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Carlos Daniel SequeiraMiembro desde: 07/10/10

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09/11/2011

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Los pueblos del Estado Miranda copiaron y desarrollaron los estereotipos que permitieron que la oposición se mantuviera durante mucho tiempo en el poder, donde la negociación política se convirtió en una herramienta de retraso para la consolidación de las diferentes fuerzas políticas, sociales y culturales que hacen vida dentro de su entorno, en el que no se supo comprender el momento de fractura que estaba viviendo, mientras que algunos que se hacían llamar trabajadores de la Cultura o animadores culturales y gestores políticos, no les importaban lo que estaba sucediendo a su alrededor, en vista que su preocupación siempre estuvo puesta, en sacarle el mejor provecho que conllevara a enriquecer su patrimonio personal, que al igual que en el pasado, no titubearon para abandonar y dejar a sus pueblo deambulando dentro de una madeja, en el que se impuso el conocimiento empírico, donde la verdad dependía del contacto diario con la naturaleza y del andar entre sus parsimoniosas calles, a la cual le supieron sacar provecho y poco a poco fueron recuperando el espacio perdido, en el que no se aprendió de tal experiencia, porque inmediatamente quienes nosotros creíamos que se caracterizaban por tener una posición de vanguardia dialógica y transformadora no titubearon para ir negociar con estos sectores.

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Situación que ya se avizoraba y se sentía con fuerza, en el que se veía que no era posible negociar con el partido que llevó a Capriles Radonski administrar los recursos de los mirandinos, porque quienes integran a estos movimientos que se auto-reconocen como descendientes de africanos , más de una vez lo intentaron y tuvieron un rechazo de quienes controlaban su candidatura que los llevó a gobernador, puesto que tal candidatura estaba rodeado de una actitud racista y discriminatoria en el que se hace incomprensible su triunfo en un estado caracterizados por la presencia de la cultura negra y que había tenido la presencia de unos gobernadores de la derecha que prostituyeron y no lograron crear políticas de grandes trascendencias, por el contrario se adueñaron y dejaron que el silencio cobijara su arrogancia para ponerse una venda ante lo que estaba pasando y fueron incapaces de apoyar al candidato del Gobierno Bolivariano, dejando que se perdiera e incentivado el repudio contra la gestión realizada por Diordado Cabello. Por ello muchas veces hicimos fuertes críticas por la manera como se estaba destruyendo tierras aptas para el cultivo que se veían que habían costado muchos años para educarlas y la estaban convirtiendo en Conjunto Residenciales para el desarrollo del ocio improductivo para de esta manera, cambiarle el estima a las diferentes poblaciones que integran el estado Miranda, lo cual lograron a través de las drogas, degeneración de la familia, prostitución, inseguridad y el desempleo, etc., en vista que había la idea de hacer lo imposible de adueñarse de tierras aptas milenarias caracterizadas por el cultivo del cacao, caoba, café y con unas playas que permitía seguir cultivando la visión de convertirlas (como al estado Vargas) en su terraza placentera, en el mirador de descanso o en la más esplendida balconada publica al mar, en donde se había pensado que la Región Capital tenía el derecho de adherir estos estados a su topografía para convertirse en la Capital del Caribe y por ello muchos ensayistas siempre le dieron lucidez a esta utopía, puesto que ambos estados (Vargas y el estado Miranda), los consideraban como una banda de tierra que se caracterizan por su parte dulce (por lo salitroso), jardines montañosos y costaneros que debieron siempre ser adjudicada, porque para ellos la ciudad debía extender su territorio y proclamar como un baluarte el escenario de su propia serenidad contemplativa, su propiedad sobre el lado adverso que domina el mar (William Niño -Nov., 2000-. La Parte Caribeña de Caracas. Revista Bigott). Por ello siempre nos preguntamos ¿Qué sentido tiene ahora hablar de la cultura de la muerte, si a nadie le importó que las drogas mataran, corrompieran y pervirtieran a niños/niñas y adolescentes y menos…, que andarán en los pequeños pueblos con armas de alto calibre?, en el que sus magnitudes iban a ser de una gran transcendencia (las cuales estamos sintiendo por la crisis que vive la familia mirandina, que conllevó a que la mujer se convirtiera en un débil jurídico ) y lo que da más lástima, es que fueron acompañados por quienes supuestamente en el estado hacían alarde de su conocimiento sobre la cultura (mal llamados trabajadores de la cultura, animadores socioculturales, quienes se suponían que tenían un pensamiento de avanzada y que solamente su interés estaba puesto en las ganancias que dejaban dichas manifestaciones, ya que es triste la situación de indigencia en que viven y mueren sus cultores populares, sin gozar de un beneficio o seguridad social que les permita prologar su existencia y por otro lado que proteja su aporte, para que no se aprovechen de ellos, los grandes grupos que actúan dentro de la farándula caraqueña), los cuales se convirtieron en sus aliados y no les importó lo que estaba pasando con el patrimonio cultural material y espiritual viviente, en donde las Fiestas de los Santos Patronos, se convirtieron en manifestaciones en donde al Santón era apropiado por las grandes trasnacionales del licor de su periferia y núcleo central de sentido, en donde se exhibían una serie de adolescentes presentando parte de su cuerpo para que Baco se apropiara del imaginario colectivo que hacen vida en dichos espacios, en el que solamente se buscaba justificar tal actitud, en base a que esa era una ayuda para el pueblo y que parte de su ganancias iban a servir para sufragar parte de los gastos que originaba su celebración (otra parte, iba a servir en la reparación de cualquiera infraestructura), conllevando a que dichas manifestaciones perdieran en casi todos los pueblos costeño sus componentes originales, porque se convirtieron en una rochela, en un negocio de poca monta que no los beneficiaban en nada (sino solamente a quienes las organizaban, los cuales se convirtieron en sus gestores y dueños del negocio durante el cumplimiento del cronograma del calendario católico, los cuales se apropian de la facultad de negociar con las grandes trasnacionales y dependiendo de la oferta, estas tendrían participación ), puesto que les había hecho un daño irreversible, en el que sus secuelas iban a ser difíciles de corregir, además que se conservaba la liturgia cristiana y se desmoraliza los contenido mundanos (históricos) que las originaron como manifestación cultural y religiosa. Por ello habíamos mantenido que no se debía olvidar que había ciertos sectores económicos caraqueños que les estaban buscando a Caracas un frente marítimo, bajo la premisa de convertirla en una capital caribeña, y para ello voltearon su mirada hacia el estado Vargas, lo cual les sirvió para exigir el derecho que tenían los caraqueños, al ocio y a la contemplación, en el que se hacía imprescindible fomentar pequeñas construcciones, construcciones cuyas proliferación acabaría definiendo las grandes áreas de colonización lúdicas, indispensable para esa ciudad deseada del nuevo siglo . Vista como un universo de configuración prácticamente casual, con el objeto de la oferta de una ciudad calurosa, estratégicamente ubicada en la geopolítica y con el lujo que dimensiona poseer el litoral del Caribe como la fachada marítima de una Caracas que no termina de comprenderse, independientemente de las recientes decisiones geopolítica que se están tomando, en donde pareciera que desde otra mirada, ellos están contribuyendo paradójicamente a la fractura de un paisajes compartido, que durante la historia han convivido inexorablemente en la memoria que guardan el imaginario caraqueño, donde reside la clave de un paisaje turístico como monumento en pleno transformación, porque se acordaron que Vargas, no solamente es lugar donde se dimensiona el trabajo, de rudas playa oceánicas por el que se transitan y contemplan la inmensidad de un paisaje natural que ha tenido la suerte de mantenerse virgen y en el que no estamos de acuerdo que se convierta en una proliferación de construcciones turísticas que acabarían definiendo las grande áreas que desean la población establecida en la Región Capital de Caracas, con el objeto de satisfacer una oferta que no se termina de comprender que se basa en unos argumentos ficticios para la imposición de sus criterios, que en el tiempo no ha comprendido que Vargas es un estado y que sus rasgos se cobijan sobre un motón de piedras para diferenciarse de quienes aspiran que se convierta en parte de su espacio urbano y que para mucho que la ven como una oferta para una ciudad calurosa que se fundamente en la garantía de un derecho al ocio y la contemplación y que no termina de comprender que no es necesario que se convierta en la configuración de una estructura de trozo de ciudad que definiría las grandes áreas de colonización lúdicas para la Caracas del socialismo humanitario y cristiano que permitiría propiciar un mundo formal liberado y fuertemente expresivo que la llevaría a su destrucción en el que estaría inmerso una redefinición de sus potencialidades y que conllevaría a su población a perder su originalidad y asumir los rasgos de una Caracas que se ha perdido en el tiempo sobre parajes de conflictividad que la convertido en un problema de estado de difícil configuración y que rompería con un punto de encuentro entre lo artificial y lo natural que busca que Vargas se convierta en el lugar de reposo de todos sus conflictos existenciales y en el reservorio de sus desechos fosilizados que signa el trauma de la marginalidad como un catástrofe (por ello vemos el trabajo que se ha hecho en el estado Vargas, en donde se ha permitido el sentido de pertinencia) que busca darle a Caracas un frente marítimo que prevé la Caracas del siglo XXI, como la capital de toda una región que busca ampliar su oferta más allá de los trabajos y servicios hacia el turismo que incentivaría un impacto ambiental violento que perdería ese olor salitroso que es característico de su paisaje y que se convertiría en un zona periférica en plena transformación.

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