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27/08/2015

Fue en el verano de 1979, hace ya casi 36 años que llegó a España el primer contingente de niños saharauis dentro de lo que, posteriormente, se denominaría programa 'Vacaciones en Paz'

                   

 

Ignacio Ortiz Palacio. Vicepresidente del Fórum Canario Saharaui y Politólogo. @nachozitro

Fue en el verano de 1979, hace ya casi 36 años que llegó a España el primer contingente de niños saharauis dentro de lo que, posteriormente, se denominaría programa ‘Vacaciones en Paz’. En origen se trataba de un compromiso del Partido Comunista de España (PCE) con el Frente Polisario, con una fuerte e innegable vinculación ideológica entre ambos. Eran los años en los que, desde sus primeros congresos, el Frente abrazaba el Marxismo-Leninismo, y que se vio plasmado en las posteriores colaboraciones con Cuba y Libia, lugar este último donde se entrenaban y adoctrinaban desde los años ochenta paramilitares del Frente Polisario, que aprendieron bien el contenido del ‘Libro Verde’ de la Revolución de Gadafi, la llamada Yamarihiya, al estilo de la conocida ‘biblia’ roja de Mao.

Pero, a diferencia de estos casos, y pese a su vinculación inicial con el PCE, el programa que nos ocupa evolucionó hacia otra dirección y fue tomando un cariz más social y humanitario. Antes hubo un precedente, ya que en el verano de 1976 y con grupos reducidos de niños, se concretó la puesta en marcha durante los meses estivales de unas colonias infantiles en la costa de Argelia (colaboraciones que aún se mantienen), vecina y aliada de la RASD, con el fin de que los niños y niñas saharauis en el exilio puedan distanciarse temporalmente de la realidad de los campamentos de refugiados, de las carencias (alimenticias, educativas, sanitarias) que soportan y sufren, y de las altas temperaturas que en verano superan ampliamente los 50 grados centígrados.

En aquel 1979 ese grupo de cincuenta niños invitados se dividió en tres grupos, que fueron a Barcelona, Valencia y Andalucía, donde treinta de ellos pasaron por Málaga, Granada y Sevilla antes de retornar al inhóspito desierto de Tinduf. Ese mismo verano ya existía una asociación de amigos en Francia, y consiguió invitar a otros 100 niños que se repartieron por las ciudades de Marsella, Le Mans, Albi y Bourges.

A partir de entonces, y gracias a la generosidad de los pueblos del Estado español, ayuntamientos, diputaciones, sindicatos y, en definitiva, asociaciones de amigos del pueblo saharaui, muchos pequeños se salvarían del intenso calor de los meses de julio y agosto de la Hamada. Pocos se imaginaban que aquella iniciativa se convertiría en el germen de lo que, años más tarde, sería el programa ‘Vacaciones en Paz’.

De aquella iniciativa nacería y se perfeccionaría dicho programa a lo largo de la década de los años 80 y 90 del pasado siglo, iniciativa que continuaría con apoyo institucional y de buena parte de la sociedad civil. El programa es gestionado por las 'Asociaciones de Amistad con el Pueblo Saharaui' en colaboración con la Delegación Nacional Saharaui en España y las delegaciones saharauis en las distintas Comunidades Autónomas. Progresivamente dichas asociaciones han ido desplegando estos programas vacacionales en acogimiento en familias, con la estancia de un número de niños y niñas saharauis cada verano en España que ha ido fluctuando en función del año, y disminuyendo en los últimos por los efectos de la crisis económica.

Para este 2015 estaba prevista la llegada de 4.678 menores acompañados de 210 monitores, que están siendo acogidos en nuestro país durante estos meses estivales, aumentando el número en 135 niños más que el pasado año, lo que supone un incremento del 2, 97%. En 2014, el Gobierno autorizó la residencia temporal a 4.543 menores. En total, y desde el comienzo de este programa, han pasado más de 100.000 niños saharauis por nuestro país.

 

 Llegada al aeropuerto de Bajaras de los primeros niños saharauis en 1979, recibidos por el líder comunista Santiago Carrillo.

 

Esta experiencia -además de proporcionarles el soporte sanitario del que allí carecen, a través de distintas revisiones médicas- busca momentos especialmente gratificantes tanto para los niños, como también para esas familias de acogida que buscan vivir una experiencia solidaria, emocional y cercana que este programa puede proporcionarles, en un marco de contraste, convivencia, apoyo y cariño ante unos seres vulnerables, los más pequeños, que son los que más sufren la injusticia de tener que vivir en un lugar tan desolador.

Así, dichas familias que deseen participar en este programa tienen que contactar con las mencionadas asociaciones. Tras esto, han de acudir a reuniones y entrevistas, en las que se les explica cómo son estos niños y, en principio, saber que no van a adoptar a estos menores, sino sólo acogerlos durante el verano. De este modo, la familia tendrá que estar informada de antemano de todos los aspectos.

Aunque con el paso del tiempo esto se va modificando en algunos aspectos, y las necesidades y carencias de muchos de esos pequeños impulsan que, en numerosos casos, esas estancias se conviertan en casi permanentes, dadas las condiciones que se les brindan en España, con un entorno que redunda en un aumento de su calidad de vida y oportunidades de futuro, pero que asimismo en contraposición, estimula una pérdida del arraigo familiar de origen, así como un distanciamiento progresivo de sus familias biológicas. Por ello, nos encontramos con que la realidad de muchos de aquellos pequeños de los años 80 y 90, y del futuro de muchos otros que actualmente disfrutan de este programa, no sea tan bella como la pintan, especialmente en el caso de las niñas.

Probablemente el origen de estos hechos esté, tal y como antes reflejábamos, en las políticas de fragmentación familiar iniciadas hace años, de corte ideológico, y que provocaba la amputación de las familias saharauis mediante la separación  de niños y jóvenes de sus madres, con el envío de los mismos a Cuba, Libia, etc., para su adoctrinamiento y en este caso que nos ocupa a España con este programa, que si bien mantiene un espíritu humanitario muy loable, está dejando en los últimos tiempos un reguero de casos –que luego detallaremos- que delata un lado oscuro bastante desolador.

Como antes reseñábamos, sobre todo en el caso de las niñas, cuando esa adopción por parte de las familias españolas se prolonga con el paso de los años, o se convierte en permanente, produce un choque que incompatibiliza e inhabilita una posterior convivencia con su familia de origen, en base a presuntos prejuicios religiosos y costumbristas, especialmente sensibles en lo relativo al género femenino, y que por razones –por así decirlo- de tradición, cuando alcanzan una determinada edad, origina que se les cuestione, por parte de dicha familia biológica, una continuidad en esa formación cultural y educativa proporcionada por sus familias de acogida, lejana en cuanto a sus raíces culturales, pero que les suministra una nueva ventana de oportunidades para su posterior desarrollo, ya sea en su país de acogida (España) o en el que ellas decidiesen proseguir su camino a posteriori.

Esto ha ido derivando en que, después de esos años de desarrollo, formación y educación en esas familias de acogida españolas, y aprovechando visitas esporádicas ya en edad adulta a las familias biológicas en los campamentos de Tinduf, se les haya prohibido el retorno a España a proseguir con su desarrollo en las familias de acogida, en plena etapa de perfeccionamiento y mejora progresiva en materia de formación -en algunos casos con gran brillantez académica- o incluso en materia sanitaria, en el caso de jóvenes con determinadas patologías que estaban siendo tratadas en España, quedando entonces aisladas en los campos de Tinduf de cualquier contacto con el exterior y sufriendo un cuasi secuestro.

Llegados a ese punto, y más allá del debate sobre lo mencionado anteriormente en cuanto a la fragmentación familiar provocada en origen, hay que imaginar también el desgarro emocional que sufren esos padres adoptivos o de acogida, que han volcado todo su cariño en esas jóvenes, que empezaron con ellos desde edades muy tempranas, y que llegado ese momento de retención por parte de las familias biológicas han sido repudiados y rechazados, con el agravante de la indiferencia de los dirigentes del Polisario que, en definitiva, tienen la responsabilidad última de velar por los intereses de aquellas mismas personas a las que de pequeñas decidieron separar de sus familias bajo su criterio político e ideológico, con el fin de instrumentalizar a los niños como medio para conseguir sus fines. Y es que, los mismos cánones marcados dentro del programa ‘vacaciones en paz’ fija entre otros, como uno de los objetivos principales –textualmente-, acercar la injusticia en la que viven los niños, sus familias y el pueblo Saharaui en general, a la sociedad Española, sobre todo por la responsabilidad del Estado Español en el drama y el calvario que viven los saharauis desde el año 1975. En otras palabras utilizar a los pequeños, que se ven envueltos en numerosos actos de propaganda durante su estancia en España, para fines pseudopolíticos.

La retención el pasado año de Mahayuba Mohamed Hadidaf, de 24 años, demostró el talante indolente hacia esta problemática por parte del Frente Polisario. Esta joven vino a España por primera vez en 1999, en el seno de una familia de acogida del pueblo valenciano de Genovés, permaneciendo durante todo este tiempo en nuestro país, no sin cumplir con sus obligaciones de visitar todos los veranos a su familia biológica en Tinduf. En el año 2002 obtuvo el acogimiento familiar permanente con la citada familia, que le ha dado una formación universitaria, obteniendo la nacionalidad española en el año 2012. Esta joven saharaui, ha sido una brillante alumna en la Universidad de Alicante, habla árabe, español e inglés, y recientemente obtuvo un puesto en la ‘Marie Curie Fundation Care’ de Londres, donde tenía previsto empezar en septiembre de 2014 un Máster en Humanidades, hasta que llegó su calvario. En el verano de 2014 viajó a Tinduf para ver a su familia, pero fue recluida sin poder regresar a España.

Una vez llegada al campamento –engañada con el falso pretexto de que su abuela se encontraba gravemente enferma- sus padres le quitaron el pasaporte y el dinero del que disponía y unos días después le comunicaron que no regresaría nunca más, encerrándola sin poder salir, arrebatándole además el móvil español para dejarla incomunicada. Hábilmente la suerte estuvo de su parte y se pudo hacer con otro teléfono durante su detención, pudiendo enviar una demanda de auxilio a su familia española. Felizmente, y a finales de Septiembre de 2014 después de varios meses retenida, culminó este desgraciado episodiodespués haber huido cruzando el desierto con la ayuda de un amigo que la trasladó en coche desde los campamentos de Tinduf hasta el mismísimo Argel.

Pero este no es el único caso. En San Miguel de Salinas (Alicante) nos encontramos con el caso de Koria Badbad Hafed, sus padres de acogida, Bienvenida Campillo y José Vicente Mañogil, siguen reivindicando la libertad de la joven retenida en Tinduf, que actualmente tiene 23 años y además requiere tratamiento médico continuado. Esta joven saharaui que padecía algunas enfermedades, ha venido recibiendo regularmente durante 10 años la atención médica precisa dentro de la familia de acogida, con exhaustivas revisiones y tratamiento continuado en el Hospital de San Juan de Alicante. Todo ello siempre en un ambiente de diálogo y respeto, pero sin desligarse nunca de su familia, costumbres, orígenes y creencias.

Estamos ante un drama familiar relacionado con la discriminación de género y disfrazado bajo el paraguas humanitario de vacaciones en paz

Así, y una vez superados sus estudios sin incidencias, en el invierno del 2010, con motivo de una visita a la familia biológica, fue retenida y enviada a la franja denominada ‘territorios liberados’ en la frontera con Mauritania, sin que se diese a conocer a la familia de acogida las motivaciones reales de tal cambio de custodia y sin que se pudiera hacer entrega de la historia clínica de la misma.

Desde ese momento se iniciaron activas gestiones para recuperar a Koria, con la finalidad de que prosiguiese su tratamiento médico, si bien sus actuales custodios no quisieron dialogar ni poner freno o solución a los peligros vitales de la joven. Por ello se creó un ‘movimiento ciudadano’ próximo a las 20.000 personas que fue denunciando sistemáticamente esta flagrante violación a los Derechos Humanos. En cualquier caso han pasado ya cuatro años y este suplicio continúa, y no tiene visos de solucionarse, mientras la vida de la joven sigue corriendo peligro.

También en la Comunidad Valenciana, concretamente en Onteniente, la familia de acogida de la niña saharaui Aichatu Bamba Bamba de apenas 14 años, sufrieron la misma decepción que en los casos anteriores, no consiguiendo el permiso para volver a España donde llevaba residiendo varios años. Un caso singular ya que aun siendo menor de edad y que los padres biológicos estaban conformes en dejar salir a la niña del campamento para completar su formación académica en España, se toparon con la frontal oposición de los dirigentes Polisario, que acabaron contradiciéndose a sí mismos y a los postulados del programa que llevó a la niña a España.

En la Comunidad Autónoma Canaria, concretamente en Tenerife, Ángeles Déniz y su hija, Ithaiza Déniz, familia de acogida de Darya Embarek Selma, llevan desde febrero de 2014 tratando de rescatar a la joven, de 25 años de edad, a la que sus padres biológicos en una visita familiar le despojaron del pasaporte, la tarjeta de residencia y todo el dinero que portaba, recluyéndola en los campamentos de Tinduf. Durante un tiempo la joven saharaui no pudo tener contacto con su familia adoptiva, ya que le sustrajeron el teléfono móvil, pero una vez que pudo hacerlo, no pudo ser más elocuente: “me han matado en vida”, “este lugar no es ni para los perros”, les espetó a sus padres de acogida.

La última parada de esta singular caravana de decepciones la encontramos en fechas recientes en la comunidad andaluza, en la localidad onubense de Rociana del Condado, con el caso de Nadjiba Mohamed Bekacem. Esta joven saharaui de 23 años residía en España, de acuerdo con su familia biológica, desde el año dos mil cuando contaba con apenas ocho años. Fue por aquel entonces cuando la mujer de su padre de acogida temporal, José María Contreras, se enteró casualmente del caso de una niña saharaui con problemas de salud. Este probablemente sea uno de los motivos, al igual que en el caso de Koria, que envuelve este asunto de un mayor nivel de crueldad e indignación. Cuando llegó a España se le diagnosticó una patología de pie equino y flexo en la rodilla, ambas dolencias requerían de un tratamiento específico y prolongado que aún no ha podido llegar a su fin. Después de ser atendida en un conocido hospital sevillano, estaba pendiente de su próxima cita médica para Mayo de 2014, cita a la que ya no pudo acudir por estar retenida en Tinduf.

Nadjiba vio pasar los años entre sus estudios, sus revisiones médicas y sus viajes para ver a su familia biológica en los campamentos. Todo ello sin descuidar el respeto a sus orígenes, cultura y creencias. Pero parece ser que en los últimos años había reducido sus visitas a los campamentos por miedo a que le pasará lo que finalmente ocurrió. En efecto, en Diciembre de 2013 viajó a su campamento natal de Smara-Farcia y, a pesar de ser ya mayor de edad, no pudo utilizar su billete de vuelta.

 

Imagen de Nadjiba durante su estancia en España. La foto muestra a una joven alegre, risueña y moderna. Lamentablemente parece que sea ese su pecado.

 

Según su padre de acogida, en la mayoría de las gestiones que ha realizado sobre la situación de Nadjiba, ha recurrido al delegado del Polisario en Andalucía, Abidim Bucharaya. El último contacto ha sido hace apenas unos días, pero siempre se encuentran con la misma situación: ambages, evasivas y actitudes ambiguas con respecto a la situación de la joven saharaui, recurriendo siempre al mismo argumento del citado miembro del Polisario que, aun reconociendo que la joven es mayor de edad y que no le pueden privar legalmente de la libertad, aduce que el motivo por el que estos hechos ocurren se basan en la tradición y las costumbres. En definitiva, buenas palabras para que el desgaste producido por el tiempo haga el resto y se acabe instalando la resignación en la familia de acogida.

La indignación es mayor aun si cabe cuando se comprueba que la madre biológica es parlamentaria del gobierno de la autoproclamada RASD, y que tenía cierta facilidad para ver a la niña cuando estaba en España, por sus distintos viajes por motivos políticos dada su condición.

Más aun cuando se esgrime como pretexto para adoptar dicha postura que tenía que recuperar las costumbres, practicar el hassania y convivir con la familia biológica. En Abril de 2015 fue cuando se escuchó su grito de auxilio para regresar a España, nada menos que dieciséis meses después de ser retenida, fue entonces cuando se perdió la relación con la familia biológica, ya que dejaron de responder a las llamadas de la de acogida.

La mayoría de estos casos siguen sin resolverse, y suponemos que habrá muchos más que el miedo a denunciar públicamente no habrá dejado salir a la luz, ya que muchos padres de acogida temen que en ese caso, como represalia, no lleguen a ver nunca más a las jóvenes. Y en todos ellos nos encontramos con un denominador común, son jóvenes y son saharauis, pero también son mujeres, y cuando estas son mayores de edad su libertad y su derecho a decidir su futuro debe de ser respetado. Es hipócrita hablar de libertad y democracia para el pueblo saharaui cuando se retiene y casi secuestra a las mujeres por el mero hecho de querer vivir su vida en la cultura que las ha abrazado durante años, o lo que es peor, por el mero hecho de serlo. Y es que ¿Por qué no les pasa esto a los varones que han participado en este programa? Cualquier actitud que redunde en este sentido implica una flagrante violación, tanto de los derechos de la mujer, como de los derechos humanos, y estas actitudes obligan a revisar la cooperación española saharaui en todos los sentidos –especialmente el relacionado con ayudas y subvenciones económicas a la RASD- hasta que esta situación no cambie y existan protocolos de actuación para situaciones tan injustas como estas.

Es un contrasentido que el pasado año, en las conclusiones de la 39ª Eucoco (Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad al Pueblo Saharaui), patrocinada por asociaciones y grupos activistas afines al Frente Polisario –que asimismo controla a la población saharaui exiliada en el desierto de Tinduf-, se hablase entre otras cosas de “movimientos de solidaridad, estrategias de concienciación para la lucha contra distintos tipos de discriminación que se presentan con especial incidencia en la juventud: sexismo, racismo y otros ámbitos sociales”, así como –y aquí viene la paradoja- “favorecer las políticas de género”. Igualmente se mencionó que el programa “vacaciones en paz es un programa de solidaridad que no debe entenderse fuera del compromiso político”.

Se ha tratado el programa ‘Vacaciones en Paz’ en estas conferencias, apostando incluso por un aumento de menores en dicho proyecto, pero ¿que se ha hecho con las jóvenes que comenzaron su participación en este programa y que al cabo de los años han sido privadas de su libertad y sin poder salir de Tinduf? Es evidente el carácter demagógico de estas reuniones como la Eucoco, que no se corresponden en nada con las actitudes que viene siguiendo el Polisario ni con las observadas con posterioridad, máxime conociendo la imposibilidad o falta de predisposición para llevarlas a cabo por su parte.

Pero es especialmente sangrante que se hable de sexismo y políticas de género, asociándolas al programa ‘Vacaciones en paz’, cuando estamos presenciando un auténtico drama familiar, tamizado de contraste cultural, relacionado precisamente con la discriminación de un género, el femenino, y disfrazado bajo el paraguas humanitario de un programa de intercambio infantil-juvenil. Un drama este estimulado precisamente en sus orígenes por aquellos, el Polisario, que dicen ahora impulsar dichas políticas de género, pero por el que muestran una permanente inacción, connivencia y consentimiento implícito cuando de resolver alguno de los problemas anteriormente expuestos se trata.

Puede que algunos puedan esgrimir el clásico motivo de que “esto no pasaría si el problema de origen no existiera, y si no existieran los campos de refugiados”. Pero bien podríamos refutar que esto tampoco pasaría si el Polisario no se enrocase en una política interesada e inefectiva que se prolonga durante décadas, enfocada a eternizar el problema -sin buscar una solución alternativa al mismo- para que su perenne y poco democrático liderazgo mantenga las prebendas y prerrogativas que le otorga la comunidad internacional. Todo ello en base a la utilización torticera del discurso humanitario, para el consiguiente mantenimiento de una vida paralela, la de su cúpula de poder, carente de incomodidades, bien distinta a la que el grueso del pueblo saharaui que vive en Tinduf padece.

Pero finalmente también podríamos añadir que detrás de esto subyace un auténtico problema de desigualdad de género, asociado a una imagen y papel muy determinado que debe cumplir la mujer conforme a una determinada cultura, y por el que se están mutilando las vidas y esperanzas de familias enteras, de un lado y del otro del mediterráneo. Obviamente esa dualidad viene dada por una equivocada concepción y conducción del programa ‘vacaciones en paz’, que no prevé estas situaciones antes de que se produzcan, y que no trata por igual a hombres y mujeres cuando ya se han producido, especialmente cuando estas atraviesan la pubertad, recluyéndolas y conminándolas a un futuro tan desolador como el desierto en el que son cautivas. Y no es de recibo que los sujetos que han fomentado y utilizado para fines políticos a estas jóvenes, abandonen a su suerte a las mismas, y miren para otro lado cada vez que los sueños de una mujer saharaui cruzan el desierto sin el rumbo de saber si van a toparse de nuevo con esa tormenta de arena que no les permita ser dueñas de su futuro. Mientras tanto la lista de sueños rotos sigue creciendo. Ellas tienen el derecho a ser libres de elegir su vida, y ningún padre o interés político puede arrebatarles eso. Pero mientras tanto que pase el siguiente…o en este caso, desgraciadamente, la siguiente.

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