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Hace 3d

El PP de Fene sostiene que el delito de alcoholemia de su Alcalde es parte de su vida privada, olvidando que por debida coherencia y ejemplaridad con la función pública, tal privacidad ha de aplicarse exclusivamente a su vida íntima

Sabido es que los municipios son la administración más próxima a la ciudadanía, ante la que los vecinos exponen todas sus demandas, al margen que el consistorio tenga o no competencia para ello, de ahí que por la diversidad de sus labores y heterogeneidad de sus funciones los entes locales son el lugar apropiado para conjugar problemas con soluciones.

Pero por idéntica concepción, para el ejercicio de la política local no basta con el apadrinamiento de unas siglas, ni el referéndum de unas primarias, pues mas allá de tales preceptos los candidatos deben tener probada capacidad de reacción para actuar con la mayor diligencia, de un modo ágil, eficaz y eficiente, ante las múltiples contingencias que más allá del funcionamiento común acompaña el quehacer municipal, es decir, además de entusiasmo deben tener calidades innatas para ejercer de punta de lanza frente a los nuevos retos que diariamente irrumpen en el proceso de la vida municipal y para lo cual no vale la improvisación como remedio.

Más que en ningún otro, la función política en este ámbito es un trabajo marcado por la variabilidad y el fraccionamiento de funciones y papeles a representar, así como por la discontinuidad y la interrupción de tareas, una labor extenuante donde no basta con el entusiasmo para afrontar la asidua carga de tensiones y decisiones difíciles que nunca se ven superadas por las satisfacciones.

Por tanto, para qué las entidades locales pasen a cumplir una función efectiva como administraciones transparentes y de proximidad a la ciudadanía, no valen ni el empaque ni la mediocridad, es necesario dar un giro radical a la situación, afrontando un cambio real que mude de cuajo el actual formato de política municipal, sustituyendo la anacrónica representación de unos cargos institucionales más preocupados por satisfacer su egocentrismo, que por hacerse receptores de las demandas sociales y dar solución a los problemas de un vecindario sumido en una precariedad galopante.

Para el desempeño de la gestión municipal no basta con el voluntarismo característico de otrora, pues la complejidad inherente de los asuntos que los entes locales afrontan en la actualidad requiere de los políticos locales no sólo intuición, esfuerzo y dedicación, sino también una correcta comprensión y solvencia de todo aquello sobre lo que deben decidir, con la finalidad de poder resolver eficientemente, objetivo imposible cuando la impericia, la falta de conocimiento o el amateurismo, son un impedimento para obtener los resultados pretendidos

Difícil está encauzar la situación en el coruñés Ayuntamiento de Fene que de ser vanguardia y referente del municipalismo durante un cuarto de siglo, actualmente sufre un proceso de regresión sin precedentes, pues aunque desde siempre la izquierda en su conjunto sumó más votos que la derecha, esa aritmética electoral no fue impedimento para que el PP con solo el apoyo de un tercio de los votos se hiciera reiteradamente con el bastón de mando de la Alcaldía, y todo porque entre los teóricamente progresistas pesó más la bastardía política que la responsabilidad democrática.

Los cargos públicos electos, además de estar sujetos al cumplimiento de la legalidad, son responsables políticamente ante los ciudadanos tanto por sus comportamientos públicos como privados

Una actitud alejada de todo código de conducta de quienes no pusieron reparo alguno en quebrantar sus compromisos electorales sin importarles lo más mínimo la repercusión de su indolencia en los directos afectados.

Por tanto, a los enemigos de la izquierda en la localidad no hay que buscarlos entre los votantes, toda vez que el apoyo electoral hacia el progresismo se mantiene inalterable con el paso del tiempo, donde realmente radica la descapitalización de la izquierda en el municipio, es en la total ausencia de integridad de una buena parte del sector dirigente que la conforma.

En esta tesitura a nadie debe extrañar la condescendencia mostrada por esta oposición de apariencia ante el flagrante delito del regidor, que fue cazado la noche de las elecciones al volante en estado de embriaguez, triplicando la tasa de alcohol permitida; un disparate, cuyos adversos efectos sobre la conducción son incontestables, como indiscutible es su fulminante salida del cargo, pues un delito penal de tamaña gravedad por los riesgos inducidos y el desprestigio institucional repercutido así lo exigen, porque ingerir alcohol y después conducir es incompatible con el desempeño de cualquier responsabilidad pública.

No cabiendo por tanto el artificio de darse de baja en el partido, ni tampoco dulcificar los hechos como subterfugio para mantener la continuidad en el cargo, probabilidad de todo punto inaceptable porque su sola presencia menoscaba el prestigio de la institución democrática que indebidamente sigue a presidir.

De no asumir la renuncia voluntaria y dar por zanjado tan lamentable episodio, es cuando la oposición mas allá del ambiguo formato de la reprobación por su nula efectividad, debiera ejercer su papel de mayoría real forzando su desalojo del Gobierno municipal, utilizando a tal efecto el resorte legal a su alcance, es decir la obligada Moción de Censura que la situación exige como única y exclusiva vía de subsanar la situación y de correspondencia con la mayoría electoral que les eligió.

Quitarle hierro al tenebroso delito de la alcoholemia del señor Alcalde situándolo en la esfera de su vida privada no pasa de ser un atajo para la evasión puesto que en una sociedad democrática, los cargos públicos electos, además de estar sujetos al cumplimiento de la legalidad, son responsables políticamente ante los ciudadanos tanto por sus comportamientos públicos como privados.

 

 

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