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Américo ValadezMiembro desde: 04/07/09

Américo Valadez

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09/03/2021

Fábula absurda y sin cabida en ésta u otras realidades

- Maleus Pastorum -

(El BORRID - 91.1)

FÁBULA ABSURDA SIN CABIDA EN ÉSTA U OTRAS REALIDADES MÁS.

Por Américo Valadez.

 

Primera parte:

La Crisis. -- Los Jerarcas. - El Plan.

 

Without Words! - Américo Valadez - Artwork Celeste NetworkESto era todo. Era el fin. ¡El Fin! ¡Si„! Tenía que ser, aquél secreto a voces estaba para saltar encima y destruir todo aquél status-quo, que les proporcionaba confort y poder por sobre todas esas mayorías, de todos esos miembros de éstas sociedad natura; para con aquellos encumbrados que lo disfrutaban desde hace miles de generaciones, ya se consideraban de noble y alta estirpe. Aquellas encumbradas fieras, oligarcas en la cadena alimenticia de un mundo natural.

TOdo ese día maldito temiendo lo peor: el fin de esa carnicería cósmica; su antiguo modo de vida en extinción.

¡EXtinto! Extinto, a causa de su desenfreno desmedido, neciamente desmedido, avaramente; pese a no ser inmutado en absoluto por los logros de los derechos ovinos, salidos de las luchas proletarias de dichas masas. Sin el debido respeto.

¡REspeto! Y todo, por nunca otorgarles aquellas masas una mejor calidad de vida, mejores viviendas, mayor y mejor educación, alimentos balanceados de altar calidad. ¡Vestimenta...! En fin, lo que han logrado en la actualidad, en esta última generación ovina, es una descendencia demacrada. Con poca carne aprovechable, lana escasa o rala, de color ocre o amarillenta; y una vitalidad nula al extremo. Sin mencionar un coeficiente intelectual abajo del promedio, que éste, para las labores manuales básicas, se encontraban sobrestimados.

 

NAda, y sólo nada más, se dio la voz de alarma en esas altas esferas. Se convocó a un coloquio secreto, citados en un paraje boscoso, cubierto de grandes acuíferos y densos bosques de pino-caledonia; oculto, llamado: Nións.

A todas aquellas altas y aristócratas fieras del reino animal, que se dieron cita de forma tumultuosa, en este paraje de Nións, con la esperanza de preservar su dominio jerárquico sobre la población (ovina) del planeta. Para seguir recaudando su lana y aprovechando su carne, sudor y sangre; cual habían hecho desde tiempos históricos; desde siempre.

UN acto, que era precedido por un cuervo negro, ancestral, lacónico, impávido; el que daría la última palabra sobre aquella acción definitiva: o un sí, o una única negación sobre el caso.

TOdos los demás y por abajo de él, se agolpaban los depredadores mayores, como el silencioso tigre de bengala, el majestuoso león africano -ambos tildados de británicos pese a su humilde origen oriental-. Ahí, el fiero lobo americano, el cual no dejaba de ver continuamente a su par de amos ingleses, listo para tirar a matar, al cuello de quien lo señalasen.

ACá, el discreto guepardo, del cual se espera más acción que palabras, digno guardián de marajás y nobles príncipes forasteros; entrenado en el fiero arte de la guerra: el asesinato sistemático de miembros no deseados, sesgando así cada una de las brechas de seguridad en las zonas extranjeras.

Qué decir del barbado oso siberiano, que al principio de la reunión ser colocó al extremo izquierda del paraje (clara señal de simpatía a favor de las débiles masas ovinas); y que al ver que ésta postura lo convertía en el foco rojo de la atención de los demás, el cuervo, con la mirada fija en él, indicó con un suave aletazo, el moverse a una posición derecha un poco más moderada de éste H. recinto. O la inhumana cobra, quien, serpenteando esgrímala su lengua, para emponzoñar aquí y allá todo lo bello de esta vida. Además de atrapar y consignar a todo aquel estorboso miembro ovino, incomunicándolo entre las sombras, desapareciéndolo en su alargado estómago cloaca.

OJos humanos, como se le decía en secreto.

 

EStando ahí también, el nervioso felino casero, quien, pese a promulgar la palabra de fe y amor -a sus amos-, siempre atina a jugar y a torturar con sus víctimas, las cuales considera inferiores e impropias, por tan peligrosas de su credo. Siempre, siempre enlutado de la cabeza a las patas, y que al caer lo hace buen parado.

SIendo ahí también, la majestuosa águila, la cual, ostenta las plumas condecoradas de sus innumerables hazañas aéreas: bombardeos, masacres en masa, tanto de tropas como de civiles. Digno hijo de Horus.

TEniendo a su lado, la pulcra orca, con su atuendo negro y blanco, da dos o tres golpes de tabaco a su pipa de carrizo de maíz. Mientras suspira un magullado:

-! Eh... ¡Yo volveré...!

Respecto al otro lado, sin perder de vista a un bonachón topo de diminutas lentejuelas, el cual, pese a su condición de depredador de bichos rastreros, provenientes de los tugurios subterráneos de aquellos bajos fondos; hace trabajado de espionaje entre la población lanar. Escuchando conversaciones sediciosas [?], escarbando entre los núcleos más sospechosos, y recabando información de entre los desechos ruines de esta masa lanuda. ¡Segregados de toda voz o derecho a réplica sobre su propio destino!

 

Hablando de segregados. No se incluyó al primitivo tiburón, pez escualo de comportamiento irracional, a más que salvaje, bárbaro; a tal grado, que podría herir o asesinar psicopáticamente a las otras fieras. ¡No!

Ese era el caso de su primo hermano, la atrevida mantarraya, a quien se presenta con un carácter más civilizado que su pariente escualo, la adicción a la adrenalina a la que es aficionado, lo deja fuera de toda seriedad. Dicho arrojo, imprudente e innecesario, no era acorde para una toma de decisiones de tal magnitud. ¡No, nunca!

Lo dicho así, no se invitó al astuto cocodrilo, ser simplón e ignorante, de prosapia vulgar al igual que su primo el caimán; ambos, provistos de un gran defecto innato: ser bocones en extremo. Ya que de les iría la lengua por su natural instinto, dejando al descubierto toda la trampa que se urdiera. ¡Jamás...!

 

De regreso, entre ambas partes, un honorable búho con amplias y solemnes vestimentas -como las de un bufón-, que fungía como presidente del formal encuentro, en aquella secreta cúpula del poder.

A sabiendas, que el veredicto final, sería del majestuoso cuervo altivo, oculto en lo alto del paraje; entre las oscuras copas de los árboles que coronan el lugar. Controlando para así a éste, y al resto de los depredadores, con sólo una mirada inquisidora.

HAciendo conciencia de esta maquiavélica presencia, no cabía la menor duda, que esta junta no era otra cosa que una aceptación unánime para todos estos asistentes, idea preconcebida desde hacían mucho tiempo por "ellos" (los inexistentes). En lugar de aportar ideas inmediatas y absurdas para resolver la crisis; sabiendo que tales sólo servirían para alargar la agonía de éstos tiempos. Para no mencionar la muerte de la actual cúpula geriátrica.

 

GRan parte de las fieras menores hacían antesala, lejos, muy lejos de aquél paraje bávaro. En expectación del resultado definitivo,

¡Nada más!

Viles depredadores, como el vulgar coyote, así como la simplona hiena o el conspicuo mapache; quienes esperaban nerviosos la resolución final: la llegada de un nuevo orden, el que se ciñe como una soga al cuello.

 

IGnoraste o ajenos de tal conspiración, se encontraba el lince abarrotero o la local araña; los cuales, no apartaban la vista a su pequeña región, sus ligeros límites territoriales o de su insignificante telaraña. Siempre populacheros como el que más.

VIviendo así, con esa falta de carácter, no fueron incluidos en el complot. Tomándolos como meros intermediarios entre las masas lanares y las fieras inferiores. No fueran meros que carniceros y sangrantes menores del pueblo ovino.

 

ERas tras eras de esclavitud simulada, fingida, llamada: patronato obrero. Como la de otras segregaciones simuladas de otro ámbito, a conveniencia de dicho control de masas; como la igualdad hambrina o los V.I.A.s ("Verry Importan Animals"). Para eso era aquel complot; sabotaje social para seguir desangrando, trasquilando, a dichas masas lanares por unos mil años, o más.

 

*  *  *

 

  •  Jornal Primero en Pleno para Adhesión:

Se da por iniciado el acto por indicación de aquella sombra alada.

La mirada del cuervo apunta sobre la bufónica estampa del búho, como lo haría un gran director de orquesta con su batuta hacia el instrumento musical para indica su entrada temprana:

-Inicio y presido la ceremonia 'extraordinaria' [sig.] - dijo el magistral búho al atisbar la señal de su guía en lo alto del ramaje. -No hace falta mencionar el tema que compete, ni enumerar la orden del día para éste y el siguiente jornal. Ya que esta reunión nunca existió. Yo nunca supe nada. ¡Jamás estuvimos aquí!

Todos asintieron imperceptiblemente. Al tiempo, el cuervo esbozó una ligera sonrisa, única señal de sensible. Señal que nadie se atrevió a mirar y nunca cuestionar.

El búho, tomando aliento, después de lo antes dicho, prosiguió su monótono discurso, sin dejar de atisbar hacia arriba:

-Tiene la palabra, el digno miembro de este comité y vocero oficial de "nuestros anfitriones" -al decir esto, sus ojos se alzaron para percibir esa negra sombra del ramaje superior-, al Honorable Doctor Bengasi. ¿Señor...?

En eso, desde un lugar privilegiado, el tigre se levantó pausadamente, con majestuosamente, para tomar su lugar en el escenario.

Sabía, que su único propósito en esa reunión, no era otro que imponer y grabar a fuego, en plan ancestral pensado para este momento, para este día. Creado para este momento profético.

O debo decir... ¡Encausado!

Encausado por seres, quienes desde hace siglos no habitan esta tierra. Dejando su legado como toda acción irrefutable para la conservación del equilibrio entre la razón y el poder; entre el caos y el control. Logrando así el término e inicio entre ciclos obligados de eras silentes.

El tigre, al llegar a su marca, se quedó quieto, rígido en medio del escenario durante un minuto completo. Solo veía con mirada penetrante a cada una de las fieras presentes, mientras éstas hacían lo mismo con ademán nervioso.

Todo en silencioso absoluto, silencioso que ocasionalmente era roto por algún ruido gutural o nasal nervioso, a causa de esa presencia marcial de ahí enfrente.

Suspirando finalmente, el tigre exclamó con voz clara, fuerte, sin modificar su pose:

- ¡No haré ni recibiré preguntas! Saben a qué han venido. Saben que se hará sin miramiento. ¡Estarán de acuerdo!

Diciendo esto, asintió en dirección al lobo, quienes lanzó una mueca grotesca sobre el resto de los asistentes. Quienes, alzaron una apagada antañada de aplauso. Y antes de que éstos se ahogaran tímidamente, continuó el orador:

-Tomen el folio A-1, frente a ustedes. ¡Éste! -Y disiento esto, alzó un viejo pergamino de faz amarillenta y bordes crujientes y mal cortados por el paso de los siglos sobre éste.

Los demás obedecieron la orden tomando el mencionado documento, los cuales se encontraban dentro de un gran roble hueco. Al tiempo, el león examinaba con detalle sus afiladas zarpas en actitud despreocupada.

- ¿Todos tienen él dijo? - Ahoyó el búho sin quitar la vista de la oscura ave sobre su cabeza.

Colocando un par de impertinentes de platino sobre su abultada nariz y, con ambas paltas, desenrollando con calma aquel folio arcaico, el doctoral felino lo alzó frente a él a manera de poder leerlo, prosiguió:

-Esto fue descrito por mi ancestro, desde tiempos inmemoriales, para la llegada de esta fecha...

Aclarando discretamente la garganta, continuó su discurso:

-"Siendo fe, de dicho sendero servido y gviado por nuestros excélsos predecessores. Nosotros, las fieras descritas en el Livro d Indias, en los cantares de Ramayana, y otros fajos feaciéntes, aqua de darnos fé como seres de muy altas y muy noble estirpe cúpular de haltos mandos.

"Determinamos que esto passará del buen agno natural de..." - ¡Hummm...! Corrijan el año, por el actual. -Musitó el tigre a las demás fieras a razón del aletazo que su “anfitrión" de negro plumaje le indicó.

El Maleus Pastorum, daría el inicio del fin de su crisis

Las fieras obedecieron mecánicamente.

- ¿Podemos proseguir con...? - Preguntó trémulo el búho, al tiempo que el orador lo atajó:

- ¡No quiero otra interrupción de su parte hasta que haya concluido mi coloquio!

El búho asintió con la cabeza sin dejar de ver aquella mancha opalina entre la hojarasca de los árboles.

El león, hizo un ademán de espera al lobo impaciente con osco espumoso, del cual sur guía un enajenante:

- ¡Al cuello, al cuello...! ¡Al-cueee-llooo...! - Pero, paró bruscamente al ver el signo que el león me hacía desde el altar de roca en donde se alzaba.

- ¡Continuo! -Agregó el felino mayor después de reprimir al inoportuno, H. magistrado:

-Sito: "Determinamos que esto passará del buen agno natural de... […]! ¡Actual! "...A.H. (Año HomíNidas). Qve se estareis en conflito con dicho Statussquo y sus riquezas ábidas, sea de padres a ijos, qve a sv bes, de abvelos a padres; ancina el lignea sanginea directa ancestral.

"Fea a condicional a la plevellía, a la soledad inmediata y al voto obligado del silencio ortidocso pare evitar el problema de la sublevation a cause de vox populli. Consabido fea de conocerse que el vulgo todo abla, todo inqvieta y de todo se turvare. Por lo qve inpondría a svs miembros el non ablar con hotros plebes o de citarse en comunión con los de su vil prosapia. Fea ansina, el stado dominium. El ser innpuesto aqua el temor a la Fvria Divinna y el horror de la Condena Infinita.

"Todo este proceder feo venito de los msles de enfermedates venidas de las garras de hotros extragnos y no de las vuedtras. Ansina feaciéntes que el poco odio feo a hotros y nunca vuestras mercedes, cval lavatorio de manos de un virrey umano de algo ya vivido e ignorato feaciéntes hotros diias.

"Diccho mal venido de hotros culposos e paganos, fean los dicchos cuidatores de las massas lanares, dicho feaciéntes ancina d los pastores umanos. Fea sugerito ansina, el mal enfermisso cval dicho e mentado: Maleus Pastorum. Para qve en vuedtros agnos de dicha eras fean citado ansina..."

Interrumpiendo derrepente la fiel lectura del viejo manuscrito, alsó la vista para observar a cada única de los oyentes y ver su precisa reacción. Detectando de inmediato a dos cretinos que tomando la arcaica lectura como un mero cuento de hadas, sin fundamento y carente la seriedad que mencionan.

Uno, era el águila, quien, distraído, contemplaba su condecorado pecho, Aclarando señal de superioridad antes el propio Tigre. El otro, era el topo, quien durante la ceremonia lectura, contempló más de una vez, Su reloj de bolsillo sin atinar qué hora era al llevar a cabo dicha acción; que es considerada como una clara señal de poco interés sobre el asintió. Ambos, sentados en lugares contiguos. Esto parece un claro golpe de suerte.

Por lo qué, dirigiéndose al búho, agregó:

-Pido al señor magistrado y a ustedes caballeros, un receso para así despejar la mente, y el cansancio que lleva a estar en pleno. Mientras hacía un ademán con su garra gruesa hacia el león -quien advirtió Tal ofensa de este par-, en inequívoco signo de espera.

El búho, alsó la mirada hacia la negra figura altiva, la cual asintió con el pico, a favor de esta petición bien merecida:

- ¡Se concede una hora de receso intermedio, para reiniciar a las 15 horas! -A esta voz, Todos de incorporaron perezosamente de sus lugares asignados, pocos fueron los que permanecieron en el recinto.

 

*  *  *

 

A los alrededores de aquel claro, las fieras abildeaban en pequeños grupos, cabildeando entre congéneres afines a su puesto.

Todos, excepto el topo que vagabundeaba lejos de todos ellos. Cuando, a espalda suya, surgió una gigantesca sombra que lo envolvió por completo, sintiéndose amenazado por tal oscuridad.

- ¡Doctor Bengasi -dijo con voz gangosa y apagada, al girar su escaso cuello para ver quién o qué se cernía a su encorvado lomo-, ¿en qué le puedo servir doctor?

El tigre, quedó en silencio por un instante; en lo cual, solo se limitó a limpiar sus bellos impertinentes de platino.

- ¡Veo que...! - dijo al fin de aquel silencio sepulcral. - Veo que lleva un hermoso reloj con su leonina engarzada con un ágata montada al final de ésta. ¿Herencia familiar, supongo?

- ¿Mi.…? ¡Oh si, Dr. Bengasi! Era de mi abuelo y...

-Y veo que no dejaba de admirarlo a toda hora. ¿No es así, ministro del interior?

-Pues... si, así es. - En este punto, el topo empezó a intuir algo turbio en su inquisidor.

- ¿Ah, sí...? -Continuó el tigre inclinándose para ver más de cerca la cada regordeta y lentejuela de su víctima en potencia.

Al acto, el Dr. Bengasi, alsó la garganta derecha, y con un tronar de dedos, una gris figura pasó veloz. El pequeño animal desapareció del imponente tigre, la grisácea visión atrapó y engulló a la indefensa criatura; de la cual, sólo quedó en su lugar, un reloj de bolsillo aun adherido a media leonina, con una piedra oscura montada cual empuñadura.

Reloj, que fue recogido con dos dedos de su garra, olfateándola con delicadeza, y alejándola en marcada mueca de asco, para después terminar arrojando a un río inmediato, como lo hubiera hecho con un desperdicio roñoso.

 

El lobo, hacía gala de su riguroso adiestramiento, para con su amo.

 

En silencio, alisó su tersa piel rayada de su testa, dio media vuelta sobre sus patas traseras y, con majestuosidad, se alejó de ahí; al tiempo, no lejos de ahí, el lobo se metía su blanca pata por entre las fauces para quitar algo atorado entre sus colmillos. Con un rápido movimiento de la zarpa, el lobo arrojó dicho objeto ofensor, el cual golpeó el tronco de un árbol vecino, pata caer al pie de este.

 Objeto, que no era otra cosa que uñoso minúsculos dentecillos con cristales empapados de escarlata.

En lo alto, la negra sombra alada observaba aquella sangrienta escena, como era su deseo.

 

*  *  *

 

Las quince en punto; Todos los asistentes al lugar ocuparon su lugar. Todos, menos uno, de quien nadie advirtió su ausencia. Todos. Menos su vecino. El águila, no dejaba de mirar el curul vacío de al lado. Algo intuyó en su rápida mente. Un instinto natural de aviador nato, le: advertía "volar a baja altitud"; y dejar su altivez para sus subordinados.

-Reabro la sesión- dijo el búho al ver a la mayoría en su puesto, sabiendo que uno faltaba-, Siendo las quince y ocho.

Un sentimiento de preocupación recorrió los ojos del búho, el cual, agregó a su presentación:

-Antes de proseguir, es mi deber informarles la ausencia del ministro del interior, hubo de retirarse por su apretada agenda de labor - (al mencionar esto, todos miraron mecánicamente hacia el lugar vacío). -Por lo que, en su lugar, tendremos la presencia de su segundo al mando: el Licenciado Zardoz.

Al decir esto, el lugar vacío fue ocupado por un presuntuoso zorro, quien haciendo una socarrona caravana se sentó al lado del águila, que lo contempló nervioso.

El zorro rápidamente le regresó la mirada, para guiñarle un ojo a su emplumado vecino, antes de volver la vista hacia el tigre. Toda su atención sobre el asunto en ciernes.

 

-Después de lo antes dicho- continuó el búho-, puede proseguir nuestro orador principal. ¿Doctor Bengasi?

-Al retomar de este texto su idea clave, es decir, la propagación de una frívola enfermedad venida de otros, será fácil, convencerles de la existencia de tan grave mal. ¿Cómo haremos esto? Se procederá a la sistemática repetición de noticias y rumores falsos en todas partes, por todos los medios conocidos.

"Noticias sobre infectados y propagación rápida y cronológicamente, de pastizal en pastizal, de continente en continente; de individuo en individuo. Jamás dar vuelta atrás. Comprar barato a los especialistas en sanidad para que falseen certificados y resultados médicos de pacientes, desahuciados y fallecidos por muertes terminales. Cremando los cuerpos de occisos para evitar un segundo reconocimiento forense a futuro.

"Valerse de agitadores a sueldo para detectar y acallar cualquier intento de sedición por parte de ovejas qué crean pensar de más. Tacharlos de fanfarrones y apócrifos.

"Será fácil el convencerles de aislarse del resto del mundo, del resto de los miembros su manada, con ayuda de testimonios falsos de pequeños encumbrados de su manada; servirnos de ésas Cabras Judas, para hacerles creer que todo esto es real. Que nada es más que una simple mentira blanca. Mentiritas blancas repetidas una y millones de veces más. Para que, al hacerlo, dicho sofisma sea verdad en la mente de aquellos débiles y timoratos. Porque la sugestión en masa es más poderosa que la creación de una verdadera propagación infecciosa.

"Ya a su tiempo, se dará un nombre y un origen a este plan. Además. servilmente, ellos se someterán a la esquila miento y, tal vez, a la inoculación de algún supuesto antídoto. Más éste, será algo que queramos probar desde hace mucho año natural, o el implantar un chip de localización y manipulación remota. Todo esto, ignorantes de su verdadero propósito, del verdadero cause.

"Para concluir: el estado de terror que debemos de imponer en todas partes, dejando los signos e indicadores de peligro biológico siempre en alto. Para que, en corto o mediano plazo, el vulgo se someta obedientemente, mansamente a las nuevas condiciones de vida, la calidad de vida bajará entre las masas lanudas. Para lo cual, se necesitará de una inversión, que en dicho plazo redituará en un ingreso per capital para todos nosotros de más del 100% en este lapso. -Al pronunciar esto, más de único abrió desmesuradamente los ojos, al saber que se dispararían sus ya disparadas riquezas heredadas.

"Y que terminará dicha emergencia al inocular este supuesto antídoto en más de las 3/4 partes de la población ovina, o el 99% de sometimiento real. Que en ambas condiciones será con un desarrollo paralelo de éstas.

"Menciono a todos, que este material (sito el arcano folio que está en su tacto), no puede ser destruido, si éste fuese un documento gubernamental de alto nivel, por lo que les recuerdo que este pergamino es de origen de un consanguíneo mío. Por lo que pido, sea destruido al acto".

Y diciendo esto, el tigre, arrugó el antiguo pergamino, tras arrójelo con desdén al pebetero encendido; sumisa, aquella lisonja amarillenta, empezó a ennegrecerse más y más, hasta convertirse en negros terrones secos. Después de esto, el Doctor, agregó hacia la su audiencia:

- ¡Pido a todos, imitar mi acción con su arcaica copia!

Todos lo hacen López pedido. O eso se creé, ya que mariscal del aire, sólo arroja otro papel, ocultando el viejo manuscrito a las llamas hambrientas. Ni siquiera, el cuervo, da con el engaño del águila orquestó. Todo, como un reflejo instintivo de supervivencia. Por si aún se podía ocupar su orgullo militar: "¡Esto es mejor para amagarlos a todos ellos, que con un pelotón de fusilamiento!" -se decía para sí.

El tigre, realizó una caravana solemne, y escupió con un: "¡Gracias, señores!" No dijo nada más el doctoral orador.

Concluyó el tigre, dando un ligero suspiro que muchos no observaron por estar aplaudiendo la imponente participación. ¡Todo estaba ya dicho!

 

Mientras, en lo alto de los árboles, el cuervo movía complacientemente el pico. Sabía que todo lo dicho por el tigre no era otra cosa que su propio plan, su propia idea; cada palabra dicha por aquel, eran totalmente suyas. Pero, con el culposo fin para el Doctor Bengasi, si esto salía mal.

Las águilas guardaban y ocultaba su clandestino trofeo, bajo sus condecoradas plumas.

Agradeció el búho la presencia de tan alta envestidura, de antemano pidiendo un voto de calidad a los ahí presentes; los cuales, de manera afirmativa, aporrearon el suelo frente a ellos, por medio de sus extremidades superiores.

- ¡Brillante! Doy por terminada el jornal en pleno, para continuar mañana por la mañana.

Los murmullos de los presentes no se dejaron esperar, para irse levantándose sistemática y perezosamente, abandonando el lugar.

Sin más por atender ese día. Se fueron retirando uno a uno, para dedicarse a sus ocupaciones profesionales, antes que los personales.

 

Sin dejar de observar, lo que pasaba a su alrededor, el cuervo fue el único que permaneció quieto, en su alto lugar de origen. Mando el anhelado futuro que le aguardaba. Viéndolo fijamente con sus negros y brillantes ojos inexpresivos. ¡Muertos! Yo diría.

 

O

.

. + .

 

El Maleus Pastorum, daría el inicio del fin de su crisis.

 

 

<Fin de la primera parte.>

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