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Alberto Farías
Publicada el 29-12-2011 21:02 0 3

La personalidad y su diagnóstico como facilitador

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La estructura, el perfil y el estilo relacional de cada personalidad del entrevistado durante la entrevista, tiende a articularse complementaria o suplementariamente con la personalidad espontánea de la persona del entrevistador

(continuación de Persona, Personalidad y personaje en la entrevista sociopraxiológica)

2-La personalidad y su diagnóstico como facilitador

u obstaculizador durante la entrevista.

La estructura, el perfil y el estilo relacional de cada personalidad del entrevistado durante la entrevista, tiende a articularse complementaria o suplementariamente con la personalidad espontánea de la persona del entrevistador. Esta combinatoria podría resultar positiva para los fines de la entrevista, como por el contrario resultar un obstáculo conflictivo. Por eso la persona del entrevistador, en función profesional sosteniendo el personaje de rol, debe conocer su estilo de personalidad y adecuarlo técnicamente a la entrevista. Conocer sus tendencias, debilidades y fortalezas y entrenarse para compensar formas de expresión que resultando naturales y simpáticas en el ámbito privado y social, pueden sin embargo devenir imprudentes y poco profesionales en el momento de la entrevista. Un comentario ingenuo o chistoso, un gesto de condena o rubor, etc. que en una charla de amigos es propio de la persona espontánea y legitima la relación, podría condicionar u ofender al entrevistado o crear una situación perturbadora de las metas buscadas. No debemos olvidar que existe una distribución formal inequilibrada de poder en la entrevista, dado que es el profesional quien maneja el instrumento y es él quien está en función de trabajo profesional, mientras que el entrevistado es el sujeto-objeto de investigación y es la persona de este ultima la que resulta comprometida con los resultados de la entrevista sociopraxiólógica.

La entrevista en el marco del diagnóstico clínico-socio-psicológico

Es auspiciosa la voluntad en coincidir de diferentes escuelas y enfoques psicológicos, en la revalorización y perfeccionamiento de ese conjunto de conocimientos y técnicas que conocemos como diagnóstico psicológico o con frecuencia inadecuadamente llamado psicodiagnóstico , punto de inicio de un accionar terapéutico , descriptivo o preventivo , cualquiera sea la orientación del mismo.

Refiriéndose al vocablo griego “ diagnostikós ” ( diagnòsis : conocimiento) dice el diccionario (Lexis 22; 1984) que es la “(...) determinación de una enfermedad por los signos propios” y luego “que sirve para reconocer”. Proponemos en el contexto del Trabajo Social, aplicar el concepto de “diagnóstico sociopraxiopsicologico” para aludir al proceso de diagnosticar la presunta estructura, el estilo de personalidad y los comportamientos contingentes durante la entrevista social.

Esta definición de infrecuente uso cotidiano interesa particularmente, ya que remite más directamente a la etimología: conocer a través, volver a conocer, re-conocer, y no necesariamente patología, sino una configuración producto de un conjunto semiótico que se transforma en dato a la mirada del experto . Además conecta la actividad profesional del TS con la dimensión psicológica inherente al vínculo emergente entrevistado-entrevistador durante todo el contacto dialéctico de la entrevista.

Pero esta mirada y estos datos, no son una obra acabada que cierre, sino solo un borrador, un bosquejo operativo que abre un proceso de acciones técnicas asentadas en una necesaria pertinencia que garantice rigor de método y discurso. Así visto, más allá de una pretensión científica y de una necesidad praxiológica, el diagnostico en psicología se muestra como un imperativo ético, toda vez que debemos tener claro el problema que requiere nuestra atención profesional, para saber qué y cómo intervenir ante el consultante, diseñar un plan de trabajo coherente y razonable (no siempre esto implica iniciar una terapia) y anticipar algunos límites posibles en el camino que habrá de transitarse.

Esto equivale a un doble despliegue en el tiempo: el del diagnóstico de inicio mismo y el que se habrá de desarrollar después que implicará nuevas redefiniciones diagnósticas que hemos de llamar diagnósticos procesuales.

Un proceso De diagnóstico psicológico no es una mera recolección de datos anamnésicos, ni la suma de guarismos obtenidos con técnicas psicométricas o proyectivas, ni una intuición clínica, puede ser todo esto según los casos y las necesidades, pero es aún más: un plus que nos dice algo acerca de la posición y las múltiples determinaciones de un cuerpo, una fantasía, un deseo, una dolencia, un conflicto, una situación social.

Lo sintetiza un breve párrafo tomado de las conclusiones de un lejano congreso sobre esta temática al referirse a la importancia en psicología y en particular en psicología clínica de pensar una tarea a partir de un “(...) diagnostico del sujeto, sus vínculos, y sus instituciones”. (2)

Sin un diagnostico adecuado la meta se pierde y se dilapidan esfuerzos . Pero no abrigo esperanza alguna de originalidad sobre esta afirmación:

(...) Ulteriormente he tomado la costumbre de advertir a aquellos enfermos sobre los cuales poseo pocos datos, que en principio, solo provisionalmente, por una o dos emanas, puedo ocuparme de ellos, y de este modo, cuando me veo obligado a interrumpir el análisis, por estar contraindicado, ahorro al enfermo la penosa impresión de una tentativa de curación fracasada, pues considera el hecho como un mero sondeo realizado para llegar a conocer el caso y decidir si le es o no aplicable el psicoanálisis (Freud; 1926)

El hombre que fundó la corriente de pensamiento más innovadora y revulsiva de la psicología moderna, psicodiagnosticaba para establecer la pertinencia de un tratamiento. No olvidaba que el objetivo era la cura y que curar es curar a tiempo. Con todas las letras:

(...) esta iniciación del tratamiento con un periodo de prueba de algunas semanas, tiene, además, una motivación diagnostica (...) Si el psicoanalítico yerra en su diagnostico incurrirá en una falla de carácter práctico, impondrá al enfermo un esfuerzo inútil y desacreditara su terapia (Freud, 1926) OC, pp.1661-62

Independientemente de si se está trabajando con objetivos psicoterapéuticos de cualquier enfoque metodológico o en pos de un proceso sociopraxiológico, el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento (o praxia que se derive en caso del trabajo social) constituyen la triada articulada por la teoría, la ideología asistencial, y el campo institucional.

La teoría refiere al marco teórico-técnico con el que trabaja el terapeuta, la ideología asistencial alude al tipo de relación prestacional establecida: (particular, publica, directamente, por derivación, bajo control de otra instancia técnicas, tipo de contrato prestacional, criterio de selección de pacientes, etc.)

Finalmente por “campo institucional” entendemos las sobredeterminaciones que el poder, los roles, el discurso dominante, los mitos, los marcos físico, etc., ejercen sobre las prácticas, los intercambios y los discursos manifiestos.

Dos Aspectos del diagnóstico psico-socio-praxiológico (DPSP)

Puntualicemos dos aspectos que deben diferenciarse:

a) el DPSP entendido como un estudio técnico , acotado a una serie de entrevistas con un conjunto de instrumentos adaptados al tipo de estudio (entrevista de TS, entrevista clínica, cuestionario anamnésico, pruebas psicométricas y proyectivas, recopilación de datos, pedido de informe escolar o laboral, entrevistas con familiares, etc.) y el informe socio-diagnóstico a quien lo haya solicitado.

b) el DPSP Como parte de un proceso (asistencia, orientación, capacitación, educación para la salud, prevención, terapia , etc. punto de partida necesario para seleccionar el tipo de intervención adecuada, mi idoneidad técnica para abordar un tipo especifica de cuadro, mi entrenamiento en las técnicas y el enfoque elegido, mis recursos generales, las posibles interconsultas, la necesidad o no de incluir a la familia por el grado de mutua dependencia, evaluación de la situación familiar y socio-laboral del entrevistado y su futura posible incidencia del tipo de técnica elegida.

En este caso el psicodiagnóstico puede incluir o no pruebas especiales y habrá que determinar si las realiza el mismo profesional que conducirá luego el tratamiento.

En nuestra experiencia de trabajo institucional, hemos sumado distintos aspectos de lo que hemos llamado diagnostico integrador : el estructural que subyace al cuadro clínico, el situacional que tiene en cuenta lo socio-vincular y el de la demanda , que evalúa el tipo de solicitud implicada en la consulta (que me pide el consultante, y para que)

Diagnóstico, obstáculo y prevención

No hay acción preventiva eficaz sin diagnóstico que la sustente. Por eso pensamos que una acción preventiva será eficaz solo si es capaz de producir un cambio conciente y estable de una conducta considerada riesgosa

Diagnosticar es explicar y comprender los mecanismos de un obstáculo y enmarcar sus relaciones en un contexto.

Así, prevenir es diagnosticar los efectos negativos y pronosticar los positivos a partir de efectuar acciones específicas previamente probadas en sus consecuencias.

Diagnosticar es un proceso de interpretación sincrónica de datos diacrónicos, una mirada siempre abierta a modificaciones y agregados aunque no incierta ni ambigua.

Esta mirada y estos datos, no son una obra acabada que cierre, sino solo un borrador, un bosquejo operativo (porque permiten operar inmediatamente después) que abre un proceso de acciones técnicas asentadas en una necesaria pertinencia que garantice rigor de método y discurso.

Diagnosticar una situación organizacional o el contexto de una demanda de trabajo preventivo implica conocer una cantidad limitada de factores (que operan sobre el existente como constantes o variables) para programar un plan de trabajo que garantice al coordinador el control de al menos un factor interviniente que deberá permanecer constante: el encuadre técnico, que incluye dos premisas operativas (la pertinencia de la tarea y la explicitación previa de los objetivos)

Realizar un diagnóstico ambiental identificando factores de riesgo es también avanzar en la determinación de grupos en riesgo bajo los efectos de aquellos factores que enmarcan la vida cotidiana de los sujetos.

Los contextos discapacitantes

Hemos podido observar la enorme incidencia que tiene el factor grupal que al actuar como “ contexto discapacitante (Farías, 1992) potencia la expresión de cualquier síntoma socio-psico-comportamental.

Contexto discapacitante es aquel que por su estructura material o influencia psicológica es capaz de detener, inhibir, mermar o trastornar una potencia capaz actual o incipiente.

Veamos dos ejemplos paradigmaticos: 1) un medio socio familiar carenciado no garantiza a un niño pequeño la dosis necesaria de proteínas, calcio, hierro, vitaminas, etc. Este hecho simple pero crucial, impide la formación de una estructura neuronal capaz de pleno desarrollo cognitivo, es decir el contexto material, aquí, es discapacitante.

Si este mismo niño al ingresar en su segunda infancia, sufre una fractura ósea y no es adecuadamente asistido, probablemente quede con un estigma óseo-muscular de resultante motriz que lo discapacitara en su expresión corporal con las consecuentes dificultades prácticas, estéticas, sociales, laborales, psicológicas, etc.

La estructura, el perfil y el estilo relacional de cada personalidad del entrevistado tiende a articularse complementaria o suplementariamente con la personalidad espontánea del entrevistador

Los contextos discapacitantes tienen un efecto potenciador y acumulativo.

Este niño ira quedando relegado paulatinamente de los circuitos de socialización, presentara problemas escolares, su personalidad no ganara en autoconfianza, sus fracasos se irán acumulando y nuevos contextos institucionales de características custodiales sumaran nuevas discapacidades funcionales a las estructuras existentes. La segregación original produce nuevas exclusiones.

2) Un segundo ejemplo nos muestra a un niño físicamente sano y pleno en sus condiciones materiales de existencia, pero presionado psicológicamente por una familia que lo niega en su identidad y lo fuerza a trastocar su rol filial, para asumir responsabilidades que dañan su seguridad y autoestima

Este niño padecerá una discapacidad afectivo-volitiva con expresión de bajo perfil en su performance intelectivo comprensivo escolar, en su autonomía, confianza y estima.

Se avecina seguramente una discapacidad funcional de importantes consecuencias en su futura identidad adulta.

Hay que hacer notar a partir de estos dos ejemplos, que las actuales condiciones de interacción social son predominantemente discapacitantes en la promoción de protagonismo, compromiso y sensibilidad comunitaria.

Esto es así, sobre todo en la sistemática reducción del nivel de percepción de lo desagradable. Se tiende a incentivar la negación social del sufrimiento por efecto de una alta intolerancia a la frustración

La resultante discapacitante del mensaje de manipulación social parte de negar el nexo pasado-presente y desconfirmar la percepción y se caracteriza básicamente por la sensación de impotencia y esterilidad de todo esfuerzo tendiente al protagonismo en el cambio de la realidad, es decir, una suerte de nihilismo social de la potencia capaz.

El tratamiento seguido en muchos casos incluyó la interconsulta con pediatría, neurología, la derivación a estimulación adecuada y terapia psicomotriz, el apoyo fonoaudiológico, etc.

La orientación y el apoyo al grupo familiar, y a los docentes del niño, fueron frecuentes. Es en estos casos donde se observa la importancia del proceso de psicodiagnóstico, la interconsulta durante el mismo, una evaluación pronostica y una prescripción de tratamiento adecuado que en muchos casos no implica necesariamente que se centre en el niño. (4)

Finalmente no huelga decir que solo una evaluación interdisciplinaria, en un equipo con distintos saberes, pero con un mismo idioma, puede hacer más transparente y más profunda la comprensión de un caso en toda su compleja presentación y ayudarnos a entender de una vez por todas que, como se ha dicho, el fenómeno humano es demasiado complejo como para ser explicado por una sola disciplina.

El diagnóstico psicológico forma parte, pues, de una totalidad epistémica no siempre de claros limites y nunca accesible por completo, en donde sé interpenetran signos, síntomas y situación , generando una problemática que enseguida intentaremos analizar.

Diagnostico: tiempo y contexto.

Diagnosticar, dijimos, es “conocer a través” (espacio-temporalidad). ¿Pero, a través de qué? : de signos, síntomas y situaciones . Y estas últimas implican contexto y tiempo y ya se sabe que ambos se implican (diacronía y espacialidad). Un síntoma no es cualquier emergente de una configuración causal. Antes bien puede ser considerado síntoma un comportamiento (en el plano del sentir, el pensar o el actuar) que aluda y/o encubra un proceso causal oculto en primera instancia, y a la vez persiga un objetivo defensivo adaptándose al entorno de crisis del que deriva. Es decir que en esta concepción de “síntoma”, este es a la vez causado y motivado, al tiempo que causante y motivante. Por eso se ha dicho que un síntoma “alude y elude”.

El contexto de un “síntoma” (cualquiera sea este, desde un “tic” hasta una manera de abordar un problema) lo significa especialmente, el paso del tiempo (su cronificación) lo re-significa particularmente.

Tiempo y contexto son situación; signos y síntomas están siempre en situación. El asunto es que signos y síntomas (tal como se los entienden en la clínica psicológica y médica) parecieran ser relativamente -y no tanto- objetivables, pero la lectura de la situación dispara los esquemas conceptuales y referenciales socioperceptivos, es decir ideológicos.

En general, el sexo, la clase social, los roles desempeñados, el lugar ocupado en la estructura institucional de poder, las creencias político-religiosas, etc., tienden “prima facie” a condicionar (léase sobredeterminar) la interpretación de la situación.

Así como dijimos que signos y síntomas siempre están en situación , decimos ahora que

creemos que siempre hay por parte del experto consultado, una lectura , -explícita o no, concierte o no- de la situación , o mejor del sentido atribuido a esa situación .

Así, por ejemplo, el clínico (psicólogo, medico, etc.) es ante todo un hermeneuta que trabaja con una estructura de objetos reales e imaginarios que se presentan en clave .

Descodificar esas claves implica una tarea compleja, ya que primero hay que conocer el código que construyo otro u otros, y después hay que descubrir su dinámica de funcionamiento, esa dinámica -inevitablemente influida por lo social- que subyace y produce la expresión sintomática.

He hablado de tiempo, dinámica, contexto por lo tanto él diagnóstico es un descubrimiento del lenguaje con que se expresa “en ese momento” el objeto-problema estudiado y no “una marca para siempre “, es una herramienta imprescindible, para abordar lo que se supone que se quiere modificar –al menos desde el discurso del Yo- que como cualquier herramienta sirve si se la aplica para lo que fue diseñada, durante el momento y por el tiempo justo.

Toda formación sintomática tiene aspectos denotativos y aspectos connotativos y al poner el énfasis, como lo estamos haciendo en lo connotativo, solo queremos llamar la atención sobre la importancia de la búsqueda de los factores asociados a la expresión observable. Es verdad que no todo síntoma “me habla de otra cosa oculta”, pero también es cierto que un síntoma tiene sentido en un contexto que lo produce y es ese contexto al que no debemos ignorar. La conciencia o no de esa relación por parte del consultante es otra cosa, como lo es la tensión que establezco su Yo entre lo que “le pasa” y lo que “reconoce que le pasa”, en términos más técnicos la “ egosintonía ” o “ egodistonía respecto de sus síntomas. Por lo general los síntomas “le molestan” al consultante, lo preocupan o incomodan, por eso que al mismo tiempo son parte y no él todo de la persona. La egosintonía total entre persona y síntoma nos llevaría al campo de las llamadas psicopatías (acción sin conflicto interior), tema que por su complejidad técnica excede los objetivos de este articulo.

Diagnóstico y conocimiento

En el área de la “Salud Mental”, tradicionalmente, algunos sectores ligados a un enfoque singular del pensamiento psicoanalítico han mantenido un prejuicio hacia él diagnóstico y en torno a ese proceso multifacético -más cualificable que cuantificable -que es el psicodiagnóstico.

La influencia de cierto “energetismo pulsional” inasible e impredecible, mas la reducción a la idea de que “todo depende de todo”, han contribuido bastante a este prejuicio.

Se ha afirmado que diagnosticar era obturar, marcar, prejuzgar y condenar al consultante a la mera esclavitud del síntoma, que al ser diagnosticado desde el saber del experto enajenaba la palabra llena de saber del consultante. Entonces todo se reducía a “escuchar”: el oído sensible del experto como herramienta multiuso.

Si el consultante consulta es porque no sabe todo sobre su síntoma y además no sabe qué hacer con lo poco que sabe.

Dejarlo en la misma situación en la que entro al consultorio diciéndole ¿Quién sabe?, es una cuestión una vez más ligada a la observancia ética.

Pero aquí, la cosa pareciera complicarse: ¿Qué queremos decir con que el consultante no sabe todo sobre su síntoma? ¿Acaso de esto se debe inferir que el consultor si conoce o sabe todo lo que no sabe el consultante? La respuesta es no.

El consultante (”padeciente”) no entiende el síntoma porque este se amasa con un código susceptible de ser decodificado con una lógica racional , análisis de las leyes que rigen el funcionamiento psicoorgánico y de la situación mediante, y él en cambio es al momento de su padecimiento sujeto y objeto de pasión, única dimensión que la razón científica no puede explicar en términos codificables.

Sin embargo la pasión articulada a la cultura, es decir al contexto y al tiempo, en fin a la situación,

Produce signos y síntomas en base a una dinámica perfectamente comprensible en un momento dado, y esto su puede ser señalado y de esto el consultor puede saber algo

más. No podrá hablarle al consultante de la verdad de su pasión -la del otro- porque no puede acceder allí con el código, pero podrá descubrir ese código y diagnosticar la situación siempre sobre la base del código que -insistimos- no es de él, sino del consultante.

Lo que es del experto es el conocimiento de las técnicas para descubrir el código, pero no el código en sí.

El consultor o el trabajador social (sociopraxiólogo) en el proceso de diagnosticar (ver figura) descubre los códigos, sintomáticos y explica al consultante las características de la situación en la que los signos y los síntomas se presentan y ofrece “a posteriori” una estrategia técnica (por ejemplo una determinada psicoterapia, orientación, etc.) para permitir al consultante hablar de su pasión y -si éste lo decide- reordenar la situación (nivel racional) en la que aquella pasión se expresa. (CONT.)

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Sobre esta noticia

Autor: Alberto Farías (32 noticias)

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  • Silviamosro (Silvia Mosquero )
    Silviamosro : @deiraola que no me preocupa???estoi con entrevista y diagnostico esto es una mierdaaaaaaaaaaaaaaaa 29-05-2012 19:06
  • aRembecerra (arely becerra)
    aRembecerra : @dr1santana vi su entrevista y me gustaría una cita con usted!' Estas tienen algún costo?' Yo ya tengo un diagnóstico de hernia discal... 29-05-2012 16:05
  • RicardoKrdenasM (Ricardo Cardenas)
    RicardoKrdenasM : En instantes entrevista radial en #galapagos por @radioencantada 101,97 fm Taller de Diagnostico del RUOSC @SecretPueblos @RosaMireyaEC 29-05-2012 14:34
  • aleingriid (Ingrid alejandra )
    aleingriid : @RubiMurillo pues completar lo de entrevista y lo de diagnostico aunque es para el otro lunes 28-05-2012 01:40
  • e_joanna (Joanna Castro)
    e_joanna : Salió mi entrevista con Laura en nuestra página web. "Un café con Laura Toro - la abogada de las mujeres" http://t.co/InJWyhvw 26-05-2012 00:34