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El plomo en la gasolina, forma parte de nuestras vidas

18/07/2010 22:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pese a saber que este metal afecta a nuestro cerebro y a nuestro sistema nervioso, las administraciones sanitarias permitieron en su momento que se añadiese a los combustibles, en beneficio una vez más de las grandes multinacionales químicas y de la automoción. Un siglo más tarde, sabemos esto

Plomo inyectado a la atmósfera sin escrúpulos mediante la comercialización de este metal neurotóxico, añadido a la gasolina de los automóviles para aumentar su octanaje.

¡Impresionantes datos... impresionante sociedad!

Gasolina: Plomo en nuestras vidas.

Lamentablemente la historia se repite de innumerables formas;

corrupción, manipulación de la información, violación de los derechos humanos elementales incluso en países "libres" y se destapa un escádalo para nacer otro en cualquier otro lugar... seguimos sin revelarnos para exigir enérgicamente a los tribunales constitucionales más transparencia y menos influencia política, en la que al final rebuscando, se encuentran grandes corporaciones que mueven a muchas marionetas.

Hacia finales de la década de los años cuarenta, un estudiante de la Universidad norteamericana de Chicago, llamado Clair Patterson estaba intentando encontrar un método de medición para determinar la edad de la Tierra, que en aquella época rompía la cabeza de algunos científicos.

Todas las muestras de rocas de aquellos experimentos, terminaban contaminadas... bastante contaminadas, por cierto. Casi todas aquellas muestras contenían unas 200 veces más plomo del que debía haber de forma natural. Patterson tardaría muchos años en averiguar que la razón de aquello era causa de un inventor de Ohio conocido por Thomas Middley, hijo. (1)

Este Middley era ingeniero y posiblemente el mundo sería sin duda alguna un mundo más seguro si no hubiese nacido. Ya que este se interesó mucho en las aplicaciones industriales de la química. En 1912 trabajaba para la General Motors Research Corporation en Dayton (Ohio) e investigó sobre un compuesto, el tetraetileno de plomo, y descubrió que reducía de forma significativa el fenómeno conocido como trepidación o golpeteo del motor al combustionar.

En aquellos primeros años del siglo XX ya era conocida la peligrosidad del plomo y se podía encontrar este metal pesado cancerígeno en un montón de productos de consumo alimentario. Las latas de conservas se sellaban con plomo y los depósitos de agua se recubrían igualmente. Los de nuestra generación aún hemos conocido las casas de nuestros abuelos con tuberías de este maleable tóxico.

Hasta se rociaba la fruta con arseniato de plomo que era utilizado como pesticida. Estaba presente también en la composición de los tubos de la pasta dentrífica, algo que hacía que se acumulase restos de este metal en la dentadura humana. (Estudios que a lo largo de los años, han ayudado a esclarecer los efectos tan nocivos del plomo en nuestras vidas)

Pero nada tuvo unos efectos tan monstruosos para LA SALUD HUMANA y en la dispersión de este veneno en la atmósfera como en los ecosistemas de la toda la Tierra, en su uso como adictivo en los combustibles.

El plomo es neurotóxico. Si ingieres mucho, puede dañar el celebro y afectar al sistema nervioso central de una forma irreversible. No hay antídotos ni medicamentos que puedan reducir las dosis almacenadas en el organismo que no existe forma conocida en la actualidad, para ser eliminadas.

Entre los síntomas detectables relacionados con esta exposición excesiva al contaminante, es la ceguera, el insomnio, la insuficiencia renal, la perdida de audición, el cáncer, la parálisis y las convulsiones. Produce alucinaciones bruscas y aterradoras, que perturban por igual a víctimas manipulantes de este producto como a observadores, que suelen ir seguidas de estado de comas y muerte.

Y no hace falta incorporar demasiado tóxico de este en el organismo para notar sus efectos.

Quieren hacernos creer que somos los responsables de esta situación, cuando son las administraciones no eficaces y las leyes que no se aplican, las responsables de los usos inadecuados, suicidas ante las tecnologías nada verificadas, de sus productos no controlados éticamente hacia una sociedad que no conoce, que no sabe, que cree a pies juntillas que los gobiernos y sus políticos, velan por su salud... por su bienestar. Pues NO... NO es del todo así.

En aquella época el plomo era fácil de extraer y de trabajar, y era vergonzosamente rentable producirlo a escala industrial. -Una vez más en la historia social-, podemos ser testigos de los pocos escrúpulos y de los pocos remordimientos que se tuvo para incorporarlo a los combustibles, por el pelotazo económico que suponía frente a los carburantes mezclados con alcohol menos rentables comercialmente hablando, y menos impactantes sobre el medio ambiente.

Así que en 1923, tres grandes empresas estadounidenses, General Motors, Du Pont y Standard Oil de Nueva Jersey crearon una empresa conjunta, la Ethyl Gasoline Corporation (más tarde sólo Ethyl Corporation) para fabricar y distribuir el plomo tetraetílico, tanto como el mundo estuviese a dispuesto a comprar, y eso ha resultado a lo largo del tiempo, muchísimo más de lo imaginable en aquel momento.

Adictos al Petróleo... (I Parte)

(Aprovechando la energía de las mareas)

Le llamaron "etilo" a aquel componente, porque les pareció un nombre más amistoso y menos tóxico que "plomo" y lo introdujeron para el consumo público el 1 de febrero de 1923. Los trabajadores de aquellas fábricas casi de inmediato empezaron a acusar sus efectos, a tambalearse y la confusión mental característica del recién envenenado. La empresa de inmediato se sumergió en una política de manipulación de la realidad inflexible y serena, que les resultaría rentable durante decenios.

En las primeras semanas los delirios irreversibles se fueron extendiendo, y murieron unas 15 personas, y otros tantos enfermaron en muchos casos de gravedad. El número exacto de afectados no se conoció ni se conoce en nuestros días, ya que la empresa consiguió silenciar las noticias y a los medios de comunicación a su alcance.

Cuando empezaron a circular los rumores sobre los peligros de este producto el inventor Thomas Midgley, decidió ofrecer unas demostraciones a los periodistas, pero ya estuvo afectado por los efectos nocivos cuando investigaba, y no se acercaba al producto o a las instalaciones donde se fabricaba, si podía evitarlo.

También Midgley es el responsable de descubrir y poner en aplicación los gases clorofluorocarbonos, los famosos CFC. Y raramente se ha aplicado un producto tan rápida y lamentablemente por los efectos que después hemos podido comprobar con su afección a la capa de ozono en la estratosfera.

Estos gases empezaron a fabricarse a principios de los años treinta, y se les encontraron miles de aplicaciones incluyendo su capacidad de destrucción tan desmesurada.

Un solo kilo de CFC puede capturar y aniquilar 70.000 kilos de ozono atmosférico. Estos gases perduran al menos 1 siglo como media, y no cesan de causar deterioro. Actúan por otra parte como grandes esponjas del calor. Una sola molécula de CFC es aproximadamente diez mil veces más eficaz intensificando el efecto invernadero que una molécula de dióxido de carbono. En resumen, estos clorofluorocarbonos podrían convertirse en uno de los peores inventos del siglo XX. Aunque Midgley no llegó a enterarse de todo esto, ya que murió antes de que se descubriera todo este pastel.

(1) Volviendo a los experimentos de Patterson, que intentaba averiguar el hecho de que hubiera tanto plomo en la atmósfera durante 7 años de experimentar, se quedó asombrado al enterarse de lo poco que se sabía sobre los efectos del plomo en los humanos... cosa nada sorprendente si tenemos en cuenta que durante cuarenta años todos los estudios sobre los efectos del plomo los han costeado en exclusiva los fabricantes de aditivos de plomo.

En uno de los estudios, un médico que no estaba especializado en patología química, emprendió un programa que pedía a voluntarios que aspirasen o ingiriesen elevadas cantidades de plomo. Luego les examinaban la orina y las heces. No se sabía que el plomo no se excreta como producto de desecho. Se acumula más bien en los huesos y en la sangre -eso es lo que lo hace tan peligroso- y entonces las autoridades sanitarias no examinaron ni los huesos ni la sangre de los voluntarios.

Y en consecuencia entonces -creemos que con la influencia de las grandes corporaciones implicadas- se dio el visto bueno sanitario al plomo.

Pero Patterson no se dio por vencido, y siguió persiguiendo al plomo, comprobando que aproximadamente el 90% de en el y se este metal pesado presente en el medio, provenía de los tubos de escape de los automóviles, pero no podía demostrarlo.

El problema es el de siempre, el que los afectados son los que tienen que demostrar contra aquellos que producen y se enriquecen, comprando las voluntades abogados y gabinetes que inundan de informes amañados todos los despachos a los que tienen acceso, pasando años hasta que se puedan obtener pruebas. Y las vidas que se lleva todo ello por delante nunca cuentan... siempre se llega demasiado tarde.

Lo que Patterson descubrió fue que antes de 1923 casi no había plomo en la atmósfera y que los niveles plomo habían ido aumentando constante y peligrosamente desde entonces. A partir de aquel momento esto fue la obsesión de este hombre que convirtió su vida en la misión de que se retirase el plomo de la gasolina.

Aquello resultaría una campaña infernal contra los intereses de la Ethyl, una empresa poderosa con muchos amigos en puestos elevados. (Entre sus directivos habían figurado el magistrado del Tribunal Supremo Lewis Powell y Gilbert Grosvenor de la National Geografhic Society.)

Patterson se encontró con la sorpresa de que retiraron sus fondos para continuar sus investigaciones o que le resultaban difíciles de conseguir. El Instituto Americano del Petróleo canceló su contrato de investigación que tenía con él y lo mismo hizo el servicio de Salud Pública de Estados Unidos, un organismo oficial supuestamente neutral.

Patterson fue convirtiéndose cada vez en un un problema para su institución, y los miembros del consejo de administración del Instituto Tecnológico de California fueron objeto de repetidas presiones de directivos de la industria del plomo para que le hiciesen callar o prescindiesen de él.

Según decía en el año 2000 Jamie Linconl Kitman en The Nation, ejecutivos de Ethyl se ofrecieron a financiar una cátedra en el instituto "si se mandaba a Patterson hacer las maletas". Se llegó al absurdo de excluirle de una comisión del Consejo Nacional de Investigación que se creó en 1971 para investigar los peligros del envenenamiento con plomo atmosférico, a pesar de ser por entonces indiscutiblemente el especialista más destacado del país en plomo atmosférico.

Para gran honra suya, Patterson se mantuvo firme a las presiones y amenazas que recibió de forma constante. Finalmente gracias a sus esfuerzos, se aprobó la Ley de Aire Limpio

de 1970 y acabaría consiguiendo que se retirase del mercado toda la gasolina plomada en los Estados Unidos en 1986. Casi inmediatamente se redujeron o a un 80% el nivel de plomo en la sangre de los estadounidenses. Pero como el plomo es para siempre, los habitantes actuales del país tienen cada uno de ellos 625 veces más plomo en la sangre del que tenían los que vivieron en el país hace un siglo.

La cantidad de plomo en la atmósfera sigue aumentando también, de una forma completamente legal, en unas cien mil toneladas al año, procedentes sobre todo de la minería, la fundición y las actividades industriales. Estados Unidos prohibió también el plomo en la pintura de las casas para interior "44 años después que la mayoría de los países de Europa", como indica la Macgrayne. Resulta notable que no se prohibiese la soldadura de plomo en los envases de alimentos en el país hasta 1993, pese a su toxicidad alarmante.

En cuanto a la Ethyl Corporation, aún es fuerte, a pesar de que la General Motors, la Standard Oil y Dupont no tengan ya acciones de ella. (Se las vendieron a una empresa llamada Albert Marle Paper en 1962.)

Según Macgrayne, Ethyl seguía sosteniendo aún en febrero de 2001 "que la investigación no ha conseguido demostrar que la gasolina plomada constituya una amenaza para la salud humana ni para el medio ambiente".

En su portal de la red de Internet, hay una historia de la empresa en la que no se menciona siquiera el plomo (ni tampoco a Thomas Midgley) y sólo se dice del producto original que contenía "cierta combinación de sustancias químicas".

Ethyl no fabrica ya gasolina plomada, aunque, de acuerdo con su balance de la empresa del año 2001, todavía hubo unas ventas ese año de plomo tetraetílico (o TEL, como le llaman ellos) por el importe de 25 millones en el 2000 (de un total de ventas de 795 millones de dólares) más que los 24 millones de 1999, pero menos que los 117 millones de 1998. La empresa comunicó en su informe que había decidido "maximizar los ingresos generados por TEL, aunque su utilización siga descendiendo en el mundo". Ethyl comercializa TEL en todo el mundo mediante un acuerdo con Associated Octel LTD, de Inglaterra.

En cuanto al otro azote que nos legó Thomas Midgley, los CFC se prohibieron el 1974 en EEUU, pero son diablillos tenaces y, los que se soltaron a la atmósfera antes de eso (en desodorantes pulverizadores capilares, por ejemplo), es casi seguro que seguirán rondando por ahí y devorando ozono mucho después de que tú y yo hayamos dado el último suspiro. Y lo que es peor, seguimos introduciendo cada año enormes cantidades de CFC en la atmósfera.

Según Wayne Biddle, aún salen al mercado anualmente 27 kilos de CFC por un valor de 1.500 millones de dólares. ¿Quién lo está haciendo? Nosotros... es decir, muchas grandes empresas siguen produciéndolo en sus fábricas del extranjero. En los países del Tercer Mundo no estará prohibido hasta el año 2010.

Clair Patterson murió en 1995. No ganó el premio Nóbel por su trabajo. Los geólogos nunca lo ganan. Ni tampoco se hizo famoso, lo que es más desconcertante. Ni siquiera consiguió que le prestasen demasiada atención pese a medio siglo de trabajos coherentes y cada vez más laboriosos. Sin duda podría afirmarse que fue el geólogo más influyente del siglo XX. Sin embargo, ¿quién ha oido hablar de alguna vez de Clair Patterson? La mayoría de los textos de geología no lo mencionan. Dos libros recientes de divulgación sobre la historia de la datación de la Tierra, se las arreglan incluso para escribir mal su nombre. A principios de 2001, un crítico que hacía una recensión de uno de esos libros en la revista "Nature", cometió el error adicional, bastante asombroso de creer que Patterson era una mujer.

Lo cierto es que, pese a todo, gracias al trabajo de Clair Patterson, en 1953 la Tierra tenía al fin una edad en la que todos podían estar de acuerdo. El único problema era que resultaba ser más vieja que el universo que la contenía.

Extraído de...

* Una breve historia de casi todo. (Enlace a presentación del libro...)

(Os lo recomendamos desde Ibérica 2000)

Estamos trabajando en la documentación de este reportaje. En breve lo tendréis terminado...

Un saludo a todos...

Alfonso Barreiro Lloids. Onteniente.

Fuente/Autor: Recopilaciones para Ibérica 2000.

Http://www.iberica2000.org/Es/Articulo.asp?Id=3887

visita:

www.amigasmascotas.com


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