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Pablo PiacenteMiembro desde: 12/05/19

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14/05/2019

Por Pablo Javier Piacente. Un breve recorrido por las diferencias entre ambos términos y sus implicancias políticas y sociales

A pesar de los múltiples esfuerzos por delimitar concretamente ambas concepciones, aún hoy se siguen confundiendo los términos de equidad e igualdad, considerándolos incluso erróneamente como sinónimos. Vale la pena entonces volver a discutir estas nociones y analizarlas en cuanto a su uso político.

Cuando se habla de igualdad, uno de los bastiones de la Revolución Francesa, se hace referencia habitualmente a la lucha histórica a nivel político y social en torno a la conquista de derechos inaccesibles para grupos determinados en un contexto concreto.

Se busca entonces la igualdad ante la ley de ciertos sectores discriminados con relación a los grupos dominantes, como por ejemplo sucedió en Sudáfrica durante el apartheid.

Pero más allá de estas particularidades, el fin último de la igualdad (en términos sociopolíticos y no meramente legales) es operar sobre las diferencias entre las categorías sociales, buscando reducir o suprimir de forma fáctica la distancia existente entre las mismas en cuanto al acceso a bienes reales y simbólicos.

Por otro lado, la noción de equidad indica la búsqueda de un proceso que permita la igualdad de oportunidades pero en la esfera individual, posibilitando de esta forma que cada individuo pueda satisfacer determinadas necesidades a partir de sus propios merecimientos y logros.

En otras palabras, que cada persona obtenga aquello que se merece de acuerdo a su esfuerzo y talento, pero a partir de un piso mínimo y general de posibilidades, y sin que por ello se vea afectada necesariamente la estructura social.

En consecuencia, pueden darse situaciones en las cuales exista igualdad y no equidad, o viceversa, haciendo posible comprobar que aunque ambas nociones son vitales en un escenario de búsqueda de la justicia social, las mismas deben considerarse por separado y con sus propias implicancias.

Sistemas políticos, igualdad y equidad

Quizás uno de los grandes desafíos para el progresismo político sea lograr utilizar ambos conceptos de un modo armónico y racional hacia el interior de la organización social.

En los regimenes comunistas, donde se proclamaba el fin último de la igualdad social y la supresión de las diferencias de clase, se daban al mismo tiempo situaciones de inequidad motivadas por cuestiones políticas o ideológicas.

En los modelos ligados a la socialdemocracia, por su parte, la igualdad real no es un objetivo a considerar pero sí pueden darse contextos de equidad generados en base a políticas públicas.

El liberalismo, en tanto, confronta directamente con la idea de igualdad y muy pocas veces actúa en la búsqueda de procesos de equidad, confiando más en una supuesta dinámica de las libertades individuales que llevaría al progreso social o conjunto.

El desafío

Para algunos autores, la equidad supone incorporar una visión de justicia en el marco de la búsqueda de la igualdad. Otros, en cambio, creen que la equidad es un concepto meramente político y formal que esconde el olvido y el menosprecio de las banderas tradicionales de la lucha por la igualdad.

En definitiva, en un mundo tan complejo y convulsionado quizás es demasiado utópico aspirar a la igualdad en un corto o mediano plazo, y en el camino de su búsqueda podemos caer en la violencia y otras situaciones de inequidad.

Por el contrario, la equidad se encuentra más cercana a nuestras propias posibilidades como pueblos, el desafío es lograr un verdadero acuerdo entre todos los sectores sociales para garantizar que cada individuo, solamente por el hecho de nacer, tenga las mismas posibilidades reales de crecer que sus semejantes, sin que aspectos como el origen, la etnia, las discapacidades o el sexo pongan un tope para su desarrollo.

Imágenes: pixabay.com

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