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Paco BonoMiembro desde: 16/11/09

Paco Bono

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22/05/2011

15 de mayo. Un nutrido grupo de jóvenes y no tan jóvenes parece que se levantan. Unidos caminan por las calles de Madrid con sus pancartas

15 de mayo. Un nutrido grupo de jóvenes y no tan jóvenes parece que se levantan. Unidos caminan por las calles de Madrid con sus pancartas. Se sienten indignados, desolados por causa de una clase política que, según ellos, es “incapaz de plantear soluciones”. Soluciones que los manifestantes nos proponen entre un torrente de gritos y palabras, de asambleas y quejidos, un maridaje social, cuyas consecuencias pocos se atreven a vaticinar todavía. ¿Dónde van los indignados? ¿Qué quieren los indignados? ¿Quiénes son? Esta es la pregunta que más preocupa a los partidos políticos. Unas y otras formaciones, especialmente en la izquierda, pretenden adueñarse de la masa "asamblearia". Muchas ideas, unas, infantiles, otras, acertadas, varias contradictorias, algunas, peligrosas para la libertad. El griterío aumenta en un escenario en el que se interpreta la cruda realidad: el principal fracaso de este país consiste en que muchos de sus noveles ciudadanos desconocen su historia, su tradición, su esencia y, además, no creen en él. ¿Tiene algo que ver con esto la actitud de los partidos políticos durante nuestra democracia? Por supuesto.

Pero centrémonos en el evento. ¿A qué aspiran los asamblearios? Ya me gustaría a mí podérselo preguntar en persona. Me encantaría moverme entre la gente e indagar, comprender si coinciden en algo conmigo, uno más de los que lleva reclamando una democracia total para nuestro país, para que España se convierta en una nación más próspera, para que los partidos no estén por encima de las instituciones y del pueblo al cual representan, sino que se deban a él. Mas, no niego que todo esto me causa miedo. Miedo a decepcionarme de nuevo si descubriera que la manifestación es en realidad un movimiento político de ultras de izquierda cuyos símbolos y "soluciones" parten del castrismo, del comunismo, del liberticidio, y que tienen como fin el fomento de ideologías trasnochadas y fracasadas para imponer al ciudadano una forma de vida, persiguiendo a los católicos y que no respetando algo tan elemental como el derecho a la libertad de información.

Democracia real ya. ¿Acaso reclaman la reforma de la ley electoral? Pero, ¿con qué objeto? Deseo y espero que con el de evitar que los nacionalistas sigan chantajeando a la mayoría; deseo y sueño que con el de conseguir el distrito único para España, para que cada persona valga un voto y se elimine así la preeminencia de los derechos territoriales sobre los personales. ¿Hablamos de esto o de otras cuestiones? Debaten sobre el paro, sobre el derecho a la vivienda digna. Pero no sé si entienden lo que significa la libertad. El liberticida aspira a imponer a los demás su verdad, a anular la voz del rival, de quien piensa diferente, de esta forma se alimentaron todos los totalitarismos del siglo XX. ¿No se dan cuenta de lo contradictorio de reclamar libertad mientras se abuchea a periodistas como los del grupo Intereconomía?

Libertad. ¿Conocen algo estos indignados acerca de la separación de poderes? ¿Acaso saben los fundamentos de la democracia? La democracia no impone la libertad, sino que la garantiza. La libertad para que cada cual elija su manera de vivir sin perjuicio para los demás, la libertad de educar a tus hijos según tus principios y convicciones, la libertad de creer o no en Dios, de profesar o no una religión, de participar o no en política, de trabajar en un sector o en otro, de formar una familia o ser soltero. Esto es la libertad, la libertad civil. Un Estado no puede imponer la libertad, porque la propia imposición conlleva el fin de la misma. El Estado debe garantizar la seguridad, la convivencia social, debe gestionar determinados servicios comunes a todos los ciudadanos, debe velar por la libre competencia y debe consentir una justicia independiente. He aquí donde surge la problemática de España. En España no hay separación de poderes. El ejecutivo se constituye a través del legislativo, que se controla a su vez mediante los aparatos de los partidos y sus listas cerradas. Los partidos nombran jueces, como los del Tribunal Constitucional, cuyo cometido parece que no se limita a interpretar la ley, sino a obedecer a quienes les han garantizado el puesto. Así en España asistimos a la concurrencia de unos terroristas como los de Bildu a las elecciones de este domingo. ¿Qué le parece al pueblo indignado todo esto? ¿Acaso se posicionan contra ETA?, ¿contra quienes han permitido que accedan a las instituciones?, ¿contra quienes defienden a los que asesinan y coartan la libertad de cientos de miles de ciudadanos? He aquí otra clave para la libertad.

Democracia real ya. ¿Acaso reclaman la reforma de la ley electoral? Pero, ¿con qué objeto?

Atendiendo a este movimiento y tras escuchar a los diversos “portavoces”, se observa con claridad que uno de los fracasos más importantes de nuestro país es la educación. Pero no me refiero a la "eficiente" imposición de una educación pública, controlada siempre por gobiernos que deciden según sus colores incluir unas u otras materias o influir en la ideología de los estudiantes (véase la Educación para la ciudadanía), sino a la educación basada en el esfuerzo. Así también, la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos, como ya señalé al principio del texto. ¿Acaso se comenta en esta manifestación “espontánea” la imposibilidad de estudiar en español en determinadas regiones?, ¿se critica que haya diecinueve maneras de estudiar historia de España?, ¿se plantea la posibilidad de liberalizar la educación para permitir el uso y disfrute del cheque educativo por parte de los ciudadanos? Creo que no. De esto no se habla. Por favor, ¿alguien puede transmitirles estas palabras?

Se habla del sistema, de su fracaso. ¿De qué sistema? ¿Del sistema democrático en sí?, ¿o del sistema autonómico? ¿Nos damos cuenta del coste que implica toda la maraña institucional que hemos heredado y solapado? ¿Es justo que debamos sostener diecinueve autonomías con sus miles de cargos políticos y funcionariales? ¿Es lógico que España mantenga el mismo número de empleados públicos que en época de crecimiento? Ojo, hablo de empleados públicos, que no de funcionarios de carrera. ¿Plantean los asamblearios la reforma del sistema constitucional?, ¿o pretenden convertir España en una república a la venezolana? ¿Quieren el modelo francés? Pues si es así, primero tendremos que reinstaurar la nación, asunto harto difícil cuando nuestro presidente plantea España como un concepto discutido y discutible.

A la pregunta que se hacen algunos políticos, especialmente Esperanza Aguirre, de por qué se ha convocado esta concentración en la Puerta del Sol y no en la Moncloa, quisiera responder (ingenuamente, la verdad) que la razón radica en que Sol constituye el Kilómetro 0 de nuestro país, el corazón de España. Pero no sé bien si esto es así. De todas formas, no me sorprende que este movimiento haya fraguado principalmente en Madrid, siendo como es esta comunidad la que más libertad ofrece a sus ciudadanos en todos los ámbitos, tanto político, como social.

Bien, señores, respondan. ¿El problema es el Rey? ¿República o monarquía? Creo que no. ¿No lo es más el que los políticos se hayan convertido, como bien dice Enrique de Diego, en una casta parasitaria? ¿Por qué un diputado sólo ha de trabajar siete años para cobrar una pensión y a mí se me exigen treinta y cinco? He aquí otra parte del problema. La clave de España está en que la izquierda no cree en España y la derecha se ha rendido a la evidencia, o eso parece por el transcurrir adormecido de estos últimos años. Pero esto es otra historia. Dígannos, compatriotas de Sol, ¿podemos consensuar un cambio positivo para la amplia mayoría?, ¿o sólo aspiran a beneficiar a determinados partidos? ¿Podemos reformar nuestra nación en busca del bien común?, ¿o hemos de seguir aceptando el chantaje de las minorías? Y no se equivoquen, yo he criticado mucho al Rey por cuestiones puntuales, pero soy consciente de que la monarquía constituye, a día de hoy, la institución más limpia, leal y digna que mantenemos, además de la más económica. Si queremos reconstruir nuestra nación, debemos instaurar un modelo que garantice la libertad y la seguridad de los ciudadanos; un modelo que garantice la igualdad ante la ley, tanto en derechos como en obligaciones; un modelo que fomente e incentive la iniciativa empresarial, que nos asegure ser competitivos. Pero para tal objetivo, debemos implicarnos los ciudadanos, especialmente los jóvenes, con nuestro sacrificio y nuestro esfuerzo. Promuevan una reforma laboral que prime a quien desee trabajar frente a quien cometa fraude en sus puestos de trabajo. Legislen a favor de las familias, para que se pueda conciliar la vida en el hogar, la educación de los hijos con la productividad en los puestos de trabajo. ¿Es lógico que haya tantos miles de liberados sindicales? ¿Por qué debemos subvencionar con nuestros impuestos esta enredadera sindical? ¿Qué coño han hecho los sindicatos durante estos años sino llenarse los bolsillos con los ERES? ¿A quién representan?, ¿a los trabajadores o a sus partidos e ideologías sectarias? ¡Venga ya! Necesitamos una reforma para que a los españoles nos cueste mucho menos sostener nuestra nación. Requerimos de un cambio de orden. Pero para ello, queridos compatriotas, para ello hay que trabajar duro. Y para trabajar duro hay que mantener un equilibrio entre el progreso y la tradición, mediante el respeto y la recuperación de determinado valores. Mas, la clave está en la última pregunta que os planteo: ¿estamos dispuestos? Nadie nos sacará de ésta fumando porros, ni usurpando la propiedad privada de otros. Respóndanme, por favor. Aquí les dejo mi voz.

Paco Bono

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