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Partícula

19/08/2009 09:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¡Tinieblas! La vida dentro de una esfera

¡Tinieblas!

El despertar de un mundo en tinieblas sórdidas y palpables, al interior de otro de luz y brillo de ensueños, los cuales me cegaron por un instante. Era como verse ahogado por un torrente incontrolable de imágenes vívidas. Imágenes jamás soñadas por mortal alguno. Ya que la luz parecía venir de todas partes, además, por lo que pude percibí bajo mis pies y manos, a todo lo que me permitían el largo mis piernas y brazos, respectivamente; me encontraba flotando en medio de una atmósfera confinada en el interior de una esfera platinada. De la cual, no distinguía - desde donde estaba -, dimensión reales de ésta.

Sólo el brillo era opacado por mi sola presencia, la cual veía por doquier - y de cabeza -, dentro de aquella cúpula doble.

Deformemente me percibía a tal grado, que no distinguía con claridad las partes de mi cuerpo, a no ser por mi cara, la que veía estampada por donde yo mirara, siembre estaba ahí, mirándome con sus raros y vidriosos ojos, al igual que me apuntaba con su descomunal nariz que era más grande que la totalidad del conjunto facial. Toda ella era anchura. E incluso, podía ver más allá de mi espalda. Si llevaba mis manos a ella al cruzar los brazos sobre el pecho, podía verlas alargadas y diseminadas por lo que yo consideraba el ecuador interior de tal cuerpo geométrico. Manos que se tocaban por los alargados dedos medios. Toque que se perdía atrás de mí. Era como admirar una perspectiva de uno mismo tomando en cuenta un número infinito de puntos de fuga, todo esto plasmado en un incierto mural multicolor en movimiento, matizado de ilusiones ópticas.

Mi curiosidad morbosa entró en acción. No sabía si estaba completamente estático, ya que la perfección de la superficie, no me permitía tener un mero punto de referencia, ¿a no ser qué lanzara una...?

La idea cruzó por mí desorientada mente, y entonces, busqué en mis bolsillos repletos de mis cosas. Busqué y rebusqué, hasta que palpé un objeto pequeño y sólido, pero ideal para mis propósitos. Lo saqué y observé como el que admira una gema. Era una moneda, una simple y sucia moneda de baja denominación, pero suficientemente real para saciar mi mundana curiosidad. Coloqué su anverso frente a mi cara, y por increíble que parezca, la moneda se quedó flotando donde la situé. ¡Eso no respondía a mi duda! Por lo que me quedaba lanzarla lejos de mí.

Proyectando mi dedo índice hacia ella, la empujé. Ésta salió disparadadando giros sobre su eje transversal. Con forme se alejaba de mí, me percataba que su trayectoria no era en línea recta, sino curva, la cual torcía ligeramente a mi izquierda. Mientras su reflejo se agigantaba conforme se acercaba a su superficie, pero lo hacía alargándose más por su ecuador, que por los polos. A cada giro, su reflejo se alargaba y encogía para volver a alargarse con más flexibilidad que la visión anterior, con portentos de brillos a cada giro que daba.

Más larga, más enorme era su reflejo y, sobre todo, ocultaba el mío.

Un momento antes de llegar (o debo decir, de caer) sobre la pulida superficie de la esfera que nos contenía, la imagen de la numismática se agigantó y estiró a tal grado que daba la impresión de terminar por romperse por el centro mismo. ¡Así fue! Su incierta imagen terminó por partirse en dos grotesca mitades, las cuales se deslizaron hasta reconstituirse en dos monedas gemelas a ésta, situándose a los extremos perpendiculares de donde había caído el disco de níquel - cobre. Al llegar a la pared convexa de aquel mundo fosfóreo, retumbó por todo él, un cristalino: "¡CLICK...!", acompañado de sus infinitos ecos que se perdían en cada rincón inexistente; en cada una de las incontables caras del esferoide.

Como ya dije, la moneda describió una trayectoria oblicua que era de extrañarme, ya que hubiera jurado que la había empujado por su centro, cuando cayó pareció deslizarse a mi izquierda sobre la limpia superficie. Pero no era así, en realidad yo era el que giraba sobre mi eje transversal, de diestra a siniestra. No hubiera notado dicho movimiento de mi parte, con sólo haberla puesto frente a mi cara ya que seguía mi misma rotación. Al momento de empujarla con el dedo, sólo así, cambio de dirección. Y sí, siguió una trayectoria recta, pero desde mi punto de vista parecía hacerlo oblicuamente. Por lo que me puse a pensar en el gran error que cometemos al juzgar mal a una persona cuando vemos que se desvía del camino recto, sin darnos cuenta de que somos nosotros mismos que lo vemos así, por tener la mente divagando en mil y un devaneos, los cuales, nos hacen que giremos sobre nuestros pies. ¡Que ironía del destino!

Continuando con tan extravagante caso, y dejando a un lado estas banales divagaciones, la moneda se encontraba perfectamente posada en la cristalina pared, mientras la veía pasar en la dirección antes descrita, al igual que sus dos sendos reflejos, los cuales se deformaban longitudinalmente con forme giraba sobre mis talones. Dicho movimiento, me hacia sentirme extrañamente mareado, mareo que no sentía anteriormente. Era obvio: antes, al no tener ningún punto de referencia que delatara mi invisible rotación no manifestaba tal molestia. Pero ahora, al, "yo", poner tal lugar fijo en el espacio que me rodea, psicológicamente logré que mis sentidos se orientaran y fijaran en aquella medalla numismática, la cual hacía visible tal movimiento involuntario de mi parte.

La molestia paso de un simple mareo, a una sensación de vértigo, y a ésta, sucedió un incesante deseo de nauseas, quizá provocada por la desesperación en la que me encontraba, ya que no podía controlar dicho móvil en mi persona.

Para no situar otro punto de referencia sobre la superficie simétrica a costa de un bolo de vómito causado por mi irracional angustia, decidí "poner pies en polvorosa"

Para no situar otro punto de referencia sobre la superficie simétrica a costa de un bolo de vómito causado por mi irracional angustia, decidí "poner pies en polvorosa".

Eso hice. Recordando que al momento de caer la moneda sobre la superficie interior del esférico, se escuchó el tintineo causado por el choque de ambas masas. Eso significaba que, sí el sonido fue audible desde donde me encontraba, eso quería decir que en realidad si existía una verdadera atmósfera confinada que lo transmitía, la cual se componía de los mismo elementos libres de la de mi planeta de origen, y por lo que sentía, podía respirar normalmente, sin duda la presión de esta masa gaseosa era similar a la de la Tierra. Y lo más curioso era lo sorprendentemente limpio que se encontraba tal gas. Por lo que, podía "nadar" dentro del este fluido gaseoso ya que ingravidez era lo único fuera de lugar. Aventurándome a terminar con esta rotación que prometía ser eterna, batí el aire con mis manos, como lo haría un pez con sus aletas, bajo el agua. Al momento, la moneda en el fondo fue poco a poco desacelerando su marcha (que en realidad era la mía), al mismo tiempo, mi imagen sobre el esferoide, se fue agigantando sobre mi hombro derecho. Ahora era yo el que caía sobre la diáfana superficie convexa.

Mientras lo hacía, pensaba en que si me encontraba (sin percatarme antes), girando en el preciso centro del descomunal globo, éste se encontrase también flotando y rotando en...:

"¡De veras!" - decía para mí mismo, mientras seguía 'nadando' (por decirlo así) en la atmósfera ingrávida -, "¿En dónde se encontraría flotando tal masa? ¿En el espacio o cómo se le podría llamar, sí esto que yo consideraba era tal, entonces, qué era lo que estaba fuera de ese espacio en el que me encontraba confinado? ¿Sería anti-espacio, la nada o...?

"O quizá, ¿se encontraría flotando en el centro de otra esfera aun más imponente?, Tal vez si pudiera, por mis propios medios, practicar una pequeña perforación en la superficie de ésta, la cual me permita ver o arrojar otra moneda como en la víspera... ¡Pero no! Es posible que la presión exterior sea menor o inexistente; o, tal vez, mayor. Sí fuera así, en el primer caso, por más pequeño que sea el agujero, podría absorber toda la atmósfera que me mantiene vivo, y por sí fuera poco, me absorbería a mí también, moliendo mis huesos, licuando mi carne y chupando mis fluidos vitales, convirtiéndome en un vapor sanguíneo escapando al exterior. ¡Que terrible!

"En caso de ser una presión exterior mayor que la interior, el sólo echo de exponer ambas entre sí, terminaría por aplastar mi esfera, y con ella, a mí. Además, me costaría muy caro, ya que sólo tenía una moneda, la que arrojé y ahora hace en el otro extremo del extraño orbe. Tendría que usar un billete de gran denominación. ¡Que despilfarro! Y además... ¿Eh? ¡Pero...!"

Me di cuenta de que mi imagen se agigantaba rápidamente, lo que me indicaba que mi velocidad aumentaba a cada instante. Traté de frenar mi alocada carrera, aleteando mis manos en dirección contraria. ¡Era demasiado tarde! Mi hombro chocaría irremediablemente contra el costado de la esfera. ¿Y sí el material con que estaba hecha no era lo suficientemente resistente? ¡No! No quiero ni imaginarlo...

El terrible golpe sería inevitable. Un instante antes de chocar contra la pulida pared, mi imagen recuperó su forma, orientación y tamaño natural. Todo estaba en su lugar. La imagen se encontrada adelante de la superficie convexa, como si se tratara de otro cuerpo tridimensional, y así, pude apreciar mí rostros. ¡Mi propio rostro, que "reflejaba" (válgame la expresión) la mueca de terror, la cual no podía creer que la pudiera manifestar en un momento determinado!

Mi hombro golpeó sin misericordia el costado de la esfera. Todo mi peso se concentró en ese punto "equis", con la fuerza suficiente, que rompí el esferoide en mil pedazos sonoros. Los cuales se precipitaron, junto conmigo, a un mundo de tinieblas desconocidas.

En ese momento, desperté.

"Y... ¡Que raro...!" - Me cuestione desconcertado.- "¿Qué fue lo que soñé? ¡No sé! Por lo que veo, no era importante. ¡Claro!"

Gustavo A. Madero, D.F.

01 - XI - 2003.

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Proyectando mi dedo índice hacia ella, la empujé. Ésta salió disparadadando giros sobre su eje transversal


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Américo Valadez (58 noticias)
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