Parejas: cuando no hay acuerdo para hacer el amor
A pesar de que el sexo se nos impone constantemente, cada vez hay más dificultades en este sentido. Pareciera que se necesitan estímulos más intensos para producir el mismo efecto. Sin contar con que el estrés de la vida cotidiana hace lo suyo.
A menudo ocurre que uno de los dos está pasando por una etapa de deserotización y se siente presionado por el otro.
Veamos cuáles pueden ser las razones de éste fenómeno:
- Estrés
- Demasiada energía puesta en otra cosa ( trabajo, hobby, hijos, obsesiones, preocupaciones, neurosis )
- Tercera persona
- Aburrimiento
- Falta de incentivo en la pareja
Si en lugar de enfrentar el problema (capacidad de expresar lo que se siente), buscar la causa y tratar de solucionarla individualmente o con la pareja, las persona comienza con conductas evitativas, es probable que la situación derive en un conflicto mucho más grave.
Recuerdo el caso de un hombre que por estar expuesto a demasiadas presiones laborales, había perdido todo interés en el sexo. En lugar de hablar la situación con su pareja, optó por evitarla, llegando más tarde a casa, esquivando el contacto íntimo, tanto físico como emocional, de manera que ella comenzó a sospechar de su actitud, llegando equivocadamente a la conclusión de que él tenía una amante.
Los hombres suelen ocultar más su dificultad con el sexo, ya que esto parece atentar contra su imagen masculina. Las mujeres, en cambio, tienen más permiso para expresar sus dificultades sexuales.
Así ocurrió con una joven pareja, en la que ella, después del nacimiento de su hija, había cambiado ostensiblemente su conducta.
.-Así se expresaban en una sesión de pareja.-
El -Ella nunca está dispuesta a hacer el amor. Antes, quería siempre, pero dice ahora que la nena puede escuchar, que está cansada. Siempre tiene un argumento diferente. Hasta varió la manera de vestirse. Antes, era muy provocativa. Ahora se pone cosas que antes jamás hubiera usado.
Ella -Yo sé que él tiene razón, pero no sé lo que me pasa. El sexo se convirtió en una pesadilla. Llega la noche y estoy temiendo que me lo proponga. Trato de acostarme más tarde para no verme en la situación de tener que rechazarlo. Hasta me compré camisones de vieja para no estimularlo.
Investigando algo más, descubrímos que este síntoma comenzó con el nacimiento de la nena, pero que con el tiempo se fue agravando. Aparentemente la actitud demandante del marido hizo que ella viviera el sexo como una exigencia.
Ella Explicaba: "Sé que está mal y quiero conformarlo, pero lo siento como una obligación y me pongo peor. Supongo que tengo otros tiempos. Tal vez, si él me dejara un poco, aparecería mi deseo".
Cuando le pregunté cuál creía ella que era la frecuencia adecuada, me respondió, disculpándose, que una vez por semana. A lo que él acotó: "Yo no me puedo conformar con ese ritmo. Cuando éramos novios, lo hacíamos cada vez que podíamos, por lo menos tres veces por semana. Yo soy un hombre que necesito tener sexo, me hace bien".
Le mostré que lo planteaba como una necesidad física y no como un acto de deseo y amor. Y le expliqué que en cuestión de necesidades, no todos son iguales, tal como sucede con la comida, donde hay variaciones claras en cuestiones de apetito. A lo que respondió: "No hay duda de que es una necesidad, pero sí tiene que ver con el amor, porque de lo contrario, lo haría con cualquiera, y yo quiero hacerlo con ella".
Yo tenía la sensación de que la situación desencadenada se retroalimentaba a sí misma.
Ella no tenía deseo y el reclamo de su marido se convertía en una exigencia para ella, que terminaba colocando la sexualidad como parte de sus deberes.
El -Yo necesito más frecuencia, siempre fui así. A mí el sexo me calma.
Ella -Y a mí me molesta que me uses como tranquilizante.
La decisión final fue pactar un día a la semana en el que ambos tuvieran el deseo de tener una noche pasión, desenfreno y amor y de ahí en adelante ir viendo los cambios que se producía en la pareja.
Pasados tres meses los cambios fueron grandes, la frecuencia al hacer el amor era mayor y ambos habían encontrado el punto medio entre la necesidad, el deseo y el amor.
Es importante aclarar que poner un día para practicar sexo, lejos de una limitación o una obligación es una manera de estimular el deseo. Porque una fecha no significa que ese día sea el único que se pueda tener sexo, pero sí implica pensar en el acto y prepararse para él, o para ella, dando la posibilidad de que ese momento se convierta en una verdadera fiesta para los sentidos.
Sabiendo de antemano que van a tener relaciones sexuales, pueden buscar la ropa adecuada, la comida, la música y los videos que les gusten. Además, da la oportunidad de librarse de molestas interrupciones o actividades posteriores que los apuren.
PARA REFLEXIONAR
Ante esta problemática, bien vale hacerse algunas preguntas:
* ¿Estoy deserotizado con mi pareja o en general?
* ¿Miro a otras personas del sexo opuesto?
* ¿Creo que mi pareja hace o deja de hacer cosas que me estimularían sexualmente?
* ¿En qué otras circunstancias estuvo deserotizado/a?
* ¿Cuál fue el motivo en aquella oportunidad?
TRABAJOS A REALIZAR
Es interesante poner en marcha las siguientes tareas para volver a encontrarse sexualmente y con deseo:
* Establecer un día fijo a la semana para hacer el amor.Cada uno deberá ocuparse durante la semana de ciertos aspectos para enriquecer la situación erótica, aportando ideas para la comida de ese día, la bebida para brindar, la música, etc.
* Días antes o ese mismo día, hacer masajes y reconocimiento corporal no coital (para relajarse pero sin que implique una exigencia) y reconocimiento de puntos eróticos.
Si deseas consultarnos algo más personalmente no dudes en consultarnos, recuerda que la primera sesión es gratuita.
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Sobre esta noticia
Autor: Europa Coaching (105 noticias)
Fuente: europacoaching.com.ar
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Tipo: Reportaje
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