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Poemas de Ernesto R. del Valle

25/03/2015 02:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tres poemas del autor cubano Ernesto R. del Valle, Editor de la Revista Guatiní. Estos poemas forman parte de su libro Poesía rescatada [Inédito]

EL SILENCIO DE LA SANGRE

¿No cabalgan ya los corceles de la tarde?

¿No vuelan hacia las torres mas altas las palomas?

¿No se funden en el cielo los acertijos de las nubes

y la mirada color nuez de los niños asombrados?

¿Condenado estoy al silencio de la sangre?

El silencio quema en los tejados coloniales,  

arde en los arabescos de las altas ventanas

pero yo voy por el ala de la sombra,  

junto a Miguelito y su guitarra,  

Luis con su sonrisa diplomatica

enarbolando su carisma de poeta 

y Loredo midiendo sus pasos con cuidado.

Pero es en la franquicia del verano

donde los colores de mi ciudad 

resaltan en plazas y parques

y por sus avenidas y estrechos callejones 

se establece el silencio en suavisimas estancias.

En los jardines se desesperan las begonias

y el jazmin suspira por los senos de las adolescenes.

Es que el silencio de la sangre es propicio a las celadas del recuerdo…

 

 

 A TU PASO SE ABRIAN LOS JAZMINES

(A veintisiete años de la Leyenda)

 

 

Pasabas por mi lado sin siquiera

sospechar las lloviznas en mi pecho.

Siempre pendiente de tus primaveras,

me bebía la esencia de tus sueños.

 

 

Surgieron jazmines en tus manos

y en tus ojos sonrisas tan hermosas

que en el palio de todos los ocasos

confundiste el color de los aromas.

 

En una radio cualquiera se escucha un temporal de violines y las diéresis puntuales de un piano en La Menor

Hoy bebo tu crepúsculo en el vaso,

donde calmo la sed de nuestros años,

porque eres la razón que me permite

 

embriagarte de versos y locuras

admitir los influjos de la luna

y a tu paso abrirse los jazmines.

 

 

DIASPORA DEL HOMBRE

1

Cae la tarde sobre el hombre.

Le resbala sobre el lomo.

Se acomoda a las manos.

Deja en sus dedos el silencio

de las nubes que pasan

y en su rostro una mueca de insatisfacción.

Es la diáspora en los sustratos de la humana apologia.

En si mismo el Hombre se revela descubriéndose,

iluminado y desnudo aún de toda irreverencia,

con la apatía de su gesto en las miradas

y, en los labios la huella del beso  de la muerte.

La alquimia ensalivada del deseo.

El rictus final de la desolacion y el desamparo.

Junto a la tarde caen las hojas del almendro

mientras canta su himno solapado la tristeza.

El muñón del tiempo aherroja sus cadenas

con la tranquila complicidad del minutero.

En una radio cualquiera se escucha un temporal de violines

y las diéresis puntuales de un piano en La Menor.

Mientras, cierras las páginas del libro

y te vas a madurar los frutos del rebaño.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Ernesto R. Del Valle (102 noticias)
Visitas:
2254
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
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