Cámaras superindiscretas
Sí, le tengo miedo a la delincuencia. Pero más temor les tengo a las cámaras de seguridad, a los mirones o, simplemente, a los sapos.
El otro día, no sin inquietud, leí que las autoridades habían comprado 298 aparatos de televigilancia que entrarán en acción en diciembre o, a más tardar, el primer semestre del 2010. ¿Cuál es mi problema con una iniciativa pro seguridad ciudadana?
Simplemente, no soporto la idea de que un ojo espía registre cada uno de mis pasos. Soy una convencida de que el derecho a la intimidad es un bien mayor. En otras palabras, si me meten cuchillo prefiero que sea un asunto que quede entre el cogotero y yo. ¿Cuál es la ventaja de que mi desgracia se convierta, más encima, en material para intrusos? “Las cámaras sólo están permitidas en lugares públicos”, dirán. Pero resulta que también existen baños públicos.
En todo esto hay un punto que resulta de especial interés femenino. Me refiero a que las mujeres ya no sólo deben lidiar conmiradas indiscretas propias de machos de país en vías de desarrollo. Ahora, además, tienen que vérselas con la lascivia oculta detrás de la televigilancia.
Sí, le tengo miedo a la delincuencia. Pero más temor les tengo a las cámaras de seguridad, a los mirones o, simplemente, a los sapos
Me explico. El otro día entré a la central de seguridad de uno de esos edificios que son el orgullo del Chile moderno. Andaba perdida y mi intención era solicitar orientación. ¿Y con qué me encontré? Con un grupo de personajes divirtiéndose como adolescentes con unas panorámicas privilegiadas de la anatomía femenina. En las pantallas del centro de monitoreo repetían una y otra vez tomas de escotes y ajustados jeans. Es verdad que se trataba de planos generales, pero era suficiente para que el “gen reptil”, el lado más primitivo, tomara el control de esos cerebrosmasculinos. No exagero si digo que podría haber ingresado Godzilla, revólver en mano, y nadie se habría enterado.
Los expertos dicen que toda la información reunida por cámaras de seguridad debe ser manejada con estrictos estándares de reserva. Pero el problema es que detrás del lente no hay una mente fría como la de RoboCop. No. Detrás de la televigilancia hay hombres de carne y hueso que se distraen fácilmente si en la pantalla aparecen curvas. Y aunque, a mis años, debería preocuparme más de que me roben la cartera, igual estas situaciones me provocan cierta inquietud.
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Autor: Fidelam (4735 noticias)
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Tipo: Nota de prensa
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