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13/11/2019

Por segunda vez en seis meses los españoles ordenan con toda claridad que PSOE y PP se pongan rápidamente de acuerdo para gobernar juntos

A la vista de la noticia que ayer, día 12, sorprendió al país sobre el preacuerdo Sánchez/UP tal vez sería mucho más adecuado como título de este texto algo así como: “Pedro Sánchez no nos vale” o “Se burlan de los españoles” o “Las elecciones no sirven de nada”.

En efecto, a la vista de lo que acaba de pasar no es posible evitar preguntarse, y es conveniente hacerlo: ¿para qué han servido los 198 días de bloqueo y los 176 millones de euros que ha costado al país la repetición de las elecciones el 10N si, despreciando su resultado, se va a hacer lo mismo que ya se pudo hacer tras las elecciones de abril?

Pero no solo eso, sino que, además, los españoles se han pronunciado con claridad: 3 escaños menos para el PSOE, 7 menos para UP y 22 escaños más para el PP. No hace falta ser analista político ni siquiera tertuliano para ver con total claridad que los españoles mantienen a duras penas su apoyo al PSOE, se lo retiran de forma significativa a UP (un 17% de escaños menos) y aclaran que el PP debe participar en el gobierno (un 33% de escaños más). Actuar en sentido contrario es una burla y un desprecio a los votantes y un desprestigio para el sistema democrático basado en elecciones.

Lo más adecuado sería que desde dentro de su propio partido hagan ver a Sánchez que se ha equivocado absolutamente y que es imprescindible que rectifique y deshaga el prepacto con UP.

Por su parte, el PP debe también de escuchar a los votantes, que han puesto al PSOE por delante de ellos, pero que le piden al PP que contribuya a la gobernabilidad de España.

Por ello, el PP no debería de volver al enfrentamiento y la descalificación, con eso le hace el juego a Sánchez. El PP tiene que ofrecer rápidamente una salida para la gobernabilidad de España en coalición con el PSOE, en línea con lo que los españoles han expresado con toda claridad en las urnas ¡¡¡por dos veces en seis meses!!!

El resultado de las elecciones del 10N/2019 ha puesto claramente de manifiesto, otra vez, que la voluntad de mucho más de la mitad de todos los españoles es que PSOE y PP se entiendan de una maldita vez y, con altura de miras, negocien y pongan en marcha sin pérdida de tiempo una forma de plasmar en leyes y actos de gobierno aquellas partes de sus programas que más pueden beneficiar al conjunto de los ciudadanos.

La ciudadanía exige concentrar los esfuerzos en gobernar para todos, abandonando por completo la defensa de los intereses partidistas y personales

Algunas voces se están levantando ya para reclamar lo que se ha dado en llamar “La Gran Coalición” entre los dos partidos más votados que totalizan 208 escaños en el Congreso de los Diputados, una holgada mayoría “absoluta” y que representan la elección de casi doce millones de españoles.

Esta gran coalición se plantea de dos formas diferentes: la fórmula clásica, según la cual Pedro Sánchez sería el presidente del gobierno y Pablo Casado el Vicepresidente y otra más imaginativa, y más cruel para los líderes de los dos partidos mayoritarios, que consiste en que se busque ¿por quien? una persona de reconocido prestigio y capacidad para encargarle la formación de un gobierno de concentración que incorpore ministros de ambas formaciones siempre con la misión irrenunciable de implantar y desarrollar de forma pragmática políticas que mejoren la vida de todos los ciudadanos de España.

Cualquiera de las dos soluciones es buena y se requiere su rápida puesta en práctica concentrando los esfuerzos para avanzar con rapidez hacia la constitución de un gobierno para todos, abandonando por completo la defensa de los intereses partidistas y personales que nos han conducido a una repetición de elecciones que no ha hecho más que confirmar, reforzándolo si cabe, el mensaje transmitido por la ciudadanía en las elecciones de abril de este mismo año.

En definitiva, se exige a los líderes políticos españoles y especialmente a los de los dos partidos dominantes que abandonen la dialéctica de la descalificación y el enfrentamiento sistemáticos; que olviden calificativos como “progres”, “populistas” y “fascistas”, entre otros, y se centren, junto con sus equipos y los expertos honestos e independientes que puedan reclutar, en un trabajo serio y responsable orientado a encontrar, no las diferencias, sino los puntos de convergencia entre sus respectivos programas de gobierno.

De esta forma es seguro que serán capaces de establecer líneas de actuación que, a corto plazo, se plasmen en leyes y disposiciones administrativas que contribuyan a mejorar desde diferentes enfoques y en distintos ámbitos la vida de los ciudadanos y, a corto y medio plazo, al incremento de la prosperidad y bienestar de todos los habitantes de España y, como consecuencia, las del país en su conjunto.

Respecto al resto de formaciones políticas que conforman el arco parlamentario tienen la oportunidad de colaborar en el avance tanto social como económico del conjunto del país y de velar también por los intereses de los electores a los que representan realizando propuestas y apoyando las del gobierno de coalición en la medida en que estén de acuerdo con ellas. Sin embargo, quedará fuera de su alcance condicionar la política general mediante el secuestro de los intereses de la mayoría recurriendo al bloqueo o el chalaneo para lograr ventajas para sus intereses en detrimento de los derechos y libertades de la mayoría de la población española, como hemos visto que tiende a ocurrir en aquellas ocasiones en las que la gobernabilidad del país queda expuesta a los intereses de las minorías menoscabando los de la gran mayoría.

El PP también debe escuchar a los votantes, que han puesto al PSOE por delante de ellos, pero que le piden al PP que contribuya a la gobernabilidad de España

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