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Pegar o gritar a nuestros hijos es contraproducente

05/12/2009 22:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Consejos de lo que como padres deberíamos hacer, frente a un mal comportamiento de nuestros hijos

Lo que solemos hacer frente a un mal comportamiento de nuestros hijos es pegarles o gritarles, sobre todo si estamos cansados, distraídos o frustrados porque no nos ha obedecido. Gritar o pegar son respuestas naturales frente al mal comportamiento -sobre todo si éste es continuo-, pero resultan contraproducentes.

El castigo severo suele originar más problemas de los que resuelve. Por un lado, al gritar o pegar a un niño le prestamos atención equivocada y si ésta es la única que recibe, puede que el niño repita la mala conducta con el fin de hacerse notar. Así mismo, los padres no siempre saben si un cachete funciona, porque no suelen observar a la larga su efecto sobre el comportamiento del niño. El castigo suele conducir simplemente a portarse mal a escondidas: los hijos dejan de hacerlo delante de sus padres pero no por detrás. De hecho los niños son auténticos expertos en evitar ser descubiertos. Incluso hay padres que llegan a decir: "Que no te pille haciendo esto otra vez".

En la jerarquía del desarrollo moral, según la definición de Lawrence Kohlberg, el nivel inferior es "seguir las normas sólo para evitar el castigo", mientras que el nivel superior es "seguir las normas porque son correctas y buenas". Cuando pegamos repetidamente a nuestro hijo, conseguimos que se detenga en el nivel inferior del desarrollo moral, es decir, el niño sólo estará interesado en evitar el castigo, no en hacer lo que está bien o correcto.

Pegar engendra pegar, así como rabia y venganza, e interrumpe la comunicación entre padres e hijos

Al pegarle además le estamos exponiendo ante la violencia por primera vez. Los niños aprenden a reaccionar de manera violenta siguiendo el ejemplo de los adultos. Es difícil justificar la advertencia del estilo de "no pegues", cuando los propios padres pegan a los niños por pegar. Dado que los niños ven el mundo en términos concretos, un niño que observa que es permisible para un adulto pegar a un menor, asumirá que ha de serlo también para éste último pegar a un adulto o a otro niño. Pegar engendra pegar, así como rabia y venganza, e interrumpe la comunicación entre padres e hijos.

Según el libro: Disciplina sin gritos ni amenazas de Jerry Wickoff y Bárbara Unell, los padres debemos hablar interiormente, para que de ese modo no caigamos en la costumbre de decirnos cosas irracionales. Al hablar interiormente para nosotros mismos, aquello que uno se dice a sí mismo acaba por gobernar nuestra conducta. Si por ejemplo un padre se dice a sí mismo: "No soporto cuando mi hijo lloriquea", entonces no sólo será capaz de tolerar por más tiempo el lloriqueo, si no que también podrá pensar en la manera más adecuada para modificar ese comportamiento.

Hablar interiormente se convierte así en una manera para prepararse para el éxito y no para un fracaso. El mensaje que nos damos a nosotros mismos es el más importante que podamos recibir, lo que lo convierte en una herramienta muy útil en general y muy especialmente cuando se es padre de un preescolar. Si los padres son capaces de tranquilizarse en momentos de estrés hablando un rato consigo mismos, estarán más dispuestas a llevar hasta el final acciones razonables y responsables.

El castigo suele conducir simplemente a portarse mal a escondidas: los hijos dejan de hacerlo delante de sus padres pero no por detrás


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