Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Elblocdejosep escriba una noticia?

Pérdida

26/12/2014 13:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Todos conocemos aquella frase concerniente a la insensatez humana que produce una vez y otra y otra más la sensación de inutilidad de la experiencia porque acabas de darte tres veces con la misma piedra, pedrusco e incluso pantano cenagoso y asfixiante del que sales con la promesa de que nunca, pero nunca, volverá a atraparte. En vano.

Parece que errar forma parte de la condición humana y, si no fuera porque me ha llevado unas horas ataviarme en la forma más prudente, imageahora mismo me sacaría la cubierta para saludar a un tipo que de sus pifias hace gloriosos negocios en una constante que me resulta incomprensible y diría que fuera del alcance de mis entendederas si no fuese porque de casualidad hallé un alma casi gemela, en lengua sajona, lo que me dió las fuerzas para sacarme de dentro una espina mal clavada.

He de reconocer que aparte de protegerme por si las moscas mi actual atavío me sirve para ocultar mi faz ya que me siento avergonzado de ser tan incauto y confiado, por no llamarme directamente tonto del culo, pues avisado por mis experiencias anteriores debí hacer caso del tilín-tilín que me decía: Josep, que vas al matadero, que es época de matanza, y no te libras.

Mucho insistir en ver en riguroso v.o.s.e. (lo que equivale a un traslado a la capital) la última película de David Fincher, creído de lo que había leído en malditas críticas que ya tengo en la lista negra, para luego encontrarme, una vez más, con que el susodicho sigue sin haber encontrado sus tijeras, suponiendo que alguna vez las tuvo, que ya es mucho suponer: pero vayamos por partes, pues pese a la introducción dudo que haya ablandado voluntades y espero que las razones servirán para poner las cosas en su punto.

imageMaldiciendo una vez más al retitulador que ha transformado Gone Girl en Perdida y advirtiendo que hay algo más que similitud entre el póster promocional y el que se usó para la película de 2007 Gone Baby Gone (dirigida por Ben Affleck, de la que ya hablamos aquí) y sabiendo que Fincher está detrás del innecesario refrito de una serie televisiva deslumbrante (de la que hablamos aquí) y también de la reiterativa y desperdiciable copia de un thriller nórdico (que también tratamos aquí), llego a la conclusión que no tan sólo he tropezado varias veces sino que, además, en las últimas, ya era consciente de donde me iba a meter. La curiosidad mata al gato dicen, y al cinéfilo tonto, añado yo.

Fincher se basa en lo que parece haber sido un best-seller, o sea, un superventas, escrito por una tal Gillian Flyn que desde luego de tonta no debe tener un pelo porque es la que además se ha cuidado de escribir el guión literario basado en su novela. La escritora sin duda ha sabido seducir al director o quizás es que éste realmente ni siquiera se ha leído dos veces el guión y alguien se habrá cuidado de confeccionar el guión cinematográfico, porque los diálogos de la película dan verdadera pena, tan triviales y vulgares que no suscitan interés alguno por ningún personaje, dejados de la mano de los intérpretes que, esforzados, vienen a constituir el único aliciente de la pieza, sin merecer más galardones que la simple mención, tampoco vayamos a llamar a engaño a un nuevo incauto.

De las trampas y pifias del guión podemos hablar en otro momento con el peligro de desvelar partes de la trama que los charlatanes de turno han pretendido reconvertir en una cumbre más del thriller del siglo.

La historia discurre alrededor de todo lo que le ocurre a un hombre que, advertido por un vecino que tiene al gato doméstico fuera de casa, regresa y se encuentra al minino hambriento en el jardín y a la esposa ausente del hogar, con trazas de haber ocurrido algo violento en el salón, rota una mesa de cristal: llega la policía, su hermana, los suegros, los vecinos, el lío que se monta, y Fincher que deja pasar el rato hasta que uno, que no ve avanzar la acción, mira el reloj como suele y se percata ¡ay madre! que ya llevamos una hora y todavía no ha pasado nada inusual: sólo preparativos. Fincher, como ya me pasó con su aclamadísima Zodiac, vuelve a aburrirme y miro a mi alrededor buscando caras iluminadas por la tensión y no hallo ninguna.

A partir de la hora y pico parece que la cosa se anima un poco, pero en realidad no es sino hasta muy cerca de las dos horas cuando la trama empieza a tener giros interesantes, pero son tan tramposos, falsos, ilógicos, que uno, harto de que le tomen el pelo, ya no está por dejarse convencer por un director que necesita dos horas y media para explicar una historieta que hemos visto más interesante, mejor contada y mejor interpretadas en no pocas ocasiones antes.

Si me dicen que Fincher es el director apropiado para quienes no hayan visto nunca jamás una película en blanco y negro, les aplaudo la afirmación y no necesito mentar nombre alguno. Seguramente, quienes compraron masivamente la novela escrita por la tal Flynn no han leído nada publicado a mediados del pasado siglo en los U.S.A. pero se tragan toda la publicidad que les lanzan desde los medios de comunicación y propaganda masiva.

No hay nada sobresaliente en esta película de Fincher desde el punto de vista meramente cinematográfico. Ni representación visual que refuerce la psicología de los personajes, más allá de los primeros planos que soporta estoicamente Affleck y domina estupendamente su oponente Rosamund Pike (un acierto de casting que hay que reconocerle a Fincher, al apartar a Reese Witherspoon, que permanece como productora) ni ritmo adecuado a la trama que va contando, ya de por sí perezosa y pagada de sí misma, sin tener lo que hay que tener una vez terminado el rodaje: unas buenas tijeras para aligerar un trago indigesto que se alarga en exceso: un día presentan, si es el caso, la versión "uncut" y harán falta tres devedeses para contener todo el desvarío hueco de contenido: Fincher, de nuevo, se muestra encantado de haberse conocido, como esos invitados inesperados que dan la lata estropeando lo que a priori podría haber sido una velada entretenida, poco novedosa pero agradable.

La idea base, el esqueleto que sustenta toda la trama, no aporta novedades al género y se viene a erigir en una amalgama de tópicos que cualquier cinéfilo y más aún lector empedernido de novela negra se sabe al dedillo aunque al momento no sea capaz de señalar orígenes determinados, porque todos son elementos recurrentes: que haya un culpable, un falso culpable, una víctima, alguien con determinación criminal capaz de llegar al asesinato a sangre fría y unos policías que oscilan entre previsibles y estereotipados, no son, desde luego, motivos ni para ir al cine ni para leer una novela: lo importante, como siempre, es la forma, el modo.

Ya se ha convertido casi en una cuestión bizantina, sobada al extremo pero nunca desgastada, la convicción que es muy difícil ser original de las temáticas, porque siglos de cultura y la facilidad de acceso que ahora disponemos para conocerla nos sitúan en la tesitura de aceptar que son muy interesantes nuevas versiones de temas conocidos y que el calificativo de refrito no se debe aplicar en todos los casos, mal que hay piezas modélicas que malmeten cualquier mala copia.

En el caso que nos ocupa, Fincher, mandamás al fin y al cabo, en mi opinión debería haber sometido la arrogancia de la escritora Flynn y la hubiera debido plantar en la puerta de los guionistas, procurándose unos diálogos más apropiados y pertinentes para dibujar la psicología de los personajes que permanecen muy flojos en la pantalla sin acabar de obtener la empatía necesaria ni siquiera el desprecio, lo cual es todavía más fácil. Por no hablar de la estructura lógica de las situaciones, con huecos, agujeros o puntos de fuga que producirían carcajadas sino fuera porque el aburrimiento ya puede con todo y no hay, desde luego, punto de ironía en la presentación. Las formas, en este caso, no ayudan a sobrellevar la sensación que estás asistiendo a una función artificial y artificiosa de una historia que ya has visto en mejores condiciones.

Eso sí: no sé si hay que agradecérselo a Flynn, autora del estropicio o al director, que como siempre digo es el máximo responsable, pero he de reconocer que el final me dejó desorientado, ojiplático, tontorrón y creyente que incluso nos habían colado, sin aparentarlo, una historia contada en un largo -larguísimo- flashback, todo por una melena rubia reconocible...

En definitiva un tropezón más en mi relación de cinéfilo con David Fincher sin que en mi defensa pueda emitir alegato alguno porque ya iba avisado: procuraré enmendarme más por lo que me importa que por otra cosa, advertido como estoy que a pesar de que mis sensaciones son casi que exclusivas (hay cierto crítico estadounidense al que tampoco le gustó demasiado) ello no empece a que después de la pérdida lamentable de dos horas y media, alcance a comprender que ésta no es más que mi opinión, que dejo aquí escrita para recordatorio propio y como advertencia por si alguien, fiado de su coincidencia con mis gustos, decide buenamente ahorrarse el aburrimiento.


Sobre esta noticia

Autor:
Elblocdejosep (231 noticias)
Fuente:
elblocdejosep.blogspot.com
Visitas:
1400
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.