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Publicada el 17-04-2009 03:39 0 4

OMBLIGOS DE PRIMAVERA

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Cuenta Carmen Rigalt, en su columna de ayer para El Mundo, que los columnistas varones empiezan a andar exaltados con el primaveral destape ombliguil de las "muchachas en flor". Yo, quizá porque llevo dos meses enclaustrado (y cuando salgo a la calle siempre llueve), aún no he visto un solo ombligo primaveral, pero me vale el pie de Rigalt para hablar de ellos y empezar a imaginarlos.

Aunque me considero un demócrata convencido, soy un perfecto fascista en asuntos sensuales. Los ombligos me gustan. Son sexys. No es que sea un fetichista del tema, pero creo que un ombligo expuesto a la mirada pública en plena calle es un hermoso regalo de Satanás, un trozo de pecado gratis para que uno peque con la mirada sin necesidad de pecar con lo demás.

Para que esos ombligos puedan estar ahí, en nuestras calles y vagones de metro y autobuses, se necesitan tres elementos: una mujer, un top y (esto es opcional pero recomendable) uno de esos pantalones de cintura demasiado baja para una buena chica cristiana, esos pantalones que hacen que el ombligo sea lo de menos, que lo encuadran demasiado arriba en el marco color carne, que dejan un descampado de piel entre el ombligo y el cinturón, donde uno, con la mente, puede poner de todo, desde un par de suciedades hasta una declaración de amor para toda la vida.

Lo que me convierte en un fascista no es el ombligo, ni el top, ni siquiera ese pantalón acelera-corazones. Lo que me convierte en un fascista de la sensualidad son las propietarias de todo eso, las dueñas de ombligo, top y pantalón. Pero no todas.

Me convierto en un fascista cuando ese ombligo, acompañado de la carne que lo rodea, se precipita hacia fuera entre el top y el pantalón, como un remanente del cuerpo que el cuerpo ya no quisiera. Me indigno cuando ese mapa de carne se bambolea arriba y abajo, flácido, inconsistente, y ese ombligo se convierte en una humillación para su propia dueña, para quien lo mira y para todos los ombligos del mundo.

Las mujeres guapas llevan toda la vida diciendo a las mujeres feas que la clave para ser sexy es creerte sexy, y algunas lo han entendido muy mal. Hay más cosas en la vida aparte de ombligos. Dejemos que sean los vientres planos y hermosos los que se desnuden por las calles. La primavera es hermosa, no la jodas con ese top.

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