco Explorer ofrece un paquete de cuatro días y tres noches que incluye recepción en el aeropuerto de Puerto Maldonado y traslado en barco rumbo al lodge Corto Maltés Amazonia ubicado en plena selva. Allí se duerme en bungalows y se hace una caminata por la selva para ver mariposas, plantas medicinales y el paso de los tucanes. A la noche se hace una excursión acuática para observar caimanes con una linterna. Al día siguiente se sale a las 5.30 de la mañana para sentir el despertar de cinco especies de loros, y luego se embarca hacia la Isla de los Monos. Por la tarde se navega en una canoa a remo por el Lago Sandoval y se hace una caminata de 5 kilómetros por el bosque tropical para culminar con un almuerzo en medio de la naturaleza. Al tercer día, un paseo en canoa por un pequeño río observando pájaros tropicales y la mariposa morfo azul, y por la tarde se puede pescar y nadar en un río. Y el último día, antes de volver al aeropuerto se recorre la ciudad de Puerto Maldonado y su mercado de frutas. El paquete, que incluye pensión completa y el vuelo Cusco-Puerto Maldonado-Cusco, cuesta 500 dólares.

Se recomienda vacunarse contra la fiebre amarilla.


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