07:27 (30-05-2012)

Perspectivas del Comercio Exterior para El 2012

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Venezuela se enfrenta a un nuevo año con la mirada en un cambio profundo que vendrá de las próximas elecciones del 7 de octubre y algo que tendrá que tomar en cuenta quien resulte presidente es el cómo se manejará nuestro comercio exterior. Aquí nuestras reflexiones al respecto

PERPECTIVAS DEL COMERCIO EXTERIOR 2012

Pensar en el desarrollo económico de Venezuela sin comercio exterior es imposible. Ya no hay lugar para la utopía de una economía cerrada o de lo que llaman “socialismo del Siglo XXI” donde se nos pretende excluir del mercado mundial, donde se pretende organizar nuestra economía al margen de los dictados de las grandes empresas y de los fondos de inversión.

Una de las características de los tiempos modernos es la integración de los mercados nacionales en una vasta red mundial que ofrece muchas innovaciones tecnológicas y organizativas. Quedarnos fuera de esa red es el principal problema que tendremos hoy y seguiremos teniendo mañana de continuar las cosas por el camino que van.

La globalización comenzó con la expansión del comercio internacional que sigue siendo el mecanismo clave para su avance. Los países y las empresas no tienen más remedio que comerciar unos con otros apartando estúpidas ideologías que nos han cerrado en los últimos años el ingresar a nuestros mercados tradicionales y por el contrario han abierto nuestras puertas a nuevos socios que no hacen otra cosa que entrar a competir deslealmente con los productores nacionales de los mismos rubros, apoyados política y económicamente a través de compras directas y subsidios disfrazados de integración.

Ahora en este nuevo 2012 se trata de reorganizar nuestro comercio exterior de tal manera que todos sector privado y público, nacional y extranjero puedan ganar, tal y como predice la teoría clásica del comercio libre, y como demanda la justicia y la solidaridad internacional.

El Derecho a Vender lo que Producimos

La división del trabajo proclamada por Adam Smith sólo es realizable si los muy especializados en una particular y específica rama de la industria como el cervecero, carpintero, panadero y carniceros, pueden vender sus mercancías libremente

Eso si, es una condición sine qua non que deben venderlas al precio del mercado, el que determinan con más o menos precisión la oferta y la demanda de sus productos, no como ahora que se ha creado una Contraloría de Costos y Precios Justos para en principio manejar, controlar y fijar los costos en que incurren quienes producen, distribuyen al mayor y comercializan al consumidor final 19 rubros (por ahora), por eso tenemos que ver con mucho temor esta nueva traba bolivariana ya que la teoría nos señala que si hubiera prohibiciones administrativas para que estos industriales vendieran las mercancías que son el fruto de su especialización, si hubiera sectores, y ciudades donde no les permitieran venderlas, el proceso de división del trabajo no podría ir muy lejos, ya que "la división del trabajo está limitada por la extensión del mercado", y las ventajas que de ello se derivan para la sociedad no se realizarían.

Es por eso que para este 2012 debemos recordarle a quienes nos gobiernan actualmente y quienes ojala espero nos gobiernen luego del 7 de octubre, que para que la división del trabajo funcione es necesaria la libertad de comercio (the power of exchanging, el poder comerciar)

Aplicando esta receta a las relaciones que mantenemos actualmente con países ricos a quienes les vendemos nuestra escasa oferta exportable (petróleo y materias primas principalmente). Los países ricos, a través de los organismos internacionales que controlan y directamente en las relaciones bilaterales que cada día más aumentan nuestras relaciones comerciales, se nos sigue obligando a practicar una profunda división (internacional) de trabajo que en nada o muy poco nos beneficia como por ejemplo nuestra relación con China, Rusia, Bielorrusia y otros.

Haciendo un poco de historia vemos como ya en la primera mundialización, la del siglo XIX, cuando el capital inglés asignó a los países de la periferia la producción y exportación de materias primas para las economías centrales, que a su vez les exportaban sus excedentes industriales. El capital inglés, como luego el norteamericano y el europeo, crearon la especialización de los países, pero al mismo tiempo les dieron mercados para esos productos.

Argentina, por ejemplo, se especializó en cereales y carne, pero pudo vender sin dificultad toda su producción en el mercado inglés con grandes beneficios para el país. Brasil, Colombia y los países de Centro América se especializaron en café y en aquel siglo XIX y principios del siglo XX nosotros, pero eso sí mal que bien la especialización trajo la oportunidad de vender millones de sacos de café en los mercados desarrollados.

Desgraciadamente para los productores los precios eran normalmente fijados por los compradores y oscilaron con los ciclos de las economías de éstos, a veces demasiado para el bienestar de los países productores, pero nunca se les cerró al acceso a los mercados. Sólo la catástrofe de la Gran Depresión de los años treinta y la Segunda Guerra Mundial de los cuarenta dio al traste con la integración de los productores de materias primas en los mercados internacionales.

En la segunda mundialización, la que ahora experimentamos, también nos han llevado a una nueva y aún más fuerte división internacional del trabajo. Sólo que esta vez convencieron a nuestro gobierno de que debemos seguir exportando nuestras tradicionales materias primas petróleo, hierro, acero, bauxita, aluminio entre otros, pero a diferencia de otras naciones que si lo hacen exportar manufacturas, o cualquier otra cosa que puedan fabricar para el mercado internacional, por medio de sus empresas o de las empresas multinacionales establecidas en su suelo pues a estas últimas el socialismo del siglo XXI les ha dado por expropiarlas y manejarlas, con las consecuencias para nuestra economía mas adversas que cada día sentimos todos quienes habitamos en ella.

Nos han obligado a abrir nuestro apetecible mercado interno y a desmantelar las barreras que protegían a nuestras industrias nacionales con capital 100% nacional, externo o mixto y a competir internacionalmente, poniéndonos como condición para sus préstamos y ayudas comprarles a nuestros proveedores de capital a su vez compradores de nuestras materias primas… fijémonos sin hacer mucho ejercicio mental en el caso de “Tu Casa Bien Equipada” programa nuevo del gobierno en el que las casas de los amigos del gobierno son llenas con artefactos eléctricos “Made In China”..

Y esto unido a que no sólo nos han proporcionado los demás países ricos con quien antes mantuvimos relaciones comerciales relativamente equitativas el acceso a sus mercados para dar salida cada vez menos frutos de la especialización que nos impusieron.

De hecho el proteccionismo que queda en los países ricos está orientado casi exclusivamente a impedir que entren libremente en sus mercados los productos de los países en vías de desarrollo (manufacturas textiles y confección, calzado, juguetes, muebles, aparatos eléctricos y electrónicos, así como otros más tradicionales: cereales, azúcar, plátanos, aceites vegetales, etc.).

Los países en vías de desarrollo como Venezuela, quienes a través de la historia y muy particularmente en este último siglo somos de los primeros quienes mejor hemos aplicado las lecciones e imposiciones que nos han obligado a cumplir, necesitamos acceso libre a los mercados de los países ricos para venderles nuestros productos. Es de justicia que nos den por lo menos una franca oportunidad de competir en ellos como nosotros si se las hemos dado en nuestra tierra a todos quienes nos lo han pedido.

No se trata aquí de una "acción afirmativa", para compensar nuestro retraso, que también se podría justificar, sino de una acción justa. Nos han hecho siempre ir por el camino de la liberalización y la competencia internacional y luego nos han cerrado y lamentablemente nosotros mismos o mejor dicho las políticas de quienes nos gobiernan, nos cerraron la salida. Dado como los países ricos han organizado la inversión y el comercio internacional, los países como Venezuela a la larga sino es por el eterno petróleo no podremos sobrevivir a lo que se no viene encima de seguir por este camino, si no nos organizamos internamente y accedemos a sus mercados. Si no nos integramos en las grandes redes comerciales del mundo, permaneceremos al margen de sus beneficios, estancados en la historia que se repite gobierno tras gobierno un gobierno rico y un país lleno de pobreza.

Por eso precisamente es un derecho, no escrito ni legislado en ninguna constitución, tratado internacional, ni código de comercio, pero es un derecho de las gentes, porque, en esta circunstancia histórica, el poder vender libremente en todos los mercados es una condición para la supervivencia de los pueblos.

El ejercicio del derecho a vender

El derecho a vender de unos países está limitado por el mismo derecho de otros, afortunadamente el caso que nos concierne Venezuela el caso es algo diferente al resto de los países en vías de desarrollo pues estamos favorecidos porque nuestro principal producto de exportación el Petróleo no encuentra mayores inconvenientes para entrar en cualquier mercado, lo que si pasa con el resto de los productos que industrializados o no tratamos de colocar en los mercados de los países desarrollados. Hay que recordar que hablamos de derechos en una situación de total asimetría y discriminación. El comercio entre países ricos, que hace el 75 % del total mundial, ya es bastante libre, aunque queden algunas restricciones importantes.

Después de varias décadas de sucesivas rondas de negociación, en el marco del GATT, el comercio de manufacturas entre ellos es prácticamente libre. En este campo no hay problemas substanciales con el derecho a vender.

Los problemas aparecen, cuando los países en vías de desarrollo, emergentes, o simplemente pobres, los cuales, siguiendo los consejos de los organismos internacionales, han liberalizado sus intercambios comerciales y han adoptado el modelo de un desarrollo impulsado por las exportaciones (export-led development), quieren acceder a los mercados ricos, que son obviamente los más apetecibles. Entonces se encuentran que no pueden vender en ellos en la medida que sería precisa para que el modelo funcione. Así la nueva vía para el desarrollo se convierte en un callejón sin salida, más aún si desde dentro del país se hace lo imposible para que no podamos abastecer nuestro propio mercado con productos hechos en el y mucho menos a las empresas locales o extranjeras establecidas en nuestro suelo se les ponen toda clase de trabas para poder exportar sus productos a los mercados de los países desarrollados y a los mismos países vecinos con quienes compartimos acuerdos de integración económica

El ejercicio actual del derecho de los pueblos a vender es escandalosamente desigual. Y no sólo porque los países ricos tengan más cosas más apetecibles que vendernos, sino porque nosotros encontramos multitud de barreras para vender nuestros productos en los en los primeros: barreras externas y barreras propias

Otra barrera que se une a las antes mencionadas es el escandaloso proteccionismo agrícola de la Política Agrícola Común de la Unión Europea el cual es un ejemplo, como lo es el Tratado Multifibras en su enésima versión, que regula el comercio de tejidos y confecciones, y muchos de los acuerdos preferenciales de comercio, que resultan normalmente discriminatorios para los países pequeños, sin olvidar los derechos anti-dumping, que se usan unilateralmente para impedir la competencia internacional de los países emergentes. Las exigencias de estándares de diversos tipos (de medidas, sanitarios, laborales y ecológicos) son nuevas formas de proteccionismo, que bajo apariencias muy laudables encubren el intento de ahuyentar de los mercados ricos a los productos de los países emergentes.

El derecho a un precio justo

El derecho a vender tiene su complemento natural en el derecho a un precio justo. El caso de Venezuela es escandalosamente ilógico en productos en los que en otros tiempos fuimos líderes como el caso del Café al que irracionalmente mantenemos regulado para los productores nacionales lo que está llevando a cientos de ellos a abandonar su cultivo pues además de haberse confiscado, expropiado o nacionalizado fincas productoras y varias de las principales plantas industriales procesadoras de café, pasando su propiedad a manos del gobierno, sucede algo nunca antes imaginado pues es el caso que Venezuela está importando café de sus países socios del ALBA, y por si esto fuera poco pagándoseles a un precio mucho mas atractivo para ellos que en sus propios mercados de origen y mayor que el precio al que se tiene regulado el café nacional de mucha mejor calidad.

Las acusaciones de “comercio desigual” o de “comercio injusto” se basan en el hecho demostrable de una tendencia a largo plazo de los precios de los productos primarios, los que exportan mayoritariamente los países pobres, a la baja. Eso significa una tendencia de los términos de intercambio, o precios relativos de las exportaciones e importaciones, a encarecer cada vez más a los países exportadores de productos primarios la adquisición de manufacturas y productos tecnológicos de los países ricos (aunque algunos de estos, como los microprocesadores y los ordenadores hayan bajado de precio en los últimos años).

Las razones son múltiples, pero una importante, que además se puede controlar, es que la compra de productos primarios por países ricos está frecuentemente sometida a monopolios de compra o “monopsonio”, cuya fuerza negociadora es tan grande que pueden influir los precios mundiales, esquema este imitado por el gobierno de nuestro país fíjense:

En el caso venezolano este monopolio no lleva a los países mas pobres que el nuestro con quien tenemos en la actualidad un constante intercambio de las divisas que produce el petróleo contra sus materias primas sino todo lo contrario les paga a un precio más apetecible para ellos por una parte y por otra, ese precio no les permite competir a los productores venezolanos quienes están en franca desventaja por el control de precios fijado por el gobierno quien a su ves es el mayor comprador

Pero los males no terminan ahí en el gobierno venezolano financia de manera generosa a sus aliados latinoamericanos y de otros lugares del mundo de manera tan abierta que los resultados a corto, mediano y largo plazo de estas políticas se verán, cuando nos demos cuenta de la imposibilidad de recuperar la deuda externa de los países más pobres con quienes nuestro gobierno negocia el petróleo y otras materias que producimos, de forma descontrolada sin ningún tipo de freno legal

El derecho de las gentes a comprar

El derecho de las gentes a vender tiene la necesaria contraparte en el derecho de las gentes a comprar, aunque es un derecho de distinta naturaleza. No se puede vender si no hay compradores. Ni se puede exportar si no hay importadores.

El comercio internacional es y será pro siempre una relación donde deben existir exportadores e importadores. Pues bien, no sabemos hasta ahora de ningún movimiento sindical, ni genéricamente de izquierdas, anti-sistema, ecologista, comprometido con el desarrollo integral del Tercer Mundo, etc., que proponga seriamente una limitación de las exportaciones de un país con la excepción claro está de nuestro gobierno y su “Socialismo del Siglo XXI” que a fuerza de controles de cambio, expropiaciones, y trabas de las mas diversas han impedido que el comercio de exportación se desarrolle en el último decenio y más aya sacándonos de la Comunidad Andina de Naciones, tratando de que ingresemos al MERCOSUR sin haberlo logrado a su cabalidad entre otras de sus nefastas políticas económicas de corte integracionista

La libertad de exportar no suele presentar problemas de conciencia en la mayoría de los países, pero la mención de la libertad para importar desata pasiones.

Es bien sabido que las exportaciones amplían el mercado nacional, crean nuevas oportunidades de empleo, fomentan las economías de escala, la especialización y el aumento de la productividad y de los salarios, las importaciones, por el contrario, entran en competencia con los bienes y servicios que se producen localmente y afectan a los intereses de los productores nacionales de todas estas cosas.

Para mucha gente que anda por ahí protestando contra el comercio internacional, lo ideal sería exportar mucho e importar lo menos posible, quizá solamente aquello que nadie produce en el país, lo cual, naturalmente para los países en vías de desarrollo como el nuestro es mucho y cada vez va en aumento esta diferencia. Esta es la esencia del Mercantilismo, una doctrina y práctica comercial propia de una época pasada de confrontaciones bélicas entre países soberanos. En este siglo, por suerte o por desgracia, esto no es posible.

Se ha demostrado teórica e históricamente con notables casos reales que los países no pueden acumular indefinidamente excedentes de balanza de pagos sin que se deterioren las condiciones internas de competitividad y de equilibrio monetario y las ganancias, el exceso de exportaciones sobre importaciones, acabe dándose la vuelta con grandes trastornos para la economía del país.

La lógica interna del comercio internacional desde la perspectiva del productor de bienes y servicios

La lógica interna del comercio internacional se puede analizar desde dos perspectivas: la del productor de bienes y servicios comercializados internacionalmente, y la del consumidor de los mismos.

Desde la primera perspectiva el problema está en que para poder exportar hay que importar también. Porque un país exportador no puede mantener indefinidamente un saldo positivo con respecto a otros países, sin que éstos tomen medidas para frenar las exportaciones de aquel, como abundantemente nos muestra la historia.

Se han dado casos en que los exportadores limitan voluntariamente sus exportaciones, como hizo Japón con los automóviles que vendía a Estados Unidos, para no ofender las sensibilidades de sus compradores

Otras veces los exportadores compensan a los compradores con otro tipo de medidas, como, de nuevo, hace Japón con Estados Unidos, invirtiendo parte de sus excedentes comerciales en bonos del tesoro americano, lo que les sirve a los americanos para financiar el déficit comercial.

Sea como sea, los países exportadores tienen que ser también países importadores. El mundo de los negocios no toleraría hoy a un país exportador que no importara nada. De manera que las importaciones son necesarias para poder exportar como fue durante mucho tiempo nuestras relaciones económicas con nuestro segundo socio comercial Colombia quien nos vendía de todo por una parte, pero por la otra nos compraba lo que hacían nuestras empresas locales hasta que llegó la salomónica decisión de nuestro gobierno de excluirnos de la Comunidad Andina de Naciones en el año 2006, cuestión que ha tratado de enmendar recientemente con Acuerdos Bilaterales con Colombia que en nada se parecen a nuestra anterior situación y que a la larga beneficiarán más aun lado que al otro ¿saben a quienes?

La opción para un país y para sus empresas no está en exportar y no importar, sino en tener o no tener comercio con otros países

Para poder exportar hay que importar también. Un país exportador no puede mantener indefinidamente un saldo positivo con respecto a otros países, sin que éstos tomen medidas para frenarlo.

La lógica interna del comercio internacional desde la perspectiva del consumidor de bienes y servicios

Desde esta segunda perspectiva, que es la de la mayoría de la gente, lo más interesante del comercio internacional es importar, porque así se pueden comprar cosas mejores y más baratas que las que se producen en casa. Sólo si los consumidores fueran unos consumados patriotas como pretenden algunos hoy en día se avendrían, dados la opción, a comprar exclusivamente productos nacionales, aunque estos resultaran más caros y de peor calidad que los importados.

Pero nadie debe escandalizarse de que los consumidores no sean todo lo patriotas que los productores nacionales quisieran. Lo normal es que los consumidores traten de maximizar la utilidad que pueden obtener con un presupuesto limitado.

Supuesto, pues, que el importar tiene ventajas, está el problema de cómo ganar la moneda extranjera que hace falta para pagar las importaciones. Para eso hay que exportar. Desde la perspectiva de los consumidores, las exportaciones serían puramente un precio que se paga por las ventajas de los bienes importados. De manera que las exportaciones son necesarias para poder importar. El equilibrio social entre productores y consumidores exige que se exporte para que ganen los primeros y que se importe para que se beneficien estos. Pero aquí existe el otro problema reinante el poder exportar cuando se nos impide poder manejar como queramos las divisas que producimos vendiendo nuestra producción

La opción básica para un país y para sus empresas respecto al comercio internacional no está en exportar y no importar, sino en tener o no tener comercio con otros países, comercio justo y balanceado.

Cuando navegando por Internet encontré el artículo de un especialista de origen español unos pocos años atrás que me inspiró a escribir este análisis y comparar sus reflexiones con lo que hoy se vive en mi país Venezuela decía el lo siguiente que cito textualmente:

Hoy en día resulta algo absurdo defender la práctica del comercio internacional, como estoy haciendo en este artículo. Sin embargo la experiencia acumulada de participar en muchos foros de discusión hace que me parezca necesario.”

Y hoy a principios del año 2012 concuerdo con el en un 100% pues es realmente absurdo que tengamos que defender el comercio internacional escribiendo y participando en foros, dictando clases entre otras actividades llegando a los extremos de ser expulsados de aulas de clases por radicales defensores de lo indefendible cuando se contrastan ideas y razones.

Los enemigos menos ilustrados y más radicales de la globalización, del comercio internacional sólo resaltan los inconvenientes del mismo y satanizan a los países que representan el mercado que ha sido el mayor comprador de lo Hecho en Venezuela en toda nuestra historia criticándolo a mas no poder y culpándolo de nuestros desaciertos económicos, dando, la impresión de que lo ven como una operación totalmente negativa y por lo tanto rechazable. Este juicio negativo sobre el comercio no cuadra con las peticiones y deseos de todos los países, aun los más pobres, que quieren tener mayor comercio internacional. Los gobernantes de estos países no piden menos, sino más comercio y prefieren comercio aunque no sea en condiciones óptimas para el país que no tener nada.

El comercio entre países ricos y países pobres, el “comercio desigual”, tiene para éstos unas desventajas que no debieran existir en un comercio equilibrado y justo, como todos deseamos.

Una vez que se admite tener comercio con otros países se pierde soberanía, porque hay que hacer compromisos con los intereses económicos de los países con los que se comercia lo que hacíamos con el país del norte que si nos pagaba y sigue haciéndolo nuestro petróleo al precio que dicta el mercado internacional en su momento, lo hacemos ahora con el gigante asiático China quien nos presta dinero para que le compremos sus manufacturas al precio que el nos fija, a cambio de nuestro petróleo y nuestras materias primas que nos paga cómodamente al precio y en el momento más conveniente para ellos no para nosotros.

En todo comercio internacional hay algo de pérdida de soberanía. El problema es cuanta soberanía se pierde. Hoy, supongo yo, poca gente está en principio contra el comercio internacional por esta pérdida de soberanía. Pero hay mucha que está en contra de un comercio desigual, abusivo e injusto. Las dos cosas son obviamente diferentes, aunque se suelan confundir en las protestas.

Los movimientos sociales debieran favorecer en principio la expansión del comercio internacional y los arreglos institucionales que la promuevan. La ausencia o disminución del comercio en el mundo perjudica más a los países pobres que a los ricos, que suelen ser mercados bastante autosuficientes, grandes y muy diferenciados. Los pobres en cambio, con mercados nacionales estrechos, tienen poco campo para las economías de escala, la especialización y el aprendizaje

No es constructivo “dar golpes contra el aguijón” del comercio internacional en general, como si este comercio fuera necesariamente e intrínsecamente malo, sino tratar de regular o suprimir formas concretas de comercio censurables por criterios de eficiencia, equidad y justicia.

Un Comercio que hacen las Empresas

Pero eso tiene sus problemas. Cuando uno piensa bien como se desarrolla el comercio en concreto, se ve que los países, en cuanto tales, no comercian. Es decir, no comercian gobiernos entre sí (en teoría), en nuestro caso para nuestra desgracia este gobierno si lo hace ejerciendo una vez más su monopólico empeño de intervenir y manejar todo lo humanamente posible

Por el contrario, los gobiernos, por medio de la “diplomacia comercial”, tratados generales o particulares, definen y fijan las condiciones legales dentro de las cuales se desarrollan las transacciones individuales. Comercian las empresas, algunas de propiedad pública, pero la mayoría empresas privadas que se comprometen en relaciones de compra y venta dentro de los marcos legales que han fijado sus respectivos gobiernos.

Mucho del comercio, un 40% según algunas estimaciones, no se da entre empresas diferentes de países diferentes, sino entre unidades, residentes en países diferentes, de la misma empresa. Es comercio interno a una empresa o intra-empresa, empresas conocidas estas como trasnacionales que para bien o para mal en algunos casos son más ricas que muchas naciones donde tiene sus plantas o distribuidoras

Los estados/gobiernos no son los verdaderos agentes del comercio internacional. En un sistema de economía de mercado comercian las empresas.

Los gobiernos pueden hacer que estas empresas comercien más o menos, pero ni pueden evitar que comercien – sin cambiar de modelo de economía de mercado por otro de economía planificada - ni hacerlas que comercien como el estado quiere. Esto plantea problemas al control de comercio internacional.

La posibilidad de un comercio controlado desde la nación estado, como sin duda quieren quienes nos gobiernan y contra lo cual protestamos, plantea el problema adicional de definir en servicio de qué intereses se controla ese comercio internacional y qué empresas van a salir beneficiadas o perjudicadas por las medias de control, (aranceles, cuotas, prohibiciones, estándares sociales, etc, ).

Las gentes de esta mal llamada izquierda debieran saber que la sociedad capitalista está cruzada de derecha a izquierda y de arriba a abajo por contradicciones y oposiciones de intereses, la mayor de las cuales es sin duda la que se da entre el capital y el trabajo, pero también hay otras más locales y específicas: agricultura contra manufactura, la ciudad contra el campo; obreros sindicados contra obreros sin sindicar; universitarios contra bachilleres; pequeño comercio contra grandes superficies, etc.

Muchos de los que protestan contra la globalización están defendiendo intereses económicos muy concretos, y no necesariamente muy generales pues son ellos quienes con sus empresas han sustituido a las empresas que antes prestaban sus servicios licitando y ganando en justa contienda en nombre de su fidelidad al gobierno

La posibilidad de un comercio controlado desde la nación estado plantea el problema de definir en servicio de qué intereses se controla ese comercio internacional y qué empresas van a salir beneficiadas o perjudicadas por las medias de control.

Condiciones para un Comercio Exterior Beneficioso

En vista de este cúmulo de intereses diversos y contradictorios, es evidente que el comercio internacional tendría que regularse de manera que beneficie, sobre todo y en primer lugar, a los ciudadanos más pobres. Pero aquí hay dos cuestiones distintas y separadas.

Suponiendo que el comercio internacional produzca ganancias para un país, es decir para las empresas residentes en él, hay que ver cómo se reparten las ganancias que “el país” ha conseguido.

A veces se culpa al comercio de la pobreza de un país, como se hace particularmente con las empresas más exitosas en cadenas televisivas, cuando es evidente que el comercio le ha generado riqueza suficiente para mejorar substancialmente el nivel de vida de todos los ciudadanos. Otra cosa es que, gracias a una estructura feudal de la tenencia de la tierra y del uso del poder social, los beneficios innegables del comercio internacional se concentran injustamente en unas pocas familias. Aquí la culpa hay que echársela a la estructura social del país, no al comercio internacional. (O al imperio del norte como dicen por acá)

El comercio internacional tendrá que regularse de manera que beneficie, sobre todo y en primer lugar, a los ciudadanos más pobres.

Es un hecho que el comercio que ha habido por lo menos en los últimos cien años – según datos comprobables - no ha contribuido mucho al desarrollo de muchos países, aunque también es verdad que ha contribuido al de otros muchos, en mayor o menos medida por ejemplo el realizado en la mal llamada cuarta república venezolana aunque no lo quieran reconocer

Eso podría indicar que el comercio internacional no es una fuente o factor de desarrollo tan esencial como la educación, salud, inversión, la innovación, la estabilidad política, el buen gobierno, instituciones adecuadas, reforma social, etc., de manera que, en ausencia de cosas más importantes, no se puede esperar del comercio internacional los cambios que hacen falta para despegar en la vía del desarrollo sostenido. Harán falta ciertos requisitos previos nacionales para que el comercio internacional se convierta en factor de desarrollo. Sin embargo, es una herramienta poco usada en Venezuela aparte como ya se sabe del petróleo

Los efectos del comercio global sobre la economía venezolana dependerán en gran medida de la forma y manera cómo la economía se integre en la economía mundial.

Para las economías abiertas, es importante contar con ciertas defensas y cautelas, que se hayan establecido sistemas de monitores, evaluación y control de los flujos externos de bienes, servicios y capitales inexistentes en la actualidad pues ni siquiera desde la asamblea es mucho lo que se puede hacer en la actualidad para controlar la vorágine gubernamental y su manejo de las relaciones internacionales del país. Es importante que existan agencias reguladoras que vigilen y sancionen comportamientos antisociales de individuos y empresas, eso sí sin que lleguen a convertirse en trabas

El mismo tipo y volumen de comercio exterior en una economía descontrolada y mal gobernada, corrupta en manos de poderes arbitrarios tendrá un efecto diferente que en una economía bien regulada, vigilada, respetuosa de las leyes y democrática. En la primera puede ser que el comercio exterior sólo aumente la corrupción y el caos, en la otra puede contribuir mucho al desarrollo del país. Luego también las estructuras de los países que se integran en la globalización influyen mucho en los resultados de los fenómenos externos.

La globalización, por otro lado, expone a más riesgos, y por lo tanto impone más rigor a todos los agentes económicos, empresas, bancos, sindicatos, y gobierno.

En economías abiertas hace falta más regulación de los mercados, más honradez en los tratos y mayor transparencia en los negocios que en economías cerradas. Su ausencia ha sido ya la causa de algunas crisis recientes, como la de Indonesia en 1997, Corea del Sur en 1998 y otras.

El comercio internacional tiene que continuar creciendo para dar mayores oportunidades a los países y empresas de todo el mundo que están llegando a la madurez en la producción de bienes manufacturados, en cuya producción los países del “Mundo Rico” ya no tienen una ventaja comparativa tradicional. Pero el comercio tiene que crecer dentro de los parámetros de equidad y justicia, que hoy todavía son muy deficientes.

Sobre todo es necesario que se abran los mercados de los países ricos a las empresas y productores de los países pobres, con discreción y prudencia pero con generosidad y decisión. Los países ricos son los que tienen mayor capacidad para compensar a las empresas y a los trabajadores que resulten afectados o perjudicados por el comercio internacional, es decir, para aplicar el principio de la compensación que hemos expuesto hablando de las víctimas en el capitulo anterior. Las ganancias de esta apertura para los países ricos serán tales que, una vez compensados los perjudicados, todos queden mejor que antes de la apertura de los mercados nacionales. Debe entonces recuperarse los mercados perdidos y redefinir las negociaciones hechas en el actual gobierno con los nuevos socios con quienes se debe renegociar tratando de legalizar los convenios y acuerdos suscritos para que no afecten nuestro futuro económico

A los países menos ricos o francamente pobres hay que aconsejarles que sopesen bien los costos a largo plazo de un proteccionismo que puede estar favoreciendo exclusivamente a intereses especiales muy concretos (las empresas que producen substitutos de los bienes importados), pero que perjudican a la mayoría de consumidores. En este campo también se están cometiendo abusos. (Las empresas cerradas en los últimos años por ejemplo, que hacen que ya no tenga el consumidor venezolano la capacidad de elegir que comprar pues la oferta se limita las empresas que han podido sobrevivir al régimen actual)

La equidad y la justicia requerirán desmontar un proteccionismo que no es más que una transferencia de recursos de los consumidores pobres a los productores ricos del país. Si esa fuera la situación, el proteccionismo resultaría ser una medida redistributiva perversa, porque trasfiere ingresos de los pobres a los ricos.(PDVAL, Mercal, Tu casa bien equipada) transfieren recursos a los ricos pero de fuera del país)

Los países ricos pueden y deben ayudar a los demás a realizar los ajustes en la estructura productiva que mejor se adapte a sus posibilidades en los mercados internacionales. Pero no como se hizo en otros tiempos, fijando a los países en un par de productos, sino ayudándoles a diversificar el abanico de productos que puedan exportar, con ayuda técnica, además de financiamiento especial y desde luego acceso a sus mercados.

Siguen las rondas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y aún no se vislumbra una solución unánime y favorable a ricos y a pobres pero ya se están dando los pasos para que ello ocurra, nos toca simplemente seguir trabajando para no quedarnos a la espera y no nadar mas contra la corriente.

Resumen

Hemos visto que es imposible concebir el mundo económico contemporáneo sin comercio internacional y cómo el comercio internacional es a la vez causa y efecto de la globalización, en un proceso cíclico de retroalimentación caracterizado por el incremento de su velocidad en los flujos comerciales, mayor que el experimentado por la producción de bienes y servicios.

Hemos descrito los distintos cambios experimentados por el comercio internacional desde la primera fase de la revolución industrial y explicado cómo la globalización –en sus distintas fases- sigue siendo el mecanismo clave para su avance, en una dinámica por la cual los países y las empresas no pueden sino comerciar unos con otros.

Según la perspectiva desarrollada en el artículo, los países pobres no puede sobrevivir, si no se abren los mercados ya que si no se integran en las grandes redes comerciales del mundo, permanecerán al margen de sus beneficios y estancados en su pobreza en Venezuela se permanece en un limbo fuera de la CAN por voluntad propia del Gobierno y aún sin poder ejercer pleno derecho en MERCOSUR

La opción para un país y para sus empresas no está en exportar y no importar, sino en tener o no tener comercio con otros países.

TSU Carlos Cesar Contreras Rojas

Especialista en Comercio Exterior

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Autor: Meridartesanal (33 noticias)

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