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Polémica: ejecución selectiva de un terrorista desarmado, pena de muerte legal (sin juicio) o victoria electoral??

05/05/2011 12:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La operación militar que terminó con la vida de Osama Bin Laden ha producido euforia en EE.UU., se ha revalorizado el dolar pero ahora llega la resaca

En una Cámara de Representantes de Washington, totalmente llena, el fiscal supremo de los Estados Unidos, Eric Holder, proclamó la legitimidad de la “operación militar” que ejecutó a Osama Bin Laden.

“Todo lo que hicieron los marines fue absolutamente legal, legítimo y adecuado. Los ejecutantes actuaron bien tanto en la cacería del terrorista, como en la capturas, y la muerte de Bin Laden”. El fiscal supremo Eric Holder no quiso abandonar el Capitolio sin asegurar que “La utilización de todos los recursos disponibles y las herramientas adecuadas -incluyendo el sistema judicial federal norteamericano- nos permite sobre todo estar vigilantes ante las amenazas internacionales y nacionales”.

No obstante, y ante tanta legalidad y perfección, Geoffrey Robertson sempiterno abogado en causas de Derechos Humanos calificó de “absurdo” todo eso y la afirmación del presidente de EEUU, Barack Obama, de que con la “ejecución sumaria” del terrorista Osama Bin Laden se “ha hecho justicia”.

“Como exprofesor de Derecho, (Obama) sabe lo absurdo que es esa declaración”, escribe en el diario The Independent el abogado Geoffrey Robertson, que ha actuado en numerosos casos ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, así como en el Tribunal Especial de la ONU sobre Sierra Leona y defiende hoy firmemente al fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

Robertson rechaza las objeciones en el sentido de que la operación contra Bin Laden se montó porque era necesario capturar a este “criminal internacional” y no justifica la afirmación de la Casa Blanca que “técnicamente pudo haber una “invasión ilegítima” de la soberanía de Pakistán”. Los norteamericanos dicen que si entraron en Pakistán fue porque este país consideraba inoperante la presencia de Bin Laden en su territorio.

Sin embargo, escribe el abogado y autor del libro “Crímenes contra la Humanidad”, es importante que se sepa el contenido exacto de la orden dada por el ocupante de la Casa Blanca: “¿Ordenó el presidente Obama su captura o su ejecución?”.

“La ley permite disparar contra un criminal en defensa propia. Debería dársele la oportunidad de rendirse, pero incluso si no se entrega, al menos hay que capturarle vivo si es posible hacerlo sin riesgo”, añade Robertson, que se pregunta por la rapidez del lanzamiento del cadáver al mar sin la autopsia que exige la ley.

“Matar así a Bin Laden le ha convertido en un mártir, más peligroso en ese rol póstumo que mientras permanecía oculto, y su leyenda y las teorías de conspiración en torno a los atentados terroristas del 11 de septiembre seguirán vivas sin que puedan disputarse ninguna de las pruebas que hubiesen podido aportarse en el juicio”, afirma Robertson.

“Bin Laden no podría haber sido juzgado a raíz del 11-S por la Corte Penal Internacional ya que ésta sólo comenzó a funcionar nueve meses más tarde, pero el Consejo de Seguridad podría haber montado un tribunal especial en La Haya con jueces internacionales, incluidos juristas musulmanes, encargados de que el juicio fuese justo”.

“Habría sido la mejor forma de desmitificar a este hombre y desmontar su causa. Entre rejas habría perdido parte de su leyenda y ya no sería recordado como ese hombre alto y espiritual de la montaña, sino como un viejo lleno de odio”, dice el abogado.

El júbilo que ha estallado en Estados Unidos a raíz de su muerte refleja “la creencia de ese país en la pena capital”, escribe también Robertson, según el cual “no fue siempre así”.

“Cuando llegó el momento de ver qué se hacía con hombres mucho más malvados aún que Bin Laden -los dirigentes nazis- el presidente (de EEUU) Truman insistió en que fueran juzgados en Nuremberg”.

“Al haber dado muerte en lugar de capturar vivo a Osama Bin Laden se ha perdido una gran oportunidad para demostrar al mundo que ese líder carismático era en realidad un consumado criminal que merecía morir viejo en la cárcel y no como mártir de una causa inhumana”, concluye el abogado.

La complicada pregunta es: ¿está el asesinato selectivo de terroristas (aunque se llamen Osama Bin Laden) en consonancia con el derecho internacional? La respuesta canónica es que la justicia, aún en el caso de los asesinos en masa como Bin Laden, no se logra mediante ejecuciones sumarias, sino mediante el debido proceso. Puede haber casos en que la ejecución sumaria esté permitida. En el ámbito doméstico se suele recurrir al denominado tiro en la cabeza como analogía. Si una persona implica una amenaza inmediata -como el caso de rehenes- que no puede ser evitada sino con su muerte, su ejecución se podría entender de un modo similar al disparo mortal del policía francotirador contra alguien a punto de realizar un crimen. Pero la inmediatez debe ser demostrada. Lo que Israel difícilmente ha podido demostrar –en la medida en que lo ha intentado– con su política de ejecuciones selectivas.

¿Pero si lo que hay es una guerra, no es acaso legítimo matar al enemigo? Sin duda. Pero en este caso debemos hacer un pequeño análisis.

La lucha contra Al Qaeda se entiende como una “guerra asimétrica”. El derecho de guerra permite en el caso de una guerra asimétrica la ejecución selectiva de combatientes miembros de un grupo de combate con características militares. Pero la operación militar en la que fue muerto Bin Laden no ocurrió tan siquiera en territorio afgano sino en paquistaní.

Si bien a juicio de Estados Unidos la Guerra contra el Terror no está circunscrita territorialmente, es una opinión en la que no lo acompaña el Derecho Internacional. El escenario de una guerra asimétrica está circunscrita al territorio del país en el cual o desde el cual los combatientes actúan.

En esa guerra asimétrica ¿tenía Bin Laden el carácter de combatiente?. No lo parece. Bin Laden tendría la categoría que se le asignaba en tanto fundador y operador original de Al Qaeda. ¿Pero se puede sostener con lógica que Bin Laden fue hasta su muerte el artífice de las estrategias y acciones de esa organización acéfala, dispersa y descentralizada? Lo que se sabe (por lo menos públicamente) de Al Qaeda es poco. Pero de lo poco que se sabe es que el poder de mando no estaba centralizado y que Bin Laden no lo tenía.

Aunque medios prestigiosos CNN hablaban de una “kill mission”, John Brennan, jefe consultor en antiterrorismo de Barack Obama, aseguró rápidamente que no se pretendía su muerte pero fue necesaria debido a la autodefensa. Se dijo que Bin Laden, quien incluso habría utilizado a una mujer como escudo humano (la que también habría sido muerta), habría disparado contra los comandos por lo que no habría quedado otro remedio que matarlo.

Ahora resulta que estaba desarmado. Con estas declaraciones se intenta descartar una ejecución sumaria y así despejar parte de las dudas sobre la legitimidad de la operación. Pero estas declaraciones trasnochadas no encajan con la retórica que ha animado el discurso público y político norteamericano.

Desde las declaraciones de Bush que prometía la muerte de Bin Laden, a las de Obama, en este punto se mantuvo fiel a su predecesor. (En su discurso de campaña electoral en 2008 Obama prometió al pueblo la muerte de Bin Laden). De lo importante y del detalle nunca sabremos la verdad, aunque podamos estar casi seguros que Obama ganará las próximas elecciones.

Si lo que anima al Derecho Internacional (o al menos a algunas interpretaciones de éste) es justicia en vez de guerra, el modo en que se desarrolló la operación es una mala noticia. Mejor hubiese sido un Bin Laden arrestado. Pero la referencia de Obama a la justicia difícilmente se conforma con la justicia del Derecho Internacional, pero sí con su significado más original y primitivo, aunque brutal. El significado que se ha dado a la justicia es el de represalia.


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