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La Verdad Del Equilibrio

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El famoso Capitan reunió a la tropa y le dijo que si de todas formas esa gente moriría de hambre era mejor exterminarla, porque el nombre del ejercito quedaría manchado con esa denuncia

Santa Ana, diciembre de 1981. Regresaba de trabajar. Al llegar a la casa, me encontré un joven de unos 20 años, sin camisa, vestido únicamente con una calzoneta. Estaba descalzo. A un lado de la calzoneta le asomaba la cacha de una pistola automática. Estaba dentro del jardín de mi casa. Yo me asusté porque abusivamente estaba en dominios de la propiedad. Cuando lo saludé me dí cuenta de dos cosas, que estaba ebrio y que era el hijo de una vecina, una señora que tenía un pequeña tienda en el pasaje 10 (yo vivía en el 11) y vendía frescos naturales todos los días. Recordé que ella renegaba que el ejercito le había reclutado forzosamente a su hijo. Desde entonces quedó sola.

Cuando entré a la casa, rapidamente me pidió disculpas y me invitó a sentarme junto a él. Decía que le urgía desahogar una pena que lo estaba matando. Me contó que hacía unos días lo habían llevado a un operativo en Morazán. Estando allá, combatieron por varios días sin poder lograr el objetivo que se habían propuesto. La guerrilla había emboscado el camión con los víveres con que se alimentarían durante otros días más. La comida se había terminado y entraron en una especie de incertidumbre. El capitán Sandoval les ordenó cercar un pueblo cercano y quitarle a sus pobladores, toda la comida que tuvieran. Ese pueblo era "El Mozote". Saquearon las casas a la fuerza. (Esta historia no coincide con la que dicen algunos sobrevivientes) Muy pocas personas opusieron resistencia ya que la amenaza era que las asesinarían si se resistían o hacían "bulla". Cuando el ejercito se fue algunos pobladores indignados empezaron a gritar cosas como "¡mis hijos se mueren de hambre! ¡malditos ladrones! ¡vamos a denunciar que nos han robado la comida de nuestros hijos! y expresiones como esas.

El famoso Capitan reunió a la tropa y le dijo que si de todas formas esa gente moriría de hambre era mejor exterminarla, porque el nombre del ejercito quedaría manchado con esa denuncia. Me contó el vecino que algunos oficiales de rango medio cuestionaron esa decisión, pero el capitán los amenazó con corte marcial. Las instrucciones fueron claras y contundentes: "¡en esto nos manchamos las manos todos!

Sacó su revolver le puso el cañon en la cabecita de la niña, cerró los ojos y escuchó intensamente el llanto de la niña por última vez. Disparó y el llanto cesó

El vecino me juró a dos manos que evitó por todos los medios asesinar a gente inocente. Lo recuerdo perfectamente, Me dijo literalmente "¡soy muy macho para darme verga con los terroristas en combate, pero esta gente eran mujeres y niños principalmente, eran inocentes vos, eran inocentes!"

Cuando la matanza había casi terminado, me contó, observó que a una señora embarazada la tenían amarrada a un árbol con una niña en sus brazos a quién se aferraba con todas sus fuerzas. Llego un oficial a decirle que el capitán Sandoval quería verlo. Al estar frente a él, recibió esta aclaración y orden "soldado, la consigna es que aquí todos nos manchamos las manos, usted no lo ha hecho, así que le escogí esta señora para que también sea de los nuestros. ¡Haga su trabajo!

Me dijo que tomó su M-16 y apuntó a la señora, (me confesó que por un momento pensó en asesinar mejor al capitan) cerró los ojos y disparó una ráfaga. Cuando abrió los ojos, la señora había muerto, pero a la niña sólo le habia arrancado un bracito y lloraba intensamente de dolor. Miró al capitán y este le gritó ¡termine su trabajo! Sacó su revolver le puso el cañon en la cabecita de la niña, cerró los ojos y escuchó intensamente el llanto de la niña por última vez. Disparó y el llanto cesó. Una palmada en el hombro y un "buen trabajo" fue lo que recibió después. A todo esto mi vecino estaba llorando como un niño. Me confesó que desde entonces no pudo dormir, ni siquiera cerrar sus ojos, porque escuchaba el llanto de la niña fuertemente en su cabeza. "Esto no te lo debí haber contado" reaccionó de inmediato, se levantó y se fué. Cinco días después este muchacho se colgó de la viga del baño. Muy pocas personas supimos que en su pecho se había manchado la leyenda "perdóname". Su pobre madre nos contó en confianza esto. "Parece que le pidió perdón a esa niña" me dijo. "Seguro lo perdonó" le dije, como una forma de consuelo para la señora ahogada en su dolor.

"¡soy muy macho para darme verga con los terroristas en combate, pero esta gente eran mujeres y niños principalmente, eran inocentes vos, eran inocentes!"

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