Plagio, el juego de Dylan

Acusan a Dylan de plagio. Ya estamos liados otra vez. Son ganas de tocarle las narices al maestro. Dylan siempre fue un pillín. Atrapó canciones del aire, imágenes y sonidos de los sesenta y posteriores que estaban ahí, y fundó un estilo incomparable, original y cambiante, siempre en movimiento.
A estas alturas, a sus setenta años, no creo que se asuste de la nueva revelación blasfema, a Dylan nunca le trató bien el entorno, por así decirlo. Ahora cargan contra su pintura, que despacha a precio de oro y cuelga en diversos puntos del globo. Dicen que ha practicado el "copiar y pegar", que se ha inspirado en fotos con excesiva fidelidad y que no tiene arte suficiente.
Escandaliza leer algunas cuestiones en torno a su figura y a su manera de componer canciones o lienzos. Pintan a un viejo cantautor aficionado a la pintura en el crepúsculo de su carrera musical. Falso. Dylan pinta desde muy jovencito, y conoce los entresijos del arte abstracto. Los dos volúmenes de "Escritos, canciones y dibujos", editados a mediados de los setenta en España, así lo atestiguan. Dylan pintó la portada del primer álbum de The Band, Music from the big pink, allá por el 67, y luego firmó su autorretrato en la funda de Sel Portrait, su fallido disco del 70. Uno de sus dibujos ilustra Planet Waves, por citar otro ejemplo. Ya en los noventa, comenzó a editar sus pinturas, que vendía en los tenderetes, ya inmerso en la gira interminable.
No es la primera vez que atribuyen a Dylan cierta veleidad creativa, a veces con razón. Que levante la mano quien no haya bebido de otras fuentes, todos los artistas han tomado prestado de todos en algún momento. Dylan escribió su obra folk influenciado por la atmósfera de Greenwich Village, en Nueva York, algunas melodías recuerdan a piezas tradicionales americanas o irlandesas, pero nadie puede acusarle de plagio al escuchar Dont think twice o Masters of War. De igual modo que jamás cometeríamos la injusticia de poner en entredicho la originalidad de cantantes y bandas de los setenta que se dejaron llevar por la imaginería y la audacia de las canciones de Dylan. El trovador errante marcó el ritmo desde que se electrificó, en el 65, hasta hoy día, convertido ya en un bluesman ambulante. Dylan sentó las bases del folk-rock, luego del country-rock, y más allá del tiempo, del rock a secas.
El juego que mantiene Dylan con su propia obra y, por supuesto, la audiencia, brinda, no obstante, algunas sorpresas. Ahí queda la portada de Desire, muy parecida a la de John Phillips del 70, o la misma portada de Modern Times, de 2006, similar a una foto de la época. Si seguimos el juego, encontramos cientos de portadas que emulan sus poses de Highway 61, Blonde on Blonde, John Wesley Harding, Blood on the Tracks o Infidels. Dylan siempre fue infiel a sí mismo, así que no nos vengan con cuentos de cuadros y fotografías. Lo importante, como dice este artículo, es la interpretación de los hechos, aunque no hayan sucedido.
Añade tu comentario
Comentarios de Plagio, el juego de Dylan
Sobre esta noticia
Autor: Rosas & Mosquitos (162 noticias)
Fuente: rosasymosquitos.com
Visitas de esta noticia: 314
Tipo: Reportaje
Esta noticia se publica con licencia: Distribución gratuita
-
1Revelación de Anissa B. Damon
-
2Juego de tronos, de Varios Autores
-
3Las tarántulas venenosas no siempre devoran a los dioses griegos. Rachel Antúnez
-
4Curtis Brothers Quartet-Blood • Spirit • Land • Water • Freedom
-
5El oráculo de los peces. Angeles Garcia
-
6En las nubes, de Ian McEwan, o cómo cambiar de género en una oración









