×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×

Sergio CanoMiembro desde: 29/04/09

Sergio Cano
0
Posición en el Ranking
0
Usuarios seguidores
Sus noticias
RSS
  • Visitas
    89.796
  • Publicadas
    20
  • Puntos
    0
Veces compartidas
5
¡Consigue las insignias!
Trimestrales
Recientes
Visitas a noticias
20/10/2011

Otra historieta de Escolástico después de varios meses sin colgar nada

ESCOLÁSTICO SE QUEDA SIN COCHE

Hay que reconocer que soy un ser que nunca voy andando. Tengo alergia a caminar al igual que a realizar trabajos físicos. Tenía un flamante ZX rojo sin ningún tipo de extra. Un trasto que valía más como chatarra que como vehículo propiamente dicho. Cada día que pasaba el coche tenía ruidos nuevos que predecían un final próximo. Pero lejos de alarmarme, subía la voz de la radio para no oírlos.

-Lleva toda la vida haciendo ruidos extraños pero estos modelos son más duros que las piedras.- solía comentar con naturalidad al copiloto de turno.

Un buen día, justo en vísperas de hacer un viaje para visitar a unos amigos, el coche se paró de golpe en medio de una calle y ya nunca más arrancó. Su mecánico de confianza, un joven con los ojos de huevo que hablaba en un idioma que parecía propio de un cybor del espacio confirmó sus peores presagios: su amor más duradero había muerto. Había sido víctima de la peor de las enfermedades que un vehículo podía sufrir y su anciano motor no había podido aguantar el golpe. Todo fue muy rápido y ojos de huevo me aseguró que no había sufrido.

Abatido llegué a casa. Mi querido coche, aquel con el que había recorrido medio país me había abandonado para siempre. Era una muerte anunciada como en el libro de García Márquez y además, el viaje se había ido a la mierda en el mismo paquete. Un par de días estuve sin apetito. Mi madre insistía en que no podía seguir así, por lo que tuvo la genial idea de que mi padre me dejara su furgoneta para realizar el viaje que ya tenía programado. Me pareció una idea brillante y acepté sin dudarlo. La furgoneta de mi padre era cojonuda, tenía aire acondicionado, climatizador, una buena radio con CD y un sinfín de memeces que hacía de ella, ni más ni menos, que la “furgoneta del año en Europa”. Estaba exultante y deseoso de que llegase el día. Había recuperado la sonrisa y olvidado mi viejo coche.

Pasaron un par de semanas y el viaje se acercaba. No había vuelto a hablar con madre sobre el asunto de coger prestada la furgoneta. Pensaba que ya todo estaba atado y también creía que mi padre sabía que esos cuatro días su vehículo me pertenecía.

Pero estaba equivocado. Parece ser que no sabía nada a tenor de la cara de asombro que el día anterior al viaje puso cuando le pedí las llaves para adecentarla un poco. Y su respuesta no pudo ser más clara: Ni lo sueñes. De nada sirvió suplicar, poner caras tristes, blasfemar y prometer. La decisión del mamón ya estaba tomada y nadie, ni siquiera mi madre, conseguiría cambiarla.

Eso me enfureció. El resultado de tal negativa fue que tres colegas y yo nos quedamos atrapados durante todo un puente en el puto pueblo sin nada que hacer. Además, la mayoría de la gente se había largado por ahí y parecía por momentos un lugar fantasma. Ni que decir tiene que mi padre no necesitó la furgoneta en esos cuatro días. Creo que ni tan siquiera la tocó del garaje. Vamos, que todo fue por cabezonería.

Pero lejos de entrar en cólera con mi viejo y de ponerme a gritar traté de idear un plan para joderlo. Ya de sobra son conocidos mis métodos de hijo de perra, mis acciones servidas en frío y mis retorcidas artes….

Estando en casa esperando la comida uno de esos cuatro días de puente que no pude disfrutar, me puse a hacer zapping. Nada de lo que daban me gustaba así que decidí dejar al Arguiñano que estaba haciendo un plato bien apetitoso con cuatro ingredientes de nada. A mí, que siempre me había gustado la cocina pero que nunca había frito un huevo se me empezó a ocurrir un plan bastante competente para fastidiar unos cuantos días a mi padre. Sin duda iba a ser muy gracioso si finalmente conseguía llevarlo a cabo.

Comencé a leer libros de recetas, a fingir entusiasmo por la cocina y por los platos que preparaba mi madre. Me pasaba las tardes en casa preguntando a mi madre pequeños trucos de cocina, ingredientes de ciertos platos…A mediodía siempre veía al majadero de Arguiñano que además era un tipo de los más chalado que salía en televisión. Pasado un mes ya estaba preparado para cocinar, además, la situación en casa me era más que favorable para tener luz verde: tanto mi padre como mi madre trabajaban y yo, que formaba parte de aquella mítica marea de desempleados que asolaba el país, de aquella generación perdida, tenía todo el tiempo del mundo para preparar la comida antes de que llegasen a casa a medio día.

La única premisa era la siguiente: hacer cada día uno de los platos que repugnaban a papá. No había nada mejor que llegar a casa después de un duro día de trabajo y encontrarte un buen plato de comida de algo que detestas. Además, en el caso de mi padre, eso era fácil porque no era muy amigo de la comida de cuchara y se caracterizaba más por comer fritos, embutidos, filetes a la plancha y todo ese tipo de bazofia.

Durante la noche anterior a mi primera experiencia como cocinero comencé a devanarme los sesos para saber qué comida era la más odiada por padre y creí tocar el cielo cuando lo recordé, años atrás, dando arcadas ante un suculento plato de rabo en salsa con alubias que había preparado la abuela. Al día siguiente madrugué con la ilusión de joder a alguien. Era una sensación similar a la que tenemos cuando de niños vamos a la cama el día anterior a recibir los regalos de navidad. Compré los mejores ingredientes, fui a casa y durante toda la mañana estuve encerrado en la cocina con una gran pila de libros culinarios. Poco antes de las dos la comida estaba lista y la mesa puesta hasta el mínimo detalle. Mis padres no daban crédito cuando llegaron, aunque la cara del viejo cambió totalmente en el instante en que puse ante sus narices aquel plato con colmo y le dije glamurosamente ‘bom apetite’. No podía creerlo pero era verdad. Su hijo le había preparado con amor aquello y ahora tendría que tragarlo aunque no pasó de la segunda cucharada: las arcadas se oían desde el rellano de la escalera. Mientras tanto, mi madre no dejaba de repetir lo bueno que estaba el guiso y lo orgullosa que estaba de que por fin hiciera alguna labor en casa. La verdad que para ser mi primera vez fue todo un éxito. Un plato buenísimo.

Tal fue el éxito de esta mi primera aventura gastronómica que antes de ir a la cama ese mismo día ya estaba haciendo conjeturas para dar con otro plato ideal para papá. La verdad es que había un amplio abanico de posibilidades pero me decanté por unos callos a la madrileña que seguro haría a mi padre chuparse los dedos…

Al día siguiente, el reloj sonó a la misma hora que el primer día. La ilusión era la misma también. Compré lo necesario para hacer una buena olla de callos y volví a dejar maravillados a mis progenitores, a cada uno de ellos por diferente motivo. El resultado una vez más fue una gran victoria a los puntos y un plato delicioso que comí con tal ansia y en tales cantidades que incluso me sentó mal aunque al menos no vomité, cosa que no pueden decir todos los comensales que estaban en mi mesa.

El tercer día, sin duda, fue mi favorito. No sólo volví a joder a padre con la comida del día sino que di un golpe encima de la mesa con una jugada maestra. El menú para ese día fue una deliciosa cazuela de sesos y unos zarrapos, que para quien no lo sepa, son tripas de cerdo enrolladas en un palo y fritas. Una mezcla, sin duda alguna, asquerosa para quien llevaba los pantalones en casa. Ese día recuerdo que al ver el menú mi padre explotó y se negó en rotundo a comer mientras mamá y yo no levantábamos la cabeza del plato. A la tercera va a la vencida debió pensar.

- Pues no he preparado nada más para comer- dije distraídamente mientras fingía que seguía el noticiario de mediodía.

- No pasa nada hijo- respondió con una forzada benevolencia- comeré un poco de embutido y algo de fruta.

Era justo lo que pensaba que iba a ocurrir. Por eso me anticipé a los hechos como el jugador de ajedrez que se anticipa a los movimientos de su oponente.

- Fruta no queda papá, me la he comido esta mañana para desayunar. Mañana compraré algo en el mercado.

- ¡Pero si tú detestas la fruta Escolástico y encima había un melón sin empezar!

- Lo sé, pero desde que madrugo me entra un hambre por las mañanas tremenda y no paro de comer mientras preparo la comida. Hoy vi el melón, lo empecé y rodaja tras rodaja acabé con él. ¡Estaba tan jugoso!

Estaba claro que mi padre no se creía ni una palabra de lo que decía y también estaba claro que el melón lo había tirado al contenedor de la basura mientras iba al supermercado a hacer la compra del día. Odio la fruta y él lo sabe. Entre tanta cavilación el viejo se levantó y se encaminó hasta el frigorífico para coger el plato del embutido pero también llevaba sorpresa: estaba desahuciado, casi vacío. Para hacer un símil del plato de embutido diré que era como si de un jamón quedara tan sólo el hueso: Casi no se podía aprovechar nada. Allí convivía tan sólo un pedazo de queso más duro que una piedra, un poco de jamón cocido con su moho y un pedazo de butifarra que debía ser del año de las olimpiadas de Barcelona. Del resto ni rastro. Algo inexplicable para mi padre pues en una casa en la que tan sólo viven tres personas de las cuales dos trabajan fuera todo el día no es posible acabar con todo un plato de embutido variado que, sin duda, era el rincón favorito de la casa.

- ¿Dónde coño están los chorizos, el jamón y el queso que empecé ayer?

- También me lo he comido –respondí con la boca llena sin tan siquiera mirar a mi padre

- No puede ser coño, no has podido comer tanto en tan solo una mañana

- También di a unas gitanas que vinieron pidiendo un poco de género. Mañana compraré algo de embutido.

Mi padre fijó sus ojos sobre mí. Me conocía lo suficiente para saber que mentía. Cualquiera me habría cazado, cualquiera menos mi madre. Una madre nunca ve lo malo de su hijo. O mejor dicho, no quiere verlo.

Esa misma noche mi padre llegó hasta mí mientras yo ojeaba un libro de recetas: “101 platos con alubias y garbanzos” se llamaba ni más ni menos. Lo había comprado esa mañana en una librería del barrio porque sin duda era la criptonita de papá. El viejo se sentó en frente mío y con un rápido gesto sacó algo del bolsillo. Eran las llaves de su furgoneta.

- Cuando necesites el coche, sólo tienes que pedirlo – avanzó dejando brotar las palabras lentamente al tiempo que se levantaba y se dirigía para su cuarto.

Ya no volví a cocinar nunca pese a la insistencia de mamá que sí que parecía reconocer mis esfuerzos. Ni siquiera llegué a estrenar aquel libro recién comprado de riquísimos platos de legumbres. Mi padre parece que no era tan tonto como yo creía, captó la indirecta a la primera así como la batalla que en su propia casa se estaba librando, una batalla encubierta, una guerra de la que salí airoso y en la que el viejo mostró la sabiduría de sus 60 años largos. Cada nueva generación es superior a la inmediatamente anterior. La supervivencia es lo que tiene. Al siguiente día, mi viejo ya pudo volver a comer y yo ya nunca volví a cocinar en casa.

Más recientes de Sergio Cano

Escolástico hace deporte

Esto no es otro articulillo, es una historieta que creo que a más de uno le va a molar 09/12/2010

Otro recorte a la libertad

En vez de tornarnos más abiertos y tolerantes, nuestros mandatarios hacen gala de su mentalidad cuadriculada y de otra época. En vez de dar ejemplo, prohíben el burka. Medida fácil y gratuita que fomenta la discriminación y el odio en un tema que a nadie molestaba...hasta ahora 23/06/2010

El mar escupe fuel otra vez

A todos nos ha venido a la cabeza el desastre del ´Prestige´, auque parece ser que en esta ocasión los daños serán irreparables 06/05/2010

Bur-Rita Barberá se carga el Cabanyal

El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Valencia hace oídos sordos al clamor popular y desafía al Ministerio de Cultura 08/04/2010

Todos contra la Ley Sinde y la SGAE

La citada ley incluso podría proyectarse a nivel europeo si funciona en España 11/03/2010

Mostrando: 1-5 de 21