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Pisos 'refugio' para evitar la calle a los 18: "Nadie alquila casas a dos negros"

17/12/2018 01:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

C. CHIARRONI

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Ebrima nunco tuvo miedo a nada. No lo sintió cuando abandonó a su familia. Tampoco cuando cruzó África para intentar llegar a Europa. La primera vez que le invadió fue mientras le torturaban en Libia. La segunda, en España, el día de su 18 cumpleaños. Ese miedo no es inusual. Lo comparten los casi 12.000 menores migrantes que, como Ebrima, llegaron a solos a España y se quedaron bajo el amparo y la tutela de las comunidades, en centros y residencias que en muchos casos cuadriplican su capacidad. Pero ese paraguas de protección se cierra cuando alcanzan la mayoría de edad. El verdadero problema, y el miedo, llegan entonces. Y con ellos la desprotección.

"Los niños no son regularizados a tiempo", denuncia Jennifer Zuppiroli, experta en migraciones de Save The Children. "La legislación pide que a partir de los 6 meses en España se inicien los trámites para tutelarlos, pero el protocolo de MENAS amplía ese plazo hasta los nueve meses. Si llegan con 17 años, puede que no sean regularizados a tiempo y al cumplir los 18 son expulsados y se quedan en la calle en situación de extrema vulnerabilidad".

Para evitar el desamparo en personas tan jóvenes, las comunidades ponen en marcha diferentes programas de transición a la vida adulta. "No los vamos a dejar en la calle", asegura Alberto San Juan, director general de la Familia y el Menor de Madrid, donde existen 17 pisos para chicos y chicas de entre 18 y 21 años que dejan el sistema de protección, aunque las asociaciones consideran que las 96 plazas madrileñas son escasas para hacer frente a una demanda de un millar de jóvenes.

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Ebrima llegó a uno en Aluche (Madrid) hace 2 semanas y ya se siente como en casa, junto a otros 4 compañeros. Acceder a esa vivienda no fue un acto de suerte, sino de un buen comportamiento y otra serie de requisitos. Es uno de los pocos que consiguió regularizar su situación. "Tienen que tener documentación y haber estudiando un oficio para asegurar que encuentran trabajo", explica David López, presidente de la Asociación Paideia y responsable de uno de estos pisos. "No cojo a los chicos que consumen drogas porque en el piso no tienen educador ni nadie que les vigile diariamente".

El alquiler, así como los gastos de luz, agua, gas e internet están cubiertos, y a cambio se les obliga a ahorrar el 50% del sueldo. La idea es que salgan con un colchón cuando cumplan los 21 con el que hacer frente a alquileres y fianzas. Además, es necesario que en ese periodo aprendan a ser independientes. "Tienen que salir con una serie de habilidades, como saber hacer la compra, la comida, negociar con el resto de compañeros, mantener la casa limpia, que no haya conflicto con la comunidad de vecinos, ir al médico o en metro sin problemas...", matiza López.

Ebrima cumple a rajatabla las normas porque para él este piso se ha convertido en un salvavidas, perderlo significaría decir adiós a su futuro y bajo ningún concepto quiere volver a África. No se lo puede permitir. Sobre todo porque su familia depende de él. De su vida de penurias en Gambia, donde el salario mínimo son "30 euros de España", sacó en claro que no estaba hecha para él. Siempre quiso estudiar. ¿Su sueño? Ser ingeniero.

Así, se embarcó en un viaje para llegar a Europa que, sin embargo, terminó con torturas en Libia. Tenía tan solo 15 años. "Me daban con un látigo en el pie para que no pudiera salir corriendo", cuenta a 20minutos en un perfecto castellano. "Ahora lo cuento, pero antes no podía porque se me saltaban las lágrimas". De ese infierno consiguió escapar y volvió a su país con la "vergüenza" de quien se va como un héroe y regresa sin nada. "Las madres no quieren que nos vayamos porque han muerto muchos por el camino. Para el resto son como héroes, y si vuelves es con vergüenza".

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Esa vuelta a su ciudad natal no fue el final. Su viaje terminó en Madrid. De eso hace ya año y medio. "Siento que me han ayudado un montón, que en los centros de menores te dan muchas oportunidades para hacer las cosas bien", asegura en la misma línea que su compañero Mahamoud. "Hay que hacer las cosas bien para salir adelante".

El problema es que para vivir en el piso tiene que cumplir el requisito principal: encontrar un trabajo (de momento está de prácticas)... y renunciar así a la carrera de ingeniería. "Los pisos están diseñados para que trabajen. A mí me encantaría que pudiéramos ayudarles económicamente mientras estudian, pero la única manera es que lo compagine con un trabajo", cuenta David López desde Paideia. Ebrima, aún así, no tira la toalla: "Sé que es muy difícil que lo consiga en España, pero me gusta estudiar y voy a seguir haciéndolo".

Si estos pisos se convierten en un salvavidas para quienes a los 18 se quedan sin nada, al cumplir los 21 eso se acaba. No hay nada más allá. Es el caso del compañero de Ebrima, Mahamoud, quien decidió salir de su país por la "crisis". Es natural de Conakri (Guinea) y llegó a España en patera después de intentarlo hasta casi en seis ocasiones sin éxito. La séptima le llevó a la costa andaluza. Su objetivo era conseguir un trabajo y ahora lo tiene, aunque lo suyo le ha costado. "En las entrevistas dices que eres de Guinea y te responden que ya te llamarán, pero nunca lo hacen. Solo me ha pasado una vez".

Desde hace nueve meses trabaja arreglando radiadores eléctricos y ahora, a los 21, busca piso junto a su amigo Marouane... Pero sin éxito. Han alcanzado la edad y las habilidades necesarias. Toca irse del piso de Aluche. "Nos gustaría que salieran de aquí con contrato indefinido y con piso. Pueden permitirse entre los dos un alquiler de 500/600 euros, pero llevamos meses buscando y nadie les alquila un piso a dos negros", denuncia López preocupado por si el día de mañana estos chavales, que solo quieren trabajar para sacar a sus familias de la miseria crónica, se quedan, de nuevo, en la calle.

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