24-08-2012 07:50
Esta teoría inicia en el año de 1969 con un experimento de psicología social, realizado por el Prof. Phillip Zimbardo, de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos. Dejó abandonados dos autos exactamente iguales en modelo, marca y color, en dos muy distintos lugares. Uno de ellos fue dejado en las calles del Bronx, zona pobre y muy conflictiva de Nueva York, y el otro en una zona lujosa muy segura de California, Palo Alto. El propósito del experimento era estudiar el comportamiento urbano de los habitantes de estos dos estratos sociales tan diferentes.
El resultado en un principio fue el que cualquiera de nosotros hubiera previsto. El vehículo abandonado en el Bronx comenzó a ser saqueado poco después de solo diez minutos, en unos días ya se habían llevado todo lo redituable y el resto fue destrozado; mientras que el auto dejado en Palo Alto estaba intacto después de una semana.
"La pobreza es la culpable de la delincuencia" Esa parecería ser la conclusión lógica de este experimento; sin embargo, el Profesor Zimbardo aún no había concluido su investigación. Haciendo uso de un martillo, hizo varias abolladuras en la carrocería del automóvil abandonado en California y rompió uno de los cristales. El resultado fue un tanto inesperado. El proceso de vandalismo comenzó a darse exactamente de la misma forma que en el Bronx, dejando el vehículo de Palo Alto en el mismo estado que el primero.

¿Qué desató este comportamiento en personas que, bajo otras circunstancias no hubieran pensado siquiera en delinquir? No es la pobreza, sino la reacción psicosocial ante el mensaje sin palabras que envía el vidrio roto, el deterioro, el desorden o la suciedad (situaciones lamentablemente muy comunes en nuestras ciudades) "A nadie le importa".
Este tipo de mensajes están presentes en casi todo lugar donde miramos a diario. Un pequeño cúmulo de basura en la banqueta dice: "Deposite aquí su basura", un jardín descuidado: "Sanitario para mascotas", una calle poco transitada: "Estacionamiento", un terreno baldío: "Baños públicos", el área infantil en el parque donde acostumbrábamos jugar en nuestros años mozos, y que ahora por inseguridad se muestra carente de infantes, pareciera decir: "Área para consumo de drogas". Al final el mensaje implícito es el mismo. "A nadie le importa".
James Q. Wilson y George Kelling, creadores de "La teoría de las ventanas rotas" pudieron observar en experimentos posteriores a los del Prof. Zimbardo, que si se rompe el cristal de la ventana en un edificio y no es reemplazado, pronto todas las demás ventanas estarán rotas también. Si en una comunidad existe deterioro, suciedad, falta de orden y mantenimiento, y no parece importarle a nadie, pronto se presentará el vandalismo y la delincuencia. Si pequeñas faltas a los reglamentos, como tirar basura en la calle, son pasadas por alto, pronto se cometerán faltas con más frecuencia y de mayor gravedad. La comunidad entonces comienza a degradarse, puesto que el comportamiento incivilizado se contagia y crece rápidamente. Lamentablemente, en las personas que conservan la civilidad se presenta una reacción indeseable: la "retracción". El ciudadano respetuoso de las leyes y normas, al ver que a su alrededor se desarrolla un ambiente inseguro, comienza a salir menos del hogar que mantiene resguardado con cadenas y chapas. Cuando tiene que salir, camina deprisa sin mirar los rostros de los demás transeúntes, sin detenerse a saludar a sus vecinos, reduciendo así el círculo de amistades dentro de su propia comunidad y entregando metódicamente sin saberlo, el dominio de su vecindad a vagos y maleantes locales.
Más recientemente, Read Peak Group efectuó un experimento callejero que nos deja ver a detalle todo el desarrollo del efecto "ventanas rotas". Se dejó una bicicleta aparcada en una calle de Nueva York y se fotografío diariamente durante 365 días para monitorear su estado. El resultado fue que durante aproximadamente los primeros 200 días no pasó nada, hasta que comienza a faltar la botella de agua, la canastilla, el asiento, etc. Y para aproximadamente el día número 270, ya no hay ni un rastro de la bicicleta.
El efecto "ventanas rotas" ha influido asiduamente en las condiciones de transgresión y violencia que vivimos en la sociedad actual
Recomiendo ampliamente el observar este experimento en un video time-lapse que muestra las 365 fotografías de la bicicleta (o del lugar donde ésta tendría que estar), en el siguiente enlace:
El resultado de estos experimentos nos ayuda a tener una mejor perspectiva de cómo el efecto "ventanas rotas" ha influido asiduamente en las condiciones de transgresión y violencia que vivimos en la sociedad actual, pero sobre todo nos hace preguntarnos ¿Qué podemos hacer para revertir este efecto? En otras palabras ¿Cómo podemos convertir un vecindario inseguro en uno seguro? La respuesta es muy simple, hay que hacer que el mensaje que envía el entorno en que vivimos cambie de "A nadie le importa" a "A mi me importa" después "a nosotros nos importa" y de ser posible "A todos nos importa".
Por supuesto, el trabajo requerido para efectuar este cambio no es tan sencillo como la respuesta. Primeramente hay que dejar a un lado el retraimiento, la apatía, la pereza y sobre todo dejar de esperar que alguien más venga a resolver nuestros problemas, se deben estrechar los lazos de comunicación con la mayor cantidad posible de vecinos para juntos organizar campañas de limpieza y mantenimiento constante en la comunidad, retomar el control de calles, jardines y parques, haciendo un uso regular adecuado de los mismos, crear en consenso reglas de convivencia que propicien el orden y seguridad, así como mantener una vigilancia eficiente de todo lo que ocurre en el entorno; para entonces señalar y denunciar las infracciones cometidas a los reglamentos o leyes.
Es obvio que se va a requerir del apoyo de las diversas secretarías del gobierno local, y en legítimo derecho se solicitará este, pero lamentablemente no es posible depender enteramente de la ayuda que se nos quiera proporcionar; pues como ya he dicho, la solución no vendrá por ajenos sino por propios.
Hay que cambiar la situación de nuestro México, implementando una nueva forma de participación ciudadana, comenzando con la calle donde vivimos, el vecindario, la ciudad, etc. Todos los que amamos la paz podemos juntos, hacer mucho por nuestro país.
Referencias Bibliograficas:
"Broken Windows. The police and neighborhood safety" Por James Q. Wilson y George Kelling, publicado en The Atlantic Monthly, Volumen
249, Nº 3, pp. 29-38, Marzo 1982.
Fotografías:
Morguefile.com
windows. Por roganjosh
SanJosereach. Por puravida
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