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22/07/2017

Pony Express duró escasamente 19 meses, pero fue protagonista de un tiempo en el que llevar el correo a California era toda una aventura. A pesar de su corta existencia, su leyenda sigue viva en el lugar más cálido y protegido de cada uno de nosotros: el lugar donde guardamos los sueños

 

Que una empresa se recuerde 150 años después de cerrar es realmente toda una hazaña. Pony Express, fundada en 1860 por William Russell, Alexander Majors y William Waddell, duró escasamente 19 meses, pero fue protagonista de un tiempo en el que llevar el correo a California era toda una aventura. A pesar de su corta existencia, su leyenda sigue viva en el lugar más cálido y protegido de cada uno de nosotros: el lugar donde guardamos los sueños.

A mediados del siglo XIX la opción principal para enviar las sacas de correo a los establecimientos de California, cada vez más ricos y con mayor importancia y población, pasaba por enviarlo en barco a Panamá, ser cargado en mulas para atravesar el istmo en mulas, y navegar de nuevo hasta San Francisco. El Gobierno ofreció un contrato de un millón de dólares a aquellos que demostrasen que la ruta por tierra podía ser posible. La gran dificultad eran los 3200 kilómetros de territorio vacío entre Missouri y California.

William Russell, Alexander Majors y William Waddell se unieron y fundaron la compañía del Pony Express como una respuesta a esta necesidad. Idearon un sistema de transporte a base de relevos y lo estudiaron y perfeccionaron hasta el extremo. Los lugares de las estaciones, los jinetes, los caballos y hasta la mochila y el modo en que serían los sobres fueron detenidamente discutidos y diseñados. Y al final, el Pony Express aceptó el reto: llevaría el correo hasta California en diez días.

El 3 de abril de 1860 Johnny Fry recogió la mochila del correo de manos del alcalde de San José (Missouri) y comenzó a galopar hacia el oeste. Con esta posta inaugural se iniciaba la leyenda de los jinetes solitarios. El correo atravesaría el territorio de lo que hoy son los estados de Missouri, Kansas, Nebraska, Colorado, Wyoming, Utah, Nevada y California hasta llegar a la naciente ciudad de Sacramento.

 La idea era sencilla: el correo no se detenía nunca, ni de día ni de noche y era transportado siempre sobre un caballo fresco. El jinete cambiaba de caballo cada 10-15 millas en las estaciones intermedias en donde no puede demorarse más de tres minutos; y a su vez el jinete es relevado en las estaciones principales cada 75-100 millas. La exigencia física de un jinete del Pony Express era inmensa. Pensemos que cabalgaban una media de diez horas y recorrían hasta 150 kilómetros. Para ello se colocaron anuncios de selección en los principales periódicos del oeste. Se buscaban jinetes con experiencia, amantes del riesgo y la aventura, que no pesasen mas de 60 kilos y que fueran menores de 18 años (“se prefieren huérfanos”, decían varios de los anuncios). La contrapartida era un sueldo de 100 dólares al mes, una fortuna de la época.

Un muchacho de 14 años recorrió 322 millas sin detenerse al ver que el jinete que debía relevarle había sido asesinado. Se llamaba William Cody, pero mas tarde sería conocido como “Búfalo Bill”

Todo estaba estudiado al milímetro. El peso que llevaban los jinetes estaba limitado. Solo podían llevar un revolver, y su rígido reglamento les prohibía detenerse salvo en caso de defensa propia o de ver que una vida corriese peligro. La prioridad era que “el correo debe continuar”. Para ahorrar peso, los fundadores de la compañía encargaron el diseño de una silla de montar especial para las características del servicio. Israel Landis fue el elegido. Y su “mochila” (usaron este nombre español) fue uno de los grandes éxitos del Express. Con los compartimentos para los sobres hechos a medida, garantizaba un rápido cambio entre jinetes además de comodidad, aislamiento e impermeabilidad. La mochila iba encajada entre las piernas del jinete e iba fundida literalmente a la silla formando un todo. No se conserva ninguna de estas sillas originales de Landis, piezas que continúan siendo buscadas por coleccionistas.

También la correspondencia tenía que sujetarse a unas peculiaridades. Debería ser redactada en papel especial extraligero y los sobres eran especiales con seda aceitada. El límite de cada jinete era de 10 kilos de cartas en cada viaje. El coste del cada una era de 5 dólares cada 15 gramos de peso. Más tarde, debido al éxito de la empresa, el coste seria reducido 1/5 y llegaría hasta 1 dólar.

No solo el jinete de la posta inaugural es recordado. La leyenda dice que Bronco Charlie Miller tenía solamente 11 años cuando hizo su primer relevo. Por otra parte el record de rapidez en un envío se estableció en marzo de 1861 cuando el discurso inaugural de la presidencia de Lincoln llegó a Sacramento en 7 días y 17 horas. Otro asombroso registro es el de la posta mas larga: un muchacho de 14 años recorrió 322 millas sin detenerse al ver que el jinete que debía relevarle había sido asesinado. Cambió 21 veces de montura y cabalgó durante 21 horas y 40 minutos. Se llamaba William Cody, pero mas tarde sería conocido como “Búfalo Bill”.

En octubre de 1861 la línea telegráfica quedó completada y ello supuso el fin del Pony Express. Después llegaría el ferrocarril y la unión y comunicación de California con el resto de los estados sería ya un hecho. El tiempo de funcionamiento del Pony Express fue relativamente corto ya que se limita a 19 meses, pero su impacto en el folklore y la literatura comenzó desde el primer día. La leyenda de los jinetes que nunca se detienen arrancó con fuerza y llega hasta nosotros a través de Mark Twain o Richard Burton.

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