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Obama, preso de la ilusión y la esperanza

22/01/2010 22:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, cumple un año en el cargo en horas bajas. El descontento es generalizado y tiene como causas la ilusión y esperanza generados durante su 'batalla' por llegar a la Casa Blanca

Tal día como hoy, un año atrás, un hombre negro juraba su cargo como presidente de los Estados Unidos en Washington. Barack Husein Obama se erigía en el líder del país más poderoso del mundo e iniciaba una etapa histórica. Durante los meses anteriores, aprovechó el descontento generalizado de los norteamericanos para inyectar las dosis extra de ilusión que necesitaban. No obstante, esa esperanza, bajo el lema ‘Yes, we can’ (si, nosotros podemos), traspasó fronteras y llegó a millones de personas que lo acogieron casi como el Mesías que llegaba para salvar el mundo (“podemos sanar esta nación, reparar este mundo…”). Su discurso se basaba en un optimismo contagioso, en una explosión de autoestima (“nada puede resistirse al poder de millones de voces, gritando el cambio”) y, a la vez, en una visión realista (“nos advierten que estamos ofreciendo falsas esperanzas al pueblo, pero en la sorprendente historia de EE UU nunca ha habido nada falso sobre la esperanza”) y centrada en la unión en un país ampliamente dividido (“que somos un solo pueblo, que somos una nación, y juntos vamos a empezar el siguiente gran capítulo de los EE UU) con tres palabras que sonarán de costa a costa, de océano a océano: sí, nosotros podemos”).

Era aire fresco en una clase política degradada y con perfiles cada vez más bajos. Sus discursos eran, simplemente, perfectos y sus pretensiones, ilusionantes. Reconozco que su figura me cautivó, leí su biografía y escuché todos los discursos que pude pronunciados desde su ascenso en 2004 como senador de Illinois. Para alguien como yo, a quien le gusta la política con mayúsculas, era un verdadero placer contemplarlo y darse cuenta de que aún era posible encontrar líderes que lograran movilizar masas sólo con la ilusión. Como yo, millones de personas sintieron que algo cambiaba y que el futuro que había por delante era esperanzador. Esa ilusión, exacerbada en algunos casos, hizo que las expectativas fueran casi imposibles de cumplir. Todos los países, y principalmente los EE UU, confiaban en que aquel hombre negro, de figura esbelta y sonrisa amplia, con la mejor oratoria desde J. F. Kennedy, les resolvería todos sus acuciantes problemas.

Sin embargo, toda esa esperanza que explotó en enero del año pasado se fue convirtiendo en desilusión. La impaciencia de esos millones de seguidores que se había granjeado en la campaña electoral fue la causante de que se mirara con lupa todas sus actuaciones y sus pretensiones de cambio. Logró sostener el casi seguro colapso de la economía norteamericana (a pesar de que aún queda mucho por hacer), y poner sobre la mesa un sistema público de salud para millones de ciudadanos sin dinero. En el plano más internacional, ha tendido la mano a países defenestrados por EEUU como son Rusia y China, ha establecido el multilateralismo haciendo partícipes a los demás actores y, además, ha borrado algunas de las normativas más duras con el terrorismo.

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Pero su pragmatismo y prudencia ha hecho que el descontento reine en ambas filas: los demócratas le echan en cara su actitud con la guerra de Afagnistán y su envío de 30.000 soldados más; los republicanos tachan sus políticas de socialistas-marxistas (un concepto casi desterrado en aquella tierra y que representa un insulto para la derecha). En un país de contrastes como éste es muy complicado contentar a todo el mundo y llevar a cabo una política pensando en lograrlo.

La consecuencia es que se ha dejado casi 20 puntos en el índice de popularidad y ha perdido su primera gran batalla política: las elecciones de senador en Massachussetts, uno de los bastiones demócratas. Hoy, un año después y con algunas canas más, Obama tiene por delante el reto de recuperar la ilusión que transmitió en su carrera hacia la Casa Blanca. Tiene tiempo para demostrar al mundo que mereció la pena el cambio, que aún merece la pena.

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Publicado en el blog Historias de un optimista, de Jesús Martínez


Sobre esta noticia

Autor:
Jesús M. (4 noticias)
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Tipo:
Opinión
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