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Origen del hombre, caída y regeneración

23/04/2010 11:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Según las nuevas revelaciones sobre el pecado original, la humanidad actual es fruto de la unión de Adán con una bestia, de la que habríamos devenido en híbridos. Caín vendría a ser así "el eslabón perdido" entre aquellos ancestros y nosotros

Ciencia y religión han estado siempre relacionadas a través de los milenios que nos han precedido. Sólo en los tiempos modernos ambas se han separado principalmente a causa de la teoría de la evolución, según la cual el hombre sería producto, como las demás especies, de la simple evolución animal sin intervención de Dios. Aunque la religión prácticamente ha desaparecido de la cultura oficial y de los medios de comunicación, no por eso deja de ser de una importancia decisiva, porque no basta con negar la realidad para que ésta cambie.

Muchas cosas me faltan por deciros –dijo Nuestro Señor Jesucristo cuando se despedía de nosotros en la Última Cena-, pero no podéis con ellas ahora, cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él os guiará hasta la verdad completa y os hará saber las cosas que están por venir.” (San Juan: 16, 12-13)

Dios está cerca

Según las nuevas Revelaciones sobre el pecado original, todos los pobladores actuales del Planeta Tierra somos híbridos, hijos de Dios e hijos de bestia, animal: “viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí las que quisieron y se unieron a ellas” (Gen. 6, 1 y s.). Todo el Género Humano queda así degradado hacia la animalidad y Dios “se duele” de haberlo creado y decide destruirlo, pero Noé haya gracia ante Él, y por Noé no fuimos exterminados.

Por la Redención, Jesucristo nos hizo hijos adoptivos de Dios. "Amados, -nos dice San Juan (1ª de Jn, cap. 3)-, ahora somos hijos de Dios (adoptivos), y aún no se ha manifestado lo que seremos; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es”. Es decir, seremos plenamente hijos de Dios.

En la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo Unigénito a salvar al mundo. Jesucristo nos explicó entonces que “el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. Y más adelante dice: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu” (Jn., 3, 3-6). Y San Juan en el prólogo de su evangelio dice: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron, pero a cuantos le recibieron les da el poder de llegar a ser Hijos de Dios, los cuales, no nacen de la sangre, ni de la voluntad de varón, sino de Dios”.

Sabemos que al final “la victoria es de Nuestro Dios, y el Reino de su Mesías”

Este ser humano híbrido que somos ahora, siente en sí una división profunda, y dentro de él se establece una lucha entre su filiación divina y su filiación animal. Durante su vida terrena tendrá que vencer una de las dos tendencias, para acabar siendo una de las dos cosas: o bestia, o hijo de Dios. La misma guerra se establece a nivel social en cada organización, en cada nación y, recientemente, a nivel planetario.

Esta novedad, la globalización, es la señal de que los tiempos están maduros, de que hemos llegado a la batalla final y decisiva: o se establece en el mundo una civilización espiritual, la civilización del Amor: el Reino de Dios, o por el contrario es la Bestia quien instaura una civilización animal, materialista, de lucha de clases, lucha de géneros, odio, aborto, explotación, esclavitud, degradación moral, etc. A este enfrentamiento radical es al que hace alusión el concepto “fin de los tiempos”, que por la Revelación sabemos también que es más exactamente “el fin de los tiempos malvados”, porque, queridos hermanos, sabemos que al final “la victoria es de Nuestro Dios, y el Reino de su Mesías”, y en la Santa Misa decimos: “Tuyo es el Reino, tuyo el Poder y la Gloria por siempre, Señor.”

Ahora bien, según la Revelación dada a los profetas actuales, con los que por cierto la Iglesia oficial en general –es decir, la falsa iglesia que está dentro-, salvo excepciones –es decir, la verdadera Iglesia en minoría-, se está comportando últimamente como lo hizo la Sinagoga en el Antiguo Testamento (“Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas…”), la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo a la Tierra es inminente y la Humanidad está en un grave peligro porque el mundo va a ser renovado, el tiempo se acaba y todos aquellos que no estén preparados se perderán. El final de la batalla personal entre la bestia y la divinidad en cada ser humano que habita actualmente la Tierra va a tener que decidirse en poco tiempo y en circunstancias de gran violencia: catástrofes (muerte precipitada y violenta de miles de millones de personas) y persecución (leyes que obligan a tomar postura a favor de la bestia: educación para la ciudadanía, etc.).

El mundo, tal como lo conocemos, llega a su fin. Los híbridos caminamos hacia la extinción. Los nuevos seres humanos que habitarán la Tierra serán plenamente Hijos de Dios. El proceso está cada día más maduro. Los acontecimientos se precipitan. El poder de la bestia es por momentos mayor y más manifiesto. Es hora de aprovechar espiritualmente el poco tiempo que queda para hacer frente a esta prueba difícil, que cada vez lo es más, y para este encuentro con “el Señor que ya llega, ya llega a regir la Tierra”: Misa diaria oída con reverencia, frecuencia de Sacramentos, adoración al Santísimo arrodillándonos al comulgar, rezo del Santo Rosario en familia, amor a todos, incluso a los enemigos, etc.

Los católicos decimos en el Credo: “… Al tercer día resucitó de entre los muertos … y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin”. Eso es lo que las apariciones marianas, y las profecías actuales -silenciadas por los poderosos del mundo y por la falsa iglesia, que aún está dentro de la Iglesia verdadera-, dicen que está próximo a suceder.

El mundo, tal como lo conocemos, llega a su fin. El poder de la bestia es por momentos mayor y más manifiesto. Los híbridos caminamos hacia la extinción

¡Ven Señor Jesús!


Sobre esta noticia

Autor:
Javier Ventas (15 noticias)
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Tipo:
Opinión
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