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El odio sin límites entre China Y japón..

31/10/2009 23:13 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

La desaforada campaña contra la actriz Zhan Ziyi surgida en su país por interpretar a una geisha se explica por hechos como los sucedidos en Nanjing. En aquel invierno de 1937 los japoneses mataron en 40 días a 300.000 chinos

China tiene también su infierno. Se llama Nanjing y fue la antigua capital antes de que los comunistas tomaran el poder en 1949.Doce años antes, en 1937, fue invadida por el Ejército imperial japonés y en 40 días con sus noches, vivió una pesadilla escalofriante que dejó 300.000 muertos, la mayoría civiles. Las seis semanas más negras de la Historia del siglo XX chino se conoció, con posterioridad, como La masacre de Nanjing, acaso uno de los más grandes holocaustos en la Historia reciente de la Humanidad.

Atrocidades como la de Nanjing sirven de artillería dialéctica a los chinos que estos días pedían expulsar del país a la hasta hace poco ídolo del cine chino. ¿El pecado de la bella Zhang Ziyi? Protagonizar la polémica adaptación al cine de la novela japonesa Memorias de una geisha..

Ver a su estrella vestida con un kimono ha enfurecido a los chinos casi tanto como visitar la exposición que hasta hace unos días podían contemplar en el Museo Nacional de Beijing: los horrores de Nanjing a través de 600 fotografías, 753 artículos documentales, y un documental de siete minutos a partir de las imágenes inéditas que el reverendo estadounidense John Magee, residente entonces en la ciudad, consiguió grabar clandestinamente en 1937. Por los pasillos del museo, los visitantes chinos apagaron por una vez sus móviles y, con un respeto inaudito, se imbuyeron en la negra noche del 13 de diciembre de 1937.

Los japoneses sólo necesitaron cuatro días para entrar en Nanjing.El poderoso Ejército imperial prometió a los chinos un trato justo si no oponían resistencia. Una vez controlada la capital, comenzó el terror. El horror tuvo nombre y apellidos: el del príncipe Asaka Yasuhiko, tío del emperador Hirohito. El lema de Asaka fue inequívoco: «Matad a todos los cautivos». Dicho y hecho. Las tropas niponas primero buscaron y ejecutaron, casa por casa, a los soldados enemigos. Y, después, golpearon a la población civil sin piedad.

Muchos hombres fueron utilizados como escudos humanos para prácticas con bayoneta. Otros muchos fueron enterrados vivos, quemados, salvajemente mutilados o castrados, atacados con ácidos, crucificados...Los cadáveres se fueron amontonando en las calles y la ciudad quedó sumida en un ingobernable caos por la orgía de sangre que protagonizaron los militares. Nanjing se convirtió en una ciudad sin ley. Dicen los testimonios de la época, unos 330 supervivientes que siguen hoy vivos, que las aguas del río Yangtzé bajaron rojas de sangre durante días. Tantos como 40 días, en los que 300.000 personas perdieron la vida.

De entre el catálogo de horrores, dos siguen recordándose con especial dolor en China. Por ejemplo, muchas víctimas chinas murieron en concursos de decapitación. Un tribunal de Tokio resolvió hace dos meses a favor de dos diarios nipones que publicaron las andanzas de los tenientes Toshiaki Mukai y Tsuyoshi Noda, que en 1937 realizaron una competición para ver quién era más rápido de los dos en decapitar a 100 chinos. Las familias de los dos tenientes, que fueron ejecutados después del fin de la guerra, habían demandado a los dos diarios alegando la falsedad de los hechos. El tribunal nipón ha confirmando la veracidad de lo sucedido.

Se llama Nanjing y fue la antigua capital antes de que los comunistas tomaran el poder en 1949

VIOLACIONES MASIVAS

La segunda es si cabe más cruel: las violaciones. Entre 20.000 y 80.000 mujeres fueron salvaje y sistemáticamente violadas, con el beneplácito de las autoridades japonesas. Violaron a mujeres de todas las edades, desde niñas a abuelas, y también a hombres.Existen multitud de testimonios que hablan de violaciones masivas, incluso a familias enteras, o de prácticas en los que los soldados obligaban a padres a violar a sus hijas, o hijos a sus madres y hermanas. Todo bajo la atenta mirada de toda la familia, que luego era ejecutada: las abrían en canal, las crucificaban o eran penetradas vaginalmente con cuchillos.

La ambigua cifra de entre 20.000 y 80.000 se explica porque muchas de esas mujeres fueron ejecutadas después de ser violadas. No había que dejar rastro. Azuma Shiro, un soldado japonés, describe en las páginas del libro The rape of Nanking de Iris Chang -que se suicidó recientemente en California- las salvajadas que perpetraron: «Habría estado bien si sólo las hubiésemos violado. Bueno, no bien. Pero siempre acabábamos matándolas. Porque los cadáveres no hablan».

HÉROE OCCIDENTAL

En la exhibición del Museo Nacional de Beijing, situado en plena plaza de Tiananmen, se podía visitar también una parte dedicada a los héroes occidentales que se quedaron en la ciudad para ayudar a los chinos mientras la gran mayoría de extranjeros huyó. Fueron una veintena que quedaron alojados en una zona de seguridad para extranjeros y que los japoneses más o menos respetaban.

Entre todos, salvaron a cientos, quizás miles de chinos. John Rabe, alemán y líder del partido nazi en Nanjing, se convirtió en el Oscar Schindler de China. Mandó cartas a Hitler para que se movilizara, mandó cartas a Tokio rogando para que se parara el horror y, gracias a su condición de miembro del partido nazi, pudo vagar por las calles y poner a salvo a mucha gente.

John Magee, el reverendo estadounidense, fue otro de los que se mantuvo en Nanjing y que logró filmar, arriesgando su vida, 105 minutos de imágenes que hoy tienen un incalculable valor histórico y que constata para la posteridad -y para la vergüenza nipona- el terror de aquellas seis semanas. Su hijo donó la cinta a China en 2002. El episodio de Nanjing sigue siendo la principal herida no cicatrizada de China en sus relaciones con Japón.

EL SAMURAI. Un soldado japonés posa orgulloso con la cabeza de un chino al que acaba de decapitar


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Pumara (17 noticias)
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Raymond (22/03/2012)

Por tales actos Japón cayó y sufrió en la segunda guerra mundial, de algún modo las naciones han de pagar el daño que le causan a los demás.
El Japón de hoy en día es solo una sombra de aquella perversa nación que hizo temblar a toda Asía.

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Usuario anónimo (13/10/2013)

Cierto. Luego sufrió el horror atómico.....es lo que se llama la rueda de la retribución....Pagar con la misma moneda.....recoger lo que se siembra. en definitiva, lo de Hiroshima y Nagasaki, no me da especial pena