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La pandemia, despierta la maldad abrigada en nuestras almas y, ¿ Los vecinos?

21/07/2020 07:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los vecinos es mal con sus vecinos y abusan en este tiempo de pandemia, donde los efectos psicológicos se hacen sentir ante la incertidumbre

Aventis

Aunque la ciencia aún no es concluyente, hay algo que parece estar fuera de duda:el SARS- CoV- 2se originó en la vida silvestre, desde, donde el virus logró cruzar la barrera entre especies y contagiar al ser humano. El principal sospechoso en estos momentos es una especie de murciélago de herradura. El murciélago probablemente transmitió el virus a un huésped intermediario, y las primeras teorías apuntaban al pangolín, ese animal escamoso comercializado ilegalmente por su carne y escamas, que se usan por su aparente valor medicinal. Finalmente, el contacto humano con el huésped intermediario facilitó el salto final del patógeno, causando una pandemia que, en el momento de escribir estas líneas, se ha extendido a más de 140 países, contagiando a más de 3.000.000personas y causando innumerables pérdidas.

Según la teoría del caos, cuando una mariposa aletea en Nuevo México, tiene el poder de causar un huracán en China. Pero no hay prácticamente nada del azar sugerido por el efecto mariposa en las fichas de dominó que siguen cayendo desde el surgimiento de la COVID-19 (coronavirus). La explicación más plausible es, de hecho, bastante familiar: acciones cotidianas de los seres humanos que, invisiblemente conectadas, pueden llevar a consecuencias dramáticas.

El origen y secuencia de transmisión de la pandemia de coronavirus no debería de sorprendernos. La epidemia de SARS en 2003 tuvo su origen en civetas, vendidas en los mercados como mascotas y también como manjar exótico. El MERS de 2012 se originó en camellos que contagiaron a humanos en contacto con ellos. La gripe aviar, el virus Nipah, el ébola, el VIH, todas estas y muchas otras enfermedades infecciosas emergentes, (EIE) se originaron en animales que contagiaron a humanos, un fenómeno llamado zoonosis.

 en contacto con ellos.   Se estima que más del 60 % de las EIEs en el mundo son zoonóticas, y la gran mayoría de estas, (más del 70%) se origina en la vida silvestre.

Como demuestra el brote actual del coronavirus, la vida silvestre puede originar eventos zoonóticos que conllevan riesgos enormes para la salud pública, la bioseguridad e incluso la estabilidad mundial. Se podría hablar de un «efecto pangolín» como forma de describir el inevitable y desproporcionado final de un comienzo modesto y evitable: un virus, presente de manera natural en un huésped silvestre, causando una pandemia sin precedentes aprovechándose de una gran cadena de eventos amplificadores interconectados capaces de propagar el virus por todo el mundo.

El primer fenómeno de amplificación es un aumento en la exposición. Debido a la actividad humana, estamos incrementando significativamente nuestra exposición a patógenos a los que nunca habíamos estado expuestos, y por lo tanto, a los que no estamos preparados para responder. Lo estamos haciendo de dos maneras principales: trayendo la vida silvestre demasiado cerca, o nosotros acercándonos demasiado a ella. El segundo fenómeno de gran amplificación se podría atribuir a la globalización: en cuanto un patógeno consigue cruzar la barrera entre especies e infectar a suficientes individuos, los vuelos y cruceros internacionales y las cadenas de valor globales hacen el resto, transportando a esas personas infectadas a todos los rincones del planeta.

Pero, no olvidemos la acción del viento o la atmósfera que contribuye al esparcimiento de este macabro virus y que se plasma en diferentes vertientes de base microbiológica.

La biodiversidad nos proporciona un servicio clave con el que no estamos muy familiarizados: la regulación de enfermedades. Los ecosistemas biodiversos en estado natural limitan la exposición y el impacto potencial de patógenos a través de un efecto de dilución o amortiguamiento, minimizando las probabilidades de contagio a humanos.  La deforestación y el cambio del uso de la tierra, la fragmentación de hábitats, la ocupación de espacios naturales, el rápido crecimiento poblacional y la urbanización son algunos de los factores ecológicos y socioeconómicos que amplifican la exposición humana y multiplican las posibilidades de contagio.

El cambio climático  es un factor adicional de riesgo de EIEs, ya que sus efectos abren nuevas oportunidades para los patógenos, aceleran la aparición de especies invasoras y desplazan el rango natural de acción de las especies silvestres.

Las actividades antropogénicas están eliminando el efecto amortiguador que proporciona la biodiversidad y los ecosistemas, y aumentando así el riesgo de una nueva pandemia. Revertir estas tendencias es, más que nunca, de relevancia global para la salud pública.

Los gobiernos de mayor poder y la élite mundial van a explotar esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para cuidarse unos a otros?

Se estima que el trafico ilegal de especies es la cuarta actividad criminal organizada en el mundo tras los estupefacientes, productos falsificados y tráfico de personas. El comercio legal de especies, por otro lado, está regulado por la convención CITES,  aunque el enfoque es de proteger a la fauna del posible efecto lesivo de su comercialización. Tanto el tráfico ilegal como el comercio regulado actúan como grandes cintas transportadoras, trasladando animales silvestres —y sus patógenos— a lo largo y ancho, intensificando de esta forma el posible contacto con humanos en su recorrido e incrementando significativamente las posibilidades de contagio.

Este es un ciclo largo. Una pandemia que trae sus interrogantes

Cuando un mes de estos nos quitemos las máscaras y las mascarillas, todos a una, a algunos se les va a notar más que a otros la señal que la goma deja en la cara. Sin apreturas se vive mejor.

Todos, hoy se quejan de la cuarentena deslocalizada que ira en aumento, las ciudades lucen solas y la clase vecinal en trance y, todo es un protocolo por la seguridad ciudadana y evitar el ajetreo en los mercados. Algunos, salen de sus viviendas convertidos en hidras.

Mientras, todo pase, seremos unos refugiados. Muchos, salen como unas hidras. Solo, nos queda a comprar recuerdos y llenar el carro de arroz, sardinas y papel higiénico. Debemos entender esta pandemia, llego para quedarse diez años, un ciclo más.

Y la verdad es que dan ganas de bajarse, sobre todo cuando el progreso parece más bien un retroceso que nos esclaviza y no nos hace más.

Estos cambios crean un ámbito en el que se necesita una gran capacidad de adaptación, a veces con excesiva rapidez. Actualmente no es posible vivir sin ser alcanzado por alguna innovación tecnológica, tanto que a ciertas edades le dan a uno ganas de decir como Miguel Delibes que el mundo deje de girar un momento que yo me bajo. felices.

La facilidad y la frecuencia con que cualquier ciudadano se desplaza por el mundo nada tienen que ver con los fines que perseguía el Grand Tour británico. Con la misma facilidad que un joven iba desde su pueblo natal a la capital de provincia, puede viajar hoy a los países más lejanos y exóticos. Y la globalización y el comercio siempre han favorecido la expansión de las enfermedades. Letamendi decía que las enfermedades son de lo más antiguo y somos nosotros los que nos enteramos de que existen. Nada más cierto. Siempre ha habido un mal endémico que ha llegado a lugares donde era desconocido. En su tiempo fue la lepra, tras el contacto con América la sífilis, más tarde las grandes epidemias de peste, en el siglo XIX la tuberculosis y en 1918, la pandemia de gripe que unos llamaron sin fundamento la gripe española y en España fue conocida como Belmonte, por lo bien que mataba.

El coronavirus trastorno a mi vecino, siempre agarraba agua con él. Su esposa ya a las seis de la tarde, lo mandaba a encerrarse y agarrara agua al otro día, llega los lunes a las nueve y treinta hasta el marte a las doce del mediodía, pero, hay que comprar alimentos o ir al banco y, precisamente en mi caso, tomo la manguera de mi lavadora y recorro cincuenta metros a la pila y procedo a embotar cuatro tobos, porque se administrar las pipas que tengo dentro de la residencia. Sin duda, tenemos que tener paciencia, porque al otro día sigue mi vecino pegando su manguera que le obsequio su yerno, así estamos, con esta pandemia.

La ignorancia es total y, se presentarán una adversidad de calamidades.

Superadas ciertas enfermedades infecciosas por los nuevos tratamientos y la vacunación, a principio de los ochenta del pasado siglo surgió el sida, más tarde el carbunco, la gripe aviar, la enfermedad de Lyme, el ébola y ahora toca el coronavirus. Nada nuevo bajo el sol, únicamente que las expectativas depositadas en los avances científicos y tecnológicos nos hacen perder perspectiva y el exceso de información se encarga del resto

Espero, que mi vecino razone y deje el egoísmo, total, todos estamos intoxicados, pero la diferencia es que la maldad abriga en algunas almas que asisten los domingos a rezar el santo rosario. Así, hay muchos que desconocen lo que es residenciarse en urbanismos modernos.

Los que pasamos de la cincuentena hemos sido testigos de cambios tecnológicos y sociales que antes podrían tardar siglos. Que la Tierra es un espacio en el que todo el mundo tiene que ver con lo que ocurre, no solamente a su alrededor, sino en los lugares más apartados es algo tan cierto como el cambio climático. Son cifras objetivas que no dependen de una valoración personal, sino que se pueden medir y anotar. Que se tarda menos en ir desde cualquier provincia a la capital desde que existen autopistas y trenes de alta velocidad es algo obvio que no admite discusión.


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Autor:
Emiro Vera Suárez (1841 noticias)
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Reportaje
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