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Peluquero y yo

15/10/2010 18:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mi biografía a través de mis cortes de pelo

Mi cabello es pequeño, peludo, suave; tan blanco por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Estas primeras frases nos recuerdan el comienzo de un bonito libro.

Yo las debía haber colocado al final del artículo porque describen como será mi pelo cuando sea anciano, o sea al final.

Y esta es la historia de mis peluqueros y yo, y comienza en una antigua barbería de barrio, de esas que tenían en la entrada una barra con rayas azules, blancas y rojas, era el símbolo de las peluquerías antiguas, igual que la cruz verde de las farmacias, pero este símbolo ha perdurado.

Los dos peluqueros eran un madrileño serio que no hablaba nunca y un andaluz de Huelva, que siempre estaba hablando de su padre el minero, y cuando callaba el peluquero onubense se oía de fondo las peticiones del oyente de radio España o el programa de Elena Francis, aquel consultorio radiofónico en el que se mitineaba a las mujeres de la época con la moral al uso. Eran unos peluqueros un poco marujones.

Y del pelo qué, pues cada vez que tocaba ir lo temía porque mi padre le gustaba córtanoslo muy corto, una vez al mes, y la semana siguiente todo eran collejas y peleas con otros niños por llamarme pelón.

Pasaron los años, cambie de barrio, se jubilo Elena Francis, y ya se oían los 40 principales en las peluquerías y yo cambie mi look, de ir peinado a raya con flequillito a imitar el estilo John Travolta con el pelo hacia atrás.

Mi cabello es pequeño, peludo, suave; tan blanco por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos

Fue una época dura, no encontré un peluquero que entendiese mi pelo, alternaba dos peluquerías una en la que tres peluqueros cortaban el pelo como si estuviesen en el ejercito, de hecho alguno de ellos por la mañana estaba en un cuartel y otra peluquería en la que había dos peluqueras que hablaban, hablaban y hablaban entre ellas y mientras usaban las manos en la comunicación no verbal de los gestos, dejaban de cortarte el pelo y cuando volvían ya no sabían por donde iban con lo cual te ibas trasquilado de trasquilones, eran peluqueas aristotélicas tenían potencia para cortar bien el pelo, pero el acto de cortarlo no resultaba satisfactorio.

Después hubo una época de mi vida en la que por razones de trabajo viví en muchos sitios, y mi pelo lo cortaba cada vez un peluquero o peluquera diferente, con resultados desiguales pero ninguno llego a interpretar mi pelo,

Por fin, cuando ya establecí la que es mi residencia actual encontré hace unos diez años un peluquero que es escultor de cabezas, y además es un vaquero de la tijera y el peine, Billy el rápido, desenfunda peine y tijeras y en escasos 5 minutos te deja más guapo que un San Luis, este si podía ir a unas olimpiadas peludas y no aquellos peluqueros de mi infancia que tardaban más de 20 minutos en cortarme el pelo, y es que España ha mejorado mucho en todos los deportes.

Cada vez que me siento delante de mi amigo el peluquero, tengo una cita con el espejo en el que aunque no son más de cinco minutos me da tiempo a reflexionar cada mes como pasa el tiempo. Hace años, un buen día en la tela azul que protege mi ropa de la lluvia de pelos, vi empezar a caer canas, cada mes más, ahora todavía caen cabellos morenos, dentro de pocos años caerán los cabellos de las primeras frases del artículo.


Sobre esta noticia

Autor:
Manuel González García (93 noticias)
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Tipo:
Opinión
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