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Pequeños Ensayos

10/09/2010 09:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un pequeño escritor de pueblo, ensoberbecido hasta la gordura por algunas publicaciones vernáculas que ha logrado después de mucho trajinar, envuelto en la ola que va a favor de la corriente, promociona sus sentimientos embozados en términos de ideas, en un diario provinciano de mucha salida

  • Un pequeño escritor de pueblo, ensoberbecido hasta la gordura por algunas publicaciones vernáculas que ha logrado después de mucho trajinar, envuelto en la ola que va a favor de la corriente, promociona sus sentimientos embozados en términos de ideas, en un diario provinciano de mucha salida. Leyéndolo, pienso: cuántas veces nuestro sistema límbico no nos permite razonar en bien de la verdad y cuántas veces, la demagogia y el populismo obnubilan mentes que pudieron realmente aportar sabiduría a su humanidad.El bicentenario era el tema anunciado en el título de su artículo. Pero en la pulpa comenzaba a brotar el odio, un odio quién sabe amasado por cuanta frustración acumulada, resentimientos escondidos y ambiciones inconfesas. El hecho es que los que salíamos pagando éramos, (de rigor), los descendientes de inmigrantes, esos que llegaron “hambrientos, harapientos” y no recuerdo cuántas cosas más y que se enriquecieron con lo ajeno…Y así continúa pintando a los abuelos de usurpadores, seres despiadados, ladrones, etc., etc., en desmedro de los pobladores que él llama originarios, quienes eran seres puros, y en quienes residían todos los derechos, (nada dice de deberes)Frente a este tipo de manifestaciones suelen acontecer dos actitudes: la de los porteños o los religiosos españoles que acosados por la culpa, otorgan toda la razón y se lo pasan realizando colectas y donaciones, o la de los gobiernos como el que nos tocó en suerte, que, con el fin de garantizar la gobernabilidad y perpetuarse hacen lo propio y fomentan, además, versiones históricas distorsionadas.Yo, que me he pasado la vida, por elección, trabajando sin mayor recompensa que un salario indigno y mucha discriminación hacia mi color de piel (blanca) en lugares donde resignadamente y en silencio traté de edificar sin demagogias ni resentimientos ni odios, lugares mayormente del noroeste argentino, creo que me gané el derecho a alguna pequeña reflexión. Y quiero hacerla.Quiero, en principio, hacer homenaje y reparación a mis abuelos, (los de todos los descendientes de inmigrantes) que dejando las márgenes del Mediterráneo, llegaron buscando la paz y derramaron con tanto amor, sus esfuerzos y sacrificios, con gratitud y con fe, sobre esta tierra que yacía abandonada. Y en el camino de la construcción, fueron aprendiendo a sentirse argentinos, nos enseñaron la historia, la geografía y los valores nacionales, nos exigieron honradez, austeridad y virtud. Pusieron a presidir el aula el retrato de San Martín y no el del gobernador que hace la vista gorda y enriquece a sus funcionarios. Y murieron en la humildad.Quiero, por otra parte, repensar las ideas de Paolo Freire, ese inmenso educador que propuso la pedagogía del oprimido en aras de una sociedad basada en la libertad y el amor, cuando nos enseñaba el gran drama de nuestros pueblos. Explicaba que, el oprimido aprendía una forma de conducta y un sistema del cual no se sale sin un esfuerzo de la conciencia. Por lo tanto, en el esquema piramidal que podría representar una sociedad de opresores y oprimidos, el que se encuentra en la base, puja por ascender escalando hacia la cumbre de la pirámide, y cuando llega, repite las mismas conductas opresoras que aprendió de aquellos que lo oprimieron. Freire propone cambiar ese esquema y transformarlo en un círculo.Efectivamente, uno ve por estos pagos, gracias al otrora magnífico Estado de Bienestar, que la gente que sufría pobreza, ha progresado infinitamente. Los que vivían en ranchos habitan confortables casas; los que trabajaban como hacheros y peones son dueños de grandes extensiones de campos fiscales; los que andaban en zorras manejan camionetas de doble cabina. ¡Qué bien! ¡Qué bien! Justicia. Justicia. Pero ahora son ellos los que oprimen, y no como consecuencia de un pensamiento de época, sino con la corrupción que está tan naturalizada, que verdaderamente no se percibe como tal.La corrupción y el materialismo envueltos en el manto de la demagogia y de la ignorancia, acunado por las voces que gritan los derechos de los pueblos originarios y que azotan con improperios a todo prócer del pasado argentino, instalada en la cátedra mayor.Ya no se ve la austeridad, ya no existen la humildad ni el sacrificio. Las cosas no se consiguen noblemente. La vanidad lo cubre todo. Es a diario. Es mediocre. Es desesperanzador.Pero con cuánta eficiencia se manejan los objetos electrónicos que inventaron esos mismos gringos repelidos y denostados! (perdóneseme esta pequeña ironía que sólo intenta sintetizar un pensamiento).Sé que todo esto pasará. He vivido lo suficiente como para saber que todo pasa. Sé que volverá el equilibrio. Pero tengamos este alerta, que aprendí de las hoy criticadas maestras normales, hasta ayer, madres de la Nación Argentina: si una enfermedad me inhabilita el brazo, soy conciente de que mi brazo está enfermo, hago rehabilitación y lo curo. Pero, si una enfermedad trastorna mi memoria, cómo podré recordar que necesito curarme? María Rosa Meléndez


Sobre esta noticia

Autor:
María Rosa Meléndez (25 noticias)
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Tipo:
Opinión
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