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El ocultamiento de la verdad real. 1ª parte

23/09/2009 23:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Abuso de menores. Comentario a fallo penal

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mio, alma mía. Lo-li-ta...”

Vladimir Nabokov

1. El ocultamiento de la verdad real

Años atrás, cuando desempeñaba mi tarea en el ámbito penal ordinario, tuve ocasión de presenciar, en más de una oportunidad, las discusiones de algunos magistrados acerca de la penalización, o no, de sujetos acusados de corrupción o violación. Como mujer, muchas veces discutí airadamente con ellos en punto a la visión que de los hechos planteaban. Obviamente, las víctimas eran mujeres y niños, y casualmente, los que debían juzgar la conducta de los imputados, en un 99%, eran hombres. Como ejemplo, la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional de aquél momento no contaba con ninguna jueza.

Actualmente, dentro de los delitos contra la integridad sexual, es éste un punto sensible. La andanada mediática se expande como una ola, desde los Estados Unidos hasta Latinoamérica, con casos en los que se imputa, a guardadores de niños y adolescentes, ilícitos de esta naturaleza.

Esta circunstancia evoca en mi memoria, una causa en la que habiendo dictado el juez instructor la prisión preventiva por el delito de corrupción de menores agravada, por tratarse el indagado de un docente que los tenía a su custodia, la Cámara de Apelación ya citada, revocó esta decisión y dictó el sobreseimiento por entender que los dichos de los menores carecían de valor probatorio.

2. Los hechos.

Corre el año 1989, plena democracia. De un prestigioso colegio de la Capital Federal, varios padres, algunos de ellos profesionales, denuncian a uno de los docentes del jardín de infantes por abuso deshonesto.

Declaran los niños, con edades aproximadas entre los cuatro y cinco años; declaran sus padres; el docente y personal del establecimiento.

Es detenido el denunciado. Los niños son llevados por sus padres a que se les realicen pericias psicológicas. Algunos al Hospital Gutiérrez y otros al Hospital Italiano. En estas instituciones son entrevistados por personal especializado en menores víctimas de abuso sexual.

Los profesionales de ambas, sobre la base de la actividad lúdica de los niños, llegan a la conclusión, en forma separada, que se observa: en dos de los casos, sintomatología de abuso sexual, y en los otros dos, que presenciaron hechos de esa naturaleza. Confirman los profesionales que el discurso de los niños es coincidente. Que no presentan índices de fabulación. Las pericias fotográficas, dan cuenta de las secuelas de penetración en uno de los casos.

Quiso el azar, que el primer instructor en cumplimiento de una subrogancia, ¡oh! maldita casualidad, mandara a sus hijos al colegio en cuestión, habiendo sido miembro de la comisión de padres. Primer detalle a tener en cuenta, el señor magistrado no se excusó.

Los niños, cuatro a la sazón, van a distintos turnos y son de distintas salitas.

De las peritaciones, queda en claro que alguno de ellos venía sufriendo trastornos del sueño desde tiempo antes y cada vez que tenía que ir a clase, preguntaba ansiosamente si ese día tenía al docente en cuestión.

“...el juicio penal, cuando de menores víctimas se trata, reclama un cuidado especial

Que otros niños avalaban lo manifestado en cuanto al manoseo del maestro para con algunos de ellos.

Parecería que los plazos que impuso el juez que conoció en primera instancia, no fueron implementados con la premura que requería la situación, días después de lo sucedido, dio intervención al Cuerpo Médico Forense.

Uno de los niños, aún demostraba secuelas en la zona anal, obviamente no había rastros de semen, había pasado casi una semana. Lo mismo sucedió con el imputado, la revisación médica se le practicó días después.

Ante la anómala situación con el magistrado, los padres plantearon su recusación, que devino abstracta por finalizar la subrogancia.

El juez que fuera reemplazado, al retomar su función, fue quien valoró la prueba colectada y sin dudarlo dictó la prisión preventiva del imputado por encontrar semi plena prueba del delito enrostrado.

3. La sentencia de Cámara

Al llegar a la instancia de apelación, nada sutilmente, comenzaron las presiones exteriores, gente que venía a hablar con los camaristas, por algún contacto o simplemente por trabajar en el mismo lugar que ellos. No olvidar que se trataba de un prestigioso colegio, al que iban muchos de los hijos de los judiciales.

Comenzaron a presentarse cartas llenas de firmas avalando la inocencia del docente, contando lo maravilloso que era y sobre todo, su religiosidad.

Tras idas y venidas, valiéndose del ‘Tratado de la prueba’ de Gorphe, libro totalmente desactualizado ya para ese entonces en cuanto al testimonio brindado por menores de edad, los señores jueces dictaminaron revocando la prisión preventiva impuesta por el instructor.

“...porque los testimonios de los niños requieren cuidadoso examen, ya que en los últimos tiempos la psicología ha demostrado de modo evidente los defectos de sus declaraciones, los errores en que puedan incurrir, la exaltación de su fantasía, etc. Y sería asaz peligroso y aventurado acoger, acerca del crédito que debe darse a tales testimonios...”(1)

Hoy en día –y en aquél entonces también-, todos aquellos profesionales de la salud, que se dedican a la ingrata tarea de evaluar la violencia de la que son objeto muchos niños, lo primero que recomiendan es que, ante todo, se debe creer al menor. En el caso, las edades oscilaban entre los cuatro y los cinco años. Ni siquiera estaban estructurados psíquicamente para fabular las historias que narraron. Dentro de la mente infantil, el pensamiento abstracto aún no se encuentra desarrollado, falta información, por lo tanto la imaginación discurre por canales de pensamiento concreto.

Casi tres años después, otra nueva resolución sobreseyó al encartado, con larguísimos argumentos exculpatorios, más allá de decir en dos de sus párrafos:

“...el juicio penal, cuando de menores víctimas se trata, reclama un cuidado especial. Tanto más cuando se trata como en el caso de la investigación del delito de corrupción, pues este, como delito, deja únicamente un daño en la psiquis, en la normalidad sexual del incapaz damnificado, o no deja nada pero creó en su momento la posibilidad de que tal daño existiera. La anormalidad no es resultado inexorable del acto desviado, con o sin penetración sexual. Este cuidado requiere inexcusablemente que el instructor haga una valoración, atendiendo, aunque no resulta del todo jurídica la expresión, a aquello de que no resulte peor el remedio que la enfermedad. Nada ni nadie podrá hacer que lo que les pasó a los chicos que creo les pasó aunque no se bien como ocurrieron las cosas, desaparezca en su materialidad. Lo hecho, hecho, pero ante lo irremediable, únicamente el derecho penal podrá poner condigno castigo si se da el caso aplicando pena al culpable, pero buscando siempre al verdadero responsable, no ubicando a un responsable cualquiera que pueda cargar con el suceso...”(2)

Los niños, cuatro a la sazón, van a distintos turnos y son de distintas salitas

1 C.N°36912-“R., C. S/prisión preventiva” 21/11/89 S.IIda. CCCF

2 C.”R., C.”Juzg.Inst. N°16 Sec. N°149 (El subrayado me pertenece)


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