Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Jose A. Delgado escriba una noticia?

Qué pescado consumir y cuál no

21/07/2009 19:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Especies en la lista roja

Las flotas sobredimensionadas y los métodos de captura agresivos están vaciando los océanos, pero podemos evitar la desaparición de diferentes especies si compramos con conciencia. Un tercio de los océanos debería cerrarse a la pesca por 20 años, como mínimo. Ésta es la única solución para recuperar los stocks pesqueros sobreexplotados, según vaticinó Callum Roberts, profesor de conservación marina de la Universidad de York (Gran Bretaña), en el salón italiano Slow Fish celebrado el pasado abril. Roberts ha analizado 100 artículos científicos sobre este tema y ha concluido que casi todos los estudios proponen la misma solución para salvaguardar nuestros mares: entre el 20 y el 40% debería cerrarse a la pesca.

El panorama de la pesca actual nada tiene que ver ya con el oficio de antaño, que se llevaba a cabo en concordancia con la naturaleza y con las necesidades de los humanos. Ahora, los enormes buques equipados con la última tecnología esquilman los mares de atún rojo, pez espada o bacalao. Localizan rápidamente los bancos de peces y los capturan con redes de arrastre o de deriva. Muchos barcos incluso incorporan maquinaría para enlatar el pescado a bordo o refrigeradores para congelarlo. En conjunto, su actividad resulta tan eficiente y su número tan desproporcionado que cada vez dirigen más especies hacia el colapso.

WWF asegura que la flota mundial de pesquería es unas 2, 5 veces mayor de lo que pueden soportar los océanos de manera sostenible. “A pesar de que reducen algunas cuotas, la flota sigue igual”, critica Paloma Colmenarejo, responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace. Precisamente, esta discrepancia entre cuotas y capacidad de las embarcaciones contribuye a que los pescadores sobrepasen las primeras.

En su último informe, del año 2008, la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) constataba que casi la mitad de las poblaciones de las principales especies de peces están plenamente explotadas, y más del 25%, sobreexplotadas, agotadas o en recuperación. Y peor aún es la situación en los caladeros europeos, pues según los datos de la Comisión Europea, en el 88% de ellos se da una sobreexplotación.

Especies amenazadas

Especialmente grave es la situación de los grandes depredadores –atún rojo, tiburón azul y pez espada–, unas especies con un papel fundamental en el ecosistema del océano, pues se encuentran en la parte superior de la cadena trófica. Por ese motivo deberíamos renunciar a su consumo si queremos poner nuestro grano de arroz para evitar el colapso comercial de estas especies, sobre todo teniendo en cuenta que la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (CICAA) falló en su última conferencia en noviembre pasado que tomaría de nuevo medidas contundentes. Con unas cuotas de 22.000 toneladas al año para el atún rojo, en el mar Mediterráneo se sobrepasaron en más de un 30% las recomendaciones científicas. Y es que, como critica Diego Crespo, presidente de la Organización de Productores Pesqueros de Almadraba, “da igual en cuánto se fija porque después se pesca lo que la flota puede pescar”. Así, mientras en el año 2007 se habían acordado unas cuotas de 27.000 toneladas, la realidad es que acabaron retirándose del mar unas 61.000. Por eso exige medidas más controlables como una veda o una reducción de barcos.

A pesar de encontrarse en una situación similar, el pez espada y los tiburones ni se gestionan. “El atún rojo está muy regulado porque tiene más valor en el mercado. Es del que más datos hay. El pez espada del Mediterráneo está en la lista roja y falta muy poco para que se agote la pesquería”, afirma Paloma Colmenarejo. Las poblaciones de las especies de tiburón, por su parte, se han reducido en las últimas décadas dramáticamente. Se lo persigue por sus aletas, con las que se elabora una sopa muy apreciada en algunos países asiáticos, y otros ejemplares mueren al ser capturados accidentalmente. “Éste fue otro gran tema de la reunión, pero el acuerdo se ha limitado a establecer medidas de gestión para el tiburón zorro ojón”, mientras los demás quedaron sin protección alguna, critica Oceana en una nota de prensa.

Pero el atún rojo, el pez espada y el tiburón no son los únicos peces que deberíamos dejar de comer. Greenpeace publicó en 2008 una lista roja que comprende 15 especies vendidas en supermercados españoles y que están amenazadas por la pesca intensiva. En ella se encuentran el fletán del Atlántico y el fletán negro, mantas y rayas, la merluza negra y la merluza común, el pez espada o emperador, tres especies de atunes –el Thunnus thynnus, el Thunnus oriental y el Thunnus maccoyii–, el salmón, el bacalao del Atlántico –excepto el de de Islandia–, los tiburones, los langostinos, el rape, la platija, el lenguado y la gallineta. En el caso del salmón y del langostino, lo que los ha llevado a esta lista son los métodos insostenibles con los que se crían.

Acuicultura de fuerte impacto

Al no haber suficiente pescado disponible en los océanos para satisfacer la gran demanda entre los consumidores, cada vez más se cultivan peces en grandes piscinas. Especial interés merecen en este contexto las granjas de engorde de atún en el Mediterráneo, las piscifactorías de salmón delante de la costa chilena y los grandes cultivos de langostinos a lo largo de las costas tropicales.

Cabe recordar que el impacto medioambiental de la acuicultura es considerable, ya que para engordar un kilo de atún se necesitan entre 20 y 25 kilos de otro pescado. Además, como los atunes no se suelen reproducir en cautividad, los productores se ven obligados a pescar y traer atunes jóvenes. A todo ello hay que añadir las grandes cantidades de antibiótico que se usan para combatir epidemias y, en el caso de los cultivos de langostinos, la destrucción de los manglares. Este ecosistema único no sólo alberga una flora y fauna extraordinaria, sino que también protege las costas de catástrofes naturales como los tsunamis o los huracanes.

La situación es más optimista en el caso de mariscos como las almejas, los berberechos, los percebes, las navajas, las ostras y los mejillones. Además, según WWF/Adena, también se pueden consumir, sin exceder el tamaño, sardinas, truchas y rodaballos de acuicultura, arenques del Atlántico, bacalao fresco de Islandia y pulpo de nasa o rubio. Como una segunda opción, podríamos comprar: caballa, calamar, dorada, lubina, bonito del Norte y el boquerón, excepto el del Cantábrico. A diferencia de Greenpeace y Oceana, WWF/Adena incluye también en esta segunda lista peces muy amenazados. Es el caso de la gallineta procedente del Atlántico, clasificada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como especie en peligro de extinción.

Origen y método de pesca

Hay otros parámetros que deberíamos tener en cuenta a la hora de consumir pescado, como, por ejemplo, el lugar de origen y el método empleado para su captura. En teoría, esta información debe aparecer en las etiquetas de los productos empaquetados de los supermercados, así como en los cartelitos de la pescadería junto a cada especie. El problema es que no resulta fácil orientarse entre tantas tablas y números y, al final, éstos solamente dan una pista a los que saben descifrar los cuadros numerados en los que la FAO ha dividido el mapa del mundo. Así, por ejemplo, son muy pocos los que están al tanto de que el 21 designa el Atlántico noroeste y el 27, el Atlántico noreste y el mar Báltico.

Otro punto que deberíamos considerar a la hora de comprar pescado es el estado de las diferentes poblaciones. Porque, aunque desde el punto de vista ecológico se aconseja optar por especies locales o cercanas, no debemos olvidar que el Mediterráneo y el mar del Norte cuentan, según la especie, con poblaciones muy reducidas.

En ocasiones, los vendedores nos pueden ofrecer información sobre el arte de pesca empleado, pero, en caso de duda, cuanto más selectivo, mejor.

WWF/Adena advierte de que más de cuatro millones de tiburones, tortugas marinas, cetáceos y aves son capturados cada año accidentalmente en los palangres del océano Pacífico y devueltos moribundos o muertos al mar. Otro ejemplo extremo en este sentido es la pesca de gambas. En el mar de Norte hasta un 90% de una barca de pesca especializada en esta especie son capturas accidentales. Muchas veces los pescadores no disponen de permiso para venderlas o descartan especies mientras optan por el pez más valioso.

Después de que Noruega se haya pasado los últimos años protestando por la práctica de los descartes en sus aguas ordenada por la Comisión Europea, parece que, por fin, se está moviendo algo en Bruselas. Ésta se encuentra ahora en un proceso de reforma de su política de pesca que durará, por lo menos, hasta 2012. Los puntos claves serán reducir la capacidad de la flota, mejorar los sistemas de control y solucionar el problema de los descartes. Como primer paso, ha dictaminado que a partir del 1 de enero de 2009 no se podrá aniquilar ningún pescado que pueda ser comercializado.

Muy poco selectivos y, por lo tanto, muy criticados por organizaciones medioambientales son el arrastre de profundidad y el trasmallo, unas artes de pesca que se emplean en las aguas abisales. Como dice su propio nombre, en el primero se arrastra con la embarcación redes gigantes sobre el fondo del mar, destruyendo de esa manera un ecosistema todavía hoy poco conocido. En cuanto al rasgo gilnet, se llaman así unas enormes redes fijas que se colocan en el fondo marino y que, como denuncia Oceana, no suelen dejar ningún pez vivo cuando se retiran. Se trata de artes de pesca tan insostenibles que, por su culpa, muchas especies de profundidad están sobreexplotadas, un problema que se ve agravado por el hecho de que son peces con un crecimiento muy lento. Como explica Anne Schroer, de la organización Oceana: “Llegan muy tarde a la madurez sexual y producen poca descendencia. Una vez afectado o sobreexplotado un stock, se recuperan más lentos que otras especies.”

La pesca de redes de deriva, por su parte, ya fue prohibida por la Unión Europea en 2002, así como por las Naciones Unidas y la CICAA. En ella se usan redes flotantes de hasta diez kilómetros de largo, que, a pesar de ser ilegales, siguen presentes en el Mediterráneo para capturar los últimos ejemplares de pez espada. Pero también ballenas, delfines y tortugas se enredan en ellas. Oceana denuncia que en este momento son, sobre todo, barcos italianos y marroquíes los que las utilizan ilegalmente.

La alternativa a todos estos métodos es una pesca que no produce capturas accidentales diseñada por un grupo de inventores estadounidenses que, por cierto, se llevó el premio Smart Gear 2007. Se trata de un concurso internacional organizado por WWF en el que se buscan soluciones inteligentes a este problema y en el que los ganadores presentaron una red para capturar abadejos. Como este pez suele nadar hacia arriba, cuando se topa con la red, queda preso, mientras el resto de especies puede escapar por una trampilla situada abajo.

El tamaño importa

Todavía nos queda un último requisito ala hora de elegir la compra: controlar el tamaño. Las pescaderías cada vez venden pescado más pequeño, hasta el punto de que, a veces, se ofrecen peces aún inmaduros. Especialmente para especies de desarrollo lento, esto supone un gran problema, pues de esa forma se inhibe la descendencia. En realidad, la legislación española prohíbe desde el año 1995 comercializar pescado por debajo de unas medidas mínimas, así como pescados inmaduros.

Es, sobre todo, en las costas donde se sigue ofreciendo pescado inmaduro, ya que en muchas regiones, las larvas de peces o animales jóvenes se consideran una exquisitez. Así se comercializan en las costas de Andalucía con gran éxito larvas de sardina, boquerón y otros pescados como el chanquete, que en Cataluña se vende bajo el nombre de “xanguet” o “llengüeta”. Y en Mallorca, Greenpeace denuncia que se pueden encontrar expuestas en el mercado larvas de pescado de tan sólo cuatro o cinco centímetros. En Galicia y el mar Cantábrico, por su parte, se redujo el stock de merluza a un nivel preocupante tras pescar en grandes cantidades el ejemplar joven, denominado “carioca”, con mallas ilegales. También en Cataluña y Valencia se aprecia la merluza inmadura de apenas 12 centímetros, a la que llaman “lluçet” y que, al igual que los pequeños salmonetes y pulpitos blancos, termina en el plato.

Supermercados con mejor y peor nota ecológica

Raúl García, responsable de la campaña de Océanos de WWF, asegura, sin embargo, que entre los cocineros famosos se empieza a notar que la conciencia está creciendo. “Percibimos una mayor sensibilidad de todos los sectores: cocineros, consumidores, distribuidores de alimentación y medios de comunicación”, dice. Pues bien, hagamos lo posible para que ésta siga aumentando. n

Especies en la lista roja

En muchos casos se trata de peces en peligro de extinción, pero en otros, su consumo es desaconsejable por los métodos que se emplean para capturarlos o por la manera de criarlos.

-El atún rojo del Atlántico oriental está en peligro de extinción, mientras que el occidental ha desaparecido.Tampoco la acuicultura ofrece ninguna alternativa, dado que al no reproducirse en cautividad, se capturan ejemplares jóvenes en el mar para engordarlos. Para subir su peso un kilo, se necesita hasta 25 kilos de otro pescado.

-Pez espada. Especialmente la población del mar Mediterráneo está sobreexplotada. Como el atún, este predador se encuentra en el punto más alto de la cadena trófica del mar, por lo que desempeña una función importante. Las hembras alcanzan la madurez a los 5 o 6 años, lo que dificulta la recuperación de la comunidad.

-Rape. Puede vivir a mil metros de profundidad, donde espera semienterrado a sus presas. Normalmente se le captura con redes de arrastre y trasmallo. La población delante de las costas de España y Portugal ha disminuido tanto en los últimos años que los científicos recomiendan el cierre de la pesquería.

-Bacalao del Atlántico. A pesar de madurar pronto y producir bastante descendencia, la pesca excesiva ha llevado a algunas reservas al borde del colapso. No se debería comprar bacalao canadiense o del Atlántico noreste, excepto ejemplares de Islandia, donde existe una mejor gestión.

-Merluza. Según su proveniencia, deberíamos eliminar este pescado tan apreciado en la cocina española de nuestro menú. El stock del sur del Atlántico noreste está agotado y la pesquería mediterránea, muy cerca del colapso. En cambio, en el norte del Atlántico norte y en Argentina está recuperándose lentamente.

-Salmón. El salmón salvaje ya ha desaparecido de muchas regiones del mundo, sobre todo debido a la sobrepesca. Para engordar los salmones de granja se requiere una gran cantidad de otros peces y otro problema es que se abusa de los fármacos en su cría.

-Langostinos. Tienen un ciclo de vida corto y producen mucha descendencia. Sin embargo, se captura con redes de arrastre de fondo, lo que destruye el fondo marino y produce muchas capturas accidentales. En los países tropicales, la industria de los grandes cultivos daña gravemente los manglares, hace a las costas más vulnerables a catástrofes naturales y contamina el mar con sales, antibióticos y pesticidas.

Qué cocinar sin destruir la vida marina

Slow Food se dedica a la promoción de los medios conscientes de comer, porque de ello dependen también la calidad de nuestra vida y la salud del planeta. En abril organizaron Slow Fish, en Génova (Italia) y, por otro lado, Slow Food Barcelona-Vázquez Montalbán, junto con la ONG Accionatura, están intentando promocionar y educar a los consumidores en alternativas a aquellas especies mediterráneas muy consumidas en España pero que se encuentran sobreexplotadas. Su labor divulgativa se dirige sobre todo a los cocineros, como avanzilla para el cambio. Éstas son las recomendaciones de la Guía para buenas prácticas para restaurantes, de Accionatura.

Consumir ‘Pescado sin precio’Una buena parte del pescado, frecuentemente por la poca selectividad de las artes pesqueras, no tiene un valor comercial significativo, por lo que se descarta ante la poca aceptación entre los consumidores. A pesar de su valor gastronómico, se le llama “pescado sin precio” porque su valor económico es muy bajo. Los pescadores atribuyen el desinterés del pescado sin precio a la falta de información de los clientes, a la competencia de productos extranjeros y a no saber cómo cocinarlos.

Consumir pescado sin precio, además de ser bueno y saludable, puede ayudar a dar salida a especies lanzadas al mar una vez capturadas o desaprovechadas. Son excelentes opciones el congrio (Conger conger), la bacaladilla (Micromesistius poutassou), el ratón (Caelorhynchus coelorhynchus), el galupe (Liza aurata), el pardete o lisa común (Mugil cephalus), el pez plata (Argentina sphyraena), jurel mediterráneo (Trachurus mediterraneus), jurel azul o chicharro (Trachurus picturatus), jurel común (Trachurus tracgurus), estornino (Scombre japonicus), caballa (Scomber scombrus), cabrilla (Serranus cabrilla), boga (Boops boops) o el cangrejo de sopa (Liocarcinus depurator)…

Alternativas al atún

Las características de alta fecundidad y rápido crecimiento de otras especies de la misma familia, aunque también estén bastante explotadas, las hace más resistentes al colapso. A demás, se pescan frecuentemente con artes más selectivas, como la caña, o “cebo vivo”, que permiten pescar los ejemplares uno a a uno. Estas especies, también muy valoradas gastronómicamente, son el bonito (Sarda sarda), el atún blanco o bonito del Norte (Thunnus alalunga) o la melva (Auxis rochei). Mejores alternativas son otras especies de pescado azul como la caballa (Scomber scombrus) o el estornino (Scomber japonicus) .

Sardinas en vez de anchoas

La anchoa (Engraulis encrasicolus) debería dejar de consumirse, al menos temporalmente. Por otra banda, tenemos especies alternativas que pueden sustituir la anchoa, como la sardina, la caballa o la pescadilla.

Bacalao, no

Ésta es otra especie que habría que evitar consumir dada la sobreexplotación a nivel mundial. Las especies alternativas con un gusto parecido son el abadejo (Pollachius pollachius), la merluza argentina (Merluccius hubbsi) y la liba –también llamada eglefino o haddock– (Melanogrammus aeglefinus), todas ellas especies certificadas por the Marine Stewardship Council (MSC).

Supermercados con mejor y peor nota ecológica

La organización ecologista Greenpeace ha elaborado una lista con los supermercados españoles que mejor cumplen los requisitos de sostenibilidad en la venta de productos pesqueros. Además de enviar un cuestionario a las seis cadenas grandes y, posteriormente, mantener reuniones con ellas, se tuvieron en cuenta las observaciones de voluntarios de grupos locales que visitaron las sucursales para comprobar la realidad.

Los criterios que aplica la organización para su evaluación son: trazabilidad, política de compra sostenible, principios de adquisición de productos pesqueros responsables, política de etiquetado y el cumplimiento de su estándar.

Lidl logró la mayor puntuación, seguido de Carrefour. Estos supermercados obvieron un 29 y un 21 por ciento de la puntuación total, respectivamente, sin embargo, aún se encuentran muy por debajo de lo solicitado por la organización. Ésta considera que todos los que consigan un porcentaje inferior a 40, “deben actuar urgentemente para mejorar su política de compra de productos pesqueros”.

En cuanto a los otros supermercados investigados –El Corte Inglés, Eroski, Alcampo (Auchan) y Mercadona– ni si quiera superaron el 3%.


Sobre esta noticia

Autor:
Jose A. Delgado (98 noticias)
Visitas:
12269
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.