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imageTremendo Voces de Chernóbil, crónica de un futuro. Es el libro en el que la bielorrusa Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura en 2015, recoge monólogos y entrevistas con personas que pasaron por aquella experiencia: la explosión del cuarto reactor de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986 y sus devastadoras consecuencias.

¿Por qué no hablamos de Chernóbil? No se ha planteado este tema. En la escuela. Con los alumnos. Tampoco en casa. Está bloqueado. Cerrado. En Austria, en Francia, en Alemania, donde los niños viajan a curarse, les hablan sobre el tema. Y yo les pregunto a los chicos: ¿qué es lo que os preguntan, qué le interesa? Pero ellos a menudo no recuerdan ni las ciudades, ni el pueblo, ni los apellidos de la gente que los ha alojado; enumeran los regalos, los platos que les han gustado. A uno le han regalado un magnetofón; en cambio, a otro, no. Regresan vestidos con unas ropas que no se han comprado con su dinero, ni con el dinero ganado por sus padres. Se diría que hubieran ido a una exposición. A unos grandes almacenes. A un supermercado caro. Y no dejan de esperar que los vuelvan a invitar. Allí los enseñan y los llenan de regalos. Y los chicos se acostumbran a esto. Se han acostumbrado. Para ellos ya se ha convertido en un modo de vida, y en la idea que tienen de ella. Pero después de estos grandes almacenes a los que llamamos extranjero, después de esta exposición de objetos caros, hay que volver a la escuela. A las clases.

Y cuando entro en la clase veo que ante mí tengo a unos observadores. A niños que observan, pero que no viven. Les tengo que ayudar. Tengo que explicarles que el mundo no es un supermercado. Que es algo distinto. Más duro y más maravilloso. Los llevo a mi taller, allí están mis esculturas de madera. Las esculturas les gustan. Y yo les digo: "Todo esto se puede hacer un pedazo de madera cualquiera. Prueba tú mismo". ¡A ver si despiertan! A mí esto me ayudó a superar el bloqueo, fui saliendo de él durante años.

El mundo se ha partido en dos: estamos nosotros, la gente de Chernóbil, y están ustedes, el resto de los hombres. ¿Lo ha notado? Ahora entre nosotros no se pone el acento en "yo soy bielorruso" o "soy ucraniano", "soy ruso"... Todos se llaman a sí mismos habitantes de Chernóbil. "Somos de Chernóbil". "Yo soy un hombre de Chernóbil". Como si se tratara de un pueblo distinto. De una nación nueva.

? Nikolái Prójorovich Zharkov, maestro de formación profesional.

Todo el tiempo comparamos lo sucedido con la guerra. Pero la guerra se puede entender. Sobre la guerra me ha contado mi padre y he leído libros. ¿Pero esto? De nuestra aldea han quedado tres cementerios: en uno descansan los hombres, es el viejo; en otro, los perros y los gatos que hemos abandonado y que se han sacrificado, y en el tercero están nuestras casas.

Han enterrado incluso nuestras casas.

? Una de las voces del coro del pueblo.

La gente se ha marchado y en las casas se han quedado a vivir sus fotografías.

? Nina Prójorovna Kovalikova, esposa de un liquidador (denominación que se dio a los encargados de "liquidar" las consecuencias del accidente de Chernóbil).

Nos recibieron unos doctores. Llevaban unas máscaras antigás y guantes de goma. Nos quitaron toda la ropa, todas las cosas, hasta los sobres, los lápices y las plumas: lo metieron todo en bolsas de plástico y enterraron las bolsas en el bosque.

Nos asustamos tanto que después, durante largo tiempo, nos pasábamos los días esperando cuándo nos empezaríamos a morir.

? Una de las voces del coro de niños.

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