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Los Tres Seres

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04/07/2017

En ningún momento me salió la lenguita cuando jugaba a las cartas

Ahora escuchen. Fue un sueño extraño de esos que vienen a la mente y al despertar no recuerdas casi nada, de repente algunos recuerdan sus sueños con precisión, pero en este caso no es uno de ellos. Estaba claro que estaba sentado en una mesa de póker, no era un casino flamante, pero se jugaba mencionado juego, eso sí, el ambiente bien decorado, parecía algo secreto porque no estaba a la vista de cualquiera cuando caminaban por ahí, tenía la fachada de un club privado. Las riendas se estaban dando y la gente mostraba unos rostros de querer lidiar con la victoria. En ese camino a una de las mesas recibí un consejo de la silla número cinco, que ahí te facilitarán las cartas para la victoria, ¿Que victoria? dije, si todavía no juego, pero aquel susurro venía del más allá, y se hizo más fuerte aún y no quedó de otra de seguir al pie sus instrucciones, así me senté y esperé las cartas del jugador repartidor, no había Dealer, todos lo hacían en su momento tal vez haciendo más interesante el juego.

De pronto recibí una cantidad de fichas, yo pregunté de dónde salieron y aquella voz me dijo que estaba todo pagado, solo querían ver tu suculento juego. Bueno, como era un sueño ni le presté atención, me sentí algo ignorante eso sí, no sabía que hacer y las cartas vinieron por si solas, sin querer era la primera ronda. Al levantar la vista, las personas en contienda eran un total de cuatro personas, tres hombres y una mujer, uno tenía unos lentes oscuros, el otro unos audífonos en sus oídos y el último tenía al costado una copa de licor, se dio un buen sorbo cuando empezó la primera mano. La jugadora femenina tenía amarrado el cabello con los ojos centrados siempre viendo las cartas. Al parecer todos tenían rostros de buenos jugadores o por lo menos eso aparentaban. Sin perder más tiempo las cartas salieron del jugador de anteojos negros. Recibí dos cartas: 6 y 7, la voz me decía que no me retire, todos miraron sus cartas, unos hacían la finta que tenía la mejor combinación del juego mientras los otros no mostraban emoción en sus rostros, pálidos como una roca, solo miraban la mesa y sus cartas. Como todos hicieron apuestas de 1, 000 hice lo mismo en esa primera ronda. Cuando salieron esas tres primeras cartas se había decidido parte del juego, esas fueron. Q - 6 y 6.

Todos los jugadores estaban concentrados en sus mismas y la expectativa creció cuando el jugador de anteojos sacó el polvorín de sus manos y aumentó a 50, 000 sin pensarlo dos veces, el chico de los audífonos pagó al ritmo de la música, el del trago también creyendo que está en su día de suerte, la chica se lanzó en primera y aceptó la jugada, todos mostraban seguridad hasta el momento, finalmente mostrando tino a la monada acepté el reto como aquellas finales de campeonatos mundiales y a la vez esperando las dos cartas finales, mientras mi mente estaba sujetado a ciertas ordenes extrañas, alguien jugaba por mí en ese momento, no era precisamente yo, alguien guiaba mis manos para hacer las maniobras y también me decía más o menos las cartas de los jugadores, ¿Pero cómo?, no es fair play entonces, mi opinión no valía de nada, solo obedecía aquel sonido y me preguntaba ¿por qué? a veces.

Mi cómplice me dijo que este no era su día, ja jaa me reí

Salieron las dos cartas siguientes y la persona de anteojos como siempre dejando uno al lado. Las dos cartas restantes fueron K y 2, ahí la cosa se meneó al tope, cambió el destino total de las jugadas, ya había un ganador pero el suspenso se mantenía hasta que los jugadores sentados en las mesas respectivas revelaran sus cartas a la orden de soltarlas, mientras tanto todos eran dueños del misterio que alborotaba alrededor, la tensión crecía cuando nadie daba respuesta de lo que seguía, los segundos pasaban y como siempre el jugador de anteojos dio por inicio la contienda final, puso otros 50, 000 fríamente en la mesa, todos de hecho se preguntaban que tenía ahí, el jugador siguiente de los audífonos aceptó la jugada pero esta vez con algo de duda, se la estaba jugando, no creyó en la imagen de sus anteojos porque de repente le estaban engañando, el señor del vaso con licor intuye la jugada en vista de los buenos sorbos de su trago favorito y se retira como si lanzara un búmeran al aire, las dos cartas dieron doble giro al mismo tiempo en el momento de aterrizar en la mesa, rematando tal acto con una matizada de su trago tomándose el líquido todo al fondo de su estómago. Uno menos como dijo Aquiles en Troya, pero no estábamos en Troya sino en una mesa de Póker, la fémina de los cabellos enredados no sube a 50, 000 sino a 70, 000, todos sobresaltaron en sus mesas, quizá se la olió y quiso engañar a ver si caen en la maniobra, se caracterizaba siempre por subir sus apuestas, era su especialidad, participó en algunos torneos de mesa y en la mayoría de esos casos salió victoriosa por su estrategia, la sutileza venía de su constancia y creía en la inferioridad de sus rivales.

Mi cómplice me dijo que este no era su día, ja jaa me reí, buen dato, pero esto es trampa le dije de nuevo, se supone que no debo saberlo, por otro lado me sentí confiado en mi jugada y también subí esta vez con toda seguridad gracias al consejo del choche. En unos segundos todos emparejaron menos el competidor del trago que se retiró, pero pidió otro trago igual mientras esperaba el ganador del juego ansiado, bueno, así se le veía. En vista que ya no había más apuestas porque el tiempo concluyó, cada uno de los competidores arrojó sus cartas sin ningún orden, el jugador de los audífonos tenía A y Q, la chica del moño Q y K, la voz me dijo que arroje las cartas ya, yo no quería, pero alguien me forzó y las cartas ya estaban en la mesa, como mencioné tenía 6 y 7. El cuchicheo me dijo que vas a perder; pero por qué dije: ¿No estás de mi parte? -, no ganarás esta mesa, pero sí el juego final de la noche, todo está arreglado, la siguiente mesa ganará la chica del moño, después el de los audífonos para finalmente el señor de la bebida de alcohol. Todos motivados querrán un último juego para desquitarse, es ahí donde ganarás con solo dos ases en la última ronda donde todos subirán al tope, ahí apostarás todas tus fichas siendo así el ganador-. Parecía de locura sus consejos, pero fue verdad, me dijo las cartas del jugador de anteojos que ganó la mesa, fueron: 6 y 2.

 

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