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31/03/2014 0

Este post sigue al anterior de mi parto de estanjanita. Debo avisar que igual hay algún momento desagradable. Pero forma parte del parto igual y no quiero olvidarme de esa parte aún:

Nos habíamos quedado en mi habitación. Estaba yo con estanjanita envuelta en una toalla sobre mi pecho, de rodillas sobre la alfombra manchada y notando el cordón umbilical que subía por detrás de mi uniéndonos aún.

Mientras oí como estanjano volvía a llamar al 112 para avisarles que ya había dado a luz. Al día siguiente me contó que al ver la ambulancia sacó medio cuerpo fuera por la ventana para que no se pasaran y gritando: ‘ya ha nacido!!’ (bueno eso sí lo oí mientras miraba a mi pequeña ‘ruiditos’ manchadita). Antes de que subieran los sanitarios, estanjano hizo pasar a su hermano a conocer a su nueva sobrina. Mi pobre tenía una cara a susto por todo aquello.

De golpe llegaron los sanitarios, y aunque sé que tengo que agradecerles la ayuda, mi sensación en aquel momento fue que entraban elefantes en una cacharrería.

Me ayudaron a levantarme porque me sentía incapaz. Me quité las braguitas y me tumbé en la cama, sin desprenderme de mi hija. Me ayudaron a subir el jersei del pijama para hacer piel con piel con mi hija.

Ahí noté el escozor de mi vagina pero no sé si por la oxcitocina o la situación, no era un escozor exagerado.

Tumbada en la cama cortaron el cordón y empecé a notar dolor, todavía faltaba expulsar la placenta. No eran fuerzas lo que me faltaban pero después de las ganas inmensas de empujar ahora no sabía si empujaba como debía. Estuvimos un buen rato a ver si expulsaba la placenta, dolía y como ese dolor no me iba a traer nada tan precioso como mi hija, era un dolor diferente. Pero parecía estar muy arriba. El doctor me preguntó como había sido la cosa y me dijo: ‘como habéis esperado tanto?’ Tanto? Me pregunté yo, si esperé dos horas para dilatar bien y tranquila, y esperé hasta que las contracciones se hicieron más intensas y regulares? (después me enteré que también se lo había preguntado a estanjano y que él también se quedó pensativo)

Como no salió toda la placenta, me ayudaron a levantarme y me sentaron en una silla para bajarme a la ambulancia. Seguía sintiendo dolor y más con cada movimiento. Una vez en la entrada del edificio noté más dolor y me animaron a empujar. Pasado el pujo me cogieron (bueno a ambas, porque seguía con estanjanita encima) para ponerme en la camilla. Fuera llovia y nos llevaron a la ambulancia tapadas totalmente con sábana, manta y manta térmica.

Sin ya saber muy bien en que dirección estaba yo, mi hija empezó a mamar en esa ambulancia y entre más dolores expulsé más placenta. Unos diez minutos eternos después llegábamos al hospital mientras yo pensaba en mi marido y que no sabía como estaba de nervioso. No sabía si cogería el bolso y no le había visto antes de salir. Y en estanjanito, del cuál no me pude despedir.

Una vez en el paritorio, me cogieron a la niña para cambiarme de camilla. Mi pobre lloraba, no fueron ni dos minutos, pero fue de las pocas veces que la oí llorar esa noche; comprobaron que estuviera bien y me la devolvieron después de ponerme un camisón y guardar mi jersey de pijama y la toalla en unas bolsas de plástico. Al rato, con ayuda, terminé el alumbramiento de la placenta por completo, empezaron los escalofríos y tembleque.

Estanjanita seguía enganchada a mi teta derecha.

Me miró una ginecóloga y me dijo que había desgarro que como era importante llamaba a una compañera. Eran alrededor de las cinco de la mañana y vi que en la vía había oxcitocina sintética (no sé el porque, igual para el alumbramiento de la placenta).

Supe que mi marido había llegado pero se olvidó el bolso así que le hicieron volver a casa. La otra ginecologa llegó y la conclusión fue que había que coser, el desgarro llegaba hasta el recto (tipo IIIb por lo que pone el informe. Yo lo achaco a la episotomía y desgarro que sufrí en el parto de estanjanito pero no lo sé de verdad). Me pincharon el ano para anestesiarme la zona, os puedo asegurar que duele un montón (más que parir). Y empezaron a coser, así de abajo a arriba.

Mientras, recibía preguntas sobre mis datos personales para avanzar el registro y nos cogían las huellas. Algunas respuestas me costó porque los pinchazos en la vagina no me dejaban continuar. Eso si se me hizo eterno, quería que terminara ya.

En los cuarenta minutos que tardó me imaginé el destrozo y como podía quedar aquello para el futuro. Reconozco que ahí sí sentí un poco de miedo por la vida de mis partes a partir de ese momento.

En lo que me cosió, mi marido llegó de nuevo, tenía ganas de verle.

La ginecóloga me comentó que a partir de ahora debía vigilar de no tener estreñimiento, que me darían medicación para ello y una visita en cuatro meses para suelo pélvico.

Cambiamos de camilla (rueda como una croqueta me dijeron) y para el box. La cara de mi marido cuando le hicieron pasar me hizo respirar y ahí disfrutamos en calma mirando los dos a nuestra pequeña y comentando detalles de lo sucedido.

Me contó el desastre de habitación que había quedado, los sanitarios no se llevaron nada, dejaron tirados guantes y bisturí (que no digo que se pongan a limpiar pero hay cosas que deberían llevarse con ellos creo yo)

Después de un ratito subimos a planta y lo que viene después lo dejamos para otro post…

Archivado en: estanjana, lactancia, parto

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