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El ojo que te sigue a todas partes

12/11/2010 23:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Radio Son de l'espoir

Hace mucho tiempo, el maestro Liu Feng dirigía el monasterio de Huan, en la provincia de Fuji, con muchos discípulos. Vivían de donaciones y óbolos de ricos citadinos, pero el templo estaba en ruinas y los estudiantes le rogaron a su maestro que encontrara una solución.

"No podemos perder el tiempo meditando y estudiando. Tenemos que tomar medidas", dijo el maestro.

"Pero ninguno de nosotros ha trabajado nunca", señalaron los estudiantes.

(Photos.com)

"Es por eso que pensé en la solución más sencilla y sobre todo rápida", dijo el maestro Feng.

Todos los monjes formaron un círculo a su alrededor para escuchar lo que iba a decir.

"Cada uno de ustedes va a ir a la ciudad a robar todos los bienes que se puedan vender. De esta manera, llegamos a nuestras metas y reconstruiremos en poco tiempo las paredes del templo."

Los estudiantes no podían creer lo que escuchaban, pero veneraban a su maestro, así que no hicieron ningún comentario.

Feng dijo, con más severidad:

"El monasterio tiene excelente reputación. Quiero que la conserve. Así, que tengan cuidado de no ser descubiertos. Deben cometer un acto ilegal e inmoral sin que nadie los vea. Sobre todo, no se dejen atrapar."

Cuando los monjes se encontraron solos, comenzaron a discutir.

"Robar está mal", dijeron algunos.

"Si pero el maestro nos manda, es diferente", afirmaron los demás... "Robar para reconstruir los muros del templo, es actuar por una buena causa."

Así, todos coincidieron en que el maestro sabía lo que estaba haciendo y que tendría buenas razones para alentarlos a cometer un acto ilegal e inmoral.

Antes de bajar a la ciudad para robar lo que pudieran encontrar, hicieron la promesa de que ninguno se dejaría atrapar.

Todos los estudiantes regresaron de la ciudad con su botín, excepto uno. El maestro Feng se acercó a él y le preguntó:

"Tú, ¿por qué vienes con las manos vacías?"

El monje contestó:

"Maestro, no pude seguir sus instrucciones. Cada vez que estaba a punto de robar, unos ojos me siguieron. Dondequiera que iba, me veían. Me veía a mí mismo a punto de cometer un acto ilícito e inmoral."

Luego el maestro Feng abrió los brazos para abrazar al estudiante:

"Tú fuiste el único que logró pasar la prueba que les hice padecer."

Años más tarde, este pequeño monje se convirtió en un gran maestro y sustituyó a Feng en la dirección del monasterio.


Sobre esta noticia

Autor:
Lucia Aragón (981 noticias)
Fuente:
deorienteaoccidente.wordpress.com
Visitas:
1718
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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