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Orlando el Furioso de Ariosto(1532)Trad.Juan Cú. 36 últimos versos Canto 23. Edición 1556

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26/08/2019 01:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

“en el que el poeta describe cómo Rolando se volvió loco. Desde que el mundo existe, nadie ha sabido cómo se adquiere la locura.” Giacomo Casanova

Orlando el Furioso de Ariosto(1532)Trad. Juan Cú. 36 últimos versos Canto 23. Edición 1556. Venezia

 Juan Cú

Casanova- “Son los treinta y seis últimos versos del canto vigésimo tercero, en el que el poeta describe cómo Rolando se volvió loco. Desde que el mundo existe, nadie ha sabido cómo se adquiere la locura, si no es Ariosto, que lo estuvo a fines de su vida. Estos versos dan horror, señor Voltaire, y estoy seguro de que lo han hecho temblar.” Memorias de Casanova. T omo  II

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Orlando el Furioso de Ludovico Ariosto ( Italia 1474 — 1533) 

 

Edición póstuma 1556.In Venetia, // Appresso Vicenzo Valgrisi, nella bottega d’Erasmo. 

 

 

Trad. J.Cú. 36 en versos Alejandrinos (7 // 7 ) los últimos versos del  Canto 23  (Año de 1532)

“en el que el poeta describe cómo Rolando se volvió loco. Desde que el mundo existe, nadie ha sabido cómo se adquiere la locura.” Giacomo Casanova

132

Afligido y cansado al final cae en la hierba,

y sus ojos al cielo, están y nada mira.

No come y él no duerme, así se mantiene,

y el sol sale tres veces y a ponerse el sol vuelve.

La pena que lo ciñe no dejó de crecer,

fuera de él, sus sentidos lo habían de conducir.

Y fue hasta el cuarto día su furia despertó,

las ropas y los yelmos, sus manos arrancaron.

133 

Aquí se quedó el casco, y más allá el escudo,

sus dos brazos lanzó en el monte enterradas,

lejos está la espada y más lejos su loriga,

en la floresta están en diferente llano.

Arrancó sus vestidos y se mostró desnudo 

y vióse erecto el vientre y largo el plectro bruno;

y horrendo comenzó, sí, de su gran locura

que la gente jamás entendióse pudiera.

134

Y de su rabia ostenta, la furia continente,

que arremete ofuscado, opresos los sentidos.

De la mano su espada a él no lo gobierna;

¿Qué cosas habría hecho? Maravillas pensó:

No la amada, y oscuros los caminos va andando

pequeños los recuerdos de su vigor inmenso.

Que tuvo así la fe y se probó excelso,

que arrancóse de tajo un alto pino al paso:

135

y después del primero otros los arrancó,

los juncos, los hinojos, los eneldos, y cañas;

y de los viejos robles y los olmos también,

de la haya y del fresno y el abeto con saña,

y como el cazador que atrapa golondrinas

desaparece y monda con sus redes los campos

del saúco, del rastrojo y de fieras ortigas,

la cara de los cerros y otras plantas antiguas.

[P. 227 cambio]

136

Los pastores escuchan crujir entre los bosques,

dejando los rebaños disperso en la floresta,

algunos van aquí, y allá otros a gran paso

a ver la cosa vienen, a ver la cosa es ésto.

Mas la señal llegó, que conmigo me afrenta

podría ser la historia para mí aun molesta;

por lo que yo deseo ahora diferirla,

por su largueza corto para no fastidiarte. “

132

 

Edición póstuma 1556.In Venetia, // Appresso Vicenzo Valgrisi, nella bottega d’Erasmo. 

 

Ilustración del Canto 23. Edición póstuma 1556.In Venetia, // Appresso Vicenzo Valgrisi, nella bottega d’Erasmo. 

Cantos en  lengua original  italiano de 1532, publicada en la edición de 1556

 

Afflitto e stanco al fin cade ne l’erba,

e ficca gli occhi al cielo, e non fa motto.

Senza cibo e dormir cosí si serba,

che ’l sole esce tre volte e torna sotto.

Di crescer non cessò la pena acerba,

che fuor del senno al fin l’ebbe condotto.

Il quarto dí, da gran furor commosso,

e maglie e piastre si stracciò di dosso.

133

Qui riman l’elmo, e lá riman lo scudo,

lontan gli arnesi, e piú lontan l’usbergo:

l’arme sue tutte, in somma vi concludo,

avean pel bosco differente albergo.

E poi si squarciò i panni, e mostrò ignudo

l’ispido ventre e tutto ’l petto e ’l tergo;

e cominciò la gran follia, sí orrenda,

che de la piú non sará mai ch’intenda.

134

In tanta rabbia, in tanto furor venne,

che rimase offuscato in ogni senso.

Di tor la spada in man non gli sovenne;

che fatte avria mirabil cose, penso.

Ma né quella, né scure, né bipenne

era bisogno al suo vigore immenso.

Quivi fe’ ben de le sue prove eccelse,

ch’un alto pino al primo crollo svelse:

135

e svelse dopo il primo altri parecchi,

come fosser finocchi, ebuli o aneti;

e fe’ il simil di querce e d’olmi vecchi,

di faggi e d’orni e d’illici e d’abeti.

Quel ch’un ucellator che s’apparecchi

il campo mondo, fa, per por le reti,

dei giunchi e de le stoppie e de l’urtiche,

facea de cerri e d’altre piante antiche.

[p. 227 modifica]

136

I pastor che sentito hanno il fracasso,

lasciando il gregge sparso alla foresta,

chi di qua, chi di lá, tutti a gran passo

vi vengono a veder che cosa è questa.

Ma son giunto a quel segno il qual s’io passo

vi potria la mia istoria esser molesta;

et io la vo’ piú tosto diferire,

che v’abbia per lunghezza a fastidire.

 

APÉNDICE:

Histoire de ma vie. Memoires.

La traducción de esta obra fue efectuada por Helena Marty. Título original: Histoire de ma vie. Memoires (1725-1798) Giacomo Casanova. Tomo 2 BIBLIOTECA BÁSICA UNIVERSAL. Dirección: Georges Lafforgue.

Imagen relacionada

              Giacomo Casanova. Venecia 1725-Bohemia 1798, actual Checoslovaquia

(1760), por Anton Raphael Mengs.

Diálogo entre Voltaire y Casanova en casa del filósofo. 

Histoire de ma vie. Memoires 2 Tomos.

“Insaciable de elogios, que por tantos títulos él merecía, Voltaire me dio al día siguiente la traducción que había hecho del Ariosto que comienza por este verso:

Quindi avvien che tra principi e signori [Sucede luego que entre príncipes y señores.]

Al terminar el recitado, que le valió los aplausos de todos los asistentes, aunque algunos de ellos no comprendiesen el italiano, la señora Denis, su sobrina, me preguntó si yo creía que el trozo que su tío acababa de recitar era uno de los mejores del gran poeta.

Casanova- Divino, señora; pero no es el más hermoso.

Voltaire- ¿Lo han santificado? No lo sabía -dijo Voltaire.

A estas palabras, todo el mundo se echó a reír, excepto yo, que me quedé callado. Voltaire, picado porque yo no me reía como los otros, me preguntó el motivo.

-Piensa -me dijo-, que es por un trozo más que humano por lo que se le ha dado el calificativo de divino?

Casanova- Seguramente.

Voltaire- ¿Y cuál es ese trozo?

Casanova- Son las treinta y seis últimos versos del canto vigésimo tercero, en el que el poeta describe cómo Rolando se volvió loco. Desde que el mundo existe, nadie ha sabido cómo se adquiere la locura, si no es Ariosto, que lo estuvo a fines de su vida. Estos versos dan horror, señor Voltaire, y estoy seguro de que lo han hecho temblar.

Voltaire- Sí, los recuerdo; pintan espantoso el amor. Desearía volver a leerlos.

¿No nos complacería recitándolos? -me dijo la señora Denis, dirigiendo a su tío una mirada disimulada.

Casanova- Con mucho gusto, señora, si tiene la bondad de escucharme.

Voltaire- ¿Acaso se ha tomado el trabajo de aprenderlas de memoria? -me dijo Voltaire.

Casanova- Diga el placer, porque no me ha costado ningún trabajo. Desde la edad de dieciséis años no he dejado pasar uno sin leer a Ariosto dos o tres veces: es mi pasión y quedó grabado en mi memoria sin que yo me haya tomado el menor trabajo. Lo sÈ todo, a excepción de sus largas genealogías y sus largas tiradas históricas, que cansan la imaginación pero no conmueven. Y además de aquellos los versos de Horacio que están grabados en mi mente, a pesar de la construcción algunas veces demasiado ligera de sus epístolas, que están muy lejos de las de Boileau.

Voltaire- Boileau es algunas veces muy lisonjero, señor Casanova; acepto a Horacio, que también hace mis delicias; pero para Ariosto, cuarenta grandes cantos es demasiado.

Casanova- Son cincuenta y uno, señor Voltaire. El gran hombre quedó mudo, pero allí estaba la señora Denis.

-Veamos, veamos -dijo ella- estas treinta y seis estancias que hacen estremecer, y que han merecido a su autor el título de divino.

Casanova- Comencé a recitarlas, con tono seguro, pero no declamándolas con la monotonía adoptada por los italianos, y que los franceses nos reprochaban justificadamente. Los franceses serían los mejores declamadores, si no se lo impidiera la rima, porque son, de todos los pueblos, los que más justamente sienten lo que dicen. No tienen ni el tono apasionado y monótono de mis compatriotas, ni el tono sentimental y exagerado de los alemanes, ni la manera fatigosa de los ingleses: dan a cada período el sentido y la modulación de voz que más conviene a la naturaleza del sentimiento que quieren expresar; pero la cadencia obligada les hace perder parte de estas ventajas. Yo dije los bellos versos de Ariosto como una hermosa prosa cadenciosa que animaba con el sonido de la voz, con el movimiento de los ojos, y modulé mis entonaciones según el sentimiento que quería inspirar en los otros. Se veía, se conocía el esfuerzo que hacía para contener mis lágrimas, que de todos los ojos corrían pero cuando estuve en esta estrofa:

Poiche allargare il freno al dolor poute,

Che resta sola senz ‘altrui rispetto,

Gi¸ dagli occhi rigando per le gote.

Sparge un fiume di lacrime sul petto.

Mis lágrimas escaparon con tanta abundancia que todos mis oyentes empezaron a lagrimear. Voltaire y su sobrina se aproximaron, pero sus palabras no pudieron interrumpirme, porque Rolando, para volverse loco, tenía necesidad de demostrar que estaba en el mismo lecho donde poco antes Angélica se había encontrado en los brazos del demasiado feliz Medozo, y era preciso que yo llegase al siguiente pasaje. A mi voz quejumbrosa y lúgubre hice suceder la del terror que nace naturalmente del furor con que su fuerza le hizo cometer estragos semejantes a los que podría ocasionar una horrible tempestad o un volcán acompañados de un terremoto.

Cuando acabé, recibí las felicitaciones de toda la reunión. Voltaire exclamó:

Voltaire- Yo lo he dicho siempre; el secreto de hacer llorar es llorar uno mismo; pero son precisas lágrimas verdaderas, y para derramarlas hace falta que el alma esté profundamente conmovida.

“Le doy las gracias -añadió abrazándome- y le prometo recitar mañana las mismas estrofas, y llorar como usted.

Lo cumplió.”

Original de la propia mano de Giacomo Casanova en francésMémoires de ma vie, Tome 1. Año de  1797

 

Final del prefacio original francés 1797 con la firma de  Giacomo Casanova. Mémoires de ma vie, Tome 1

 

 

Lámina primera de la edición 1556. n Venetia, // Appresso Vicenzo Valgrisi, nella bottega d’Erasmo. 

 

Primer Capítulo de la edición de 1557 Canto primero. n Venetia, // Appresso Vicenzo Valgrisi, nella bottega d’Erasmo. 


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Cú (26 noticias)
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Nota de prensa
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