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Percepción de la calidad en el videojuego. Una reflexión

20/08/2010 00:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sólo en los mejores cines

Te levantas de buena mañana. Mientras desayunas, conectas la radio. Escuchas la promoción de la última película americana: ‘ Rocky versus Rambo’ (¿por qué no?), por supuesto te dice de sí misma que es lo nunca visto, lo mejor de lo mejor. Los críticos (gente sesuda y con ganas de demoler cualquier asentimiento colectivo), dicen que efectivamente el film merece la pena. Coges el autobús camino al trabajo. En el trayecto te encuentras la película decenas de veces representada en carteles por toda la ciudad: sobre los edificios, colgados de otros vehículos, en las cunetas de la carretera, en las marquesinas. Algún compañero te comenta: ‘ ¿ya has visto la de Rocky vs. Rambo? ¿no? pues tienes que verla tío’ . Mientras comes, Belén Estaban dice que mataría por esa película. Por la tarde tocas las redes sociales y todos tus contactos ya la han visto y te la recomiendan encarecidamente. En los informativos y como si de una noticia más se tratara, te enseñan prácticamente todo el tráiler, te dicen quién es su reputado director y sus premiados intérpretes. Ya cuando el sol se ha metido en la cuna del mar a roncar (grande Sabina), te llama un buen amigo. Te dice que ya ha visto la película, pero está deseando volver a verla en 3D con esas maravillosas gafas de pasta de medio kilo y se ofrece voluntario para acompañarte al cine. Dos horas y media después, al salir de la sala con dolor de cuello y el culo dormido, tu colega te hace la pregunta: ‘ Bueno, ¿qué te ha parecido?’ , a lo que debes contestar: ‘ bueno… está bien, pero no es para tanto’ . Es normal, te habían prometido el paraíso en forma de película y te han dejado en el pegajoso suelo de un cine, con la marca de las gafas en el puente de la nariz y pensando en que mañana después del curro, tienes dentista. Cierta sensación sospechosamente parecida a la decepción se adueña de tu sesera.

Lo experimentamos todos los días con los productos que consumimos y en los servicios que utilizamos. No esperamos la misma calidad de la pizza que nos comemos en un elegante italiano que de la congelada del súper, no esperamos el mismo nivel de atención al cliente en El Corte Inglés que en el hiperchino del barrio. No esperamos lo mismo y por ende, no exigimos lo mismo. Es un hecho que la percepción de la calidad del cliente en lo que respecta a un servicio o producto, depende directamente de las expectativas generadas en el usuario o consumidor con respecto a los susodichos. Dichas expectativas se encuentran influenciadas por muchas variables. En los productos y servicios conocidos podríamos estar hablando de la experiencia como una de las variables fundamentales, sin embargo en los nuevos, la información exterior que recibimos (publicidad, opiniones, recomendaciones) se vuelve realmente trascendente. También en esos productos de consumo masivo en que se han convertido los videojuegos.

Barrio de Akihabara, Tokio, Japón, Paraíso Jugón

Antes, justo tras la masiva extinción jurásica, en los tiempos de NES, era habitual acudir a las tiendas (sufrido, sufridísimo ahorro mediante) sin tener pajolera idea de qué íbamos a comprar. Si cuando llegábamos a casa encontrábamos un juego sencillamente divertido al meter el cartucho en la ranura de la consola, en fin, eso era lo más grande; si no, intentábamos darle el cambiazo a algún amigo (XD). Hoy día, sabemos que para el momento en el que un juego toca los mostradores, hemos leído decenas sino cientos de opiniones previas (muchas directamente interesadas), análisis en los que sobre todas las cosas pesa como una losa la nota final (esto es peligrosísimo a mi parecer), y montones de vídeos con los más diversos momentos del juego y que a menudo nos lo destripan sin compasión. Cuando queremos meter el disco en la consola y ponernos por fin a los mandos, es probable que absolutamente nada pueda satisfacer nuestras expectativas que a estas alturas estarán más allá de la ISS. Nuestra apreciación del juego que debería estar cercana a una objetividad siempre relativa, se ve distorsionada de modo y manera que lo sobresaliente parece un bueno raspado, lo notable aprobado justito y lo normalito, lo normalito directamente lo mandamos al pairo. Así podríamos decir que nuestra capacidad para disfrutar de los videojuegos termina mermada al no conseguir conciliar casi nunca la calidad esperada con la percibida.

Mi experiencia (que no tiene por qué ser compartida) parece habérmelo confirmado. Pienso en un juego hypeado (el término hype tenía que salir aquí sí o sí) al máximo como fue Metal Gear Solid 4 y como cuando lo jugué me dejó un regusto agridulce que sólo desapareció cuando desde la atalaya que edifica el tiempo, aprecié que se trataba de un grandísimo juego, no de ‘ el juego’ . Lo mismo me ha ocurrido con algunos otros títulos como Killzone 2 o Modern Warfare 2. En el lado opuesto y como confirmación de mi afección, sitúo un juego que nunca engrosará las listas de los mejores de la presente generación. Se trata de Viking: Battle for Asgard. Lo adquirí de segunda mano por trece ‘ leuros’ y con una vaga idea de que se trataba de algo potable. Puedo decir que tal vez sea junto a Uncharted y Uncharted 2 (uno de esos elegidos capaz de cumplir las más altas expectativas) el juego con el que más he disfrutado en Playstation 3. Desde luego no es porque el juego de Creative Assembly esté a la altura (ni cerca) de la saga de Naughty Dog, creo que es porque como jugador, sin esperar nada, me dio muchísima diversión. De alguna manera pude volver a los tiempos de NES, adquirir un juego para mí semidesconocido y disfrutarlo plenamente desde el primer momento, sin valoraciones previas que enturbiaran mi juicio y capacidad para valorarlo por sí mismo.

Una de mis afortunadas "compras ciegas" en NES

Vayamos pues, que ya es hora, a las conclusiones del presente artículo si es que las hay. Por un lado, valorando la estrategia comercial de la mayoría de desarrolladoras y distribuidoras del sector y dando por sentado que estas empresas conocen perfectamente la problemática presentada en párrafos anteriores, podemos concluir (seguro que no os habíais dado cuenta) que compañías y distribuidores buscan vender antes que convencer. En cuanto al usuario de videojuegos en sí mismo (aquí también entran, tal vez especialmente, los blogueros) yo recomendaría que si quieren disfrutar plenamente de los juegos y además valorarlos con cierta objetividad, procuren someterse a una selectiva desintoxicación informativa previa al empleo de los mismos. Esto no quiere decir salir a comprar juegos a ciegas al estilo NES, sin tener pajolera idea de lo que vamos a adquirir, pero sí intentar alejarse de las falsas expectativas, del ‘ lo mejor que has jugadado’ del "este juego revolucionará el género" o "los mejores efectos gráficos de la generación", de las declaraciones incendiarias de aprendices de Molineux o de vídeos de ocho minutos que destripan capítulos enteros. Disminuir las expectativas creadas y conseguir mejorar así la percepción recibida. Creo que se trata de una medida acertada para poder disfrutar y valorar los juegos por sí mismos, para logar ser en definitiva, un puntito menos "criticones" y varios puntos más jugones.

Por cierto, tenéis que ver la de Rocky vs. Rambo, es la leche...


Sobre esta noticia

Autor:
Soy Un Jugón (247 noticias)
Fuente:
soyunjugon.wordpress.com
Visitas:
3194
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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