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03/02/2021

La película es una alegoría de una sociedad que depende de la realidad mediática, de la ambición de los medios que realizan cualquier cosa por obtener beneficio económico, de la incapacidad para buscar otros caminos diferentes al del espectáculo

Truman es un hombre atrapado por una realidad impuesta, ficticia, creada por una gran cadena de televisión para servir de espectáculo a las masas, en un reality show total, para aumentar la audiencia. Como en el mito de la caverna de Platón, en el que unos individuos están encadenados desde su nacimiento en una cueva y solamente pueden ver las sombras que les llegan desde el exterior.

La película es una alegoría de una sociedad que depende de la realidad mediática, de la ambición de los medios que realizan cualquier cosa por obtener beneficio económico, de la incapacidad para buscar otros caminos diferentes al del espectáculo.

En El Show de Truman observamos dos sociedades. La película se centra en el mundo en el que vive Truman, el «falso mundo», pero además del falso mundo de Truman, la trama tiene lugar de alguna manera también fuera del programa de televisión, es decir, en el mundo real. Así, a parte de la sociedad que rodea a Truman en su vida diaria, podemos analizar a la sociedad que está viendo el show. Una sociedad que es oportunamente caricaturizada y criticada en la película. Una sociedad enganchada al televisor, que sigue el show de Truman como si sus propias vidas estuvieran ligadas al destino del personaje Truman. Son personas que en la película aparecen siempre mirando la pantalla de la televisión, y que ríen, sufren y lloran siguiendo a Truman.

Esta representación de una sociedad embobada y totalmente dependiente de los programas de televisión nos puede ayudar a identificar varios síntomas de una patología que se está extendiendo en el S.XXI.

Quizás hay mucha gente que necesita vivir la vida de otras personas para encontrar satisfacción o distracción

Para empezar, debemos preguntarnos: ¿por qué se engancha la gente a programas de televisión tan simples? Hay que recordar que el programa El Show de Truman no tiene mayor interés que ver cómo un hombre se despierta, desayuna, va al trabajo y se sienta por la tarde a ver la televisión. No hay nada más sencillo que eso: es un programa que sigue las 24 horas del día de una persona que, por otra parte, no es nada interesante (nunca le ocurre nada extraordinario, su vida es una aburrida rutina que hasta él mismo aborrece). Aun así, millones de personas conectan cada día con la televisión para ver el programa, ¿ os suena? Gran Hermano, Supervivientes, La Isla, Gandia Shore y mucho más...

¿ Pero por qué se siguen viendo estos programas?

Puede que la respuesta esté en lo psicológico o a lo mejor en la sociología. Quizás hay mucha gente que necesita vivir la vida de otras personas para encontrar satisfacción o distracción. Puede que el auge de programas de la conocida como «telebasura» esté directamente relacionado con la disminución de la personalidad de los ciudadanos. A más conciencia, menos consumo de telebasura. A más libros, música, cine, arte y cultura, menos interés en la telebasura, puede ser que se sientan completos, que ellos no necesiten ver a personas desayunar, comer, ducharse, ¿ para qué? 

Un individuo sentado en el sofá leyendo una revista de cotilleos o viendo un programa de prensa rosa es un individuo que no está levantado, en la calle, pensando. En este sentido el papel de espectador que adquiere el individuo en la sociedad moderna permite al poder tener controlados y distraídos a varios millones de ciudadanos, lo que podría ser en toda regla un <<panem et circenses >>

David Thompson coronó El show de Truman como “la película de la década”, pero en realidad era la película de la década siguiente. 

 

 

Una sociedad que es oportunamente caricaturizada y criticada en la película

 

 

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