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Oh Boy!

16/06/2011 09:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageTras el masivo éxito de "The  Nutty Professor" en medio mundo y la  desigual acogida que se dispensó a "The patsy", Jerry Lewis dirige las tres películas que  prefiero de su filmografía, que al mismo tiempo son las que más me divierten, las  que encuentro más  locas y subversivas y las que  me parecen más asombrosas a nivel de puesta en escena.

"The family jewels", "Three on a couch" y "The big mouth" no son estrictamente la cumbre de su obra - de hecho para algunos son las tres paletadas de tierra que cavan su tumba - ni ninguna de ellas en particular creo que lo sería o al menos claramente por delante del resto, pero sí que son la culminación (madurez es la palabra adecuada aunque parezca un contrasentido en su caso) de toda su  primera etapa  (que si no es "conceptual", si es curiosamente donde hay mayor tanto por ciento de films con títulos que comienzen  por "The..."; más que en  la  filmografía de cualquier otro director).

A partir de aquí, llega el  súbito y vergonzoso olvido de unos de los últimos grandes cineastas americanos, aún entre nosotros, viéndonos llenarnos la boca con tantas medianías surgidas de su país que palidecen frente a sus numerosas hazañas.

"The big mouth" en 1967, es la primera de sus películas que se convirtió en mi  preferida y se ha mantenido ahí por razones que han ido cambiando con el paso del tiempo. No aparecían nuevos fotogramas, pero cada vez parecía más actual, más inteligente, más sorprendente.

Para los que siempre hemos preferido las  películas "con los pies en la tierra" ("Man´s favorite sport?" antes, por muy poco eso sí,   que "Bringing up baby" para entendernos en términos hawksianos), que defenderíamos con los puños  "Holy matrimony" de Stahl frente a cualquier miope que no la encuentre superlativa por caminar entre varias texturas, donaríamos nuestros órganos a la ciencia porque hubiese más Lubitsch dramáticos  y hasta podemos incluir entre nuestras comedias favoritas sin dudarlo un instante a películas que algunos ni considerarían pertenecientes a  ese género, encontrar tan geniales las películas de Lewis supuso un considerable cruce  de cables.  Pero como pasa con la música de AC/DC, Ramones, Motörhead, Redd Kross o T. Rex, no hay intelectualización posible con  Jerry Lewis.

Dejarse llevar por lo que se siente es la premisa que define tantas cosas importantes que le pasan a cualquiera en su vida - sin que nadie se detenga a plantearse si debiera pensarlo dos veces - que esas sensaciones que asaltan el estómago, las mandíbulas, el cerebro y las piernas al ver cualquier película suya, no  le recomendaría a nadie que tratara de controlarlas por mucho que  el (más bien tibio para sus méritos y lejano por desgracia en el tiempo) reconocimiento que alguna vez tuvo  su cine,   apenas haya  calado en nuevas generaciones, que me parece que vuelven a acercarse a su obra con ese tipo de curiosidad prudente y ese rasero premeditadamente bajado por si al final la cosa se convierte, otra vez,   en  un guilty pleasure.

Sí, Jerry Lewis es puro rock n´roll.

imageLa tremenda "The big mouth" (no discutiré con quien la considere una de las mejores comedia de todos los tiempos)  pulveriza las expectativas de cualquiera. Si alguna vez existió el cine libre, fue esto.En términos de aceptación colectiva, Jerry Lewis y cualquier  autor expansivo, original, iconoclasta sin escuela, de espaldas  al mundo de la "creación", cotiza a la baja.

El derroche de inventiva visual, demolición de tópicos, sentido del humor y del espacio fílmico, continuidad, y cambios de tono (como sólo Godard  y Buñuel) de la película es tan apabullante  y ligero que pareciera que es... sencillo y lógico.

Lejos de  los dramas chaplinianos (que se recuerdan como comedias sólo por su presencia), las odiseas  que debía atravesar Keaton sin perder la compostura o la complicación del mundo que trataba de simplificar Tati, "The big mouth" y todas las grandes obras de Jerry Lewis, sin detenerse un segundo en explorar la angst existencial de quien se  multiplica en varias personalidades - uno de los  temas recurrentes de su cine - tocan sin tratar de sacar absurdas conclusiones  generalistas, con esa audacia propia de quien  no conoce reglas,   un asunto importante, transcendente y sobre el que nadie sabe absolutamente nada: qué sería de nuestra vida si  diéramos rienda suelta a cualquier instinto para devolver los acontecimientos que nos suceden a un cauce moral visto desde una perspectiva inocente, qué pasaría si quedasen abolidas las convenciones que cortapisan el hecho de que podamos ser exactamente y en cada momento lo que nos plazca.

Su cine (y con otros matices, ese cocktail que  combinó con Frank Tashlin) es a la comedia tradicional lo que  un Eddie Cochran  a  la música de los 40, un irresistible estallido  adolescente que a poco que se mire dos  veces esconde un talento fuera de lo común para la estructura.

Y quizá por eso fue tan efímera su  popularidad.

A  mediados de la década de los 60, siempre con el maldito progreso entre ceja y ceja (qué poca atención prestaron a RenoirJerry corrió la misma suerte que Roy Orbison, que parecía eterno en "Sings lonely and blue" y ya fue tratado como una vieja gloria en "Cry softly, lonely one" siete años después.

Será quizá que el  corazón de sus películas tiene un timing y una especial textura "suspendida" que no busca el efecto inmediato, el gag facilón que  deriva de unas características dadas  a un personaje (que nunca construye y se empecina en hacer siempre imprevisible, que no lo conozcamos), ni siquiera  la segunda oleada de risas que llega cuando enlaza una escena con otra, sino la perfección en sí  misma de cada una de las múltiples y variadas situaciones que plantea y resuelve constantemente, que podrían ser muy dramáticas,   desde la planificación cinematográfica y no  disponiendo un decorado al servicio de  la habilidad (o la patosidad), gracia o las ocurrencias de  los diálogos y acciones allí expuestos. 


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Postcefalu (183 noticias)
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postcefalu.blogspot.com
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