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Obiang, el dictador petrolero millonario que esclaviza a todo un pueblo sin que los poderosos del mundo puedan enterarse

22/11/2013 17:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Teodoro Obiang es un personaje real, un tirano y un genocida, digno de una serie negra de televisión. Lamentablemente, sólo Amnistía Internacional y afines lo combaten

No llegaron los jugadores de la selección española a deshojar la margarita de ir o no ir a Guinea. Tampoco barajaron tener cualquier gesto contra el régimen sanguinario de Obiang, antes o después del encuentro. Y eso de los derechos humanos no cuenta para los que han hecho del fútbol gracias a la “roja” un deporte cuentabilletes. Se incluye en eso al entrenador Del Bosque del brazo con el impresentable señor Villar. Poco queda que decir y aunque ya se ha especulado demasiado sobre el España-Guinea Ecuatorial, tal vez valga la pena recoger del periódico “El País” una acertada frase que lo resume todo así: “la roja” se pone ahora una medalla de sangre y miedo en su brillante historial”.

“La roja” fue para Franco en realidad “la azul” porque durante muchos años la selección española vistió la franela azul del color de la Falange con el emblema de la “una, grande y libre” en el pecho. Todo porque el color rojo lo consideraba Franco comunista y el futbol siempre fue al compás de sus deseos y una muleta útil para su dictadura. La medalla de sangre y miedo ya se la habrán puesto los de “la roja” de hoy, o lo debían hecho, no sólo los jugadores que  hicieron el viaje, sino también los organizadores y los políticos incluido Rajoy tan culpables como los campeones del mundo y alrededores. Lo que cabría pedirles ahora es que se cambien de uniforme y salten al campo totalmente vestidos del azul de la Falange, hoy el azul más desteñido del PP.

Y como ha habido en TV debates en que se ha dicho que hay que separar el futbol y el deporte en general de la política, está claro que Franco prohibía hablar de política bajo la amenaza de cárcel, pero el fútbol era su arma infalible para mantener el silencio de los cementerios. Y lo que oliera a derechos humanos estaba incluido en la política.

Un ejemplo de la simbiosis fútbol español-política internacional fue, la selección de España “Azul” que disputó un partido amistoso contra la selección nacional de Alemania, la Selección del Reich, el 12 de abril de 1942. Escenario: el Estadio Olímpico de Berlín (edificado por Hitler para las Olimpiadas de 1936). Era un partido benéfico a favor de la Campaña del Auxilio de Invierno de la Wehrmacht. En el equipo germano  figuraban varios jugadores austriacos como representación de la anexión hitleriana. Presidían aquel encuentro varios jerifaltes nazis encabezados por Heinrich Himmler. Hitler estaba ausente. España empató a un gol, gracias a un penalti lanzado por el canario Campos. Un resultado que bien pudo ser amañado por el manipulador y ministro de Propaganda Goebbels, que organizó el evento para halagar al sucio cabito de El Pardo.

Al pie del la escalinata del avión en el aeropuerto de Templehof los jugadores españoles fueron presentados a los jerarcas nazis por oficiales de la División Azul que combatían en Rusia codo con codo junto a los soldados del Fuhrer contra el bolchevismo.

Claro que tan grave como jugar un partido benéfico en 1942 lo es en 2005, más de 60 años después, la pleitesía de los políticos españoles hacía el Hitler de África, Teodoro Obiang, empezando por el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, al que prometió que “España no permitirá operaciones de desestabilización que puedan poner en peligro al régimen de Guinea Ecuatorial”. La garantía fue explícita y por escrito. Eso también justificaría el envío de armas a Obiang y que la oposición esté bajo tierra. También José Bono, presidente del Congreso de los Diputados, estuvo de viaje oficial en Guinea Ecuatorial declarando que estaba allí para "defender los intereses de España", lo cual "ha resultado especialmente importante para los empresarios". Y al final lo remató todo al añadir “que con Guinea Ecuatorial nos unen más cosas que las que nos separan". Por supuesto que sí -dice Diáspora.

Plácido Micó, el parlamentario opositor solitario, declaró que el viaje “servirá simplemente para dar apoyo al régimen de Obiang”. ¿Acaso es Bono la primera autoridad española que da ese apoyo desde 1778? ¿Y los viajes de Leopoldo Calvo-Sotelo, Manuel Gutiérrez Mellado, José Luís Leal, Fernando Morán, Felipe González, Marcelino Oreja, Miguel Ángel Moratinos y los reyes de España?

Editorialistas, políticos, analistas, oenegés, periodistas, profesores, el partido opositor a Obiang -con un escaño de los cien que tiene el parlamento de Guinea Ecuatorial-, los de la oposición ilegal en el exilio, y medio millar de firmas por Internet… todos en pie de guerra protestaron por el viaje de Bono de un par de días. Pero eso es como lanzar un dardo contra la luna.

En noviembre de 2006 Obiang visitó España, en el pasado la metrópoli colonial, con el objeto de persuadir a las empresas españolas para que invirtieran en Guinea Ecuatorial. Fue recibido por el gobierno y  el jefe de la oposición parlamentaria, pero lo diputados de izquierda se opusieron a su visita al Congreso de los Diputados. Su amistad con Fraga Iribarne, su mejor portavoz, tipifica el trato que recibe Obiang del PP, y de que sus lazos comerciales funcionaban.

No existe discusión posible sobre si Guinea Ecuatorial es una dictadura sangrienta o no. El pucherazo ha sido la técnica habitual de todos sus procesos electorales, que Obiang acostumbra a ganar por porcentajes siempre próximos al 90%. Durante tres décadas, el régimen cleptocrático ecuatoguineano ha tratado de modificar sustancialmente su imagen. Ha creado instituciones aparente y nominalmente democráticas, pero controladas por el partido único.

Sólo una vez, en 1995, accedió -más por la presión internacional que por el descontento interior, fuertemente reprimido- a permitir a la oposición presentarse en los comicios y no conforme con los votos obtenidos por la oposición Obiang rechazó el resultado y ordenó detener el escrutinio.  Nunca más hubo elecciones libres en Guinea, aunque Obiang sigue siendo un cliente fabuloso de Madrid y como se suele decir, "el mejor amigo de España". Y de Washington.

Por lo demás este reportaje no está escrito precisamente pensando en el futbol, deporte que no suele ser tema de Diáspora Web y no compite con las web que se nutren del balón redondo.

Guinea Ecuatorial es un país pequeño: 28.051 kilómetros cuadrados repartidos entre las islas de Pigalu, Annobey, Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico y la de Bioko, Anobón y el continente, una estrecha franja entre Camerún y Gabón. Guinea es una tierra que siempre ha sido esclava y miserable. Desde que en el siglo XIII en que las etnias Fang y Nodowe sometieron y esclavizaron a los nativos, los Pigmeos(los Bayele) y después los negreros portugueses, holandeses e ingleses encadenaron a los Fang, Guinea ha sido el escenario de una serial de dramas humanos interminables y macabros.

Luego los reyes de Portugal consolidaron su dominio de Sao Tomé y Príncipe, escala del tráfico esclavista a Brasil, pero prefirieron cederlo a los monarcas españoles a cambio de tierras españolas en Brasil lo que facilitaba el negocio de la esclavitud. Tras una  breve ocupación errática de franceses e ingleses, España emprendió la reconquista militar de sus territorios que terminó en 1869. España explotaba con mano de hierro el cacao, el café, la madera y otras materias primas sobre todo en las islas, cuya tierra es de origen volcánico muy fértil.

Los colonos españoles sobre todo de Fernando Poo apoyaron fanáticamente el alzamiento del general Franco en 1936: tenían fuertes influencias  en la colonia. El Almirante Carrero Blanco, Primer Ministro de Franco, era en la década de los 40, dueño de grandes plantaciones de cacao, aunque sus partidarios lo niegan. Y en esos años el régimen colonialista español impuso la política de "asimilación" de todas las etnias locales, concediendo mediante diploma a las familias más poderosas, grandes privilegios en  servicios públicos y en el comercio. El gobierno de Franco estableció un régimen anacrónico de reminiscencia feudal, en que los terratenientes gozaban de privilegios y derechos políticos omnímodos. Y los clanes nativos de apellidos ilustres se impusieron oficialmente.

Carrero era un superpoder en Guinea española con facultades para nombrar presidente y vicepresidente del sindicato nacional del cacao, y derecho de veto sobre los acuerdos de su comité, el consignatario único en España de todo el cacao que se producía en Guinea, el sindicato azul proponía los cupos de exportación internacional y poseía almacenes propios. Y aunque muchos tenían la creencia que Carrero Blanco no tenía negocios en Guinea, ni aún a nombre de su esposa, otros siguen  jurando que el Almirante poseía grandes intereses en las islas especialmente y en Río Muni. Era dicho popular que “trabajar el cacao” cuyo sindicato dominaba el Presidente del Gobierno, era sinónimo de “trabajar para Carrero Blanco”.

En 1969 la presión internacional era tan fuerte que España, tras mucho trapicheo, se vio obligada a reconocer la independencia de Guinea Ecuatorial

En 1955, los primeros nacionalistas guineanos hicieron llegar un memorial a la ONU, a través de Gabón, en que se instaba a la independencia. Y en 1956 se produjo la primera advertencia de la ONU a España sobre descolonización. El secretario general recordaba a España las obligaciones contraídas del capítulo XI de la Carta “Declaración relativa a los territorios no autónomos”…

España respondió con la “provincialización” impulsada por Carrero Blanco ya desde 1955. Ese Decreto convertía los territorios guineanos en provincia española. Siguieron cuatro años de inmovilismo y en 1959 Carrero completó la Ley de Provincialización, que hacía ”iguales” a españoles y guineanos. Se decretó la división en dos distritos, Fernando Poo y Río Muni, etc… pero ante la ONU, España daba largas a cualquier declaración oficial y para confundir aún más Madrid hacía una campaña mediática intensa afirmando que los territorios guineanos no eran colonias sino provincias que forman parte integrante y del “corazón” de España. Algo parecido hacía Francia con muchos territorios de Ultramar, provincias francesas que luego se los apropió. Si los hubiera descolonizado, la guerra de la independencia de Argelia no  se hubiera producido y se hubieran ahorrado cientos de miles de muertos.

Pero Franco nombró por primera vez, alcaldes de color Bata y Santa Isabel, automáticamente miembros en las Cortes de Madrid. Carrero Blanco manifestaba que España accedería a reconocer la independencia si se la pedían formal y directamente gente “legal”, interlocutores válidos, los naturales. Era una patraña. Los guineanos ante la ONU denunciaron la “provincialización” como juego sucio, un subterfugio de Carrero y su banda para retrasar o impedir la independencia inventando e imponiendo un gobierno autónomo que algunos nacionalistas en España conocen bien.

Consecuencias de la provincialización: los naturales fueron “nacionalizados”, algo así como en el Sahara occidental: se les proveyó de papeles de identidad, pasaporte español, representación en Cortes “por el tercio familiar”, algún que otro lote de tierra, alcaldías -entre ellas las mencionadas. Se procuró evitar la discriminación en espectáculos públicos -salas de cine, bailes, etc… La Imprenta Colonial de Bata pasó a llamarse Imprenta Cervantes. La palabra “colonialismo” estaba censurada.

Y en septiembre 1959 comenzó el despliegue de la Guardia Civil en Río Muni y Fernando Poo, que sustituía a la Guardia Colonial -otro paso hacia la “provincialización”. Se presentaron hasta 8.000 ofertas de voluntarios nativos para las primeras 200 plazas de la Guardia Civil: el sueldo era doble y por cada seis meses de destino continuado o “campaña” cumplida se concedían otros seis de permiso en España. Ser verde era una bicoca. La Guardia Civil se desplegó en cinco distritos de las islas y el continente guineanos….

El egoísmo humano de los Gobiernos ha llegado a límites insospechados que permiten que algo así ocurra impunemente

Y en octubre 59 se produjeron las detenciones de nacionalistas guineaos, Federico Ngomo, Alberto Ambó y otros cárcel, y exilio para Bonifacio Ondó, Atanasio Ndongo (15 años de exportación en Camerún y Argel) y Enrique Nvó. Carrero trataba evitar que ante la ONU, el único interlocutor fuera España. Hubo unos 2.000 exiliados políticos, cifra reconocida en julio 1968 por el ministro archinazi Castiella, aunque las agencias calculaban más de 5.000.

Se trataba de una represión por las denuncias de los independentistas ante la ONU. Ignacio Mañé fue detenido y ”desaparecido”, al parecer víctima de policías de la marina española cuando era trasladado en una fragata con el pabellón español desde Bata a Santa Isabel; pero al atracar en el puerto no se encontraba a bordo. El dictador Macías, en más de una ocasión, acusó de su muerte a la Guardia Civil. Los notables de Fernando Poo insistieron en la independencia separada, en la asamblea de Rebola...

 El Comité de Descolonización de la ONU “comité de los 24” reunido en Argel decidió enviar una misión a Guinea Ecuatorial, que evaluara de modo favorable la independencia unitaria. Los contactos con el gobierno autónomo fueron mínimos, por entender que se trataba de un órgano impuesto por España y sin participación democrática. Los “diputados de Río Muni” en el gobierno autónomo comunicaron a la misión que desean ‘una independencia asistida por España, con ayuda económica y militar’.

La misión del Comité de los 24 se reunió con un consejo indígena: 4 fangs de Río Muni -entre ellos Macías-, y dos delegados de Fernando Poo, de los cuales Gustavo Watson Bueco, insistía en la necesidad de conservar las relaciones con España. Naturalmente Aurelio Nicolás Itoha, consejero de Trabajo del Gobierno Autónomo, y Boricó apuntaban que “no estamos preparados” para la independencia. Macías ordenó años más tarde, la muerte de Itoha, Boricó y Watson aunque se ignoran las razones exactas.

A pesar de haber servido a Franco y su régimen colonialista, y ser el autor moral de una Constitución impuesta por España (calificado por los independentistas de ser un títere de Madrid), el primer presidente de Guinea Ecuatorial, Francisco Macías Nguema, tío de Teodoro Obiang, denunció un día que clanes españoles estaban conspirando para derrocarle. Fue la excusa para represalias sangrientas contra quienes le habían ayudado a conquistar la presidencia, todos nativos. Por lo menos, 10 ex-ministros fueron torturados y luego ejecutados.

Pero no acabó todo ahí porque también fueron incluidos en la lista negra, muchos pastores blancos de religiones protestantes y misioneros católicos, lo que alarmó al régimen de Franco. Por expresa orden de este y del Almirante Carrero Franco, todas las persecuciones y arbitrariedades del presidente Macías fueron pasadas por un tamiz, ignoradas y silenciadas en España, encargándose de ello la censura oficial con el propio Fraga Iribarne al frente. Franco y Carrero querían impedir que las arbitrariedades del presidente Macías pudieran perjudicar de alguna manera la próspero aunque despiadada explotación (una verdadera esclavitud) a que los terratenientes sometían a los trabajadores del cacao, de la madera y del café…

Sólo en 1976, Amnistía Internacional publicó un libro blanco sobre Guinea Ecuatorial, denunciando a su régimen e incluyendo una lista (parcial) de los 10.000 presos políticos en las 19 cárceles de Macías. Denunciaba además que más de un tercio de los diputados a la Asamblea Nacional Guineana habían desaparecido misteriosamente. Se le atribuían al dictador más de 20.000 ejecuciones y muchas de las víctimas fueron enterradas en fosas comunes. Se hubiera necesitado un juez Garzón guineano. La acción de Macías provocó la huida de una parte substancial de la población que se diluyó en otros países de África, con la desventada de la lengua porque el español era su idioma.

El perfil de Teodoro Obiang, uno de los favorecidos por el régimen colonial de Franco  había aprendido aprendió bien la lección que impartía Madrid

Teodoro Obiang Nguema Mbasogo (Mongomo; 5 de junio de 1942). Nacido en el seno del clan Esangui, en el pueblo de Acoacán, comenzó su carrera en la academia militar de Zaragoza, Obiang la eligió porque sabía que el General Franco, cofundador de la legión Extranjera junto al general  Millán Astray, había sido nombrado en enero de 1928, primer Director de esa Academia General Militar y Obiang lo recordaba con frecuencia cuando trataba con políticos españoles. Teodoro Obiang alcanzó el rango de teniente general durante el gobierno de su tío, Francisco Macías Nguema, ya en una Guinea Ecuatorial independiente. La brillante carrera militar de Obiang y su formación militar y la de sus amigos de promoción, le ayudaron al de un tiempo a hacerse con el poder absoluto de la excolonia española.

Obiang había desempeñado varios cargos como el de gobernador de Bioko y jefe de las fuerzas armadas de Guinea. Desde ese puesto le fue fácil dar un golpe contra Macías el 3 de agosto de 1979, juzgándolo y ejecutándolo cruelmente poco después. Ese octubre, Teodoro Obiang se convirtió oficialmente en presidente de Guinea Ecuatorial y prometió que acabaría con la política represiva de su antecesor que, según algunas estimaciones, costó la vida al 10% de la población.

 En marzo de 2004, Obiang también denunció que existía un complot para acabar con él, que incluía a los servicios de inteligencia de Estados Unidos, el Reino Unido y España. Quince personas fueron detenidas a bordo de un avión procedente de Harare, Zimbabwe, cuyas autoridades denunciaron que llevaba a un grupo de mercenarios que intentaban derribar el gobierno de Obiang. Entre ellos figuraban personajes como Mark Thatcher, hijo de la Primera Ministra británica Margaret Thatcher y a Eli Calil, millonario libanés que financiaba la aventura. Pero fue Simon Mann, enemigo de Obiang quien pagó el pato. Fue condenado a 34 años de cárcel en la lúgubre Prisión de Black Beach en Malabo. Naturalmente Mark Thatcher y Eli Calil se libraron. Corrió el rumor en Angola que todo el golpe era un montaje del propio Teodoro Obiang, para acusar al opositor Severo y salirse de él.

Guinea es hoy estadísticamente rico en petróleo, materias primas y en pobres: produce 300.000 barriles diarios de petróleo para 685.000 teóricos habitantes, que ha crecido mucho desde los 304.00 del censo de 1990 aunque el censo de 1966 arrojaba 260.000 habitantes africanos que podía considerarse como guineanos, pero no se incluía ni a los inmigrantes nigerianos, ni a los portugueses ni a los españoles. Estos últimos no tendrían derecho de voto en los futuros comicios, aunque la Constitución fue ”impuesta” por España, nominalmente por el dictador Macías. El número de españoles oscilaba entre los 6.500 y 7.000: militares, funcionarios, comerciantes, empleados, misioneros, ”finqueros” -propietarios y empleados en los cultivos de café, cacao, caña, recogida de maderas...

Pero nada de eso, de cifras, es seguro en Guinea. Mejor dicho, nada es seguro en Guinea, ni la vida. El Gobierno guineano siempre ha tenido interés en hinchar la cifra de habitantes incluyendo los miles de guineanos que huyeron al exilio cundo pudieron- el éxodo de los días de Macías- para reducir la renta per cápita y mantener la ayuda al desarrollo.

Se podría creer que la población de Guinea Ecuatorial ha sido favorecida por un maná. Pero sería una falsa idea: más del 60% de sus habitantes se mantienen en la más completa miseria y la expectativa de vida no supera los 50 años, según datos oficiales. Un 20% de los niños no supera los 5 años de vida, dato que se maneja corrientemente. No hay carreteras, ni hospitales, ni escuelas, ni vivienda, ni suministro de agua limpia, ni nada de nada. Lo poco que funciona lo financia la cooperación internacional. Cuando se inició un brote bastante extenso, no se encontró agua potable. Murieron varias personas. El petróleo se lo llevan las compañías concesionarias (sobre todo las petroleras norteamericanas ya citadas, y sólo una parte, pequeña incluso para los estándares internacionales, se queda en el país. Mejor dicho, en manos del presidente de la República, Teodoro Obiang, y de su familia.

Obiang lo debe todo gracias al oro negro —una renta diaria— y a los contratos firmados con compañías  como ExxonMobil, Chevron-Texaco, Amerada Hess y Marathon Oil, entre otras). Las primeras concesiones de explotación fueron para la Elf de Francia, la Hispanoil de España y la Gulf, norteamericana. Gracias al oro negro Teodoro Obiang Nguema es un dictador presentable, “uno de los nuestros”, a quien la Unesco ha permitido apadrinar un premio científico con dinero de sangre. El petróleo, unido a la insignificancia de Guinea Ecuatorial en el flujo informativo mundial, permite mirar hacia otro lado a gobiernos que afirman regirse por la ética y los derechos humanos, como el de Barack Obama y el de Madrid.

El Gobierno en sí es "un sistema de reparto de las áreas de saqueo”, asegura mirando a derecha e izquierda, Plácido Micó, secretario general de la Convergencia para la Democracia Social (CPDS), la única formación que ha sobrevivido a las tácticas represivas de Obiang, de comprar las organizaciones que se vislumbran como opositoras para quebrarlas y anular a sus promotores.

Obama apenas ha modificado su política con el régimen de Malabo. Es cierto que ya no se escucha a una Condoleezza Rice (la exSecretaria de Estado con el presidente George W. Bush, ligada al origen de Guantánamo), proclamar en público su amistad con Obiang pero el cambio de los Obiang oficialmente en la Casa Blanca es hacia la democracia.

Estados Unidos, que había cerrado la embajada en 1995 como protesta por las violaciones de derechos humanos, decidió volver a abrirla. La excusa fue que en 2003 ya había más de 3.000 ciudadanos norteamericanos que  trabajaban en los pozos de los campos de Guinea. Malabo  entró en esa extraña y selecta red de "destinos de petróleo y gas" que cubren discretamente algunas compañías aéreas internacionales con vuelos de clase única (primera) reservados a empleados del sector. Es el famoso Houston Express que enlaza el aeropuerto George Bush de la capital texana y Malabo en 16 horas sin escala, o los vuelos de Air France para unir París con varias ciudades productoras de oro negro, entre ellas la capital guineana.

Se dice que el nuevo embajador norteamericano en Guinea Ecuatorial parece genuinamente preocupado por los derechos humanos, pero Washington nunca corre riesgos cuando se trata de petróleo. La relación es ahora más compleja pero la diplomacia yanqui sabe que mimar a un dictador negro de África no es un pecado grave.

En Guinea Ecuatorial la bendición de Washington, no ha servido para mejorar social o políticamente nada. Sigue sin haber atisbos de democracia ni libertad ni elecciones limpias y justas. No existen los sindicatos ni asociaciones profesionales, ni siquiera un colegio médico o de arquitectos. Cualquier gesto podría interpretarse como un desafío al régimen.

Obiang ha sido recibido, y tratado como amigo por la citada Condoleezza Rice, Nicolas Sarkozy, Kofi Annan, José María Aznar, José Luís Rodríguez Zapatero y otros mandatarios y políticos. Durante su visita oficial a la Argentina, en el año 2008, hay que decir que Cristina Kirchner le hizo llegar su preocupación respecto de la situación humanitaria en su país, cosa que disgustó a Obiang.

FUENTE: DIASPORAweb ESPECIAL PARA GLOBEDIA          


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