Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Fidelam escriba una noticia?

Otro paraíso brasileño

01/12/2009 16:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Playas de aguas cristalinas que miran el Atlántico, piscinas naturales, paseos en jangadas (embarcaciones), buggy y deportes náuticos, son algunos de los atractivos que ofrecen las costas del nordeste de Brasil

Maceió es uno de aquellos lugares que encantan de a poco.Nada es completamente sobresaliente, porque todo es armonía, belleza natural, luz y calma. No es una ciudad de grandes contrastes y sus placeres son cotidianos. Es una zona rústica, sin grandes lujos, y distinguida a la vez: susmás de 40 kilómetros de playa de aguas cristalinas la convierten en una de las perlas del nordeste de Brasil.

En la capital del estado brasileño de Alagoas (a 270 kilómetros de Recife) viven cerca de 900mil habitantes, aunque casi no se nota. La gente anda sencilla y tranquila. Sin prisa. Amanecemuy temprano –tipo 5.30 am– y el turista fácilmente pierde la noción del tiempo. No así el lugareño. Carolina, que se gana la vida en la playa de Jatiúca pintando en azulejos motivos alusivos aMaceió, sus costas y rincones, no necesita estar pendiente del reloj. Dice que almuerza y come cuando le dan ganas y que sabe con exactitud qué hora es con sólo mirar la posición del sol. “Son las 7.30 de lamañana”, cuenta, mientras agarra sus cosas y a pie descalzo se dirige hacia otro punto más concurrido para seguir vendiendo.

Son las 7.35 y en Maceió aclaró hace rato. Muchos dan un paseo, caminan, corren, y los ciclistas transitan en bicicleta por una vía habilitada para ellos. Otros prefieren tirarse en las arenas finas de alguna de las playas urbanas de esta ciudad, flanqueadas por cocoteros, dispuestos a ganar ese tono bronceado de ensueño. En un par de horas esto se llenará de reposeras y sombrillas de múltiples tonalidades. La lectura es un excelente compañero de relajo. También las paletas, el windsurf y el buceo, para despercudir la flojera. De estrés ni hablar.

Para los turistas (1 millón llegaron al aeropuerto internacional en 2008), la costanera que bordea las playasmás centrales de Maceió (Jatiúca-Ponta Verde y Pajuçara) es el eje neurálgico de esta ciudad, que tiene una capacidad hotelera de 16 mil camas. Se trata de la Avenida da Paz, que debe su nombre en homenaje al término de la II Guerra Mundial y es donde se concentran las viviendas más caras. Orillando el mar se despliegan bares y restaurantes que permiten apagar la sed con una refrescante agua de coco o matar el hambre con las tradicionales tapiocas, especie de panqueque hecho con harina de mandioca (arbusto) y relleno con queso, coco, camarones, ostras u otros ingredientes. Salado o dulce. Al gusto del consumidor. Quienes prefieren el azúcar no pueden pasar por alto las demanjar. En Tapioca da Glória, uno de los lugares más concurridos, son deliciosas y el par no supera los $2.000.

Al atardecer, conmenos calor, es entretenido recorrer este paseomarítimo. Elmercado de artesanía local al aire libre es un buen panorama. Se venden objetos demadera, cerámica y paja. También cuadros decorativos y pinturas. Hay sandalias, bolsos veraniegos, mantas ymodernos diseños de ropa y accesorios hechos en algodón, hilo y lana de colores...

Cuando cae la noche, la costanera da lomejor de sí: atractivas puestas de sol. Si hay suerte se puede escuchar música en vivo de algún grupo de moda; si no, una buena alternativa son los bares al aire libre, que ganan colorido a la luz del alumbrado público o de las velas en el caso de los más “elegantitos”, donde la gente bebe algo o juega a las cartas omira televisión bajo las estrellas en aparatos bien antiguos, mostrando el rostro más sencillo y relajado de Maceió. Más turísticos son los restaurantes contiguos, donde incluso hay cabida para las clases de baile colectivas al popular ritmo del forró o lo que haga falta. Como siempre, los atrevidos en primera línea; los menos, atrás, en un rincón que permita pasar inadvertido pero, almismo tiempo, seguir los pasos del monitor. Una experiencia que permite reírse de uno mismo y garantiza la diversión.

Excursiones: Playas del Francés y Gunga

La playa del Francés (a 23 kilómetros de Maceió) es una de las más bellas del litoral sur de esta ciudad. En la época de la colonia era un pueblo donde desembarcaban los contrabandistas franceses, pero hoy es un destino recomendable para quienes buscan aguas animadas y oleaje para practicar el surf.

Pasanmuchas cosas sin necesidad demoverse de la tumbona: vendedores se acercan a ofrecer queso asado en una cacerola, jugos preparados en lamisma fruta (una tentación dulce es la mezclada con leche condensada), milho verde (choclo), entre otros. Después de tanta gastronomía itinerante, no es necesario sentarse a una mesa a almorzar, aunque existen restaurantes que ofrecen menú o almuerzos a la carta. Pero la dinámica playera no acaba aquí. Pareos, bordados y artesanía local circulan pormontones... También hay personas que hacen tatuajes de henna que duran dos a tres semanas. Por unos $4.000 te dibujan cualquier diseño que se elija de un muestrario. Mujeres que visten coloridos y abultados trajes –incluso cuando la temperatura no baja los 25 grados Celsius– leen las líneas de lamano y prometen desentrañar tu futuro.

Otra de las excursiones al sur de la tranquila y acogedora Maceió, es la playa del Gunga (a 40 kilómetros). Una verdadera postal protagonizada por la unión entre una laguna y elmar que está cercada por una frondosa plantación de palmas de coco. Es recomendable llegar en barco a a este lugar, que asegura una jornada de sol en tranquilidad, rodeado de belleza natural y gastronomía a base de pescados, sururú (marisco de la zona) y otros frutos delmar. Las actividades posibles de realizar para los más activos son kayak, esquí acuático, snorkeling y paseos marítimos.

La ciudad de Maceió y Porto de Galinhas, en los estados de Alagoas y Pernambuco, atrapan por el relajo

En el extremo norte del litoral alagoano, casi en el límite con el estado de Pernambuco y amedio camino entreMaceió (a 125 kilómetros) y Recife (a 130 kilómetros), estáMaragogi. Imposible pasar por alto sus playas semidesiertas de arena fina y blanca, ideales para tomar sol. Sus aguas son calmas, llenas de arrecifes y cuenta con una gran piscina natural. Esta ciudad, después de la capital del estado de Alagoas, es el máximo exponente turístico de la zona.

Porto de Galinhas, seductora

Llegando al estado de Pernambuco, tierra de la colonial Olinda y de su capital, Recife, se ubica Porto de Galinhas, uno de los destinos más demandados de esta parte del país. Porto, por séptimo año consecutivo ha sido elegido como la playa más bonita de Brasil por la revista nacional Viageme Turismo. Un presente de prestigio que debe su nombre a un lamentable pasado de esclavitud: hombres que llegaban al puerto de modo clandestinometidos en jaulas junto con las gallinas para que se dedicaran a la producción de madera. ¡Ahí vienen las gallinas! ¡Están llegando a puerto!, se solía exclamar.

Hoy esta playa del municipio de Ipojuca, de brisa suave, luminosa e informal, y tapizada de jangadas (barcos de pescadores) cuyas velas juegan libres al viento, poco recuerda su historia. Salvo las esculturas o dibujos de gallinas impresas en camisetas, tazones y adornos que forman parte de la identidad de este pueblo y que son aprovechados por los vendedores. El comercio aquí se reduce a pocas tiendas distribuidas en una sola calle principal que conduce hacia la playa central, donde hay artesanía local, gastronomía ambulante y mar cristalino. Pero uno de sus mayores atractivos son las piscinas naturales, formadas por trozos de arena y arrecifes, a las que se puede acceder caminando o bien a bordo de coloridos barcos de madera (jangadas) que son empujados mar adentro por sus propios dueños hasta el punto exacto donde están estos “bolsones” de agua que atrapan los peces de vivos colores cuando la marea baja. La excursión tiene que hacerse temprano por la mañana, porque cuando el mar sube no sólo los peces se arrancan y se pierden en las profundidades del mar, sino que el oleaje empuja al bañista hacia los corales, corriendo el riesgo de lastimarse. Ver estas coloridas especies acuáticas nadando alrededor de uno y comiendo de la mano es una experiencia que vale la pena.

De este puerto de pescadores, Muro Alto es una de las playas de interés, entre otras cosas porque es un deleite para la vista: el azul delmar y las prolongadas arenas blancas conviven con un frondoso paraje dominado por palmeras. Se puede acceder en buggy, por lo que resulta un paseo atractivo por zonas donde la vegetación es abundante

De este puerto de pescadores, Muro Alto es una de las playas de interés, entre otras cosas porque es un deleite para la vista: el azul delmar y las prolongadas arenas blancas conviven con un frondoso paraje dominado por palmeras. Se puede acceder en buggy, por lo que resulta un paseo atractivo por zonas donde la vegetación es abundante.

La playa del Puntal de Maracaípe, tierra de parapentes y surfistas, es otro destino costero imperdible. Aquí se siente ritmo. Surfistas van y vienen en buggy, el mejor medio para acceder a través de caminos irregulares y dunas. Los más aventureros disfrutan de olas de 2 metros de altura o concursan en campeonatos que se celebran precisamente en este lugar. Todo se confabula para que este espacio dé un sello más dinámico a las costas del nordeste de Brasil.

Sin embargo, Olinda es uno de los imperdibles del estado de Pernambuco. Ubicada a siete kilómetros de Recife, esta ciudad tiene el don de lucir fresca y esplendorosa a pesar de susmás de 500 años de existencia. El conjunto arquitectónico que se despliega sobre colinas recuerda a la desordenada y mágica Lisboa del poeta Gabriel Sopeña, al otro lado del Atlántico.

Sus calles adoquinadas y sinuosas orillan las casas con fachadas pintadas en vivos tonos pasteles. Son, en muchos casos, casonas coloniales convertidas en talleres de artistas y restaurantes, que siguen manteniendo el encantamiento de antaño. Tierra de litigios entre colonizadores de Portugal y Holanda, cuenta la leyenda popular que Olinda debe su nombre a una exclamación del hidalgo portugués Duarte Coelho, gobernante de la Capitanía de Pernambuco, quien buscaba un lugar para fundar la ciudad: “Oh, linda colina para construir una villa”.

La religiosidad da una energía especial a esta ciudad testimonio de la época colonial y que se apropió de una expresión popular de Recife: “Todos los santos nos ayudan”. En Olinda se siente la fe. La gente gusta decir que hay un templo por cada dos cuadras. Iglesias centenarias, que difícilmente un turista puede conocer en un par de días. Pero imperdibles son la iglesia-convento de San Francisco y el Alto de La Se, desde donde se obtiene una de las mejores panorámicas de esta ciudad: techos de tejas rojizos de las casas de coloridas fachadas y las palmeras que entregan un toque exótico al lugar. Al fondo Recife, conocida como la Venecia de Brasil. Vale la pena visitarla, sobre todo en época de carnaval, en febrero


Sobre esta noticia

Autor:
Fidelam (4709 noticias)
Visitas:
11379
Tipo:
Nota de prensa
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.