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09/09/2011

imageEstoy de lo más perezosa con esto de escribir reseñas. Me gusta escribirlas nada más acabar de leer el libro; si no, me da la impresión de que se me van a olvidar cosas. Pero, como no escriba inmediatamente y deje pasar unos días, me cuesta más y más. Así, tengo en estos momentos tres reseñas pendientes de escribir y estoy terminando dos libros más por lo que, si no espabilo, alguna se me va a olvidar. Y quiero cumplir mi propósito de escribir reseña de todos los libros que leo (cosa que este año estoy cumpliendo salvo "La sociedad de la sangre", que me pareció tan horrible que no quise perder más el tiempo en escribir mis impresiones sobre él).

Así que aquí tenéis mis impresiones sobre un libro que terminé hace ya más de una semana, "El bebé de Emma" de Abbie Taylor y que, os adelanto, me ha gustado

Abbie Taylor

Nacida en Irlanda en 1973, estudió medicina en el Trinity College y, tras mudarse a Inglaterra, ingresó en un club de escritura, donde comenzó a dar forma a su celebrada ópera prima. Vive a caballo entre Londres y Dublín, y este 2011 publicará una segunda novela titulada In Safe Hands.

Datos técnicos

El libro ha sido publicado por Umbriel, en una edición de gran tamaño, tapa blanda con solapas.

Tiene 347 páginas.

ISBN: 9788489367951

Publicado por primera vez en abril de 2011

Cuesta 17 euros

Argumento

Emma tiene veintipocos años y un bebé de trece meses. Un bebé que ha tenido sola y que cuida sola pues la relación con el padre se acabó y éste no quiso saber nada de él. Tampoco tiene Emma una familia alrededor que la apoye y con la que pueda contar. Su madre ha muerto y su padre les abandonó cuando era una niña. No tiene hermanos, ni parientes más o menos próximos. Sólo están ella y Ritchie, su hijo.

Un día decide ir a hacer unas compras y pasear con su bebé por el centro de Londres. Al atardecer va a una estación de metro para coger el que le llevará de vuelta a casa. El niño, que ya anda, está fuera de la silla. Ella, como puede, empuja la silla y acarrea las bolsas que contienen las compras que ha hecho. Cuando llega el metro, Ritchie entra y, mientras ella coge las bolsas, las puertas se cierran; con el niño dentro.

Emma corre desesperada trás del tren pero, lógicamente, no lo alcanza. Un hombre que se encuentra en la estación la agarra cuando parece que está a punto de caer a las vías. Antes de que el tren desaparezca le da tiempo a ver que en el vagón en el que va Ritchie hay una mujer y que ésta le dice algo así como "en la próxima estación".

Emma va corriendo a la siguiente estación y allí, afortunadamente, se encuentran Ritchie y la mujer. Ésta tendrá unos cuarenta años y muy buena presencia; se la ve una persona educada y con un cierto nivel económico.

Después de abrazar desesperadamente a su pequeño y dar las gracias a la mujer, no puede rechazar la invitación de ésta a tomar un café.

Mientras toman café, Emma cuenta a la señora algunos detalles de su vida: las dificultades para criar a su pequeño sola, el hecho de que no tiene familia ni amigos que la ayuden, etc... Todo ante la atenta mirada de la mujer.

Cuando intentó alcanzar al tren, se hizo una herida en el labio y está echando sangre. Emma va al lavabo a lavarse y cuando sale la mujer y Ritchie no están. Sale a la calle y nos los encuentra; desesperada, pregunta a todo el mundo que encuentra por la calle pero nadie sabe nada. La mujer se ha llevado a su hijo.

Obviamente, denuncia el secuestro a la policía y se encuentra con la incomprensión de ésta quien, al principio, piensa que no existe niño alguno y luego que quizás ella, Emma, le haya podido causar algún daño a su hijo.

Será Emma, ayudada por el hombre que le ayudó en la estación de metro –y que resulta ser un jardinero ex – policía- quien deberá hacer todo lo posible por recuperar a su hijo. Incluso cuando encuentran a la mujer que se lo llevó la policía sigue sin creerla: todo el mundo cree que el pequeño que la mujer y su marido cuidan es su propio hijo. Pero Emma sabe la verdad, ¿o no?                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Impresiones

Me sentí atraída por este libro cuando lo vi en el catálogo de novedades de la editorial Umbriel. No conocía a la autora (lógico por cuanto que ésta es su primera novela), ni había leído ninguna reseña sobre el libro (creo que la mía será la primera pues no he podido encontrar en google ninguna más). Pero tanto el título como la sinopsis me atrajeron enseguida: la palabra bebé del título unida a una portada de lo más sencilla (toda gris con el único adorno de un osito de peluche tirado en la esquina inferior derecha) y un argumento que gira en torno al secuestro de niños me hicieron pensar que era éste un libro que podía gustarme. Máxime tratándose, como se decía, de un thriller psicológico, género que me gusta mucho (aunque yo lo definiría como thriller a secas, sin añadirle el adjetivo).

Una vez leída, he de deciros que mi primera impresión fue acertada, pues el libro me ha gustado mucho. No es un novelón ni mucho menos, pero sí una novela sencilla, que sólo busca entretener, ofreciendo una lectura ágil y amena y que logra con creces su objetivo.

La acción empieza pronto pues ya en la cuarta página se cierran las puertas del vagón del metro dejando al bebé dentro y a su madre fuera. La autora no se anda con florituras, va rápido al meollo del asunto. Sin casi presentarnos a los personajes, enseguida consigue que nos pongamos del lado de Emma pues qué mujer –y, concretando más, qué madre- no lo haría? Como madre de dos hijos uno de mis mayores miedos es perderlos de vista y que desaparezcan, que alguien se los lleve. Casos como el de la pobre Maddie, por todos tristemente conocida, ponen los pelos de punta. Tiene que ser horrible perder a un hijo y nunca más saber nada de él, no sé cómo se puede vivir con algo así.

Pero, en fin, que me lío. Como digo, en la cuarta página ya estamos del lado de Emma, la protagonista: ha perdido a su pequeño y podemos captar perfectamente su angustia. Angustia que la autora sabe trasladarnos a nosotros, los lectores. Así que Abbie Taylor ya ha conseguido una de las premisas para lograr una buena novela: que el lector se ponga de parte del protagonista, que quiera saber lo que le ocurre, que quiera conocerle y le importen sus cosas.

La segunda premisa es tener una historia interesante que contar y Abbie Taylor la tiene. La novela no se limita a narrar el secuestro de un niño y enseñarnos las labores policiales dirigidas a encontrar al secuestrado y detener a los secuestradores. Una novela así estaría bien, por supuesto. Pero quizás sería un tema ya muy manido, muy visto tanto en literatura como en el cine. Pero la escritora va más allá. Y es que la policía no confía en la versión de la madre. Primero la toman por mentirosa, luego por loca, luego por... asesina quizás? Investigan lo que ella dice pero Emma ve perfectamente que no la creen y que ella es la primera sospechosa. Pero, y el lector? Pues, aunque hemos leído de primera mano lo que pasó en el andén de la estación de metro y, en principio, creemos la versión de Emma, no podemos evitar pensar si la autora está jugando con nosotros, si va a dar la vuelta a todo para mostrarnos que lo que vimos –lo que leímos, en realidad- no es real sino una ilusión que ella y Emma nos han presentado como si de un decorado se tratara. Así que la duda se instala en nuestra mente; un poquito apartada, pero existe.

Y así, vamos a asistir a dos posibles explicaciones de una historia. ¿A quién creer? ¿Al matrimonio de clase alta que dice que ese pequeño que cuidan es su hijo, o a una pobre joven, soltera, sin trabajo, sin familia, que dice que el niño es suyo y que se lo han robado?

Una buena protagonista y una buena historia, pero, ¿sabe Abbie Taylor contarla? La respuesta es sí. Seguramente no ganará el Nobel de literatura pero sabe cómo escribir para captar el interés del lector y conseguir que se interese por su historia, que quiera pasar las páginas –rápidamente- para enterarse de qué es lo que ha pasado. Abbie Taylor tiene un estilo narrativo muy ágil, va al grano sin andarse por las ramas ni perderse en florituras. Alterna narración y diálogo y desarrolla correctamente la historia, hasta llegar a un buen final.

Por momentos temí que podría convertirse en una novela tipo guión de una película de sábado a la tarde de Antena 3 pero, finalmente, logra resolver la papeleta correctamente, sin meterse en una historia paralela (permitidme que no dé más datos para no revelar nada transcendental) que sí que hubiese sido un poco peliculera. Lo cual no quiere decir que la novela no tenga un buen argumento como para convertirse en película...

Un apunte: la novela está bien editada y bien traducida salvo una expresión que me ha chocado y en la que he tenido que reparar a la fuerza porque se repite en cuatro o cinco ocasiones. Copié una de ellas: "Aquí no hay gran cosa, ¿eh que no?". De dónde viene esa expresión; al repetirse tanto, está claro que la traductora la usa de forma habitual. La traductora tiene apellidos vascos y, si bien yo no hablo euskera, sólo lo chapurreo, no me suena que los vasco – parlantes que conozco la usen...

Conclusión final

Es una lectura que recomiendo. Leí la novela en un santiamén y la disfruté un montón. Supo captar mi interés desde las primeras hojas y la mantuvo hasta el final, sin altibajos.

Cuenta una historia interesante y lo hace de una forma correcta, atrapando al lector en sus páginas y ofreciéndole un thriller que, si bien no es vertiginoso, sí es lo suficientemente impactante como para pasar rápidamente las páginas para llegar lo más pronto posible al final, esperado, sí, pero adecuado.

Nota: gracias a Umbriel por enviarme la novela.

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