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04/05/2017

Mocoa, municipio ubicado en el departamento de Putumayo, fue declarado en emergencia luego que un deslizamiento de grandes proporciones dejara como saldo más 250 víctimas fatales

Mongabay Latam / María Lourdes Zimmermann

- ¿Fue la deforestación la causa del desastre que arrasó con 1263 kilómetros de área urbana?

- ¿El desastre de Mocoa cuestiona el ordenamiento territorial en el país?

El desastre natural que hoy marca la historia de la población amazónica de Mocoa, capital del departamento de Putumayo, enluta a Colombia tras una tragedia ambiental que hoy se sabe fue anunciada por La Corporación de Desarrollo Sostenible de la Amazonía (CORPOAMAZONIA) desde el año 2015.

Más de 60 000 personas fueron sorprendidas en la madrugada del 1 de abril por un deslizamiento de gran magnitud que arrastró grandes masas de agua, tierra y lodo, y que a su paso sepultó 17 barrios de Mocoa y llegó a desaparecer completamente del mapa a San Miguel y parte de los barrios de Laureles, San Fernando y el Progreso, según lo informaron las autoridades del departamento. La geografía, los suelos y la alta pendiente, además de las quebradas cercanas, potenciaron la tragedia en una ciudad ubicada en la falda de una montaña, por la cual discurrieron a altas velocidades las aguas de los ríos Mocoa, Sangoyaco y el Mulato luego de desbordarse.

Toma aérea de los efectos del deslizamiento en el sector de Independencia. Mocoa. Foto: Corpoamazonía.

La cifra de personas fallecidas,  de acuerdo con el último reporte emitido por la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo y Desastres (SNGRD, ) asciende a 254 víctimas fatales (43 de ellas niños), mientras que el número de heridos se mantiene en 203 personas que son atendidas en centros hospitalarios.

La tragedia puso en evidencia algo que ya se sabía: la crítica situación ambiental del Putumayo y su capital. Hoy más de 1300 operarios del SNGRD conformado por personal del Ejército, la Policía, la Fuerza Aérea y Armada, Defensa Civil, Bomberos y la Cruz Roja atienden la emergencia. Además, el gobierno ha desplazado a la zona 10 helicópteros, seis aviones, siete botes y 63 vehículos para apoyar al personal especializado en las labores de rescate.

Una tragedia anunciada

Corpoamazonía y la Gobernación de Putumayo realizaron estudios de modelamiento en el 2015 para evaluar precisamente las amenazas de inundaciones en la zona. Se obtuvieron datos técnicos que confirmaban que fenómenos naturales de grandes proporciones, como el ocurrido el pasado primero de abril, podían suceder, según lo informó el director de la entidad ambiental Luís Alexander Mejía Bustos.

Además, en una entrevista concedida a Semana Sostenible, Mejía señaló que en un taller que hicieron con el Servicio Geológico Colombiano advirtieron que desastres como el reciente podían llegar “por el uso inadecuado de los suelos”. Además, en el mismo evento, adelantaron que varios municipios amazónicos como Mocoa “no habían actualizado su Plan de Ordenamiento territorial(POT)”.

Al estudio de Corpoamazonía y la Gobernación de Putumayo se suman varios reportes emitidos por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) el mismo día de la tragedia, en comunicados enviados a todas las autoridades del país y una alerta por fuertes lluvias y posibles deslizamientos para el departamento de Putumayo, según le contó a Mongabay Latam Omar Franco, director general del IDEAM, además de los anuncios hechos al gobierno central por José Castro,  alcalde del municipio de Mocoa.

Puntos de deslizamiento ubicados en la parte media y alta de la microcuenca Taruca. Foto: Corpoamazonía.

El 31 de marzo, en el comunicado enviado a todo el Sistema Nacional Ambiental del país y al Sistema Nacional del Riesgo y Desastres, se informó que el 30 de marzo había sido el segundo día más lluvioso del mes y que se preveían fuertes lluvias para el piedemonte amazónico y las altas pendientes del departamento de Putumayo.

La noche antes del desastre, según el IDEAM, cayeron 129, 3 milímetros de lluvia en el municipio de Mocoa, el equivalente al volumen de agua que caería en condiciones normales a lo largo de 10 días en esta zona del piedemonte amazónico.

Omar Franco explicó que la concentración de lluvia fue tan intensa en esas horas de la noche, que fue lo que potenció la tragedia y aumentó la magnitud del desastre.

Según el Director de IDEAM, en los últimos 25 años se registraron precipitaciones incluso superiores a ese nivel, pero la diferencia es que ese volumen de lluvias se distribuyó a lo largo de 24 horas. En Mocoa, se presentaron en un lapso de tres horas.

La crónica de un desastre anunciado, según Iván Darío Melo, funcionario de Corpoamazonía, comenzó a las diez de la noche con una fuerte lluvia, “horas más tarde  estaba hablando con una amiga por redes sociales y lo último que me dijo fue: ‘la quebrada está rugiendo’ ”. Su nombre está ahora en la lista de las decenas de desaparecidos que ha dejado la avalancha.

Y aunque el Gobierno Nacional desmintió la posibilidad de que ocurra un nuevo deslizamiento en Mocoa, a través de un comunicado de prensa emitido por la UNGRD,  Corpoamazonía no piensa lo mismo, tomando en cuenta que las labores de limpieza de los cauces serán muy difíciles  —por la caída de grandes rocas y árboles— lo que puede generar nuevas obstrucciones en las quebradas y ríos, y por lo tanto desbordes. Por esta razón, para los expertos de la institución sigue vigente la alerta sobre los ríos Mulato y Sangoyaco, y las quebradas de Taruca, Conejo y Almorzadero, que fueron los que provocaron el desastre en Mocoa.

Vista panorámica de los sectores de San Miguel (Penitenciaria de Mocoa) y San Antonio (Subestación eléctrica Junín). Foto: Corpoamazonía.

Para Luís Alexander Mejía Bustos, director de Corpoamazonía, la alarma sigue en rojo, según lo precisó en una entrevista concedida a Semana Sostenible. Según el funcionario, un sobrevuelo demostró que las vertientes de las quebradas están fracturadas, hay socavamiento de los ríos y mucho material sobre los cauces y lechos.

“De hecho hay tantos sedimentos acumulados, que si se volvieran a presentar lluvias como las de la madrugada del sábado, una réplica de la tragedia ocurriría de nuevo. Los ríos aún están buscando su nivel de base y eso demorará un tiempo considerable”,  afirmó Mejía.

Los expertos coinciden en que el peligro continúa. Las alertas tempranas emitidas en los boletines diarios del IDEAM recomiendan mantenerse en alerta máxima o roja, porque se seguirán registrando lluvias, altos volúmenes de precipitaciones que caerán en las cuencas altas de los ríos del Putumayo y en el piedemonte amazónico. El IDEAM también ha emitido una alerta naranja,  que implica estar atentos ante posibles amenazas por deslizamientos en toda la región amazónica.

Un nuevo fenómeno producto de las intensas lluvias es algo que no se puede evitar, le dijo Omar Franco a Mongabay Latam, “lo que hace que esas lluvias tengan impacto es la vulnerabilidad de la población, de la cobertura vegetal y la falta de monitoreo de esas fuentes”. Por lo que hay que tener un control de esas variables, además de empezar a trabajar en conceptos más profundos como el ordenamiento territorial, para que desastres como este no vuelvan a presentarse, aseguró Franco.

Troncos, rocas y lodo arrastrados por la avenida torrencial en el sector San Miguel. Foto: Corpoamazonía.

Posibles factores de la tragedia

El mismo día del desastre, las autoridades ambientales hicieron un sobrevuelo sobre las zonas afectadas y observaron lo que los estudios ya habían establecido. Iván Darío Melo, Subdirector de administración ambiental de Corpoamazonia, le entregó a Mongabay Latam durante una entrevista las conclusiones de la observación realizada por la institución, en las que no solo se señalan las condiciones de vulnerabilidad de la zona afectada, sino que se explica muy bien cómo los cambios registrados en el uso del suelo y la aparición de pasturas han terminado por desplazar al bosque, el mismo que antes cumplía funciones de regulación hídrica, protección y contención de los ríos ubicados en la cuenca alta.

Al haber menos superficie boscosa, explicó Melo, el material biológico del suelo es más susceptible a la erosión y si a esto se suman las altas pendientes, con una inclinación entre los 50 y 100 grados, el escenario para el desastre natural estaba prácticamente diseñado.

Las alertas de IDEAM también habían dado cuenta de la deforestación y el cambio de uso de suelo en el municipio.

Otro factor que, según el experto de Corpoamazonía, no debe pasarse por   alto es la ocupación del territorio en las cuencas de los ríos, “muchos asentamientos existen en la riveras de los ríos  y sólo cuando suceden estas cosas entendemos que los ríos tienen una dinámica y necesitan un espacio precisamente para poder moverse”.

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Además, para Melo, la cuenca media y alta del río Mocoa, así como sus afluentes son áreas en las que confluyen fallas geológicas, factores que se suman a la provocación del desastre.

Sobre el fenómeno que se presentó, lo que preliminarmente cree la autoridad ambiental es que una obstrucción del cauce principal del río Mocoa generó el violento deslizamiento, que arrasó con cientos de viviendas ubicadas al norte del municipio de Mocoa.

Rocas acumuladas en el sector de San Miguel. Foto: Corpoamazonía.

Según registros documentales recogidos por las autoridades ambientales, hace cincuenta años se presentó algo parecido y en el 2014 se alertó sobre la posibilidad de la ocurrencia de un fenómeno como el que sepultó parte de Mocoa.

¿Es la deforestación la causa de la tragedia?

En los últimos 25 años el departamento de Putumayo ha venido liderando las cifras de deforestación en Colombia, con la pérdida de 380 000 hectáreas según el IDEAM. En el consolidado nacional, ocupa el quinto puesto de los departamentos con mayor deforestación de Colombia.

Edersón Cabrera, coordinador del sistema de monitoreo de bosques del IDEAM, le explicó a Mongabay Latam que si bien la situación de Mocoa no es la más preocupante del departamento, la deforestación registrada en la década de los 90 y del 2000, sobre todo en las partes altas de la cuenca del río Mocoa, propiciaron la ocurrencia de deslizamientos.

“Para la cuenca del río Mocoa se han registrado más de 10 000 hectáreas deforestadas en los últimos 25 años, en donde los picos más altos se dieron del 2000 al 2005 y del 2005 al 2010, con un promedio de 700 hectáreas deforestadas cada año en esa parte del municipio”, dijo el coordinador del sistema de monitoreo de bosques del IDEAM.

Los expertos explican que cuando se tienen precipitaciones de alta intensidad en períodos cortos, los suelos se saturan y al llenarse de agua tienden a deslizarse. En este escenario, los árboles y la vegetación de buen porte ayudan a contrarrestar este fenómeno, función que no pueden cumplir los pastos y los cultivos porque no poseen el mismo tipo de raíces para contener o mitigar los deslizamientos.

Según Edersón Cabrera, basado en los análisis del IDEAM, “toda la deforestación histórica está facilitando la mayor susceptibilidad de ciertas áreas a los deslizamientos y en el caso específico de la cuenca del río Mocoa, todos los sedimentos van a los cauces y al ser tan empinada o quebrada, generan taponamientos(obstrucciones) dando como resultado estos fenómenos”.

Si bien la deforestación es considerada una de las causas principales del desastre, los expertos del IDEAM y de Corpoamazonía coinciden en señalar que se debe observar la suma de factores, que incluyen los volúmenes de las precipitaciones y la inestabilidad geológica del área.

Mientras el presidente de Colombia Juan Manuel Santos Calderón visiblemente afectado por la tragedia que enluta a Mocoa, prometió devolverle el futuro a la población, María Castro le contó a Mongabay Latam cómo vivió la noche del desastre. “Alcanzamos a salir de la casa cuando sentimos un ruido tremendo, la tierra roncaba pero no sabíamos lo que era, y vimos como el río se llevaba lo que estaba enfrente de nosotros, casas completas, personas se iban en el torrencial y alcanzamos a buscar camino para salir de ahí”, narró con tristeza.

Ordenamiento territorial: un problema de fondo

Para el experto en gestión del riesgo, Gustavo Wilches-Chaux, la falta de ordenamiento del territorio es uno de los factores determinantes del gran impacto que ha tenido este desastre natural en Mocoa, y señala que lo mismo se aplica para la emergencia en Perú.

El experto explica cómo el significado del nombre del río Rímac, que en quechua quiere decir hablador, está relacionado con lo que está sucediendo en la naturaleza y con las situaciones complejas y dolorosas como las que vive el Perú. “Todos los ríos y quebradas se convierten en Rímacs y, a la fuerza, todos los cuerpos de agua se hacen escuchar”, sostuvo.

Toma panorámica de los efectos de los deslizamientos en Mocoa. Foto: Corpoamazonía.

“Los barrios afectados se encuentran en los abanicos del río, (…) pero en la medida en que se pierden los diálogos con el agua, se van perdiendo espacios que el agua tiende a reclamar”, le dijo el experto a Mongabay Latam.

Wilches-Chaux se refiere a cómo algunas poblaciones de Colombia se han asentado en el abanico de los principales ríos del país, quitándole espacio a estos y poniendo en riesgo sus vidas al establecerse en zonas altamente vulnerables a las inundaciones, deslizamientos y avalanchas, entre otros fenómenos.

El experto compara el desastre de Mocoa con la catástrofe de Armero que sucedió en Colombia en 1985, en el que una población completa quedó sepultada bajo el lodo y las cenizas, producto de la erupción del volcán nevado del Ruíz.

El agua está haciendo un llamado, pero no debemos culpar al cambio climático porque esto es un problema de ordenamiento territorial. Para Wilches- Chaux no se trata de imponer las prioridades humanas sobre las dinámicas de la naturaleza, sino de ordenar las necesidades sociales de tal forma que no choquen con las dinámicas de los ecosistemas.

Vista del barrio Progreso, Mocoa. Foto: Corpoamazonía.

Hay más de 500 municipios del país que presentan ciertos grados de amenaza, 185 de ellos registran alertas naranjas o rojas, lo que implica que podrían ser afectados por deslizamientos. El director del IDEAM se refiere a los departamentos de Antioquia, Cundinamarca, Valle del cauca, Cauca, Tolima, Putumayo y Nariño.

Para Gustavo Wilches-Chaux es necesario tomar en cuenta las alertas tempranas y trabajar con las comunidades en el ordenamiento del territorio, porque solo así se podrán evitar desastres como el de Mocoa.

“El cambio climático y la variabilidad climática extrema nos están obligando a aprovechar la oportunidad de abordar la gestión de los territorios desde una ética no antropocéntrica, sino basada en el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y en el respeto a todos los seres humanos y no humanos que compartimos la tierra”, concluyó Wilches-Chaux.

 

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