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Poema a Juan Pablo Duarte

21/07/2009 22:33

4 Yo conocí a Juan Pablo una tarde de fiesta, cuando asomó a mi oído su sentencia de amor con el timbre otoñal de su voz lastimera

4

Poema a Juan Pablo Duarte

César Sánchez Beras

Yo conocí a Juan Pablo

una tarde de fiesta,

cuando asomó a mi oído su sentencia de amor

con el timbre otoñal de su voz lastimera.

Sus ojos ya eran tristes,

como una solterona en un banco de parque,

con la tristeza sobria con que los pescadores,

levantan la mañana tendida en sus chinchorros,

en el húmedo canto marino de unos peces,

o el milagro fluvial que destilan las algas.

El acercó sus manos a mi frente de niño

con la ternura austera de una vieja nodriza,

enredó mis retozos en sus barbas maltrechas

y me contó sus viajes de pirata angelino.

Entonces yo era alegre,

quizás no como ahora

sino como una novia dormida en los balcones,

esperando el hechizo de la canción que abrevie

la pasión que su piel esconde con recelo.

Entonces yo no odiaba,

y escuché sus palabras

como un salmo pagano que desvela un misterio,

como luz que irrumpe en tinieblas de siglos,

cual torrente incendiario que nace entre las piedras.

De su voz salía el mar,

como un desfiladero de halcones insurrectos,

marea de águilas blancas o escuadrón de gaviotas,

como si de su boca naciera tierra y viento.

Yo conocí a Juan Pablo una tarde de fiesta, y desde entonces voy con su espada oxidada, blandiendo luz y acero contra sus enemigos

Adiviné en sus manos de bisoño alquimista

los galopes tortuosos del futuro del pueblo,

el Pambiche, la ceiba, el tambor del guloya,

el trapiche que muele la esperanza del negro.

Yo descubrí en su frente de nácar y estrategias

los senderos del llanto y la luz de los puertos,

la sangre del vencido, el perdón del injusto,

el festín del mendigo y la equidad del ciego.

Él dijo que la aurora

es el vaso común donde beben los hombres,

la savia que propicia la dicha verdadera.

Que el otro pecado original del hombre

era la ingratitud de no entender los sueños,

la terquedad del necio que busca entre las cartas

lo que sólo es posible predecir en el trigo.

Como todos los magos tenía pocos amigos:

una espada oxidada, una Biblia en hebreo,

una carta de amor firmada por Bolívar,

y la efigie de Cristo desgastada y sin brillo.

Al terminar la fiesta,

me dijo con los ojos lo que su voz no quiso,

su orgullo de saberse soñador incansable,

su versión personal del libro Apocalipsis

y el dolor de marcharse para siempre al olvido.

Yo conocí a Juan Pablo

una tarde de fiesta,

y desde entonces voy con su espada oxidada,

Sus ojos ya eran tristes, como una solterona en un banco de parque, con la tristeza sobria con que los pescadores, levantan la mañana tendida en sus chinchorros, en el húmedo canto marino de u

blandiendo luz y acero contra sus enemigos.

Comentarios

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victor (04/02/2010)

son aburrido

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Usuario anónimo (05/02/2010)

muy aburrido

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jany (15/01/2011)

uuf ta lindo

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Jessica (02/02/2013)

Hola soy Jessica ,y me gusto mucho este poema ,ahora lo repito muchas veces, para recordarme del natalicio de Juan Pablo Duarte ,Bay.