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07/09/2018

Hablar de nacionalismo siempre produce ampollas pues nadie queda contento y todos levantan la bandera de sus sentimientos más profundos e incuestionables, pero es preciso insistir, sobre un tema que siempre resulta manipulable

El ejemplo más antiguo del sentimiento nacional lo encontramos en los judíos, esa suerte de nómadas de los desiertos, pastores de rebaños de ovejas y profundamente xenófobos, que reclamaban para sí una tierra prometida a perpetuidad por su Dios.

Por si esto fuera poco, los judíos eran el pueblo elegido por Dios, el cual demostró el amor por su pueblo, premiándole con la posesión de la verdad.

Al principio de los tiempos, es decir en las primeras ciudades del Creciente Fértil el sentimiento de nación era tan difuso que las ciudades se mezclaban y evolucionaban dando paso a nuevas culturas, nuevas lenguas y nuevas religiones, hasta que los griegos teorizaron sobre el Estado nación con La República de Platón.

Para entonces, los judíos ya se habían inventado su esclavización en Egipto en tiempos de Ramsés II, su liberación y la entrega de las Tablas de La Ley a su profeta Moisés.

Algo que resultó ser falso, ya que en tiempos de Ramsés II nadie en Egipto supo nada del tal pueblo judío, la esclavización de los judíos se produjo en tiempos de Nabucodonosor II cuando destruyó el Templo de Salomón y esos mismos judíos, fueron liberados en el año 538 (aec) por Ciro el Grande.

Así que la enfermedad del nacionalismo les duró a los judíos muchos siglos, hasta que las diversas tribus judías se enfrentaron entre sí provocando la destrucción del Templo de Jerusalén y su expulsión del Imperio Romano, en tiempos de Tito Flavio.

Esto sirvió a los romanos para descubrir que la clave del éxito de un pueblo estaba en la mezcla de dos sentimientos básicos: nacionalismo y religión.

Y es así como el Emperador Constantino I se convierte (se inventa) al cristianismo, que con el pasar de los siglos se conocerá como Sacro Imperio Romano Germánico.

El naci onalismo es el opio del pueblo

Para entonces los sentimientos nacionales se habían multiplicado y la religión era la la fórmula mágica de la dominación.

De esta forma se entiende mejor, que dos sentimientos viscerales muevan a los pueblos atizados por las clases dominantes.

Así el nacional cristianismo no tiene rival hasta la aparición del Islam que nace precisamente de la vocación de crear un sentimiento nacional de los árabes y que reproducen la experiencia romana, en un intento por crear su propio imperio bajo la forma de Califatos y que tendrá su máxima expresión en Andalucía, aprovechando la debilidad de los Visigodos.

Nacionalismo y religión son dos sentimientos que no admiten razonamientos y que se justifican de forma primitiva y violenta ante cualquier intento de racionalidad.

El nacionalismo y la religión son la escusa y la causa de la gran mayoría de las guerras entre pueblos, cuando el uno o la otra no se comparten o se interponen para alcanzar el Poder.

Nacionalismo y religión son las causas del fundamentalismo, el fanatismo, la xenofóbia y la desgracia de los pueblos.

El nacionalismo y la religión sólo se superan con el pluralismo, el mestizaje, la tolerancia y la cultura, algo que debe ir unido a la democracia, el respeto y la igualdad ante la Ley, es decir La República laica.

Debemos adquirir conciencia del peligro que representan estos dos sentimientos a lo largo de la historia de la humanidad, ya que son sentimientos fácilmente manipulables que sirven como forma de dominación política.

La humanidad es una gran familia a la que no la deben separar fronteras ni religiones y su gran riqueza reside en su gran diversidad.

La coexistencia pacífica entre naciones y religiones es posible.

 

@ordosgonzalo

 

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teixeiro

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